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No le tengo miedo al ridículo: me río de mí mismo

Es mendocino. Se fue a estudiar periodismo a Buenos Aires apenas terminó el secundario y a base de audacia, ingenio y una personalidad única se transformó en una de las caras más reconocidas de la tele actual. ¡Visitó MDZ y contó todo!

El es mendocino, pero apenas terminó el secundario emigró hacia Buenos Aires persiguiendo un objetivo claro: triunfar en los medios de comunicación. Desde siempre le gustó el periodismo y supo que esa era su vocación verdadera.

La llegada a Buenos Aires fue solo el punto de partida de muchísimos destinos a los cuales Roberto Funes Ugarte les dijo “sí” sin dudar: con simpatía, mucha energía, audacia y un toque personal único, nos cuenta cómo fue su periplo que lo llevó desde su Mendoza natal a transformarse un uno de los periodistas más peculiares del momento, y una de las caras de peso de C5N.

- ¿Cómo llegaste de Mendoza a Buenos Aires? ¿Ibas con un objetivo, un sueño determinado?

- En Mendoza fui a tres colegios: Maristas, la escuela Quintana y luego al Liceo Agrícola. Toda la vida me gustó la comunicación, pero era una carrera un poco mal vista. Un chico educado de cierta manera debía ser abogado, diplomático… una carrera tradicional. Interiormente yo sabía que mi vida estaba en Buenos Aires. Veía a escondidas muchos programas de TV en los que, soñando, me veía allí. Siempre supe que iba a llegar.

El techo en Mendoza siempre me pareció bastante próximo: no sabía bien qué iba a hacer, pero me mande para allá igual. Me fui sin un centavo: vendí mis esquíes y mi abuela, que es porteña, me ayudó para vivir allí. Vivía en una residencia de estudiantes. Estudié en la Universidad Católica Argentina, y después partí a EE.UU.

Buena onda. Luego de la entrevista, hubo tiempo
para las fotos entre amigos.

- Antes de irte a EE.UU., ¿alcanzaste a trabajar en Buenos Aires?

¡Hice de todo! Mientras estudiaba en la UCA, hacía pasantías en revista Gente. Pero quería entrar a la televisión de alguna manera: yo no tenía ningún padrino en los medios, así es que hice un casting y me eligieron para bailar en un programa de TV, que era el de Carmen Barbieri. Era verdaderamente un desastre: me pusieron en el medio, porque les causaba gracia que yo no agarrara una. Haciendo eso, un día le pedí a Rosita Sueiro, la productora del programa, que me diera un micrófono y me dejara salir a hacer notas. Allí arranqué.

Luego de eso, partí a EE.UU, donde tuve que aprender a hablar neutro, aunque me salía el tono cubano y colombiano. Estuve un tiempo y me fui a España, en donde trabajé en el programa “Corazón, corazón”. De España me fui a México, trabajando en Televisa en un programa de viajes –con el que vine a cubrir la Fiesta Nacional de la Vendimia-.

- ¿Sos un nómade? ¿No extrañás?

- A ver… un pied à terre tengo que tener: es Buenos Aires, mi casa. Pero si tengo que hacer las valijas, lo hago sin dudarlo. Hasta viví en Japón seis meses, en Tokio, trabajando para los mexicanos y cubriendo el mundial de 2002. Yo de fútbol no entendía nada, pero me las arreglé.

- ¿Qué es más importante, la formación del periodista, o su ímpetu, su ingenio? ¿Hay que ser estudiado, o lanzado?

- El periodista siempre se hizo en la calle, en las redacciones y en los medios. Antes era un oficio, yo te diría que en los últimos 20 años hay preparación universitaria. El fogueo te lo da la cámara, la grabadora, la calle. Uno aprende a ser periodista haciendo una guardia: varias veces me tocó estar hasta colgado de árboles esperando a algún personaje.

Si me preguntás que es lo importante para mí, te respondo que creo que en la vida siempre hay que tener buen gusto. Yo en este momento me encargo de notas que tienen que ver con el life style: con ironía, humor e inteligencia, muestro vidas y situaciones que a la gente le parecen inalcanzables, de una manera aspiracional.  

Yo hice también periodismo gráfico en Caras, Luz, Elle y Vanity Fair. Hay que ser todo terreno, yo pasé de hacer una nota glamorosa a Patricia Della Giovampaola, a subirme en el carnaval de Lincoln a un potro mecánico.

Soy curioso por naturaleza, pero también respetuoso: esas características mías las incorporo a mis notas.

Roberto visitó el programa "No será mucho?", de MDZ Radio.

