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Treinta años de democracia en Mendoza, ¿la isla de la política?

Periodista. Autora del libro "De política y políticos", en el que repasa, como testigo periodística, tres décadas de democracia en Mendoza.

En una cambio de muebles del diario Los Andes, en el que trabajaba, un día dejaron sus archivos, recortes carpetas y libros de toda su carrera periodística en una cajas, listas para ser llevadas por Norma Abdo a su casa. Pero un ordenanza pensó que era parte de la basura que se estaban sacando de encima y lo entregó a los recolectores. La periodista, al enterarse, pensó que le habían quitado parte de su vida. Y algo de verdad había en su sospecha. Allí fueron sus recuerdos, párrafos subrayados, apuntes de toda una etapa de la vida: el reinicio de la democracia en Mendoza y el país.

Hace unos días se recordó, precisamente, aquel 30 de octubre de 1983 en que los argentinos pudimos volver a votar. Y este martes a las 20.30, luego de que Norma Abdo lograra reconstruir sus memorias, presentará el resultado del trabajo que minuciosamente hizo durante meses: su libro "De política y políticos" en donde no falta (ni sobra, por cierto) ningún nombre de ningún protagonista de la Mendoza de estos últimos 30 años. Será presentado el martes 4 a las 20.30 en La Nave Cultura, por Luis Ábrego y el autor de esta nota.

¿Por qué encaro una tarea tan minuciosa?

- Dejar el periodismo me costó mucho. Sentía la necesidad de alguna manera de volver a ejercerlo., a hacer algo periodístico. Y como siempre me gustó rastrear datos, además de que creo que tenemos una memoria muy frágil como argentinos, me metí de lleno en este trabajo.

Hablemos sobre la memoria de los argentinos, aunque parezca un tema trillado.

- Nos olvidamos muy rápidamente de las cosas que pasan y de sus protagonistas. Me pareció que hay algunos dirigentes políticos que navegan en las aguas de una costa a la otra, entonces pensé en recordar por dónde hicieron su camino.

Usted que ha mirado en perspectiva los 30 años de democracia en la vida política de Mendoza. ¿Le parece que vivimos enfrascados en un “presente contínuo”? ¿Que no recordamos quién fue quién en el pasado?

- Ese fue el objetivo que me planteé. En principio fue empezar a ver cómo habíamos vivido ese año 1981, cuando se armó la Multipartidaria. Era toda una ilusion de todos, salvo de los trasnochados, que todavía los hay. Y porque creo que todavía no hemos madurado la democracia. Seguimos siendo unicatos, yendo detrás d eun personaje y no de un proyecto. Somos paternalistas: necesitamos que alguien nos vaya no sé si guiando, porque si fuera así sería bueno, sino arriando. Y eso no es bueno para la democracia. Olvidamos muy rápidamente lo que fueron las dictaduras de Onganía, la última dictadura y por eso también olvidamos que la democracia es muy importante. Es participar, no solo votar. Este libro es una forma, precisamente de participar. Cada uno hace como puede y yo lo hago de esta manera. En definitiva, al no haber madurado, creemos que ejercer la democracia es ir a votar y aceptar y criticar.

Sin embargo quienes defienden este “paternalismo” sostienen que no es algo malo, sino una característica propia de la condición latinoamericana. Sostienen que todos los han sido, tanto grandes dictadores como grandes demócratas. Lo otro sería, según esa visión, “mirarse en un espejo ajeno”, ya sea el de Europa o el de Estados Unidos.

- Eso es porque nos han formado con esa idea. Hay un patrón que pasa por tener un “amigo” y “un enemigo”, y nada más. En la democracia no debe haber solo esas dos categorías. Entonces termina habiendo países con mayor empatía y otros de los que nos alejamos. Pero la política, con mayúsculas digo, con todo el significado del manejo de la cosa pública tiene que ser otro. No podemos siempre estar con los enfrentamientos, con los blancos y negros. Vayamos de arriba hacia abajo: México vuelve a ampararse en el PRI después de tanto. En todos los países latinoamericanos pasa algo parecido. Pero hay otros, como por ejemplo Chile, que lo conocemos más, que desde cuando yo era chica ya tenían una conciencia de “patria” diferente a la nuestra. El patriotismo era distinto. No era “patrioterismo”. En mi propia experiencia, yo vivía en México durante la Guerra de Malvinas y acá se vivía con “patrioterismo”, no con patriotismo. Entonces creo que esta conducta argentina hace que no crezcamos ni avancemos sin alguien que nos tire hacia adelante. Avanzamos cinco pasos, retrocedemos veinticinco. No puede ser que se así.

