"Tenemos que tener muy en cuenta que somos un oasis: sin agua, no hay vino, básicamente"
La flamante Reina Nacional de la Vendimia parece predestinada desde su nombre. Suyai significa «esperanza» en mapuche. Su apellido, Berbel, es común en esa comunidad originaria.
A la nueva soberana le espera un desafío importante: meterse en asuntos trascendentes y ser más, mucho más que una sonrisa y una cara bonita.
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- Cande, ¿cuál es la sensación que te recorre el cuerpo?
- Esto es increíble. Estoy completamente feliz. Nunca creí que iba a haber tanta gente de Malargüe en el teatro griego. Pensaba que iba a estar solamente mi familia, y me produjo una gran alegría ver a tantos malargüinos.
Desde muy chica, siempre adoré la Vendimia. ¡Era súper cholula! Miraba las reinas, seguía todo lo que pasaba. Más que cumplir un objetivo, estoy viviendo un sueño.
- El intendente de tu departamento destacó que no solo recibiste el cariño de los malargüinos, sino también de toda Mendoza…
- La verdad es que tenía razón Cacho Agulles. Cuando salía del hotel siempre sentía el apoyo de la gente. Me aplaudían y me gritaban cosas lindas. En cada uno de los actos a los que fui me encontraba a alguien que tenía una palabra cariñosa, o un piropo. ¡Llegaba siempre entusiasmada!
El cariño de la gente hace que todo lo bueno que uno recibe se multiplique.
- Sos la segunda reina que corona Malargüe. ¿Sentís alguna responsabilidad especial?
- No siento responsabilidades en forma de cargas, o de deudas. Al contrario, estoy sumamente feliz de poder hacerle este regalo a Malargüe. Quería ganar para llevarle la corona.
Patricia Ceconatto, la primera Reina Nacional de la Vendimia malargüina me coronó. Pero además, fue divina: me llamaba por teléfono, me daba consejos.
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La foto como candidata distrital de La Escondida.
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- ¿Recibir tantos votos le quitó la sorpresa al desenlace?
- Cuando escuché tantas veces nombrar a mi departamento me lo imaginaba, pero la realidad es que en ese momento una está tan emocionada, tan ansiosa que es imposible llevar la cuenta de nada. A mi me pasó que escuchaba más y me llamaba la atención escuchar los votos de cuando saludaban las otras chicas.
- ¿Cómo es estar parada frente a esa gran masa de gente que significa el Frank Romero Day y los cerros?
- Mirá, es un hecho que te hace vibrar. Te tiembla todo el cuerpo. La magnitud, la fuerza, la energía que se siente al estar parada en el medio del teatro griego es alucinante. Ver los cerros, los destellos de luces que se ven, intermitentes… es indescriptible.
- Se habló mucho sobre algunas disputas en el hotel, y de que hubo roces al final de la convivencia, cuando se comentaba que tres candidatas ya se despegaban en cuanto a preferencias.
- No es cierto. Por suerte nos llevamos todas muy bien. Había muchísima camaradería entre todas, es más, para darte un ejemplo, mientras a una la peinaban, otra candidata le pintaba las uñas. Además, nos aconsejábamos con respecto a los vestidos y zapatos, etc. En ningún momento hubo tensión ni mala onda.
No hablábamos del tema “elección”, y como estábamos aisladas del mundo externo, todo lo que tenía que ver con tendencias, opiniones y notas periodísticas no nos llegaban.
- ¿Realmente es tan estricto el aislamiento?
- Lo que pasa es que no te enterás de nada por una cuestión de tiempos. Es tan estricta y abultada la agenda, que cuando llegás al hotel, querés descansar. En el cuarto cada una tiene una TV, pero la verdad es que si la prendí un par de minutos, con mi coordinadora, es mucho. Solo algunos minutitos de zapping, en la noche.
Imaginate que todos los días salíamos a las 8 de la mañana, y nos acostábamos a las 3 am. Solo me enteraba vagamente de las encuestas por los comentarios que me hacían, pero vagamente.
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- ¿Viste la marcha ambientalista que irrumpió en el Carrousel? Se congregaron alrededor de dos mil personas.
- En la Vía Blanca y el Carrousel era la número dieciséis: penúltima; así es que no pude ver la marcha.
- ¿Tenés alguna opinión formada con respecto al tema de la minera Vale?
- No es un ámbito en el que yo normalmente me desenvuelvo. No quiero opinar sobre algo que no se.
- Pero fuiste Reina del agua, un recurso cuya defensa está sobre el tapete y es tema de agenda política. ¿Te manifestaste? ¿Has ido a marchas?
- El tema del agua es importantísimo. Tenemos que tener muy en cuenta que somos un oasis. El agua es el recurso más necesario de la provincia: sin agua, no hay vino, básicamente. Hay que cuidarla, y nunca derrocharla.
Al respecto, el departamento General de Irrigación está haciendo muchísimos trabajos. Quiero destacar, por ejemplo, el programa que se denomina “Cultura del agua”, en el cual se educa sobre el cuidado de este recurso en las escuelas. A los chicos les enseñan desde la edad más temprana cómo hacer para cuidar y no desperdiciar agua: es notable porque pude apreciar como los chicos incorporan esto a su estilo de vida, además lo comunican a amiguitos y en sus hogares.
