La mendocina que representa a la Argentina ante las Naciones Unidas
Es mendocina de Chacras de Coria y vive en Manhattan por razones laborales: María Cristina Perceval, Marita, es la embajadora argentina ante las Naciones Unidas. Digamos, una mendocina en el "gobierno del mundo", con todo lo bueno, lo malo, lo raro, lo fascinante, lo misterioso, lo sofisticado que eso representa. Es "amiga" de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pero no se anima a admitirlo así como así. "Amiga de tomar el té, no soy", dice en esta charla, para rendirse ante su "visión de estadista" y atestiguar que así la ven muchos países considerados "centrales" con los que comparte silla en el Consejo de Segruidad de la ONU.
Está en el ombligo del mundo, Nueva York, y en el ombligo de las decisiones, la ONU, aunque haya -según admite- "países de primera y otros, de segunda" en los hechos.
El 2 de agosto Marita Perceval asumió la presidencia del Consejo de Seguridad, en un hecho de gran trascendencia para la Argentina y para la región. Fue la antesala de un mensaje de la propia Presidenta en un viaje a Nueva York que, según Perceval, la mostró "alegre" y cargada de reuniones de alto nivel.
Quisimos saber qué hace en un día de trabajo la mendocina que representa a la Argentina en la ONU. Y conseguimos hacerlo, horas después de que despidiera a Cristina desde el aeropuerto, en viaje a la golpeada Rosario. Del otro lado del teléfono, una mujer que, en "off the récord", habla de cada cosa de Mendoza como si estuviera aquí, entusiasmada como si fuese su exclusiva responsabilidad estarlo. Un tangazo es la distancia entre su secretaria y su voz. Y dice:
¿Cómo arranca su día de trabajo en la ONU?
- En general empiezo a las seis y media de la mañana.
¿Seis y media? ¿No es muy temprano para ser Manhattan?
- Sí, porque alrededor de las 7 ya recibimos la información de los acontecimientos recientes, que a través del secretario general para el Consejo de Seguridad y también a es ahora llega el diario de las actividades, no solamente del Consejo sino de los distintos órganos: Asamblea General, Consejo Económico y Social, las distintas actividades especiales.
¿Mucha actividad de protocolo?
- No en mi caso, no soy de estar en ese tipo de actividades a no ser que no ir resulte un desplante y no sea correcto hacerlo. Cuando hablo de actividades especiales me refiero, por ejemplo, en el Día Mundial de las Comunidades Indígenas hubo un debate al mismo tiempo sobre órganos de tratados, que es un grupo de trabajo. Entonces hay muchísimo trabajo que tengo que repartir entre los diferentes diplomáticos y entre un pequeño grupo de funcionarios locales que trabajan como auxiliares en la preparación de informes y ese tipo de tareas.
En definitiva, la administración del mundo desde la ONU empieza tipo 6.30.
- En mi caso, con el “journal” del Secretario General y con MDZ.
¡Eso último es muy bueno, aunque no sé si ayuda a que el mundo mejore! ¿Está pendiente de lo que pasa en Mendoza? ¿Hace zapping por Internet?
- Bueno, sí. En lo personal sí. A veces no tengo tiempo de repasar todas las noticias locales de Mendoza en profundidad, pero un ojo les echo. Es bueno mirar la tierra de uno, “serenata para la tierra de uno”, diría.
¿Teléfono o computadora?
- Uso mi iPad 4, mi computadora, sino desde siempre, porque soy partidaria de la “despapelización”. Es una política que llevamos también adelante en la Argentina. En el Senado trabajamos mucho en la “despapelización” y en Naciones Unidas se trata de que, si no es necesario, que no se impriman los documentos. Esto, además, hace que se trabaje más rápido, sin tener que esperar los documentos impresos.
¿De inmediato las reuniones?
-“Journal”, noticias, a más tardar a las 8 u 8.15 veo correspondencia y cables, que es una herramienta fundamental de la Cancillería y después la reunión con los equipos y la distribución de tareas. El segundo de la misión ayuda en este tema. Con el Consejo de Seguridad en estos siete meses hemos trabajado todos los días mañana y tarde.
