Presenta:

"Cristina Fernández de Kirchner desprecia a Mendoza"

Senador por Mendoza, próximo a reasumir la presidencia de la UCR nacional, y el país de cara a las elecciones.
Foto: Alfredo Ponce/MDZ
Foto: Alfredo Ponce/MDZ

Ernesto Sanz (54) viene de meses duros. Se bajó de la pelea presidencial, apagó el teléfono semanas enteras, se desintoxicó de la interna y volvió… a más internas. En pocos días  retomará su cargo de presidente del Comité Nacional de la UCR, y desde allí intentará desbrozar el camino para que el radicalismo, con Ricardo Alfonsín a la cabeza, llegue a la segunda vuelta electoral, algo que hoy parece francamente difícil aunque las “primarias” (ese gran boca de urna, por obra y gracia de los partidos políticos que desaprovecharon la reforma) darán un pantallazo de qué tan lejos está cada quien de sus propias metas.

En esta charla, Sanz habló de la UCR nacional y de la mendocina, de la situación interna, del arrepentimiento personal por haberse bajado de la candidatura, de Alfonsín, del acuerdo con De Narváez, de la estrella declinante de Cobos, de cómo ve el país, de la inflación, del gobierno nacional, de Cristina, de Kirchner y del PJ mendocino, entre muchos temas que hemos ido desgranando.

Sanz es un político que cree –de verdad- que el “proyecto nacional y popular” es un “cuento” de tintes “pseudoprogresistas”, bajo el que hay un importante desbarajuste económico acompañado del saqueo de cuanta “caja” anda por allí. Piensa a ciencia cierta que el rumbo del país es peligroso, y explica por qué. Para él, estamos ante un proyecto de poder "conservador y populista" apoyado en "mucha plata, mucha discrecionalidad y falta de control".

-¿Cómo analiza el mapa previo de la primera vuelta electoral?

-Está bien que se la caratule “primera vuelta”. Las internas abiertas y obligatorias del 14 de agosto son eso, porque ningún partido va con más de un candidato.

-Yo hablaba del 23 de octubre… El 14 de agosto es un “boca de urna”.

-No, es una primera vuelta. Nosotros no estamos acostumbrados a las internas obligatorias. Y como en esas elecciones no se dirimen candidatos, porque todos los partidos concurrimos con los postulantes definidos, es claramente una “primera vuelta”. Las de 14 de agosto serán las mismas fórmulas que las del 23 de octubre. Ese día, cada ciudadano va a votar por lo que genuinamente prefiere. Vamos a encontrar a un oficialismo que va a obtener una cantidad muy importante de votos, y el sufragio a la oposición estará disperso. Allí cada uno va a votar por sentimiento. El peronismo se va a dividir, el socialismo votará a Binner y los radicales a Alfonsín. Para mí, la segunda vuelta real es el 23 de octubre. La gente va a tener dos meses de reflexión sobre su voto, para pensar qué hacer…

-¿Transformar su voto en “útil”?

-¡Exacto! Y creo que allí estará el secreto del teatro electoral. Aquel partido político que asome la cabeza el 14 de agosto, será el catalizador del voto útil. Les dije a los dirigentes de mi partido que hay que tener una estrategia. No hay que pensar directamente en octubre porque no competimos contra nadie en agosto. Creo que hay que tener una campaña para el 14 de agosto, con los candidatos trabajando para esa fecha, con discursos y publicidad propia de esa circunstancia. Después, hasta octubre, debe ser una campaña diferente con estrategias diferentes, otro marketing… La primera es para captar la mayor cantidad de votos posibles, y la segunda, para capturar aquel “voto útil”. Creo que esto es lo que va a ocurrir. No sólo yo lo pienso, también muchas consultoras, mesas de análisis político. Es el escenario probable.

-Si este escenario está distorsionado, es culpa de los partidos políticos que han desaprovechado la oportunidad de las internas abiertas… Lo mismo en las provincias… Da vergüenza ver cómo se resuelven las candidaturas.

-En el plano del “deber ser”, tiene razón. La política, lamentablemente, ha desaprovechado la oportunidad de las primarias. No me rasgo demasiado las vestiduras porque esta es la primera experiencia. Además, hasta hace poco no sabíamos siquiera si el gobierno iba a reglamentar esta ley. Y abro un paréntesis. En Mendoza hay que abandonar el sistema de preferencias, esa tremenda carnicería política a espaldas de la gente y de la sociedad, y votar ya mismo el proyecto de ley de Raúl Vicchi, similar al nacional.

-Entonces, mirando las encuestas… ¿Las primarias de agosto sólo le sirven al gobierno nacional?

