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Se viene la primera antología de literatura infanto-juvenil de autores mendocinos

La investigadora Brenda Sánchez preparó la primera compilación de textos destinados a niños y adolescentes escritos por mendocinos. "Hay literatura mendocina para niños desde los años treinta", nos sorprende, pero su investigación abarca los últimos treinta años.
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Se sabe, porque todas las semanas hay noticias en los medios, aunque muchas veces pasen desapercibidas, que hay muchos escritores en Mendoza, varios de ellos muy buenos, aunque su trascendencia no sea la que se merecen. Y, de la misma manera, hay una importante producción de literatura infanto-juvenil (LIJ) que tal vez es menos reconocida.

En la búsqueda de darle visibilidad a la literatura destinada a niños y adolescentes que se produce en estas tierras, Brenda Sánchez, especialista en Lectura, Escritura y Educación por Flacso y licenciada en Letras por la UNCuyo, investigadora del Centro de Estudios de Literatura de Mendoza (CELIM), dependiente de la FFyL, UNCuyo y especialista en literatura para niños y jóvenes, se dio a la tarea no sólo de investigar sobre esto, sino que, además, elaboró la primera antología LIJ de autores locales.

Liliana Bodoc, Castañete, Chanti, Beatriz Di Masi, Carolina Fernández, Alejandro Frias, Juan Manuel Montes,  Natacha Ortega, Marisa Pérez Alonso, María de la Paz Pérez Calvo, Damián Pérez Santos, Fernando Rosas, Teresita Saguí, Dionisio Salas Astorga, Fabián Sevilla, Enrique Socas, Jorge Sosa y Ricardo Cangialosi son los autores antologados en un libro de pronta aparición que, sin dudas, va a marcar un hito en la literatura mendocina, porque es un trabajo que, sin dudas, se encaramará como precursor de futuras investigaciones.

MDZ Online se reunió con Sánchez para conocer más sobre LIJ mendocina, un área que necesitamos conocer.

- Si existe la posibilidad de hacer una antología, es porque son varios los autores locales que se han dedicado a escribir LIJ.

- A partir del relevamiento que hice en distintas bibliotecas de la provincia, hay literatura mendocina para niños desde los años treinta. Cuando pensé en la posibilidad de hacer una antología, primero la diagramé desde una perspectiva histórica, incluyendo textos de distintas épocas. A medida que avanzaba el trabajo, me di cuenta de que en las últimas décadas hubo una expansión del campo de la literatura para niños en Mendoza, que emergían nuevos autores, que aparecían en los textos nuevos problemas y distintas miradas sobre nuestra realidad. Entonces, se justificaba presentar este panorama de las últimas décadas, por su complejidad y riqueza. Claro que esta antología, como toda antología, es subjetiva y de ningún modo exhaustiva. No están todos los autores. Es una muestra. Pretende abrir el juego, la discusión, visibilizar un espacio. Hay autores que, aunque son muy importantes en el desarrollo de la literatura para niños en Mendoza, no están incluidos en la antología, por cuestiones relativas a la organización misma del libro, aspectos genéricos, como que decidí tomar solamente narrativa e historieta, el recorte temporal, los últimos 30 años, y el rango etario al que se destina, a partir de ocho años.

Una de las ilustraciones de Joche Laudadío para la antología de LIJ local.

- ¿Qué característica predomina en la narrativa infantil mendocina? ¿Hay temas comunes?

- Hay algunas preocupaciones compartidas por algunos autores, por ejemplo, la reescritura del pasado legendario mendocino, que se recrea desde perspectivas más tradicionales hasta en registros paródicos, humorísticos o cercanos a la leyenda urbana o al mito, pero siempre con la idea de desnaturalizar lo cercano, lo cotidiano, para pensarlo desde otras perspectivas. Otro de estos ejes es el alejamiento de la visión idealizada de la Mendoza rural y la mirada del barrio, del centro, vivencias mucho más cercanas a los chicos de hoy. Y podemos pensar una tercera línea, que es el acercamiento a las subregiones de la provincia: los arenales lavallinos, el otro desierto, ese que va de San Carlos a San Rafael, la Payunia.

- ¿Hay primacía de alguno de estos ejes en distintas épocas o se manifiestan en forma contemporánea?