Pero hay cierto nivel de puntualidad, por lo menos.
- Las reuniones empiezan puntualmente a las 10 y a las 9 generalmente hay que tramitar y gestionar decisiones, temas e intercambiar opiniones. Tenés una hora en general para escuchar otros puntos de vista. También me gusta hacer desayunos de trabajo. Se usa mucho eso para la vinculación con las organizaciones no gubernamentales, de derechos humanos y humanitarias. Hay una coalición que trabaja muy próxima al Consejo de Seguridad, que va desde la Cruz Roja Internacional y Amnistía.
¿Realmente escuchan a las organizaciones a la hora de actuar?
- Yo no solamente leo sus documentos que son muy importantes sino que escucho sus planteos porque estas organizaciones generalmente tienen gente en el terreno, y es una mirada imprescindible. Dicho esto, a las 10 comienzan las reuniones en el Concejo. Consultas que son reservadas o debate s que pueden ser abiertos, o cerrados, pero en la sala pública del Consejo.
Por ser un órgano tan relevante, imagino que gran parte de su tarea será si no secreta, al menos “reservada”. ¿Es así?
- Sí, por lo general son reuniones entre sus 15 miembros. Esas reuniones terminan a las 13. Desde esa hora y hasta las 15 a veces hay almuerzos de trabajo sobre temas del Consejo de Seguridad. Por ejemplo, el jueves hubo un almuerzo con los miembros no permanentes y Chile, que es muy posible –y que tiene el apoyo de la Argentina- que salga Guatemala e ingrese Chile. Hay que intercambiar las experiencias que hemos tenido.
A la hora de comer, ¿va al ese gigantesco comedor del cuarto piso que funciona como un Arca de Noe, lleno de gente de todas partes y a veces, hasta presidentes?
- Por lo general, sino hay reuniones, no almuerzo. En la reforma de los edificios, no sé si la semana pasada se reinauguró ese comedor, pero la verdad es que no he ido. El gobierno de Noruega reconstruyó la sala de las reuniones abiertas del Consejo de Seguridad y ahora está en reparación la sala de la Asamblea, así que en la próxima sesión, estará en reparación.
¿El trabajo en el Consejo es la tarea principal?
- A las 15 se volvemos al Consejo de Seguridad y nos quedamos hasta las 18.
¿Queda todo en el mismo edificio?
- Queda enfrente, así que esa zona la conozco bastante bien. Para seguir contando el día, después de eso vuelvo a la oficina. Hay que preparar el día siguiente, revisar los temas del Consejo de Seguridad y los de la Asamblea, que son seis comisiones. En promedio, cada una tiene alrededor de 50 temas habilitados y obviamente que no a todos se les pone igual énfasis, sino a aquellos que coinciden con los intereses de la Argentina, las prioridades de nuestro país y también de la región.
¿Bueno, me imagino que estando en Manhattan, algo de diversión después de las 18 debe haber?
- Bueno, no es tan así. Con 193 países miembros, u observadores, como son los casos de la Santa Sede o Palestina, todos los días, después de esa hora siempre hay un día nacional. Entonces hay una recepción. A veces mando primero gentiles y afectuosas cartas, pero a veces tengo que ir. Hacemos la evaluación del día vivido, preparamos el que viene y aproximadamente termina mi jornada en la oficina entre las 9 y las 11 de la noche. A esa hora, vivo la alegría de encontrarme con mi pareja Pablo y con Julieta, que es mi hija menor, que está aquí.
La hora de la familia. Tal vez cuando estaba en el Senado se veían menos.
- Es así. Es mucho más que cuando iba y venía de Mendoza a Buenos Aires. Es una alegría amanecer viéndole la cara a la Julieta, después de tantos años que pasé llamando por teléfono para ver cómo había amanecido.
Para hacer todo esto, ¿cuenta con equipo grande de gente la sede diplomática argentina?
