Más punzantes han sido los periodistas que cualquier actor de la oposición partidaria
El consultor político Mario Riorda asesora tanto a partidos políticos como a gobiernos de América Latina. Por eso, su visión de lo que sucede en Argentina y en el resto del subcontinente es palabra autorizada para entender los procesos por los que atraviesan los pueblos latinoamericanos.
En su más reciente publicación, ¡Ey, las ideologías existen!, escrito junto con Marcela Farré, realiza un estudio comparado de los discursos electorales de 38 campañas de 18 países, en la búsqueda de caracterizar las campañas políticas presidenciales y construir un instrumento de análisis que permita confirmar componentes ideológicos dentro de los discursos.
MDZ Online entrevistó a Riorda para indagar un poco en la visión que tiene sobre los candidatos y las campañas en Argentina y la situación ideológica en América Latina.
- En una entrevista afirmabas que antes había partidos con candidatos mientras que hoy hay “candidatos con o sin partido”. Vivimos un año electoral en el que los posibles candidatos, hasta ahora, sólo parecen tomar relevancia a partir de agresiones o disputas. ¿Estamos en un momento de candidatos sin propuestas?
- La referencia la hacía para graficar la hiperpersonalización que vive la política electoral, que sobrepasa ampliamente las estrategias y estructuras partidarias, las que no desaparecen pero sólo condicionan a los liderazgos. Pero de tu pregunta surgen al menos dos respuestas. La primera es que la política es adversarial y confrontacional. Son opciones que compiten frente a otras opciones. Y no sólo ello, sino que el uso de la negatividad en los procesos electorales llega, por ejemplo en el contexto norteamericano, a niveles cercanos a 8 o 9 de cada 10 acciones comunicacionales. En nuestra región ello depende de cada contexto en particular, del desempeño gubernamental del partido en el gobierno, tanto como de la composición del sistema de partidos y sistema de medios. Lo que sí queda claro es que, aunque pudiese no llegar a valores como los descriptos, siempre es suficientemente alto para quitarle toda dosis de romanticismo a la política, lo que equivale a plantear que, en el mejor de los casos, hay una combinación de mensajes positivos con negativos, pero no es posible una campaña solamente diseñada desde la pura positividad. La segunda es que el concepto de propuestas se vuelve difuso en la realidad actual, hay campañas que se ganan con valores o con objetivos generalistas, tanto como otras que se basan en la diferenciación del pasado, especialmente cuando este ha sido malo, o en atributos personales, sin que el esquema propositivo, si es que entendemos a este como políticas públicas concretas, se vuelva central. Ello no hace ni garantiza mejores ni peores candidatos, son sólo estilos o reglas de juego posibles de la nueva comunicación política. Tampoco que no se haga foco en las propuestas significa que las campañas dejen de ser ideológicas. La ideología bien puede funcionar con altísimas dosis de personalización y niveles relativos altos de abstracción entendidas como metas.
- En función de la situación presente, ¿en qué puede basar su campaña el partido que quiera hacerle sombra al kirchnerismo este año? ¿Valores, objetivos generalistas, diferenciación del pasado o atributos personales?
- Hace rato que vengo preguntándome si queda algún tema que no haya explorado la oposición desde que el kirchnerismo está en el poder. No desde mi punto de vista. Todo ha sido usado y con igual resultado. Temas concretos y temas abstractos. Sí creo que más punzantes han sido los periodistas que cualquier actor de la oposición partidaria. Ello es bueno para la agenda pública, pero no implica que la oposición gane terreno surfeando olas de agendas que no les son propias. Mucho dependerá del nivel de eficacia del desempeño gubernamental del oficialismo, y sólo cuando se despeje esa variable independiente, la oposición tendrá más o menos eficacia con los mismos temas que venía planteando. Pero, desde mi punta vista, el único discurso que recomiendo es aquel que tenga coherencia y sea un traje a medida. No puede haber un discurso “todo terreno” que a todos les quede bien. La oposición como conjunto ha leído más los diarios que escuchado a especialistas de modo temprano, y por eso muchos actuaron igual y, lo que es peor, tarde. Pero como la imagen es la acumulación coherente y sostenida de discursos a lo largo de un tiempo, no cualquier político puede alterar su estilo discursivo fácilmente y esconder la personalidad real. La efectividad discursiva depende mucho de comprender los datos del contexto: los candidatos, los sistemas electorales, la fragmentación de los partidos, el desempeño gubernamental de los antecesores y las variables económicas y socioculturales. No hay magia, sólo situaciones más favorables o más adversas. Dependerá del desempeño del oficialismo para saber si el discurso de la oposición debería apuntar a más integración, mayor positividad y menor diferenciación, o a más adversarialidad, negatividad y diferenciación. Pero debe quedar claro que en una campaña, máxime con sistemas de partidos rotos y con balotaje, la adversarialidad hay que considerarla como necesaria, independientemente de su proporción.
