Presenta:

Bailar contemporáneo para mejorar el clásico

Bailarina mendocina.
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El Ballet de la UNCuyo presenta esta noche a las 21.30 en el teatro Independencia la obra Cantares, con la coreografía del maestro Oscar Araiz, que se integra en un programa comienza con una suite de Ballet Paquita, introduciendo a los expectadores al mundo de la danza clásica, luego tendrá lugar la propuesta Aria Madres, coreografía de Vilma Rúpolo con  las arias Una furtiva lacrima y Bachiana número 5 interpretadas en vivo por Mariano Leotta y Sandra Pionetti en voz, Noelia Pavez en violoncelo y Favio Serenisky en piano.

 

La obra Cantares expresa la temática de lo femenino e hispánico, y se trata de una reposición de la bailarina mendocina Victoria Ansiaume, integrante del Ballet del Sur, de Bahía Blanca.

 

Ansiaume nació en Mendoza y comenzó su formación aquí, para luego radicarse en Bahía Blanca y continuar su capacitación en Francia.

 

La bailarina estuvo en Mendoza colaborando con la puesta de Cantares, por lo que aprovechamos para sentarnos con ella y conversar un poco sobre su formación. A continuación, una entrevista con Victoria Ansiaume, en la que cuenta el camino recorrido del ballet clásico al contemporáneo y le quita tensión a la supuesta puja entre estos.

 

- ¿Tu formación comenzó acá pero después te fuiste a Bahía Blanca y Francia?

- Ya me había ido al Ballet del Sur y después gané una beca para Francia, entonces me fui, volví, me fui, volví, me fui, volví… un montón de veces, y siempre manteniendo mi lugar en Bahía Blanca, siempre trabajando ahí y tratando de hacer cosas afuera, además de hacer cosas independientes.

 

- Y también has hecho coreografías.

- También, eso dentro de mi actividad independiente del Ballet del Sur, porque el ballet es clásico, aunque también hemos recibido coreógrafos contemporáneos que han venido a montar obras, pero tiene un cierto modo de funcionamiento, así que mis otras necesidades expresivas las cumplo de manera independiente, trabajando con otros artistas.

 

- ¿Tenés un ballet aparte?

- No exactamente. Dirigimos y coordinamos con una amiga coreógrafa y bailarina algo que surgió como talleres que organizaba el teatro Municipal, y nosotros formamos una especie de laboratorio donde incluimos bailarines, músicos y actores. Empezó siendo un laboratorio, con pautas de trabajo sobre las cuales se experimenta, como talleres de danza, pero también para incentivar una especie de investigación sobre determinados temas, más que clases de técnicas, es un lugar donde cada uno aporta desde lo suyo. Y mi interés también era ver los procesos creativos, cómo se formaban, y a partir de allí comenzaron a surgir obras con este grupo, que no es un grupo independiente, sino que pertenece a estos talleres, como un grupo de formación que difiere al de las escuelas, por eso es como un espacio distinto, porque no voy a dar clases como doy clases en la escuela, sino que es un taller de procesos creativos, donde, además, se cruzan lenguajes, como la danza, la música, o sea, que no se sabe muy bien qué sale de ahí.

 

- Es como una variación de la danza contemporánea.

- Sí, y el eje es el movimiento, y a partir de ahí surgen los temas de improvisación y después de composición… Y, bueno, hace ya cuatro años que estamos con este grupo.

 

- Vayamos a tus comienzos, porque vos fuiste por un tiempo alumna única de María Cristina Hidalgo.

- Bueno, eso fue muy especial, porque cuando yo empecé danza, de chiquita, fue con ella, con seis años, cinco, no me acuerdo. Cristina se fue a San Juan y yo seguí haciendo danza con Marta Lértora en la Municipalidad. Después de un tiempo me encuentro con que Cristina estaba acá en Mendoza, y fue un momento también en que yo tomé la decisión de que la danza iba a ser mi profesión. Yo tenía doce años, y cuando volví a lo de Cristina, ella daba clases a gente ya grande, que eran bailarines de la universidad o que era gente más adulta, o a chicas muy chiquititas, entonces, en el grupo de la edad de doce estaba sólo yo, y que fue la edad en la que ella me formó realmente, porque puso mucho en mí, y creo que despertó esa vocación fuerte.

                          

- ¿De Mendoza te fuiste directamente a Bahía Blanca?

- Sí, directo a Bahía Blanca. Hubo concurso, rendí, entré, me dijeron “en una semana tenés que venirte a trabajar”, y así fue. En una semana yo estaba viviendo allá.

 

- ¿Y la primera beca en Francia cuándo llega?