- Estás ranqueando en las predicciones que dicen que podés llevarte una nominación al Martín Fierro, por tu trabajo de movilero. ¿Cómo te llevás con el humor? ¿Es un sello de estilo personal animarse a lo kitsch, a lo bufonesco?

- No le tengo miedo al ridículo. Me río de mi mismo. El primero que se ríe de mi, soy yo. ¡Imaginate que trabajaba en “Movete” bailando! Y no me arrepiento de nada de lo que he hecho, porque no tengo nada vergonzoso, nada que ocultar en mi pasado. Utilizar el humor y la ironía es ser inteligente.

- ¿Cómo te llevás con el mundo altamente competitivo de los medios en Buenos Aires? ¿Y con los que no tienen códigos?

- No me importan. Yo tengo un camino claro, y voy hacia mi meta. Hay que saber esquivar a los que ponen escombros en tu camino con audacia. El casting sábana, existe. La envidia, existe. Los acomodados, existen. Pero todo sucede como dice el dicho: “piano piano, si arriva lontano” –lentamente, se llega lejos-.

- ¿Cuáles son tus límites? ¿Cuándo has dicho “esta nota, no”?

- Cuando he visto el dolor. Cuando te das cuenta que con la nota hacés daño, o ves al otro sufriendo. Me ha tocado cubrir noticias muy duras, y el dolor me conmueve.

- ¡Venís de cubrir la asunción del Papa Francisco, y te vas a cubrir la coronación de Máxima!  

- Sí. En diez días parto a Amsterdam. Somos uno de los pocos medios argentinos que vamos. De hecho, cubrí también el casamiento del príncipe William y de Katherine Middleton.

- ¿Cómo son esas coberturas? ¿Hasta dónde llega un periodista?

- Hasta donde se puede. Ahí tenés que poner en práctica la osadía y la inventiva. Llegás hasta que te saca la seguridad, o te corren. En eso, uno tiene que tener creatividad, ser como una fuente inagotable de recursos para lograr la mejor cobertura. Hay que querer más, y más. Yo soy maleable, y hasta me he disfrazado para lograr una cobertura novedosa. Una vez me hice pasar por el marido de una mujer muy rica, y entré a un casamiento con una mini cámara digital.

- ¿Cuál es el top tres de las notas memorables de Roberto Funes Ugarte?

- A ver, son varias… pero puedo mencionarte un reportaje a Sophia Loren, que la hice el año pasado cuando ella hizo el calendario Pirelli; la entrevista al actor brasileño Rodrigo Santoro y toda la cobertura de la asunción del Papa, que fue sorpresiva, totalmente inesperada.

- ¿Y dos o tres notas que recuerdes por lo delirantes?

- Un carnaval, al que llegué de punta en blanco y terminé lleno de espuma subido a un toro mecánico: estaba perdido, no sabía lo que hacía. Otro momento bizarro fue una nota en el sur, en la Patagonia, en la que me encontré a unos gauchos. Se me ocurrió entrar a la nota con la música de “Bonanza” y cabalgando con la tropilla de gauchos. Terminaron desfilando los gauchos, una suerte de “bombacha in”.

En Punta del Este hice un móvil en vivo desde una playa nudista, y entrevistaba a todos y a todas, que estaban totalmente en bolas. En el canal no se dieron cuenta que había que pixelar o difuminar las imágenes. Fue una nota audaz, que me costó un reto bastante grande.

Luego de la entrevista, Funes Ugarte partió raudamente hacia Buenos Aires.

- ¿Qué pensás de los colegas que subestiman el periodismo de Sociales, y de Tendencias o Buen Vivir?

- Eso está en uno: nunca consideré que hacía periodismo de segunda. Siempre fui de primera. No me interesa lo que hablan. De hecho, muchos periodistas que se jactan de ser “serios” son los que abusan de la vida privada de la gente y las destruye. Eso es algo que nunca hice, y nunca haré.

- ¿Tenés amigos dentro de la farándula porteña?  

- La palabra “farándula” para mi es peyorativa. Tengo amigos que son artistas plásticos, amigos que están adentro de un teatro, y soy amigo de personas que son conocidos socialmente pero no en forma masiva. Me aburren los actores y las actrices argentinos. No me creo ni mejor ni peor, pero siempre los veo con ese tip falso, haciendo un personaje o una pose, del pibe de barrio, la chica top, etc.

- ¿Extrañás Mendoza?

- No. Si puedo decirte que extraño algunas cosas, como la siesta mendocina, y cada vez que van mis hermanos a Buenos Aires les pido que me lleven tortitas. Pero me adapté totalmente a la vida de Buenos Aires.