- ¿Cómo evaluarías estrategias oficiales como la de dar a conocer a través del Indec cifras de inflación que no pueden verse reflejadas en la realidad?
- Es complejo posicionarse sobre este tema. Que existan agencias de producción estadística independientes es razonable. Quizás hubo un planteo comunicacional desadecuado al principio y luego no se remedió más. Algunas estadísticas tienen una racionalidad desde el efecto económico que afectan coeficientes de determinados títulos públicos de deuda con alto impacto en la macroeconomía. Pero no soy experto en economía y desde lo comunicacional es difícil racionalizarlo actualmente por la controversia que genera.
- Varios gobiernos latinoamericanos se muestran como hermanados a partir de una declarada resistencia al neoliberalismo y anunciando hasta concordancias ideológicas. Concretamente, ¿aparece un sesgo de ideología unificada en el subcontinente?
- Son variadas las investigaciones que reflejan, y también se desprende parcialmente del resultado de mi último libro, Ey, las ideologías existen, que en muchas situaciones no había ausencia o merma de las ideologías desde los 90 hasta bien avanzado los primeros años del nuevo siglo, sino que lo que se podía constatar era una superposición de muchos actores que iban generando un consenso sobre un modelo de pensamiento neoliberal. Entonces, la baja intensidad de la discusión se debía a que muchos pensaban lo mismo en el fondo, más allá de los matices en las formas. Recuerden que Angeloz había afirmado que las primeras medidas de su contendiente, Menem, pertenecían a su programa económico, tanto como cuesta evaluar la verdadera diferencia en lo ideológico entre el trazo grueso de la política de Menem y la continuidad del modelo económico de De La Rúa. Obvio que Cavallo es la bisagra entre esas dos administraciones. Por eso, el quiebre del consenso del modelo neoliberal posibilitó que una buena cantidad de actores llegasen al poder con políticas opuestas a las de aquellas dos décadas, representados en los gobiernos nacionales populares, tal como estos se autodefinen. Y ellos sí hacen causa común generando una fuerte impronta de latinoamericanización en su discurso, que sin duda es uno de los rasgos distintivos que definen sus respectivas políticas simbólicas. Aun con sus matices, países como Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Nicaragua, Bolivia se ubican en un mismo grupo retóricamente hablando. No obstante ello, América Latina no tiene actualmente una tendencia política uniforme. Casos como Chile, México y Colombia son parte del equilibrio de modelos que transitan otra opción ideológica. Y queda un hibrido como Perú, que cuesta ubicarlo en uno u otro grupo.
- Esa impronta de latinoamericanización a la que te referís parecería venir acompañada de una impronta de mesianismo también, especialmente en líderes como Kirchner en su momento, Chávez y Cristina Fernández.
- Mesianismo es un adjetivo que implica una toma de posición ciertamente peyorativa sobre el fenómeno. En mi caso quisiera posicionarme sobre el tema desde una visión académica. Hace una década atrás, un estudio español indagó cuáles eran los “mitos de la modernidad”, en alusión a los conceptos centrales sobre los que se basan tanto la publicidad comercial como la política. De ellos, el primero más usado es el mito del héroe y del salvador. Es una configuración importante para entender que en general, en las comunicaciones que requieren de apoyo popular o de manifestaciones que activen y den visibilidad al seguimiento de una marca, una idea o una persona, necesitan marcar o hacer notar improntas novedosas, que hagan un corte temporal diferente. Como dije, era tanto para publicidad del sector privado como para las políticas. Pero si habláramos de estas, no es menos mesiánico el proyecto de seguridad democrática ciudadana de Uribe en Colombia o el de la guerra al narcotráfico de Calderón en México.
Para saber más sobre el trabajo de Mario Riorda, se puede visitar su página web, https://marioriorda.com.