Una enfermedad que no conoce de edades ni fronteras
Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- Según las últimas estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 350 millones de personas viven con depresión. Para tomar dimensiones, la cifra equivale a ocho veces la población de Argentina o el total de la población de Estados Unidos. No resulta extraño, entonces, que la mayor entidad sanitaria en el mundo haya elegido esta temática como eje de campaña para el Día Mundial de la Salud.
Las estadísticas demuestran que esta enfermedad no discrimina: afecta a personas de todas las edades, condiciones sociales y de todos los países. En el peor de los casos, la depresión puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. La buena noticia, ante el contexto crítico, es que se puede prevenir y tratar. "Ante la presencia u observación de síntomas como tristeza, vacío, desgano, pérdida del interés o manifestaciones de ideas suicidas, lo más importante es consultar a un profesional de la salud mental", asegura el Dr. Federico Daray, investigador adjunto del CONICET.
¿Cuál es la definición de la depresión como enfermedad?
- ¿Existe un vínculo entre las llamadas enfermedades orgánicas y la depresión?
- ¿Y a qué se debe esta cifra?
- El motivo o causa de la asociación entre depresión y enfermedades orgánicas aún no está clara. Lo importante es que en la práctica muchos de estos síntomas de depresión no son rastreados sistemáticamente ante el ingreso a una Sala de Clínica Médica perdiendo una oportunidad de tratamiento. Otro problema es que hay pocos profesionales de Salud Mental en los Hospitales Generales. En este contexto, no es posible sistematizar el control. Sin embargo, hay herramientas como los cuestionarios autoadministrados, que son usados en muchos lugares y que son completados por el mismo paciente y que podrían ser útiles en nuestro medio.
- ¿Cuáles son los otros factores que favorecen la aparición de depresión?
- Hoy pensamos que no hay una única causa atribuible a la aparición de un cuadro depresivo. El modelo actual de psiquiatría contempla que ciertas personas tienen una susceptibilidad de base (con un fuerte componente genético) y, que sobre esta, determinados estresores ambientales actúan favoreciendo la aparición de un episodio depresivo (lo que se denomina modelo de diátesis-estrés). Hay ciertos factores que aumentan el riesgo de depresión como las enfermedades médicas, el tabaquismo y el consumo de sustancias entre otros, y por otro lado, hay otros factores que son protectores, como un mayor nivel educativo y la convivencia con alguien. Por estadística, además, las mujeres son más propensas a sufrir depresión que los hombres.
- En este contexto, ¿cuál es el rol de la familia y el entorno?
El rol del entorno siempre es esencial. Tanto los psicólogos como los psiquiatras nos nutrimos de la información que nos puedan brindar los familiares para un mejor tratamiento y control de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que una de las complicaciones más graves de la depresión es el suicidio, y que este se puede prevenir. El suicido generalmente es un proceso que tiene varias etapas: primero la idea de la muerte, luego la idea suicida, después la planificación y finalmente el intento. Cuánto más rápido se intervenga en este proceso hay más posibilidades de revertir la situación. En este caso el rol de la familia y el entorno es fundamental para poder acercar a la persona que sufre al sistema de salud.
- ¿Hay debate en el seno académico en cuanto a los tipos de tratamiento para enfrentar a la depresión? Ya sea desde una alternativa farmacológica o desde la terapia
- Está bastante establecido en el campo de la salud mental que los casos de depresión requieren distintos tipos de tratamiento de acuerdo a su gravedad. La depresión puede ser clasificada como leve, moderada o severa. Cuando uno está enfrente a un paciente con depresión leve, el tratamiento puede ser con una psicoterapia o farmacológico. Pero cuando el paciente ya tiene una depresión moderada o severa, sí o sí debe haber un tratamiento farmacológico, con el posible agregado de alguna psicoterapia. Lo que ocurre muchas veces es que no se tiene en cuenta la preferencia del paciente al momento de la elección del tratamiento, considero que es importante que el paciente pueda participar de la elección del mismo de acuerdo a sus preferencias. Lo fundamental, en todos los casos, es que el tratamiento siempre sea llevado adelante y controlado por un profesional.
Fuente: Agencia CTyS-UNLaM