"España y Europa deben respetar los derechos soberanos argentinos"
El nacionalismo le pone un límite bastante claro a la discusión en torno a cómo deben desarrollarse las cosas en un país: o se adhiere fervorosamente a los dictados de quien tiene la manija de la “posición nacional” (única, indivisible) o estás en contra. En ese caso, nada puede ser desapasionado y, fundamentalmente, a lo que se tiende, en este marco, es al maniqueísmo: nada de arcoíris, todo es blanco o negro.
Resulta atractivo dejarse llevar por las pasiones. Apasionarse por algo, enfervorizarse es cómodo, gratis y –si se está en el lugar exacto y en el momento justo- hasta puede ser redituable. El problema es cuando a alguien no le pasa eso y quiere analizar un poco más, reflexionar, buscarle los pelos a la leche e, inclusive, no tomar de esa leche, cosa que, en cualquier marco de pluralismo, es posible, sin más.
Claro que, como no estamos postulando al nacionalismo como norma, sino algo diferente (que probablemente los nacionalistas apasionados puedan comenzar a calificar como antinacionalismo, cipayismo y hasta como traición a la Patria) nos permitiremos echarle un vistazo a vuelo de pájaro, tomando la necesaria distancia.
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Así, abreviando, la discusión por la nacionalización de YPF podría pasar solamente por estar a favor o en contra, o bien por una multiplicidad de opciones previas, antes de tomar partido por la medida concreta.
Lo mismo ocurre con la causa Malvinas: pedir analizar las diferentes formas de luchar en el mundo para recuperar la soberanía sobre esos territorios no es renunciar a nuestros derechos ni mucho menos tomar la ciudadanía inglesa. Es simplemente eso: despejar la luz de la pasión que nos da de frente, justo en los ojos, para poder leer la letra chica del asunto.
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Volviendo al tema de la nacionalización de la empresa petrolífera y a cómo se está tratando en el tema en el país, es posible que existan otras miradas no presentes, probablemente, en la agenda de los medios masivos de comunicación, empeñados en una lucha maniquea.
Vivimos un momento apasionado en la Argentina, uno de esos que realmente son históricos y sobre el que, cuando pase el tiempo, traeremos a la memoria para volver a pensar si actuamos como zombies, como ciudadanos o directamente, ni nos preocupamos.
Como con la Plaza de Mayo llena por Malvinas en el 82, en la del Felices Pascuas del 87, la “Plaza del Sí” de los años 90, los aplausos al default en el Congreso o tantas otras situaciones de las que el tiempo (y el remordimiento) se encargó de que cada uno de sus asistentes fuesen borrados en un “yo no fui” identificatorio de la argentinidad.
Pero, ¿es posible que este tipo de cosas nos estén pasando siempre sólo a los argentinos? No. Y de hecho, tras la mundialización y el resurgimiento de las potencialidades locales en el mundo, hay matrices que se repiten. Pasiones forzadas que brotan en diferentes países necesitan alimentarse de los sueños de la pasión ajena, para no sucumbir ante los dictámenes de realidades que resultan adversas una vez que se corren los velos del entusiasmo militante.
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Es posible entonces que en Inglaterra, con la peor situación del empleo y la economía en llamas en décadas, “nuestra” malvinización espontánea les haya venido a sus gobernantes como anillo al dedo, para safar de la guillotina que amenaza en Francia a Sarkozy y que ya degolló al socialismo español y recluyó en sus orgías a Berlusconi.
Y es probable que el jefe del gobierno español, el derechista Mariano Rajoy, que ni debe saber para qué se presentó a elecciones, en medio del su propio “2001” español, haga lo propio confundiendo a una empresa, Repsol, con la propia Patria (otrora nuestra “madre” ), apasionándose por una lucha cuyas esquirlas dejan a un costado una serie de cuestiones que requerirían de más debate, de más luz, de más transparencia que lo que estamos viviendo como un ring internacional.
Puede ser, escribió hace unos días el eurodiputado Raül Romeva, que se esté desarrollando una especie de lucha de populismos y, por lo tanto, es probable hacer otras lecturas de lo que nos pasa.
Por ello, hablamos con el catalán que representa a los Verdes en el Parlamento Europeo, uno de los escenarios elegidos por Rajoy para llevar su lamento contra la Argentina.
