“Si la Ley de Medios es sólo para desguazar Clarín, estamos ante una traición enorme”
Reynaldo Sietecase jura que nunca volverá a hacer lo que hizo en estos últimos meses. Que la idea nunca le gustó y que esta vez sólo hizo una excepción. Después de publicar libros de poesía, cuentos y novelas, Sietecase acaba de terminar su primer y último libro periodístico. “Yo disfruto mucho cuando escribo literatura pero cuando escribo periodismo me siento trabajando, después de trabajar”, explica y cuenta que, para despejarse, ya comenzó a zambullirse en una obra de teatro y una novela que serán sus próximas criaturas. “La literatura para mí es como un juego, no me pesa, me río. Es un momento placentero”. El rosarino que integró durante diez años el equipo de Jorge Lanata terminó en tiempo récord “Kamikazes, los mejores peores años de la Argentina”, un texto con notas sobre 10 temas centrales de la era kirchnerista, destinado según dice a “los oficialistas lúcidos y a los opositores honestos”.
- ¿Por qué hablás de “los mejores peores” años de la Argentina?
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- Es un juego pero es a la vez el verdadero sustento del libro. “Kamikazes” es sobre todo un buen título. Tiene que ver con cómo se cuenta lo que está pasando en este momento en el país. Según quién te lo cuente, Argentina parece Disneylandia o Bagdad después del ataque norteamericano. No es ni una cosa ni la otra, y no lo es en ningún país del mundo, salvo que esté gobernado por una dictadura militar. Por eso decidí escribirlo en un acto casi de locura, en seis meses, un poco producto de este malestar que me generaba a mí que se mire todo en blanco y negro: que si criticás, sos una especie de traidor a la patria y si acordás con alguna política es porque te paga el gobierno, algo que además de maniqueo es bastante pobre.
- El libro empieza con un capítulo sobre la ley de medios, que vos apoyaste. ¿Cómo ves el escenario de cara al 7D?
- Mi esperanza tiene el tamaño de mi preocupación. La esperanza es que finalmente una ley de medios se aplique en Argentina porque yo creo que el sistema de medios tiene un nivel de concentración muy grande, inadmisible en la mayoría de los países democráticos occidentales. La preocupación me la provoca el gobierno que alienta el ingreso de grupos empresarios afines. Me preocupa que no aplique la ley a todos por igual. Para mí, era imposible no acompañar una iniciativa de ese tipo porque –lo cuento en el libro- ya en 1985, cuando era estudiante, vine al Congreso a apoyar el intento que hizo Alfonsín y no salió. Voy a tratar de ser uno de los tantos que habiendo apoyado, sea custodio de que se aplique a todos por igual. Si esta ley es solo para desguazar Clarín, sería una traición enorme contra todos los que acompañaron los 21 puntos y la posibilidad de una democratización.
- Hablas también de tu experiencia en América y del grupo Vila-Manzano. ¿Cómo evaluás el desarrollo en el tiempo del grupo?
Es el segundo grupo importante que tiene que desinvertir, el Grupo Uno. Estaban en la oposición total al gobierno, Daniel Vila había dicho cuando salió la ley que era como la dictadura de Videla y ahora no parecen pensar lo mismo. Acá no hay nada personal. Yo trabajé con mucha libertad hasta que tuvimos el problema con el reportaje a De Narváez y me echaron. Ahora hay que cumplir la ley. Todos. Mucha gente acompañó sin estar en el Frente para la Victoria. Hace poco el profesor Martín Becerra dijo una frase inquietante: “hay tres sectores que no quieren la ley de medios: Clarín, la oposición y el Gobierno”. La ley sancionada puede tener algunos defectos pero es superadora de lo que hay sin duda. A mí me gustaría que los dueños de los medios fueran Estela de Carlotto, León Gieco, mi tía, que creo que me daría laburo. Pero no: son Clarín, Vila-Manzano, Telefónica, Szpolski, Cristobal López, Hadad. El tema es cómo hace uno para laburar en esos medios. Que es lo que no transige y para mí el límite es la agenda periodística, que uno no termine haciendo las notas que quiere el gerente comercial, que no se convierta en lobbysta de los intereses de los medios. Así trato de laburar yo; tampoco digo que me salga de siempre.
