Oscar Arias, quien sembró la semilla del Tratado Mundial de Armas
El costarricense Oscar Arias Sánchez tiró una idea y la tomó el mundo. Este martes se transformó en el Tratado Mundial sobre Comercio de Armas. No es un “tico” cualquiera”: presidió dos veces su país (1986 – 1990 y 2006 – 2010) y le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz en 1987 por participar en las negociaciones de paz de los conflictos armados de América Central.
Su nave insignia, la Fundación Arias para la Paz, con sede en San José pero que trabaja con organizaciones no gubernamentales de todo el planeta, tomó la bandera como propia y la plantó en entidades hermanas. El propio “Don Óscar” –como le llaman en Costa Rica- la llevó al seno de las Naciones Unidas y lucho porque los líderes de las potencias mundiales la tomaran como propia.
Una vez aprobado el tratado, miles de militantes de organizaciones por el desarme y el control de las armas en todo el mundo saltaron de alegría y lo hicieron saber por las redes. Había mucho tiempo de trabajo propio en la búsqueda de una regulación del comercio mundial de armas. Un esfuerzo que se unió al del mandatario centroamerica, que llevó su energía y su poder a la discusión del asunto a escala global. Hoy, el día en que se siente “inmensamente feliz”, le dedicó el triunfo a las organizaciones de base.
Lo llamamos por teléfono y el ex presidente, del otro lado del aparato, recopiló la historia de la idea y nos contó su alegría:
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¿Cómo está viviendo las primeras horas después de la aprobación del Tratado Mundial sobre Comercio de Armas por parte de la ONU?
Con enorme alegría. Siento que es un triunfo de las bases en cada país porque comenzamos a principios de los años 90 en la Fundación Arias para la Paz, intentado abolir ejércitos.
¿Cuál fue la semilla del Tratado aprobado este martes?
- Redactamos un Código de Ética sobre las transferencias de armas, comenzamos a promocionarlo y allí vinieron innumerables ONGs de todo el mundo. Luego, una versión del Código de Ética la lleve a Nueva York para reunirme con un gran número de Premios Nóbeles de la paz. Ellos apoyaron nuestra iniciativa y seguimos luchando, hasta que a principios de este nuevo siglo lo convertimos en un tratado. Allí nos ayudaron los abogados de la Universidad de Cambridge del Reino Unido para darle forma a lo que fue la primera versión de Tratado, y después tuve la oportunidad de volver a la política nacional. Me hicieron presidente en 2006 y entonces propuse que el Tratado sería lo más importante de la política internacional de mi segundo gobierno. Lo sometimos al debate en las Naciones Unidas y allí duró siete años, del 2006 hasta hoy.
A partir de este momento que es clave, ¿cuáles son los nuevos desafíos que plantea tenerlo aprobado y en camino a su ratificación y puesta en funcionamiento?
- El Tratado fue votado por una inmensa mayoría de 154 gobiernos, 23 abstenciones y 3 votos en contra. Ahora tiene que ser ratificado por 50 gobiernos. Eso me parece que tomará un tiempo. Espero que Argentina nos ratifique, aunque en verdad no me cabe duda de que lo hará porque es uno de los países que acompañó a Costa Rica en este largo peregrinaje. Una vez que eso pase, entra en vigencia. Uno puede predecir que gobiernos autoritarios, dictatoriales no van a querer ratificarlo, pero por otro lado, sí es cierto que también puede haber países grandes, democráticos, cuyos parlamentos no lo quieran aprobar.
¿De qué dependerá?
- Eso dependerá mucho de los gobiernos que se quieran comprometer con una causa tan noble como controlar el comercio de las armas, para que no vayan esas armas a gente que les pueda dar un mal uso. A países en vías de desarrollo que lo menos que necesitan son armas y soldados.
Con una América Latina con el 42 por ciento de las muertes por armas de fuego del mundo, ¿le sorprendió que algunos de sus países se hayan abstenido, como los del ALBA?
- Fue una abstención porque no quisieron cruzar la barrera de unirse a Corea del Norte, Irán y Siria.
¿Pero usted considera que en el fondo piensan igual?
- No sé que decidieron sus cancillerías, pero al final prefirieron abstenerse.
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En este marco de analizar la etapa de implementación, ¿cuál cree que será el rol de superpotencias como los Estados Unidos?
El presidente republicano George Bush estuvo en contra y votó en contra en el seno de Naciones Unidas. Con Obama, Estados Unidos estuvo a favor. Para poder impulsar el tratado luchamos por un asiento en el Consejo de Seguridad que lo logramos y eso me dio la oportunidad de ir varias veces a hablar en su seno, cuando Costa Rica lo presidía y posteriormente cuando Obama nos convocó a todos los presidentes miembros del Consejo de Seguridad a hablar sobre el desarme nuclear. Yo hablé no sólo de ello, sino también del comercio de las armas convencionales y de la necesidad de apoyar este Tratado. O sea que Estados Unidos, en la conferencia del año pasado, al final estuvo en desacuerdo pero fue por razones de política doméstica, primordialmente. Estaban las elecciones de noviembre y el gobierno decidió posponerlo para este año. Este año se realizó en marzo y hasta se vetó por estos tres gobiernos (Irán, Siria y Corea del Norte) y en adelante, si quiere que le dé una opinión personal…
Lo quiero, dígame.
- Pero debe ser tomada sólo como una opinión personal...
Adelante…
- Lo que le puedo decir es que veo con mucha dificultad que el Congreso de Estados Unidos ratifique este Tratado.
Con la novedad del papa latinoamericano, las ONGs de América Latina están aguardando que el papa Francisco le otorgue una audiencia para plantearle el desafío en la lucha contra la violencia armada y pedirle su compromiso. ¿Cree que esto es posible?
- Me parece maravilloso que lo haga por muchísimas razones. Le puedo dar dos: primero, porque el grado de violencia que hay en América Latina. Y en segundo lugar porque el papa se ha identificado con los pobres desde tiempos inmemoriales, allá en Buenos Aires, como cardenal y ciertamente no hay mejor manera para perpetuar la pobreza que gastando nuestros escasos recursos en armas y soldados, en lugar de utilizarlos para educar a nuestros niños y niñas. Él sabe muy bien que comprar armamento tanques aviones, misiles, hasta las armas más livianas, como las AK 47, lo único que hace es empobrecer a la sociedad.
¿Lo han llamado hoy líderes del mundo para saludarlo por la aprobación del Tratado?
No. La verdad es que no. La prensa internacional sí, mucha, de Europa, Estados Unidos, de América Latina. Me ha llamado usted desde Argentina…
¿Se siente olvidado?
- (...) Me siento sumamente feliz. Ha sido una sorpresa para mí. Nunca creí que lo iba a ver en vida. Era demasiado polémico. Hay demasiados intereses poderosos detrás del comercio de las armas, demasiada corrupción. Los gobiernos siempre han puesto las utilidades por encima de los principios, apoyando a las empresas que comercian armas. Los que hacen comercio legal pueden verse beneficiados, porque el Tratado busca poner en regla a los gobiernos que no hacen las cosas de manera transparente. Es una gran coa para la humanidad. Yo me siento muy feliz de haber lanzado una idea.