Repasando el libro, se puede leer qué hicieron muchas personas del pasado que siguen siendo protagonistas en el presente. Pero me imagino que muchas personas, hoy, no tienen ni idea de aquel pasado. Que Mazzón alguna vez le ganó una interna al Pilo Bordón; cómo surigó Manzano en Mendoza y quién fue después; quiénes fueron la “renovación” de los demócratas luego de su participación en la dictadura... Pasado todo este tiempo que lo ha vivido como testigo directa, ¿existió Mendoza como una isla diferente al resto del país?


- ¿En cuanto a la dirigencia política?

Sí.

Yo creo que sí. Por ahí han dicho que somos conservadores en nuestra concepción, que somos pacatos. Pero yo me acuerdo en el año 1983, cuando se recupera la democracia,. Pàrticipar de los debates parlamentarios era un placer. Desde los diferentes partidos políticos se ofrecían piezas políticas con fundamento. Vos podías oírlo de peronistas, radicales o demócratas. Había diferencias muy grandes, mucho más que ahora, que se han ido diluyendo. Pero esencialmente había respeto por el otro. En los debates se discutía a fondo.

¿Por ejemplo? ¿Algún debate que recuerde?

- Sin dudas, el del Banco de Mendoza. Después de haber estado todo el día escribiendo en el diario nos volvíamos a la Legislatura, con Felipe Acevedo y nos quedábamos hasta las 5 de la mañana nada más que escuchando. En esa época, realmente aprendías de lo que decían los legisladores en el recinto.

¿Pasaba entonces que un bloque convencía con sus argumentos al otro?

- Sí, claro, así era. Los convencían con argumentos porque los había. Hoy solo hay enfrentamiento, decir muchas veces “no” por oponerse; o decir “sí” porque puedo obtener algunos beneficios.

… O porque se negocia fuera del recinto, pueden haber cambiado las formas, ¿no?

- La negociación forma parte de la política. No es mala. Hay que negociar en economía y en todos los órdenes. Lo único que no se puede negociar es los derechos humanos. Y esto último creo que está pasando.

¿En qué sentido?

- Se negocian, porque se toma el tema de los derechos humanos, que ha sido una bandera muy importante, como algo partidario. Quienes hemos vivido las dictaduras sabemos que eso es de todos. Una cosa es la defensa de los derechos humanos y otra es el uso de la defensa d ellos derechos humanos para fines particulares políticos partidarios.

Volviendo a aquello de Mendoza como “isla” de la política. ¿Sigue siéndolo? ¿O nos hemos homogeneizado?

- No. Días atrás lo escuchaba a Paco Pérez casi como Capitanich frente a Sabsay desprestigiando al otro. Y hay muchos de otros partidos que también actúan así. Se dicen cosas muy terribles. Antes se discutía, pero con “don de gente”. E incluyo en esto a los medios de comunicación: pareciera que si no nos gritamos e insultamos, en lo familiar, en lo social, en lo político en lo comunicacional, no sirve. Entonces, la gente ¿que hace? Opta por el “no me interesa” o el “todos son iguales”. Eso es muy triste. La descalificación absoluta no puede ser la medida de hacer política.

Diferenciaba usted a los políticos mendocinos por haber sido en alguna época “mejores” que el promedio del país. Pero también le hemos dado algunos de los peores en estos 30 años. ¿No lo cree así?

- Lo que pasa es que todo queda en agua de borrajas. En Mendoza, nunca en su historia tuvo un peor gobernador que Celso Jaque. Nunca. Fue el punto más alto de la pirámide de cómo se descalabró lo que eran los gobiernos democráticos. Uno puede coincidir o no con algunos gobernantes, pero no puede desconocer que Felñipe Llaver, siendo íntimo amigo, un hrmano de Raúl Alfonsín, tomó el dique El Nihuil en defensa de los intereses de Mendoza. Hoy estamos viendo que los derechos de la provincia quedaron debajo de la alfombra.

Vamos entonces uno por uno. Ya está Llaver, vamos por Bordón.

- Bordón podrá criticar que no cumplió el Libro Verde, pero fue una persona que hizo, con formación, que marcó una época, como lo hizo Llaver. Llaver por su equidad, su honestidad, por ser brutal. Por ser “el viejo chinchudo” que uno sabía que era honesto...

Bueno, pero Paco Pérez tambiñén se enoja mucho, casi siempre está enojado.

- Bueno, pero no... no. Don Felipe Llaver era la reacción contestando a todas las preguntas, no actuaba descalificando al otro sino tratando de explicarlo todo. Se enojaba hasta con él mismo porque erra lo que se dice “un político de raza”.

¿Gabrielli?

