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¿Quisieron matar a Maduro? Más de 20 veces se ha dicho lo mismo

Un análisis de la versión chavista de las cosas: los atentados que no fueron y el primero en vivo, televisado al país.
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Desde que Nicolás Maduro quedó al frente del Ejecutivo de Venezuela desde 2013, en más de 20 oportunidades desde las usinas comunicativas del chavismo se habló de intentos de asesinato.

Solo en ese primer año, 2013, se usó la teoría del magnicidio en 11 oportunidades. "Siempre se ha dicho que se han desmontado conspiraciones que se estaban organizando, detenciones. Pero nunca algo como lo que ocurrió el sábado, en cadena nacional, transmitiendo", dijo Luis Alberto Buttó, doctor en Historia a la prensa.

El sábado todo fue confusión. No es aceptable bajo ningún punto de vista que se atente contra la vida de un gobernante, quien quier que sea. Tampoco que se use el recurso de infundir miedo ante tal posibilidad con tal de refundar la gestión, conseguir "unidad del pueblo", desmarcar a los adversarios internos o externos o encubrir operaciones de tipo autoritario.

El único magnicidio que ha habido en la historia reciente de Venezuela fue contra Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar, en 1950. Después se intentó con Rómulo Betancourt en 1960. Desde que Hugo Chávez llegó al poder y después lo tomara su sucesor, han sido incontables las veces que ambos han hablado de "planes magnicidas". Pero, sobre todo, desde que Maduro alcanzó la presidencia y con especial fuerza en el último año y medio, ha hablado mucho de golpes de Estado frustrados y en más de una ocasión Maduro se ha dirigido al pueblo pidiendo "lealtad".

Sin embargo, esta ha sido la primera vez que se ve por televisión lo que podría ser un atentado contra la máxima autoridad del país. La primera en la que se percibe tan vulnerables a Nicolás Maduro y sus círculos de seguridad.

El caso del sábado fue un presunto ataque con drones al presidente Nicolás Maduro, en el contexto de una crisis económica y social donde buena parte de los venezolanos no cree la versión oficial y a varias partes les puede interesar que se hable de un atentado. Maduro culpó a un gobierno extranjero, el de Colombia, lo cual le agregó inquietud a la crisis. Maduro militarizó la frontera. Y Brasil, de paso, también: miles de venezolanos siguen huyendo por donde pueden de la situación de su país.

Buttó, que dirige el Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad sostuvo que hacer una lectura de lo que ha pasado es difícil. "Vivimos en una sociedad que tiene bloqueada la información en la práctica. Ha prevalecido la versión oficial y no hay investigaciones independientes. Es muy arriesgado e irresponsable hacer una lectura adecuada. Y es una tragedia". 

 Argelia Ríos, analista política lo explicó así en un informe publicado en España: "No sé si fue un atentado o un autoatentado", explica al otro lado del teléfono. "El negacionismo que se ha impuesto entre la población venezolana es grande. Nadie cree nada, ni las versiones oficiales del Gobierno ni la comprobación de los hechos que están sacando los periodistas". Para Ríos, no solo está en tela de juicio la credibilidad de la versión oficial. "Aquí todo el mundo tiene razones para mentir". 

De un lado, "el Gobierno tiene razones para decir que es un atentado, que el país crea esto y no que es un autoatentado. Necesita victimizarse para cerrar filas en el chavismo y dirimir diferencias". Ocurre en un momento de crisis profunda, no solo social sino dentro de sus acólitos. "El conflicto endógeno es muy severo y no se resolvió con el último congreso del PSUV. Les sirve para hablar de nuevo del enemigo externo y mantener en vigencia la división dentro de la oposición".

La otra cara es la autodenominada Resistencia (en oposición al Gobierno). "Ellos tienen razones para mentir porque están necesitados de mostrar que no son unos bocazas. Necesita ser reconocida como una oposición radical que sí hace cosas, que no solo ejercita un radicalismo sin acción ni sustancia".

Poco se sabrá al respecto, si es por la confianza que genera la información que surge tanto desde Venezuela como desde sus enemigos. Pero lo que queda claro es que nada parece funcionar bien en ese país. Y el dato elocuente es que en Mendoza, Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo o donde sea es mucho más fácil que nunca toparse con un venezolano en el exilio económico. Ellos son víctimas del atentado real contra el funcionamiento del sistema democrático en su país.