-De ninguna manera. Desde el punto de vista de que el gobierno va reunir más votos que los demás, y le sacará una importante diferencia al segundo, sí; es favorable a Cristina. Pero a lo mejor el gobierno no llega al 40 % de los votos en agosto y eso configura un escenario totalmente diferente de cara a octubre. Van a tener que remar mucho. No creo que lo que ocurra el 14 sea definitorio pensando en octubre. Si el gobierno pasa el 40 % en agosto, irá “en coche” a octubre. Pero si no llega a ese porcentaje, la gente va a empezar a decir “Cristina no llega” y habrá segunda vuelta.

-El “voto útil” no debe ir necesariamente a la oposición. La gente que vote a un partido opositor en agosto podrá reciclar su voto y optar por el gobierno el 23 de octubre…

-Puede ser. La pregunta es cuál de los opositores saldrá segundo y podrá captar ese voto útil y por ahora disperso de la oposición. Puede darse un escenario más que interesante entre agosto y octubre.

-En la escala de 1 a 10… ¿Qué tanto le conforma la fórmula Alfonsín-González Fraga? Si me dice 10, no le voy a creer…

-Cualquier cosa que yo diga podría ser sospechada de subjetividad porque he sido precandidato y he competido con Alfonsín. En esto tengo que cuidarme mucho. Es obvio que si fui precandidato a presidente es porque el que había no me gustaba. Pero también debí comprender que él estaba en mejores condiciones para competir por la presidencia. No valía de nada que me transformase en un obstáculo, porque tanto Cobos como yo desbrozamos el camino. Si usted me pregunta si me gusta Alfonsín como candidato, mi respuesta será subjetiva. Es posible que cualquier otro radical pueda contestar mejor que yo. Insisto en que debo ser cuidadoso, porque reasumo la conducción del Comité Nacional, y debo ser el “facilitador” de todo lo que el partido deba hacer para que Alfonsín  y el radicalismo lleguen a la presidencia.

-¿Está arrepentido de haberse ‘bajado’ de la candidatura?

-Respecto a mi orgullo, seguro que sí. Estoy arrepentido. No es fácil bajarse. Nunca me había pasado antes. La única experiencia similar fue en 2003, cuando hubo que consensuar una lista de unidad y yo estaba empatado en todas las encuestas con Cobos, pero me di cuenta que no contaba con el favor de Convergencia, que era la estructura del gobierno, y entonces fue candidato Cobos y yo fui senador nacional. Ahora, en términos políticos, bajarme fue una contribución a mi partido, que no está acostumbrado a este tipo de competencias internas. Creo que íbamos a dar un espectáculo para el gobierno. Nos íbamos a perder posibilidades de consolidar una fórmula. Hoy, gustará más o menos, pero la hay.

-A pocos días de andar, se ve un poco extraña la unión entre Alfonsín y De Narváez…

-Sí. Alfonsín va a tener que reflexionar sobre esto, porque lo que está ocurriendo es que tanto él como De Narváez tienen una actitud culposa. Se han metido en la cabeza que el progresismo está en otro lado y que De Narváez es de derecha, lo que a mí me parece una estupidez porque en este país hay que revisar en manos de quién y de qué políticas están la izquierda y la derecha. Ahora sufren ese acuerdo. Tanto alabaron e inventaron a Binner en el verano para joderme a mí en la interna, porque la verdad es esa, que quedaron presos de esa contradicción y no asumen sin culpas que éste es el camino que indica la realidad. Cuando vos querés ganar el gobierno nacional y no tenés competividad ni estructura en la provincia de Buenos Aires, hay que ir a buscarla afuera. Cuando era precandidato a presidente decía que en Buenos Aires teníamos un problema enorme que se resolvía con Alfonsín como gobernador en ese distrito. En este país, desde la reforma de 1994, no hay posibilidades de ganar la presidencia sin la provincia de Buenos Aires. Antes, el Colegio Electoral equilibraba un poco y le daba más chance al interior. Ahora, con la conurbanización demográfica, económica y política que hay en el país, si uno no tiene fuerza en la provincia de Buenos Aires, se tiene que ir a su casa. Alfonsín dejó sin competitividad al radicalismo de la provincia al optar por la candidatura presidencial, y hubo que salir a buscar afuera. ¿Con quién lo íbamos a hacer? ¿Con Stolbizer? ¿Con el socialismo? No. Hay que hacerlo con el peronismo disidente, porque el otro está con Scioli.