- Es un equipo que se ha ido manteniendo estable. Es suficiente por el sobreesfuerzo En el Consejo de Seguridad hay 11 personas, entre diplomáticos y coordinadores, que llevamos una relación de SMS en forma permanente. Después al segundo de la Misión le pedí especialmente que se encargue de monitorear el cierre de la Asamblea y la apertura de la próxima en septiembre. Tenemos un funcionario por comisión, pero por ejemplo la comisión de los temas que nos importan, como la del desarme, la 2 con todo el tema de desarrollo, tanto humano como económico (donde se está discutiendo la agenda posterior a los Objetivos del Milenio + 15, qué haremos después de 2015), pero también los de Río + 20. Allí hay temas centrales, como reestructuración de la deuda. Tenemos en la Comisión 2 a dos funcionarios: uno para los temas de población y desarrollo, migraciones y una economista que lleva los temas de desarrollo sustentable. La Comisión 3 es la de Derechos Humanos, un amplio mundo que involucra todo lo que se imagina y más. La Comisión 4 para nosotros tiene una especial relevancia porque de allí depende el Comité Especial de Descolonización. Allí está la cuestión Malvinas. La quinta es la de Presupuesto, y en esa siempre hay que estar muy atentos para ver a qué cosas se les destina la prioridad, como en todo organismo colegiado. Allí hay que estar pendientes de la tensión entre los 193 países. Finalmente, la Comisión 6 es la de Asuntos Jurídicos, que va desde los derechos en el espacio extraterrestre hasta los que implican al mar y los océanos. Ambos nos importan como Argentina.
¿Qué importancia le asigna la Argentina a los asuntos de esta última comisión?
- En esta semana, por ejemplo, hemos estado trabajando mucho en una nueva propuesta que tiene que ver con las plataformas submarinas y una nueva definición. Es un trabajo muy ponderado de nuestra parte, pero es una evaluación técnica, no política.
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Evidentemente, todos esos temas se llevan “a fuego lento”, que es la idea que uno tiene desde afuera: una lentitud muy grande para avanzar desde la ONU.
- Yo creo que entre la lentitud y el apuro está el tiempo del consenso y la eficacia. Lento sería imperdonable, rápido sería prepotente y si llevó ocho años tener un tratado para el comercio legal de armas, tal vez esto es mucho en la vida de una persona, pero en los tiempos de los acuerdos que marcan en inicio de una regulación universal, me parece que es un tiempo razonable.
¿A la hora del balance que calificación elige para el trabajo que está haciendo?
- Si me pregunta si es mucho esfuerzo, le respondo que sí. Si se trata de entusiasmo, digo “inmenso”. Si me dice que es de mucha responsabilidad, es enorme. Si es motivo de agradecimiento, le digo que indudablemente.
¿Se siente conforme, completa con la tarea? ¿O la labor protocolar le quita espacio a los temas en los que le gustaría dejar una huella?
- Protocolo, así como lo que se puede llamar protocolo, yo no hago. Pero sí, por ejemplo, en el mes de marzo se hizo la reunión de seguimiento de la condición jurídica y social de la mujer, que se vino preparando durante un bienio. Había que acordar una declaración y Michelle Bachelet todavía estaba a cargo. Había que emitir una declaración sobre violencia contra la mujer y el desafío era no retroceder en derechos. Una agenda muy fuerte y hay diferentes perspectivas sobre el tema. Entonces es una cosa que miraba como pasaban amigas, compañeras de lucha de distintos países, miles de mujeres y yo estaba en el Consejo de Seguridad y no podía estar allí. Ese es un caso. Pasó lo mismo el día del homenaje a Mandela, que no pude ir. En fin…
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¿Qué responde a la sensación de que la ONU funciona como una inmensa y burocrática “Casa de Gobierno mundial” en donde se trabaja más por inercia que por impulso de los países?
