El fútbol tiene esa extraña cualidad de evidenciarnos con sinceridad
"Los historiadores que hablan de sí mismos como si ellos fueran los dueños de la verdad no me caen demasiado bien". Así opinó Eduardo Sacheri historiador, escritor, apasionado por el fútbol y reconocido por su libro La pregunta de sus ojos, novela que fue llevada al cine por Juan José Campanella con el nombre El secreto de sus ojos.
Sacheri es uno de los escritores argentinos contemporáneos que supo conjugar la Historia, la Literatura y el fútbol; además, luego del éxito que experimentó junto a Campanella, ganó mayor popularidad y tuvo más de una propuesta para llevar sus novelas y cuentos a la pantalla grande.
En su visita por la provincia, estuvo en el programa ¿No será mucho? en MDZ Radio y se animó a hablar de todo. Su obra, sus libros, sus pasiones, sus proyectos y el antes y el después del film que protagonizaron Ricardo Darín y Soledad Villamil.
- ¿El fútbol es la metáfora del ser argentino?
Cuando jugamos y miramos somos sin máscaras, somos así en lo que nos gusta y lo que no nos gusta. El fútbol tiene esa extraña cualidad de evidenciarnos con sinceridad. Me parece que es un buen espejo en el cual mirarse.
- ¿Cómo fue tu vínculo con el fútbol?
Desde muy chico y espero que hasta muy viejito. Sufro con la camiseta de Independiente y me parece que este es uno de los años más difíciles de los que me ha tocado vivir con el club, por lo menos a mí. Creo que necesitamos juntarnos en este momento de dolor; encima vengo a Godoy Cruz a dar esta charla que nos acaba de derrotar hace pocos días –risas-.
- La repercusión y todo lo que sucedió después de La pregunta de sus ojos convertida en película, en El secreto de sus ojos… ¿te cambió la forma de escribir, de ver tu obra?
Me aportó una gran visibilidad cosa a la que los escritores no estamos acostumbrados, el mundo de los libros es mucho más chiquito y doméstico que el del cine. Me dio un montón de oportunidades de trabajo en el cine. Por ejemplo, recién hablábamos de Metegol, me dio la oportunidad de seguir trabajando con Campanella, adaptar otros libros al cine, entre otras cosas. En mi manera de escribir no me cambió, en el sentido que cuando me pongo a escribir una historia nueva sigo pensando en mí como lector.
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- ¿Te abrumó el nivel de popularidad que alcanzaste con el éxito de la película?
Vi la oportunidad de que se hicieran más conocidos mis libros, era un colectivo que pasaba una vez y era mejor subirse a él que dejarlo pasar. De hecho, después publiqué una novela que se llama Papeles en el viento que se vendió más que La Pregunta de sus ojos. Lo cual para mí es muy bueno en el sentido de que la gente pueda seguir buscando cosas mías. En cuanto a la popularidad, te cuento que como profesor de historia te expones todos los días a cuarenta adolescentes remisos a aprender historia. Te puedo asegurar que es mucho más difícil eso que un reportaje.
- Como profesor de Historia, ¿qué Historia elegís contarles a tus alumnos?
Creo que no hay modo de contar lo qué pasó porque siempre hay un recorte, una complejidad y una distancia. Lo más importante que uno puede hacer como profesor es compartir con los alumnos esa complejidad y no pretender tener todas las verdades bajo la manga. Los historiadores que hablan de sí mismo como si ellos fueran los dueños de la verdad no me caen demasiado bien.
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- ¿Qué es la Historia? ¿Es documentos, testimonios, relato?
Es un poco de todo eso. Es documento, ciencia, rigor al momento de buscar los datos; pero también, tiene una parte de relato que se parece a otros tipos de relatos. Me refiero a que lo que contás tiene una trama, narración y un conflicto.
- ¿Qué importancia han tenido los medios, a lo largo de la historia argentina, en la construcción del relato histórico?
Me parece que han sido muy importantes, sobre todo desde la aparición de la prensa masiva, aunque no son tan importantes en relación a otros momentos debido a la multiplicación de las redes sociales, por ejemplo. Hoy el discurso es mucho más múltiple, horizontal y variado. Toda horizontalidad me parece buena.
- Tu trabajo se divide en novelas y cuentos y en la actualidad los editorialistas suelen buscar más novelas que cuentos… ¿cómo te sentís vos en esos dos formatos?
Mirá yo arranqué escribiendo cuentos y primero publiqué tres libros de cuentos antes de animarme con una novela. De arranque fui un escritor amateur porque de hecho, estudié historia, no estudié para ver cómo hacía para escribir ficción. De un principio me sentí más cómodo con el género del cuento. En otro orden, ocurre algo en general en todo el mundo y es que se vende más la novela que el cuento. La Argentina dentro de todo es un país donde se venden cuentos porque, por ejemplo, Esperando a Tito es un libro de cuentos, son todos cuentos de fútbol y se vende muchísimo y que ni hablar los libros de Fontanarrosa. Es un país lindamente excepcional en este sentido.
- ¿Qué lee Sacheri, con qué te nutrís?
Soy un lector voraz desde muy chiquito. Hoy tengo un libro de Asa Larsson, una sueca que escribe policiales que me recomendó mi librero y la semana que viene puedo estar con Guillermo Martínez o Claudia Piñeiro, argentinos contemporáneos que me gustan mucho. No me quiero privar del placer de una horita de lectura todos los días, algo que hoy, encima, es parte de mi trabajo.
