"La ciencia ficción está agotada, ya se dijo todo"
Llega junto a Sujer, su esposo, y Bettina Ballarini, que es quien les ha servido de guía, o algo así. Por una cuestión de mesas reservadas y demás, nos tenemos que cambiar de lugar, y entonces todos los hielos se rompen con los chistes que hace sobre la situación. Chistes breves, comentarios oportunos, tal cual sabemos que es su estilo al hablar, directo, familiar, cotidiano.
Angélica Gorodischer se sienta. Va a pedir sólo soda para tomar, y la conversación ya empezó, sin dar mucho tiempo a acomodarse.
- Sí. Desde EEUU me avisaron que habíamos ganado el premio a la trayectoria en narrativa fantástica, un señor inglés que no conozco y cuyo nombre suena a Bleagle, pero no es el del canal, y yo, de manera que nos van a dar el premio ahora en octubre en San Diego. Yo estuve antes en otra convención de ellos en Madison, porque era en ocasión de que se había publicado Kalpa Imperial traducida al inglés por Ursula Le Guin, así que estuvimos allí todos y la pasamos muy bien, y acá también pienso pasarla muy bien.
- Exactamente, porque ella publicó un cuento mío en una antología que se llamaba Starlight y con traducción de ella, y ahí nos contactamos por primera vez y estuvimos varios años escribiéndonos, mandándonos libros, pero sin conocernos, hasta que nos encontramos, porque yo fui por la beca Fulbright al International Writing Program en la Universidad de Iowa, donde había unos programas de viajes y yo elegí el que terminaba en Portland porque quería conocer a Ursula. Y allí nos encontramos, simpatizamos y de ahí en adelante la relación fue mucho más fluida. Y yo le mando boldo, porque a ella le encanta el boldo y en EEUU no lo encuentra.
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- Siempre has elogiado las traducciones de Ursula y llegaste a decir que ella había escrito tus libros mejor que vos.
- Yo le dije que su traducción era mucho mejor que mi libro, cosa que a ella le causó mucha gracia, pero realmente es una traducción excelente.
- Y considerando tu estilo, tu fuerza narrativa, que estés de acuerdo con una traducción al inglés es importante.
- Claro que sí. Lo que pasa es que es realmente una excelente traducción. No he leído las traducciones que ella hizo de Borges, pero supongo que deben ser perfectas también.
- Remontémonos un poquito. Historia de mi madre es una bisagra tu obra.
- Claro. Historia de mi madre es una cosa distinta, porque es una memoria. No es narrativa, pero está contado en forma de narración porque fue la estructura que yo encontré para ese tema. ¿Qué pasó? Pasó que yo tuve mala relación con mi mamá, bueno, la relación madre-hija es una relación jodida, y en el caso nuestro, en que mi mamá me quería sujetar a algo a lo que yo no me quería sujetar, bueno, la cosa andaba bastante mal. Además, yo tuve varias tía, que ninguna de ellas tuvo hijos, todas se casaron, todas “mataron” a sus maridos en momentos bien oportunos, pero no tuvieron hijos, así que yo estaba ahí siempre sujeta a madres, tías, lo que fuera, y la última de las tías se quedó un poco a mi cargo, entonces yo la protegí, la tuve junto a mí y demás, y cuando ella murió yo dije: “Caramba, toda esa familia de mujeres fuertes, divertidas, con sentido de humor, macanudas, unas tipas sensacionales, todo eso se va a perder, las anécdotas, los recuerdos”. Y mi hija, que tonta no es, todo lo contrario, me dijo: “Mami, lo que a vos te pasa es que querés escribir todo eso”, y yo le dije que sí, que tenía razón. Y así empecé a tratar de ver qué era lo que iba a escribir, y no me salía nada, es decir, me salía todo, pero me salía mal, no sabía cómo estructurar la cosa, hasta que encontré un recurso que es bastante útil, que es el escribir un diario. Escribía cosas como “hoy estuve con Alejandro en el Liverpool, y además esto me hace acordar cuando mi tía taca-taca-taca”, y arrancaba de ahí, y bueno, eso me salió bien, así que hice un diario, y cada vez que escribía algo volvía hacia atrás y contaba de mis tías, mi mamá, y eso dio como resultado Historia de mi madre, que no es una novela, no es una autobiografía, no es una biografía de mi madre, pero es una memoria, y que la plateé al principio como un ajuste de cuentas y al final descubrí que no, que no era un ajuste de cuentas, que era un intento de reconciliación.
- Para mí es muy significativa esa obra, porque le da paso a un realismo que se distancia de tus trabajos anteriores.