- Hay críticas, pero no solamente a la burocracia. Se está trabajando en distintos grupos que tienen negociadores para repensar por ejemplo los procedimientos de la Asamblea General y del Consejo Económico y Social (el Ecosoc). Este último es importante, frente a un decisionismo y a una dinámica del mercado financiero globalizado que toma las decisiones no en el Ecosoc, que es precisamente el organismo de las Naciones Unidas para equilibrar las asimetrías económicas, desarrollar las instituciones como consecuencia de los acuerdos de Bretton Woods, de la comunidad internacional con sus diferencias, con sus distintas demandas pero con igualdad de condiciones. Debe lograr desarrollo, igualdad, paz. Pero si me preguntás si eso lo cumple hoy el Ecosoc debo responder: y, no. Se está viendo cómo hacemos para vigorizar el Ecosoc.
Claro, hay una idea de ineficacia y lentitud que opaca un trabajo que seguramente puede ser profundo. Pero la rapidez de los acontecimientos les pasa por arriba.
- Es la distancia necesaria que hay entre la aprobación de una resolución y el seguimiento de su cumplimiento, que hay que hacerlo. El Consejo de Seguridad, por ejemplo, decide sanciones para un país, personas o empresas, y debe seguir el cumplimiento de esas sanciones. Sale una resolución de la Asamblea General, entra en vigor un tratado… ¿y el seguimiento? En el caso de las resoluciones son compromisos éticos, institucionales, políticos y sociales. Recuerdo que alguna vez decían que la Convención de los Derechos del Niño para muchos países era una sugerencia y no una convención, pero bueno, no es así. Se trabaja en el fortalecimiento de los órganos de Naciones Unidas, Asamblea General, Consejo Económico y Social y Consejo de Seguridad. En este último caso, las diversas propuestas que hay apuntan hacia su transparencia y a que expresen la realidad no del momento de la Guerra Fría y de un mundo bipolar, sino que los equilibrios regionales y su representación, esto suponga más democracia. No que a veces se sienta que hay “ciudadanos de primera y de segunda”. Es tan importante la situación de Siria o de la crisis en Sudán del Sur, pero es igual de importante trabajar por la erradicación de la pobreza. Debe haber más eficacia y menos retórica. Lo que se le pide al Consejo de Seguridad es eficacia en sus acciones, pero democracia en sus decisiones.
Más que una burocracia, sería un mecanismo suficiente para que se encamine semejante responsabilidad.
- Además de los que trabajan en la Secretaría General y las agencias que trabajan en el espíritu y la letra, como Unicef, Mujeres, PNUD, DDHH, Trabajo, todas, son aproximadamente unas 5 mil personas. ¿Es mucho o es poco?
Dígalo usted.
- Muchos dicen que es mucho y pocos dicen que es poco. Se presentó una propuesta para rediseñar la gestión. Ver si los 5 mil tienen que estar en Nueva York o debe haber funcionarios con más capacidad de ir a terreno.
El hecho de que Argentina presida el Consejo de Seguridad de la ONU es un hecho trascedente, sin dudas. Hace pocos días, le tocó a usted presidirlo y recibir a Cristina Kirchner para ponerse al frente. Antes de ir a su discurso y la agenda, me gustaría saber cómo la vio a la Presidenta. Me refiero a su semblante y usted la conoce bastante bien.
- La vi bien. La decisión presidencial de tomar abrir el debate es sumamente significativa, porque la última vez que se abrió el debate fue en 2010 y esta es la primera vez que participan como informantes organizaciones regionales de América Latina y el Caribe, y Argentina propuso al Celac y Unasur porque son integradoras, más allá de Mercosur, los países del ALBA, etc. Pero Celac y Unasur, junto a la Unión Africana, porque es allí en donde el Consejo de Seguridad mantiene concentrada su agenda, porque se concentra la mayor cantidad de conflictos, y por la Liga de Estados Árabes, por la situación de Oriente Medio, en la que el Consejo de Seguridad debe dar una respuesta, no solamente sobre Siria y la situación humanitaria, sino avanzar efectivamente hacia la situación política. También está el tema de Palestina e Israel que debe definirse en torno a un estado de Israel seguro y un estado palestino. Fue una presencia importantísima de cancilleres, hubo 14 presentes de nuestra región, pero también de Haití, Azerbaiyán, Marruecos, participó la Unión Europea, la OEA con Insulza, la Organización de los Estados Asiáticos. Una presencia importantísima en un debate muy respetuoso y donde la Presidenta sorprendió primero porque no dio un discurso largo. Aquí se espera siempre que los latinoamericanos hablen mucho tiempo.