-Usted tuvo justamente esa batalla en su partido…

-¡Sí, me decían de todo, conservador, gorila, de derecha, y ahora están haciendo todo lo que dije que había que hacer! Y no lo planteaba desde el ideologismo, sino desde la necesidad del más puro pragmatismo. Si la competividad te la da De Narváez… ¡¡Vamos con él!! Con programa consensuado, claro.

-Probablemente, muchos intendentes que están con De Narváez sientan escozor por el acuerdo con Alfonsín y estén mirando para el lado de Duhalde… ¿no?

-…y posiblemente usted me va a decir que algún radical de base está mirando para el lado de Binner o de Stolbizer…

-¿Y quién tiene la culpa de eso?

-La conducción que no sale a afrontar, a bancar y a militar este acuerdo. Cuando uno hace una alianza de estas, en política, lo peor que se puede hacer después es simular el desentendimiento. ¡Hay que bancarlo! A ver… hace 15 días, en Mendoza el debate era si la UCR hacía o no un acuerdo con los demócratas. A mí me consultó Roberto Iglesias y le dije: Mirá Roberto, hay que analizar las conveniencias. Pero si lo hacemos, hay que militarlo y salir a explicarlo. Después, la gente te vota o no te vota. Y los periodistas “progres” harán sus análisis… los de Carta Abierta Mendoza saldrán a decir las boludeces que quieran decir… Pero hay que bancarlo.

-En el peronismo usan un argumento que está muy extendido en la sociedad: hay dinero de sobra, la gente tiene plata en el bolsillo, nos llevamos puesto a Clarín, a la ‘corpo’, recuperamos las empresas nacionales, recuperamos la plata de las jubilaciones que le quitamos a la especulación de las AFJP, le dimos asignaciones a todos. Hay carne, pescado, milanesas, fútbol y televisores para todos… luz y gas baratos… La juventud tiene algo por qué luchar, vuelve a la militancia… ¿Por qué alguien querría votar a un candidato de la oposición? ¿Qué tienen a cambio de todo esto? La gente está como quiere…

-Todo esto que usted menciona es una ficción…

-¿Qué ficción? ¡La plata, los televisores y las milanesas están…!

-¡La plata no está! ¡No todo el mundo vive esta ficción! Es cierto que mucha gente que antes no tenía plata en el bolsillo ahora la tiene. Eso es verdad. Es cierto que hay índices de crecimiento enormes comparables con los de 2001. Pero ya pasaron diez años y un país tiene que ser capaz de crecer y compararse con los vecinos de al lado, y verificar si el mundo no nos ha dado una oportunidad de hacer muchas cosas que no se hicieron. El déficit del kirchnerismo está en haber desaprovechado un 60 ó 70 % de oportunidades. Ahora, si vos medís ese 30 ó 40 % que sí se hizo y lo comparás con 2001, te digo “sí, votalos a estos tipos porque estamos mejor que entonces”. Estamos ante un gobierno que ha generado una ficción de consumo y de crecimiento que no es desarrollo, y ha generado muchas otras ficciones con dinero que se agota, porque la plata de las cajas a las que han echado mano se están acabando: los recursos de las provincias, la plata del Banco Nación, la de las AFJP, la del Banco Central, la del IVA y el impuesto inflacionario… Ha crecido de manera tal el gasto público que ya hay un déficit que aumenta. La ficción es tan grande que un día nos va a despertar de una piña. La pregunta es: vos, como ciudadano… ¿Querés ser de los que se sorprendan y reciban la piña? ¿O preferís colaborar para cambiar el rumbo? Aclaro que este es un modelo cuyas bases de superávit fiscal de los primeros años, productivo, de tipo de cambio alto, están… Pero hace cuatro o cinco años que el gobierno se ha ido a cualquier otro lado. Este no es un debate del tipo “estamos muy bien y hay que votar a la oposición”. Primero, que no estamos muy bien. Nadie puede soportar esta inflación. Segundo, hay peligros… Ahora pregunto yo… ¿Hay una propuesta opositora que entusiasme, que pueda tomar este rumbo y corregirlo, para crecer? Bueno… ese es todo un tema. ¿La oposición está en condiciones de gobernar? Yo he trabajado para que mi partido sí lo esté.