- Claro. Bueno, es que yo dejé hace mucho tiempo de escribir ciencia ficción. Escribí cuatro libros de ciencia ficción, y eso me dio muchas satisfacciones, me sentí muy bien escribiéndolos. Además, yo era una gran lectora de ciencia ficción, cosa que también dejé de hacer, hace mucho que no leo ciencia ficción, no me gusta lo último, y tanto Ursula como yo pensamos que la ciencia ficción está agotada, que se dijo todo, y el otro día, leyéndolo a Umberto Eco, en ese libro maravilloso que se llama Nadie acabará con los libros, él dice una cosa muy notable: cuando hablamos del futuro, estamos hablando del pasado. Tiene razón, porque no nos apoyamos en nada que sea desconocido, siempre tenemos que tener un apoyo en algo conocido. Si vos querés describir un cohete que va a la galaxia Pichiruchi, tenés que agarrarte de lo que conocés, porque si no cómo lo vas a describir, tenés que agarrarte de la moto, del avión, del helicóptero para construir un cacharro que vaya al espacio. Entonces, ya hemos hablado de los posibles futuros, hemos hecho utopías y distopías, y se terminó, parece que ya hubiéramos llegado a los límites de eso.
- Además, en este momento, la tecnología ha superado muchas previsiones.
- Pero claro, totalmente. Fijate vos que si uno piensa en muchas de las utopías que se tejieron en el pasado, por ejemplo Metrópolis, con los aviones, los globos, todas esas cosas, pero no hay nada sobre la comunicación, que es donde ha habido la gran revolución, en la comunicación con el medio.
- Permitime que te cuente: yo vengo tratando de hallar una obra que adelante el teléfono celular como lo conocemos ahora, pero no la encuentro.
- Es que no la hay. Y creo que no hay algo así sobre la comunicación instantánea. Hay el desplazamiento instantáneo de la materia, de eso muchísimo, pero sobre la comunicación escrita u oral entre la gente que está lejos no he visto nada.
- Pasemos al otro fuerte tuyo: la mujer.
- ¡Ah, caramba! Yo soy feminista, he actuado en el feminismo. Lo que pasa es que cuando yo era chiquita creía que el sexo femenino era el privilegiado, porque las nenas, las mujeres, la pasábamos muy bien. De las mujeres de mi familia ninguna trabajaba, y nos divertíamos muchísimo, íbamos al teatro, al cine, nos comprábamos cosas, y los hombres sudaban, se sacrificaban, tenían que ir a la oficina y qué se yo… Hasta que me di cuenta de que había algo que andaba mal, y un poquito más tarde me cayó a las manos un libro de Victoria Sau, y enseguida Simone de Beauvoir, y ahí cagamos.
- Y con Simone de Beauvoir no tenés otra opción.
- Es la piedra angular, si no leíste eso no podés seguir leyendo lo otro. Así que entré por ahí, y ahora tengo una biblioteca y una base de datos infinita sobre el asunto, en papel y en la computadora, que yo ya he dispuesto adónde va, y eso se traducirá en que lo manden a Buenos Aires al Museo de la Mujer y demás. Esa ha sido siempre mi orientación política, porque estoy con esa revolución que no ha sido violenta, que no ha retrocedido nunca y que es la que nos está sosteniendo a las mujeres para lograr lo que hemos logrado, que en mis momentos de optimismo digo “ah, cuánto hemos conseguido”. Me acuerdo de mi mamá, que era una mujer muy liberalota y todo lo que quieras, pero no iba a entrar sola a una confitería, no te digo un bar, una confitería, de ninguna manera, ni tampoco hubiera pensado en trabajar para tener su propio dinero, en cambio, ahora, lo primero que una le plantea a su hija es eso, que sea independiente, que tenga un profesión. Pero en mis momento de pesimismo digo “uy, todo lo que nos falta, el techo de cristal, el Este, Arabia Saudí”, y me quiero suicidar, pero después se me pasa. Cuando empecé a escribir, los personajes que elegía eran siempre varones, hasta que me dije qué estoy haciendo, los varones son aburridísimos, no tienen tanto interés para mí como tienen las mujeres, y empecé a escribir sobre mujeres, con personajes mujeres, pero hay hombres también, porque, al fin y al cabo, son necesarios.
- También pareciera que ahora hay un cruce en esto, porque en las últimas novelas de Javier Marías y Sergio Ramírez, por ejemplo, las protagonistas son mujeres, y desde visiones muy femeninas.
- Lo que pasa es que nosotras, que los hemos parido, porque nosotras somos la mitad de la población del mundo y también somos las madres de la otra mitad, así que les tenemos contadas las costillas, a nosotras nos es muy fácil tomar la voz y tener la mirada de un tipo. Ahora, qué les pasa a los varones: sienten, en una sociedad falogocéntrica como es esta, que son ellos el mundo. ¿Y qué le pasa a un varón cuando tiene que tomar la mirada y la voz de una mujer? Se siente por lo general humillado. Pero estos tipos que han escrito esas novelas, y las han escrito muy bien, han podido sobreponerse a eso y tomar un personaje femenino, cosa que a mí me alegra mucho.
Alejandro Frias