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Aquí se criticó que haya hablado, casi forzadamente, de la cuestión Malvinas, que no es un tema del Consejo de Seguridad.
- La Presidenta no pidió al Consejo de Seguridad que tratara el tema Malvinas, Lo que la Presidenta hizo, fue marcar una identidad. El día anterior hubo una reunión de los cancilleres de Mercosur con Ban Ki moon en donde se planteó, con el respeto que todos nos tenemos, las decisiones presidenciales sobre el tema de espionaje en el que Brasil está muy preocupado y obviamente, lo están todos los países de la región. Se le planteó cómo avanzar con regulaciones en este tema. Cuando la Presidenta inicia sus 16 minutos de participación (y Kerry habló 4 minutos más que la Presidenta) hace un paneo, tanto en su reunión privada con el Secretario General, sobre el valor que la Argentina y la región le dan al multilateralismo con las Naciones Unidas. Tiene un valor sustantivo y nos comprometimos a trabajar en un multilateralismo real aquello que en la Carta es un principio. Y al decir eso, planteó, por ejemplo, que como para países como el nuestro las resoluciones que emanen de cualquier órgano de las Naciones Unidas son cumplidas, y para otros, por su posición asimétrica –por ejemplo, la de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad- pueden obviar cumplir las normas o resoluciones. En ese momento, hizo referencia con total legitimidad al tema Malvinas. A mi me hubiera preocupado que en el momento indicado la Presidenta de mi país no lo hubiera hecho. Lo hizo con absoluto respeto y dijo que hay que cumplir con lo que aquí se decide. Sin acusar a ningún país, hizo mención a que hoy la seguridad internacional nos desafía no a los paradigmas internacionales y que así como se incorporó en la agenda a los actos terroristas por el 11S, y Argentina también fue víctima de los atentados en la Amia y en la Embajada de Israel, hoy hay que volver a pensarse esta tensión entre libertad y seguridad. Es un debate que está instalado. Y vamos a promoverlo con los países en la región.
¿Cómo funciona la Embajada en la ONU: es usted la que le sugiere una agenda de trabajo y prioridades a la Casa Rosada o recibe las instrucciones que allí se pergeñan y las aplica?
- La Presidenta fue muy clara: antes de venir para acá me marcó las prioridades. La prioridad para la Argentina es Malvinas y este año también, aunque tuvo poca difusión, se votó por aclamación una resolución que insta a que las dos partes inicien las negociaciones sobre soberanía en las islas. El tema es que al Consejo de Seguridad no se llega con el tema porque, en principio, hay que decirlo, hay mucho “doble estándar” en este Consejo de parte de algunos de sus miembros. Por ejemplo, estás decidido que debe haber un observador de derechos humanos en cada misión, pero hay países que lo frenan cuando no les conviene y los dejan pasar cuando su presencia les conviene. También nos instruyó a trabajar fuertemente en las misiones de paz, promover el principio de responsabilidad de proteger y en esto, ya es pelea de lenguaje. También planteamos la necesidad de transparencia en las propias cuentas del Consejo de Seguridad. Y Sobre todo, apuntamos a que el Consejo de Seguridad no usurpe temas que le corresponden al desarrollo o al crecimiento económico.
¿Por ejemplo?
- Está el debate sobre los recursos naturales como origen de los conflictos. Allí Argentina marcó diferencias.
¿Cuál es la posición de nuestro país?
- Que en todo caso, no son los recursos naturales los que provocan los conflictos, sino que es la disputa por esos recursos, las formas de explotación. A lo mejor, no son las personas de ese país quienes generan el conflicto, sino los que desean esos recursos.
¿Son los recursos naturales la principal causa de conflicto en el mundo?
