El "Brad Pitt" mendocino que se animó a quebrar prejuicios
Soltero a los 40 años, Daniel sentía el deseo inmediato de adoptar. Sin planificarlo, él define su situación como “un destino que tenía escrito” Sin embargo, ese destino se veía muy lejos para Daniel, ya que el proceso de adopción en nuestro país tiene una lista de espera que puede llevar hasta 10 años para que sea realizada la adopción. Como Daniel no quería esperar, decidió anotarse en la lista de adopciones internacionales y en menos de 6 meses, él ya se encontraba tomando los tests pertinentes para un “monoparental masculino”, como se define a los hombres solteros que desean ser papás.
Luego de varios tests y el proceso de información sumaria - el certificado de idoneidad, los dictámenes de la asistente social y psicológicos - Daniel tuvo que atravesar la elección del juzgado, la cual es independiente de los demás especialistas. Entonces, una vez tomados los tests, él comenzó a investigar aquellos países en los que aceptaran adopciones por parte de un “monoparental masculino”, tal es el caso de España y Colombia, por ejemplo. Rueda dijo que no había elegido Haití pero declaró: “el tiempo fue el factor más importante para mí”.
El psicólogo aconsejó que el niño debería ser, preferentemente, un varón de 3 a 6 años de edad. Pero esa resolución no es vinculante y como en Haití el interés superior es el del niño, el juez determinó que fueran dos hermanitos.
El 28 de enero de 2015, llego al aeropuerto de Puerto Príncipe luego de tomarme 5 aviones y me encontré con la sorpresa de que estuvieran los dos niños, de 6 y 8 años, esperándome en el aeropuerto. Y ya desde ese primer momento ambos me llamaron papá, el más grande me tomó la mano y el más chiquito me abrazó, cuenta alegre Daniel.
Los niños, Mackenson (9) y Emanuel (7), pasaron 5 años en un orfanato, sin contacto con el mundo exterior, a la espera de una familia. Cuando Daniel llegó, ellos hablaban en Creol, un dialecto proveniente del francés, asimismo, ambos entendían inglés. “Hacer los deberes era difícil, yo debía traducirlos al inglés para hacerlos en español. Mackenson entendía perfectamente, pero a Emanuel le costaba más. Hoy tienen la libreta de calificaciones increíble, son chicos muy discipinados”, contó Daniel.
Los primeros tres meses después de la adopción fueron muy fuertes. A pesar de que yo había estudiado francés, tuve que ser muy flexible y creativo porque el dialecto era difícil. Yo les prestaba atención y nos comunicábamos con gestos.
15 meses después de aquel gran día, Mackenson y Emanuel hablan español, que aprendieron diariamente yendo a la escuela Quintana y van a un instituto de inglés para que no pierdan el aprendizaje que ya tenían. “En su fonética se nota que son extranjeros. En cuanto a su etnia, ellos dicen: no papá, no somos negros, somos marrones”, cuenta Daniel riéndose.
Pero no todo fueron risas, Daniel tuvo que enfrentar un obstáculo en el camino: el miedo. “Con terapia me ocupé de los miedos que surgen, de la razón por la que quería ser papá, y de saber si ese deseo me iba a acompañar el resto de mi vida. Era una decisión significativa a tomar. No me preocupaba el qué dirán, sino lo que yo sentía y si iba a poder hacerme cargo”, declara Daniel.
Hoy, luego de 15 meses de haber tomado la decisión, Daniel dice en piel de un papá orgulloso: “Yo sé quién soy y cómo me siento. Realmente me gusta este Daniel, y eso es lo más importante. Me he ordenado en mi vida, disfruto sentarme a comer con ellos todos los días. Mi vida ha cambiado significativamente”.
A lo largo de la charla con MDZ Radio, se transmite la emoción, alegría y orgullo de un padre feliz.“Yo quiero darles amor, la posibilidad que estudien, que tengan una familia, que disfruten de sus tíos, de su abuela. Quiero que sean hombres de bien y que tengan los instrumentos y que los disfruten. Quiero que tengan esa posibilidad que no hubiesen tenido en Haití”, concluye Daniel.
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Informe: Catalina Mas para MDZ