- Entregó mucho la provincia. Hasta el día de hoy se ha ido acomodando, pasando por todos los cargos habidos y por haber. Una persona callada, de perfil bajo. Creo que le dejó un paquete muy bien armado a Lafalla, que mucho no pudo cambiar.

¿Lafalla?

- Yo le tengo mucho respeto. El verticalismo peronista no le permitió decir todas las cosas. Le quedó todo lo del Banco de Mendoza...

En este punto me detengo: hay como una doble visión de lo que fue Lafalla. Una que dice que fue bueno otra que fue el ejecutor de las peores cosas que le pasaron a Mendoza en estos 30 años, ¿no?

- Puede ser una percepción. Pero no hizo más porque no pudo. Asumió con las manos atadas. Yo no soy la dueña de la verdad, pero tenía actitudes destacables que hacen que podamos tener una visión positiva a pesar de la percepción de lo “malo”.

Volvamos a la lista. Vamos a Iglesias. ¿O nos detenemos en Genoud, que era el candidato y que renunció y tomó el desafío Iglesias?

- Claro, iban a ir a internas y Genoud renunció. A Iglesias lo de "Mula" le queda muy bien, pero no es tozudo. Es un tipo que escuchaba a la gente que sabía que no tenía interés político. Eso ha sido importante. Y mantuvo una línea, hasta que cometió un error de desviarse de su camino. El peor error de su vida. A la mayoría de los políticos el afan de poder los lleva a cometer errores que no saben calcular.

Después vino Cobos.

- Bueno, Cobos es el bonachón. Una persona que no ha sido corrupta como tampoco creo que lo ha sido Paco Pérez. Ha sido alguien que ha hecho cosas, que ha dejado y como pasa con Lafalla hay una duplicidad de posiciones: los que lo quieren y los que consideran que es dubitativo, un hombre del "no positivo", que lo pinta bien como frase, que lo define. Siempre trata de decir las cosas subrepticiamente. 

De Celso Jaque ya dijo lo que piensa...

- Sí, ya lo dije. De Paco Pérez creo que tiene buenas intenciones, que en el área cultural ha hecho cosas que a mi me parecen buenas. Pero que esa fidelidad a la Presidenta, que no han tenido otros gobernadores, es mala. Es alguien que parece que quiere hacer cosas, pero que no le salen. Que espera una definición de la Presidenta en todo. A veces dice a todo que "sí" y otras aparece como rebelándose. Siempre en una lucha interna.

¿Quienes son los dirigentes políticos que deberían haber sido gobernadores y no lo fueron?

- Puede ser (Carlos) Balter. Pudo haber llegado y, de hecho, estuvo a punto. O hay alguien como Gustavo Gutiérrez, que no engancha con los mendocinos, pero que es muy trabajador, muy respetable.

¿Fayad?

-El Viti estuvo bien en la Intendencia. Era para eso.

¿Baglini?

- No, Baglini era para la tarea legislativa. Recordemos el famoso debate con Bordón en Canal 9 en donde Bordón le gana. Baglini es economista y Bordón, con su formación de sociólogo, le ganó. Es un tipo valioso.

¿No tiene la sensación, como periodista que ha repasado la historia de los últimos treinta años, de que la prensa muchas veces se quedó callada ante muchas cosas en Mendoza?

- Sí. Yo creo que está esto de la "libertad de prensa" y la "libertad de empresa". La relación medios - poder nunca se terminó, siempre existió. El tema de la publicidad en los medios de comunicación ha tenido gran influencia. Siempre ha habido acuerdos entre el poder político y los medios. Eso va a existir siempre. Pero hay medios que a mi nunca me obligaron a callar algo.

Mendoza no está bien hoy y la pregunta es si los medios supieron poner los grandes temas sobre la mesa o no.

- Algunos sí, otros no. Hubo una época fuerte del periodismo en que los temas fueron puestos. Hoy se han caído. Hay más un enfrentamiento entre "prensa no complaciente" con la "prensa complaciente". El periodismo en general se ha desdibujado. La objetividad como tal no existe, pero dentro de esa subjetividad hay que buscar la mayor objetividad posible. Al periodismo también se lo pone en un pedestal cuando se lo necesita y cuando se lo quiere acallar, se lo tira abajo. La gente queda en el medio de esas disputas. Pero por suerte la gente tiene la posibilidad de leer lo que quiere y en muchas versiones. Aunque si evaluamos, se dice mucho menos de lo que debería decirse.

¿Qué quiere que pase con su libro?

- Que lo lean, que recuerden, que despierte la memoria, que deje algo. Que ya que confrontamos tanto que nos animemos a enfrentar la historia.