- No. No. Nosotros sostenemos que el debate sobre los recursos naturales e debe dar en la Asamblea, en el Ecosoc, y si tiene una situación con dimensión de conflicto, hay que analizarlo puntualmente. Volviendo a las instrucciones de la Presidenta: Malvinas, causa prioritaria; y en el Consejo de Seguridad, no al doble “estándar” en derechos humanos ni en cuestiones humanitarias. Y que el Consejo de Seguridad se ocupe de la misión que tiene y no que traiga temas que deben debatirse en otras áreas.
Sacándose la banda de embajadora y mirando hacia la Argentina: usted pudo ser la ministra de Defensa. ¿Le sorprendió el caso Milani?
-Mmm.
¿O le preocupó?
- No. No me sorprendió ni me preocupó. Me parece muy bueno que la construcción de la memoria y la posibilidad de no tener situaciones de incertidumbre, permite que esté todo a disposición para que hoy el Congreso ayude a ejercer la democracia. No parto de la sospecha de la teoría conspirativa, sino que entiendo que hay un estado más democrático cada día. No hay una imposición arbitraria, ni un capricho corporativo, sino con reglas de transparencia y con información accesible a organismos de derechos humanos se puede evaluar hoy, con celeridad y decidir con transparencia.
¿Se considera “amiga” o “compañera de militancia” de la Presidenta?
- A Cristina la respeté por su visión política en 1997, aquí que no, yo lo dije mil veces: no podría definirme como “amiga de tomar el té”, más allá del afecto que nos podamos tener. Soy consciente del rol institucional y político que la Presidenta tiene y del proyecto político que tiene.
Dijo antes que la vio “bien”, “fuerte”. ¿Es de las que la ve “eterna”, como que el proyecto del Gobierno se discontinuaría sin su liderazgo?
- Yo la defino como una mujer que es una estadista. Me parece que más allá que la querida Diana Conti la definiera como “eterna”, no hay mejor definición de Cristina que a través de su visión de estadista. Yo vi cómo lo demostró en Naciones Unidas. Aun los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, reconocieron que tiene visión.
¿Tuvieron tiempo de hablar de algún tema más humano, fuera de la agenda de trabajo? ¿Hay un tiempo para lo humano en sus encuentros?
-Cristina es profundamente humana.
Pero más allá de lo político, ¿de qué hablaron?
-¿Vos creés que una Presidenta que llegó derecho a reunirse con el secretario general, que después tuvo una reunión con el canciller de Brasil, que luego tenía que estar en otras reuniones podría hacerlo si no estuviese entera, alegre y fuerte? A ver, a ver, tiene que estar muy contenta para desplegarse de es amanera. Sí, hablamos de su nieto, de su gran alegría. Y alcancé a decirle en un momento, que fue tan solo un instante, que estaba presente mi hija Julieta, que se había acercado a presenciar el debate. Pero está claro que su función de Presidenta es lo que hizo traer al Consejo de Seguridad a una región de paz, libre de armas nucleares, que ha ratificado todos los tratados de no proliferación, que estamos en Haití tratando de disminuir el componente militar de esa misión para restablecer el estado de derecho. Es una Presidenta con una fortaleza muy particular, que no es solamente la de la Argentina sino que es la de representar a toda la región. Tenemos una voz que viene a hablar de paz y la paz no es magia.
¿Qué extraña de Chacras de Coria?
-Dijiste Chacras y se me vino a la cabeza todo: las caras cotidianas. No se trata de extrañar con tristeza. Es recordar la vereda, mis vecinos, el verdulero que lo quiero un montón ya que lo conozco desde hace 20 años y a su mujer, la María, y la panadería de la esquina, la casa llena de gente… pero realmente sería una hipócrita si dijera que esto me produce dolor. Menos mal que extraño, porque si no sería una mala persona. Extraño la militancia de los caminos que conozco, con la gente a la que le sabés el nombre y el apellido. Extraño no con dolor, sino con el optimismo que voy a trabajar mucho por esta región y que voy a volver a vivir en mi mundo que es Mendoza, mi Chacras y mi biblioteca.