- ¿Es posible que puedan distinguirse dos “cabezas” en la discusión por Repsol YPF entre España y Argentina, siendo una de ellas la que se centra en las cuestiones reales y de fondo, lo que la presidenta argentina llama “soberanía hidrocarburíferas” y la otra, la más virulenta, que se basa en “fuegos de artificio” de la política para disimular problemas dentro de cada uno de ambos países?
Unos y otros harían mucho mejor invirtiendo masivamente todos los recursos económicos, políticos y diplomáticos posibles en la promoción de las energías limpias y renovables, y en una reducción de la dependencia de los combustibles fósiles. El problema de fondo radica, por tanto, en cuál es modelo energético y de desarrollo económico que conviene promover.
- En el primero de los casos, ¿cree usted que tiene derecho la Argentina de hacer lo que hizo?
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- Argentina tiene su derecho soberano a decidir sobre sus recursos naturales y su política energética, y España y Europa deben respetarlo. No son justificables las exaltadas llamadas patrióticas de los ministros españoles, confundiendo los intereses de una empresa con el interés general de la ciudadanía, hay que recordar que más del 50% del capital de Repsol.
Pero también nos hubiese gustado ver en Argentina un debate libre de presiones mediáticas e internacionales. Cabe recordar que en su momento la actual presidenta argentina dio apoyo a la privatización de YPF, ya su venta en Repsol. ¿Era entonces menos estratégico, este sector, para los intereses argentinos?
- Y en el caso de lo que podríamos llamar como una “confrontación de populismos”, en donde a ambos mandatarios les conviene reunir fuerzas hacia dentro de sus países basándose en pirotecnia verbal, ¿cree que realmente puede plantearse un escollo en las relaciones entre Argentina y España y Europa?
-Yo lamento realmente que el gobierno identifique los intereses generales de España con los intereses privados de Repsol. Pero Rajoy no puede acusar a Cristina de populismo si él hace lo mismo. Rajoy está hablando desde Mexico sobre Repsol-YPF y llama a una reacción del Parlamento Europeo sobre el hecho cuando él no es capaz de comparecer ante la Eurocámara para explicar las medidas de ajuste estructural que está, como por ejemplo recortar más de 10.000 euros en educación y sanidad.
Lo que espero es un poco de moderación mediática y que España retome las relaciones diplomáticas con Argentina para poder intermediar en la expropiación si es necesario y poder cooperar en una nueva política energética en ambos países que siga las líneas de lucha contra el cambio climático que tanto Argentina como España están comprometidas.
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- ¿Hasta qué punto Europa se preocupará por este conflicto?
- Yo creo que le preocupa más de lo que parece. Europa está sufriendo un debilitamiento en su liderazgo económico mundial y esto es un golpe bajo. Evidentemente, nosotros trabajamos para que el rol de Europa no sea el de opresión económica a través de la super protección de sus empresas y de tratados comerciales abusivos, sino todo lo contrario, pero lamentablemente mayoría en Europa es de derechas. Desde Verdes/ALE estamos pidiendo en el Parlamento Europeo que la Unión Europea bases sus relaciones bilaterales y multilaterales en derechos humanos, en protección de los recursos naturales, en lucha contra con el cambio climático, en derecho de las mujeres, en libertades civiles y democracia.
Lamentablemente, las declaraciones de la Alta Representante Ashton muestran que ella sigue más preocupada por la protección de los intereses privados de empresas llamadas "europeas". Pero para dar este giro de 180° en la política internacional de la UE también necesitamos que nuestros socios latinoamericanos apuesten por estos valores y estas medidas, y dejen atrás la explotación de petróleo, los monicultivos y se consiga una cooperación para el desarrollo económico y social realmente sostenible.
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- ¿Reconoce que hay alguna pizca, al menos, de razón de la Argentina con su planteo? ¿O estima que las cosas podrían haberse hecho de otra forma?
- Argentina tiene razón cuando dice que Repsol no cumplió sus objetivos de inversión. Pero aquí no hay ángeles y demonios, hay intereses cruzados . Lo que pedimos es que Argentina pueda definir una política energética independiente de las presiones de las multinacionales, de las presiones diplomáticas pero también independientes de los intereses económicos nacionales que puedan atentar contra los intereses de la ciudadanía. Argentina es capaz de determinar una estrategia a favor de las energías renovables más ambiciosa, coordinada con los países de la región y que sea un ejemplo para Europa y para el mundo sobre la importancia de las energías netas y la importancia de mantener el petróleo bajo la tierra.