- ¿Qué va a pasar el 7D?
- No tengo la menor idea sinceramente. Lo más interesante para mí es el fallo de la Corte Suprema. Lo fundamental que dice, más allá de los plazos, es: “muchachos, esto no es una cuestión de libertad de prensa. Esto es un tema económico”. Clarito lo dice. Y si genera tanta resistencia es porque es un tema de disputa de poder económico. Yo creo que esto es constitucional, Clarín cree que no. Que la Corte decida. Esto es interesante, porque es una Corte prestigiosa y no recibe cuestionamientos de ningún sector.
- En el libro te referís a Julio Cobos como héroe accidental. ¿Por qué?
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- ¿Cómo crees que cambió la política con la llegada del kirchnerismo?
- Mucho, si uno se pone a pensar que en el 2001 estábamos pidiendo que se vayan todos y había un rechazo fuertísimo a la dirigencia política, y que en este momento estamos discutiendo muy fuerte pero en base a una valoración de la política, que incide en la vida cotidiana. Hoy la política vuelve a verse como una herramienta de transformación de la realidad; lo piensan y están convencidos tanto en el gobierno como en la oposición. Es un salto extraordinario y tiene que ver con el kirchnerismo, especialmente con Néstor Kirchner. Además, está la supremacía de la política sobre la economía, que me deja bastante más tranquilo que cuando decidían todo el ministro de Economía o los asesores económicos y financieros ligados a los grandes grupos económicos.
- Sin embargo, después de leer todo el libro, la sensación es que es más crítico que contemplativo.
- Es crítico porque el periodismo no puede ser otra cosa pero ante cualquier poder constituido, también ante el poder económico, sobre todo en países como el nuestro, donde a veces tiene tanto o más poder que el gobierno. Este es un gobierno muy singular. Hay avances y retrocesos, hay áreas donde se lograron muchas cosas, áreas donde las cosas empeoraron mucho y áreas donde la continuidad con el menemismo es elocuente. A mí me gusta criticarlo por lo que no hizo aunque en general veo que se lo critica por las cosas que hace. Y me parece que lo más grave que se le puede imputar, al menos desde la izquierda que es dónde yo me estoy parando y es importante aclararlo, es lo que no hizo. La economía sigue concentrada, en casi todas las áreas hay cuatro o cinco grupos y el gobierno se entiende mejor con ellos que con un mercado más atomizado. La desigualdad sigue siendo muy grande; acá tenés cuatro o cinco millones de personas que son privilegiados, que se comen en una noche en un restaurant de Las Cañitas lo que gana un jubilado. Y la lista sigue. Yo aspiro a una sociedad con márgenes más chicos de desigualdad.
- ¿El libro nace a partir de un cruce con Lanata?
- El punto de partida del libro es un poco lo que dije cuando gané el Martín Fierro, que hice alguna referencia a la necesidad de preguntarle al poder económico como se le pregunta al poder político. En ese momento, Jorge reaccionó pensando que yo le había dicho por él. Esa era su fantasía, lo dije porque pienso eso y además es algo que aprendí con Lanata. En el Página 12 de los noventa, era casi un catecismo que se investigaba al poder político pero también al poder económico, que hacía negocios todo el tiempo y se quedaba con las empresas. Lo aprendí de él. Esa es la verdad. Yo a Jorge lo respeto, lo quiero. Lo que vengo diciendo es que estamos viendo el país de maneras completamente diferentes. Y después me sorprende que esté tan enojado. Pero no sólo él, me sorprende que haya tanta gente enojada en el periodismo. Entiendo más que una persona común lo esté, un tipo que no tiene laburo, un tipo que quiere viajar al exterior y se le complica, o no está en blanco. Ahora qué los periodistas que contamos lo que pasa estemos así, todavía no termino de entenderlo.
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