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- ¿Hay escritores que escriben sus obras para que sean llevadas al cine, escritores cinematográficos?
No sé si aquí en Argentina, me parece que no, porque no tendríamos mercado para eso. A lo mejor en EEUU sí, que vos los leés y te das cuenta que son parte de una máquina de fabricar chorizos que está pensada como último escalón en el cine. Ahora, siempre que tengas un libro donde hay una trama, personajes sólidos y sucesos que les ocurren siempre se adapta mejor al cine que una novela más íntima más de reflexión personal más del pensamiento de un personaje que naturalmente es mucho más difícil de visualizar.
- ¿Sentís que el lenguaje cinematográfico es fuerte en tu estilo narrativo?
Creo que tengo un estilo descriptivo y me gusta contar cosas, en ese sentido es más fácil adaptar una historia mía al cine que una historia de algunos otros autores.
- Así como decís que sos un lector voraz, ¿sos cinéfilo también?
Soy de ver películas pero soy un ingenuo cinéfilo, no soy experto en directores ni me sé un montón de nombres de películas iraníes. El cine independiente norteamericano es lo que más cómodo me deja, en el sentido que no tiene esa cosa tan hermética de cierto cine europeo ni esa cosa pochoclera abrumadora del gran cine de Hollywood.
- ¿Cómo es tu ritmo de trabajo?
En general soy bastante disciplinado vengo de pasarme años con cincuenta horas de clase como docente en la provincia de Buenos Aires. Entonces extraño el agotamiento. Doy en escuela pública y privada. Acostumbrado a ese ritmo de laburo casi que si no trabajo tres o cuatro horas por día en escribir algo me siento que estoy perdiendo el tiempo es algo de familia de tanos inmigrantes de aprovechar el tiempo para trabajar.
- Si estás avanzando en un relato y de repente sentís que te quedás varado ¿te ponés furioso o sos de relajar y continuar después?
En general lo dejo porque me parece que si le encuentro una solución en el peor momento en algún punto será una solución artificial en el sentido de decir ‘salir del paso’, de decir ‘lo emparché’, es como terminar una historia atada con alambre. Me parece mejor retroceder un poco, dejar que sedimente y si valía la pena ya volverá la idea.
- ¿Cómo es trabajar con Campanella?
Estuvo bueno que uno venga del palo de la Literatura y otro del palo del Cine porque hay un montón de cuestiones visuales que Juan te las resuelve con una gran maestría de forma muy sencilla. Y a lo mejor el escritor aporta una cosa de preocupación por la solidez de la trama, por el engarce de los distintos elementos que, a veces, desde lo visual no están tan en primer plano. Hemos laburado muy bien, discutiendo mucho y peleándonos mucho, entre comillas mucho, pero quedamos amigos así que tan mal no nos fue.
- ¿Cómo funcionaron en la película puntualmente?
Lo que es actores y eso es materia de Juan, sería una osadía de mi parte decirle a Campanella quiero a tal actor haciendo tal papel. Pero en lo que fue la historia de construir el guión, trabajamos muy mano a mano. A lo mejor a mí me tocaba el laburo de trinchera de escena 1, 2 y 3 y a él una labor más de supervisión o de queja; de decir ‘esa escena no me gusta’ o ‘esto que vos hiciste en cuatro páginas nos alcanza con media página’.
- Fue tu primera experiencia como coguionista de un largo y me imagino a Campanella diciendo cosas como “eso funciona bien en un plano literario pero…”.
Seguro y hay algunos cambios que tiene la historia en relación a la novela que tienen que ver con esa cuestión de los lenguajes que quiso Campanella; pero donde entrás a cambiar cosas, vas cambiando más cosas y hay un efecto dominó inevitable y el asunto es dónde detenés ese efecto dominó y dónde ponés un parate de alerta de guarda que esta historia no deje de ser la historia que era y que fue la que nos gustó a los dos en un principio. Pero creo que en el fondo terminamos muy conformes de hecho por eso seguimos trabajando juntos.
- ¿Quedaste satisfecho con lo que resultó?
Sí, muy satisfecho. Aunque sigo pensando que una cosa es el libro y otra la película. El libro es algo que puedo decir esto es mío, mío, mío y la película es nuestra, nuestra, nuestra; de Juan, de los actores y de ese colectivo de ciento y pico de personas que hay detrás de una película.
- ¿Sentís que la película fue otra obra, otra creación?
Aunque la siento un poco mía también, es otra obra, es otra cosa, fue otro momento de trabajo, fue otro momento de mi vida y otra dinámica de trabajo también, porque no es lo mismo que ser escritor donde me encierro conmigo mismo a rumiar mis deseos y mis escritos a me junto con un director, discutimos, después sumamos algunos actores, productores. Creo que el gran desafío para un escritor es tolerar esa cosa colectiva intrínseca del cine.
- ¿Dónde te encontró la nominación al Oscar?
La entrega del Oscar me encontró allá, pero durante la nominación estaba en Malargüe de visita en el sur de la provincia, andaba de paseo y como soy de la teoría de que las definiciones por penales no se miran, estaba dando vueltas alrededor de la pileta de las cabañas –risas-.
Escuchá la entrevista aquí:
Fuente: FM 105.5, MDZ Radio. Programa ¿No será mucho? de 9 a 13.