- Esto es un análisis de lo que se escribe actualmente. Desde una mirada histórica, la literatura para niños en Mendoza, al igual que en el país, estuvo desde sus orígenes muy ligada a la escuela. A nivel nacional, el campo se consolida e independiza en los años 80, a partir de las colecciones de literatura infantil que surgen con el retorno de la democracia. En Mendoza, esta independencia respecto de la escuela se está dando recién en los últimos 10 años. Y la escuela requiere y demanda ciertos temas. La escuela es conservadora, por eso tenemos en la literatura para niños mendocina, hasta bien entrados los años noventa, un predominio de la poesía, que tradicionalmente fue el género de mayor prestigio, obras de teatro para actos escolares, la ya mencionada idealización rural-vitivinícola y textos patrióticos celebratorios como para usar en las efemérides escolares.

- Esa relación con lo pedagógico escolar en Mendoza queda de manifiesta en el caso de los suplementos de los diarios. ¿Cómo influyen estos en lo que se escribe aquí?

- Los suplementos infantiles de los diarios tuvieron una función muy importante en el desarrollo de varias generaciones de lectores. El primer suplemento infantil lo crea Antonio Di Benedetto, a fines de los 60, en el diario Los Andes. En los últimos años se escolarizaron cada vez más y la literatura se instrumentalizó, se convirtió en un contenido más relacionado con el tema del suplemento de esa semana, como el ciclo del agua, el Día del Animal. La literatura incluida en los suplementos perdió gratuidad y, con esto, posibilidad de invitar al juego. Creo que los suplementos reproducen el problema del lugar de la literatura en la misma escuela

- ¿Le hace bien a la literatura que un cuento o un poema para chicos esté condicionado por temas escolares?

- ¿Por qué a nadie se le ocurre enseñar Matemática con una pintura o enseñar geografía o historia con un ballet? Esa idea de la escuela de que todo tiene que servir para algo, para dar contenidos, es muy difícil de erradicar. Ofrecer literatura a los chicos es ofrecer la ocasión para emocionarse, para conmoverse, para sentir y sentirse, y si el cuento que damos en la escuela sirve también para analizar sintácticamente las oraciones o para extraer los adjetivos, es difícil lograr un contacto no racional, sino vivencial con el texto, con la obra de arte.

- Pero hay un preconcepto acerca de esta necesaria utilidad de los textos, de hecho, el trabajo de filosofía con niños llegó a la Argentina de la mano de textos muy estructurados. Supongo que es muy difícil de erradicar esa idea.

- Es difícil porque muchas de las ideas de la promoción de la lectura, concepto discutible, se han naturalizado, y los docentes hablan del "placer", de la "identificación", pero no se plantean en qué consiste ese placer, cuáles son los mecanismos psicológicos que producen la identificación. Creo que los autores mendocinos están rompiendo con estereotipos muy fuertes, que no sólo estaban en la tradición literaria, sino que también son los que se usan hasta el hartazgo en las fiestas de la Vendimia, por ejemplo. Pienso que la voluntad de romper con esta versión de lo mendocino es prácticamente una revolución, en lo que a la LIJ respecta. Pero todavía hay temas que no aparecen. Por ejemplo, no hay familias monoparentales ni se abordan temas conflictivos como la muerte. La estructura familiar es la tradicional, tampoco hay familias ensambladas y ni hablar de padres del mismo sexo, pero creo que se está abriendo un camino, no sólo en los temas, sino también en nuevos modos de decir.

- Si tuvieras que citar a algunos referentes en este sentido, a escritores que hayan roto más significativamente esta tradición de la que hablás, ¿a quiénes nombrarías y por qué?

- A los integrantes de La Banda Dibujada (Chanti, Damián Pérez Santos, Castañete, entre otros), que con su libro Seres de leyenda reescriben el imaginario local de aparecidos y leyendas; a Dionisio Salas Astorga, por la voluntad explícita de hacer de la Mendoza urbana un lugar para la aventura; a Alejandro Frias, por incorporar el barrio, ese de patio de malvones y baldosas, y recursos estilísticos muy novedosos, que van desde el lirismo hasta lo cinematográfico; a Fabián Sevilla por el humor, el absurdo, y a Liliana Bodoc, que es un referente indispensable por la calidad de su obra y por su proyección internacional, aunque quedan muchos fuera.

- ¿Cómo ves la LIJ mendocina respecto de lo que se hace en el resto del país, especialmente lo que viene de Buenos Aires, y, en todo caso, lo que viene de otros países?

- Es una pregunta muy difícil, porque no son las mismas condiciones de producción, acá es todo a pulmón, no hay aparatos de marketing ni productos enlatados, que se venden bien en Lavalle y en Afganistán. Acá hay trabajo, mucho, y se escribe porque no se puede dejar de hacerlo, pero nadie, ni los escritores ni yo, como investigadora, vivimos de esto, al contrario, financiamos la literatura con nuestros otros trabajos, cuando debería existir apoyo para publicar, para producir, para distribuir, de parte de las diferentes instituciones.