- En el 98. Fue una beca de la Fundación Antorchas, que ya no está más, y era algo que no me esperaba. Yo me presenté pero no me la esperaba. Era una beca que duraba nueve meses, y tuve la fortuna de que me recibiera Regine Chopinot en su Centro Coreográfico Nacional. Era un trabajo realmente muy profundo, muy especial, muy diferente a todo lo que había hecho antes y de mucha exigencia en cuanto a lo que ella buscaba, entonces, cuando pasaron los nueve meses, me di cuenta de que en ese momento estaba empezando a entender de qué se trataba el trabajo de ella, y ahí me agarró la desesperación de no querer volverme, porque fue un shock muy fuerte, un trabajo muy diferente, donde me cuestioné y me replanteé muchísimas cosas respecto de la danza y del modo de abordarla, y en lo personal también fue muy shockeante, porque yo estaba acostumbrada a ser primera bailarina en el ballet de Bahía Blanca, a haber sido primera bailarina acá, a tener como un cierta contención en los ámbitos en que trabajaba, y me encontré en un lugar en el que todo lo que hacía era lo opuesto a lo que se necesitaba para encarar ese trabajo, era como tener que desaprender lo aprendido para poder abordar esto nuevo.

 

- ¿Pero en qué radicaba principalmente la diferencia, en la técnica?

- En la técnica y en el modo de llegar a determinados estados corporales, que eran muy diferentes en esta nueva propuesta con respecto a la que venía trabajando de siempre. Por ejemplo, el entrenamiento diario era de yoga, y además eran clases en la que no estaba el maestro adelante que te mostraba lo que tenías que hacer y vos repetías, sino que se daban ciertas pautas de trabajo sobre las que vos tenía que profundizar y experimentar e improvisar.

 

- Y supongo que había mezcla de lenguajes también.

- Sí, pero era más que nada como llegar a la esencia del movimiento, a los elementos fundamentales de la danza, no a la forma que después adquiere como un lenguaje, sino ir a la base, a lo que fundamenta después cualquier tipo de danza. En esto había que llegar a estados corporales que no tenían que ver con una forma ya codificada y que para cada uno era diferente.

 

- ¿La inclusión del yoga implicaba también mezclar Oriente con Occidente?

- Claro, y yo llegué en una época en que Regine estaba muy influenciada en su trabajo por el pensamiento oriental y estaban trabajando en un proyecto con otros artistas asociados, y con filósofos, psicoanalistas, en un proyecto que era La danza del tiempo, en la que a partir de este tema se invitaba a investigadores desde distintas ramas del saber, a reflexionar sobre el tiempo, y todo esto era el material que se iba generando para después tomarlo como puente para llegar a la danza. Era como un cruce de mucha información que podía estimular el trabajo del bailarín o crear modos de pensamientos corporales también.

 

- No has nombrado la plástica, ¿estaba?

- La plástica estaba con un artista que trabaja el land art y que ya había trabajado con Regine en la obra Vegetales, en la que yo también tuve la posibilidad de participar, y en la que él había trabajado con los elementos, pero para La danza del tiempo creó un muro de arcilla y lo que hizo fue filmar el proceso de secado de este muro, después compactó todo este tiempo y la proyección de eso era la escenografía de la obra, entonces, el tiempo de la obra iba pasando y eso que estaba atrás se iba transformando, pero vos no veías la transformación. O sea, desde todos los aspectos, Regine buscaba trabajar con un concepto.

 

- Y cómo fue el retorno después de todo esto.

- Bueno, como te decía, a los nueve meses, cuando se me terminaba la beca, yo me dije “no me puedo ir”, entonces hablé con Regine y ella escribió a la Embajada para que me renovaran la beca, y lo hicieron, así que me pude quedar los dos años que duró el proceso de creación de La danza del tiempo. Después de haber vivido todo esto, en donde estuve descalza durante dos años, volver a ponerme las puntas y a algo con lo que yo sentía que había entrado en conflicto me costó, porque además en ese momento no tenía nada fuerte allá como para decir dejo todo en Argentina y tampoco me imaginaba instalarme en Francia a vivir, pero después, con el tiempo, seguí con los contactos allá y, de hecho, hice el profesorado allá, y empecé a encontrarle el vínculo al trabajo que yo hacía en Bahía Blanca con todo lo nuevo que yo había aprendido, y eso también fue muy interesante, porque a veces se produce esa dicotomía, que los mismos bailarines producen, de si sos contemporáneo o sos clásico, y en realidad el bailarín es bailarín, y es fantástico cuando podes tener esa ductilidad para abordar un tipo danza u otro, crear ese vínculo, esa relación que puede haber entre las técnicas. A mí, bailar contemporáneo me ayudó muchísimo a mejorar mi técnica en el clásico. A veces eso les cuesta a los bailarines, y ese cruce es lo más interesante lo más creativo.