No he participado de marchas.
- ¿Tampoco irías?
- No he estado cerca concretamente de la posibilidad de asistir a una marcha o protesta. Igualmente la figura de la marcha no es mi manera de debatir o de pedir algo. No digo que esté mal, en lo absoluto. Pero no es mi forma de hacerlo. Prefiero involucrarme a través de otros caminos.
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- Sabemos que querés trabajar con las demás candidatas en sus proyectos personales, en cada departamento. Hablando concretamente de Malargüe, ¿en qué te querés enfocar?
- Creo que en mi departamento hay una necesidad grande a solucionar, que es el tema de la educación terciaria y universitaria. Hay que irse a estudiar a San Rafael, a Mendoza o a otras provincias. Me gustaría interiorizarme en este tema y conocer si es factible que haya mayor oferta educativa en el departamento.
Quiero trabajar con los hogares de ancianos y los de niños. Quiero ser la conexión, el enlace entre las empresas o las instituciones que pueden prestar ayuda, y ellos. Me interesa comunicarlos mutuamente.
Me he dado cuenta que prestar una simple compañía es un acto de solidaridad y fraternidad. Jugar con los niños, visitarlos, dedicar tiempo para charlar, conversar con los ancianos… son actos sencillos que suman y hacen bien.
- ¿Qué pasará con tus estudios y tu trabajo –es notera de una publicación mensual mendocina, revista “High”-?
- Los estudios quedarán un año en stand by, porque se que las responsabilidades de la Reina Nacional de la Vendimia son muchas. ¡Pero el trabajo no quiero dejarlo! En la medida que pueda, seguiré con el, porque me encanta.
- Quiero que me cuentes qué es esta suerte de “adicción a la corona” que tiene algunas chicas. Vos has sido Reina Nacional de los Estudiantes, Reina del Agua, y ahora Reina Nacional de la Vendimia. ¿Qué te genera estas ansias de presentarte? ¿Hay una seducción especial en el título de “Reina”?
- Puesto así, la verdad es que es bastante cómico (risas). La verdad es que las oportunidades se me han ido dando. Nunca he ido a presionar o inscribirme forzosamente.
Recuerdo que cuando me fueron a proponer presentarme a Reina del Agua representando a Malargüe, hacía dos meses que había dejado la corona de los Estudiantes. Lo comentaba con mi mamá, y le decía “¡Mamá, qué va a decir la gente! ¡Esta chica no puede vivir si no es reina de algo” (risas). Pero tengo que reconocer que me gusta: esto te tiene que gustar, porque si no te sentís cómoda no lo podés hacer.
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- ¿Con cuáles de las chicas, si te pido que me nombres dos o tres, considerás que lograste una amistad más cercana?
- Eso es difícil, te juro que todas nos llevábamos bien. Puedo nombrarte a Déborah, de Tupungato, por el hecho de que éramos las dos últimas en la lista de presentaciones y entonces teníamos que esperar juntitas. También con Rocío, de Godoy Cruz, que me hice amiga: nuestros cuartos del hotel estaban uno al lado del otro y entonces yo iba para su habitación o ella a la mía y nos ayudábamos con los peinados y maquillajes.
Ping pong final
- ¿Cómo sos?
- Soy una persona que se aburre rápido. Igualmente, soy cambiante: me gusta hacer cosas todo el tiempo, pero también disfruto mucho de estar toda una tarde tirada en la cama viendo una película. Soy un poco perezosa, en ese sentido.
- ¿Por qué creés que has ganado?
- Creo que vieron en mí que la pasé muy bien. En cada evento y lugar al que fui, me comporté de una forma desenvuelta y natural. No vivía en pose y no estaba pendiente de las cámaras o las miradas. Además reconozco que, por mis estudios y mi trabajo, el hecho de saber manejarme con los medios, ayudó: saber cómo comportarse con una cámara adelante, o cómo se desarrolla una entrevista en un medio gráfico, por ejemplo.
- ¿Te gustan los medios? ¿Te ves en la TV?
- Me encantan. Me encanta estar adelante de las cámaras de fotos y de grabación, pero también detrás, en la parte de la redacción, o de la producción. Mi cabeza ahora está en esto, en disfrutar de este año, pero más adelante, quién sabe. La radio me gusta muchísimo, y me siento muy cómoda en ese ámbito.
En realidad, lo que más me gusta es el modelaje. Todo esto lo heredé de mi mamá: ella está orgullosa, le encanta todo esto, y es la que me ha entusiasmado y empujado para que siga adelante.
- ¿Y en el ámbito de la política, te ves?
- Por ahora, no. Pero no se más adelante que puede llegar a pasar.
- ¿Viste el Acto Central? ¿Te gustó?
- Si, me pareció increíble. No lo analicé, pero por ejemplo, me impresionó el trabajo de los titiriteros: los perros gigantes parecían reales.
- ¿Te gusta el folklore? ¿Y el tango?
El tango me gusta muchísimo, es un baile muy intenso. El folklore lo estoy aprendiendo ahora. Nos enseñaron lo básico: las cuecas y el gato; pero quiero perfeccionarme.
- ¿Cómo te gustaría que te recuerden?
- Como una reina que pisó fuerte en el sentido en que ayudó al pueblo en todo lo que pudo, y representó a Mendoza de la mejor manera.