-El gobierno ha reinstalado una sensación que aparece siempre en las elecciones, cada vez que el peronismo gobierna: ellos son los únicos capaces de gobernar este país…

-Es verdad que las dos experiencias de gobierno que ha tenido el radicalismo en estos 20 años de democracia refuerzan esta sensación. El gran interrogante es cuál es el alcance de la palabra “gobernar”. No creo que nadie pueda infundirle a la gente el miedo de que con un gobierno no peronista habría un quiebre institucional, o una guerra civil. El mundo mira a la Argentina de manera diferente a 1989 y a 2001 y 2002. El Estado está mejor… más consolidado…

-Bueno, ese es un mérito que hay que reconocerle a Kirchner…

-Sí, pero de la autoridad se pasó al autoritarismo. Del superávit fiscal saltamos al déficit. Del Estado ausente se pasó al omnipresente… Hay que leer mucho a Roberto Lavagna y aplaudir a Kirchner hasta el 2005, y ser capaces de diferenciar el rumbo que ha tomado el país. Desde entonces, han hecho todo al revés. Y acá no habrá ninguna ruptura social porque gobierne alguien distinto al peronismo, que sea capaz de romper la brecha de desigualdad, de tener mejor calidad educativa, de apostar al desarrollo. ¿Por qué le van a dejar al gobierno el monopolio de garantizar la equidad en la República Argentina, si los índices de pobreza son los mismos que hace diez años con el crecimiento que hemos tenido, si la concentración de la riqueza es peor que en los años más crudos del menemismo? ¡Si tributariamente somos un desastre! El gobierno se nutre del impuesto inflacionario del consumo, es IVA puro… Digo… discutamos en serio los riesgos y alcances de la palabra “gobernabilidad”.

-¿Y si no…?

-¡Es todo eslogan! El eslogan del pseudoprogresismo de  que este es un gobierno nacional y popular… que enfrenta a las corporaciones, que se pelea con Clarín… Eso está bien para “6, 7 y 8”, o para algunos periodistas de MDZ a los que leo respetuosamente, pero ¿Qué pasa por debajo? ¿Qué pasa con la plata, con la distribución de la riqueza, con las libertades públicas, la impunidad, el poder? Pasa lo que el pseudoprogresismo no quiere reconocer: acá no hay un proyecto de país, si no uno de poder. Son cosas distintas. Ese proyecto de poder se sustenta en tres pilares: mucha plata, mucha discrecionalidad, y ausencia de controles. Entonces, que a mí me vengan a hablar de que éste es un proyecto nacional y popular, inclusivo, reivindicatorio de los trabajadores, y toda la cuestión de la centroizquierda… pero que está apoyado en mucha plata, discrecionalidad y falta de control… ¡por favor! ¡Eso es un proyecto de poder populista y conservador!

-¿Cuáles son específicamente los rasgos autoritarios que ven en este gobierno, y de los que tanto se queja la oposición? A la gente parece no importarle demasiado, a la luz de las encuestas.

-Son cientos…

-Elija tres…

-La presión asquerosa a los jueces para tener impunidad. Otra: han puesto a los servicios de inteligencia a operar como ‘Gran Hermano’ para controlar a todos los que piensan distinto, especialmente políticos, empresarios y periodistas. Por último, la elusión permanente del Congreso para el dictado de la normativa jurídica del país. Lo reemplazan con la birome, Guillermo Moreno, y los DNU. Agrego de ‘yapa’ la devaluación del federalismo, y el sometimiento de los gobernadores a la billetera del gobierno nacional. Qué mal nos ha ido a los mendocinos en este esquema. Me sorprende ver a peronistas mendocinos hacer la exégesis del modelo nacional y popular con el resultado paupérrimo que han obtenido en el ‘reparto’ de ese modelo. Ojala que Iglesias y Jaliff sean capaces de mostrarles a los mendocinos que hay otro camino. En términos prácticos, Mendoza se ha “ido al descenso” con el proyecto nacional y popular…

-¿Cuánto hace que milita?

-Exactamente 30 años. Tengo 54 y empecé en 1981.

Alf Ponce / MDZ
Ernesto Sanz en MDZ.

-¿Se dan cuenta de que están perdiendo la batalla política por la juventud?


-Sí, soy muy consciente. Y en esto no le puedo echar la culpa a nadie. No puedo decir que la juventud que ingresa a la política es tonta y se come el verso del kirchnerismo. Nosotros hemos estado demasiado ocupados en ponerle el pecho al avance autoritario, y nos hemos olvidado de generar conciencia y confiabilidad, de ‘armar un relato’ que fuera capaz de vencer al cuento engañoso del kirchnerismo. Para un joven hoy es mucho más tentador ingresar a la política de la mano de “derrotemos a Clarín y a las corporaciones porque son las culpables de todos los males del país”, y no profundizar qué hay detrás, qué hay bajo el fondo.

-Sí, pero yo no veo esa efervescencia política juvenil y esa fe militante desde 1983… ¿no?

-Es muy distinto. Nosotros en el ‘83 defendíamos valores inmutables. Libertad, paz, igualdad, institucionalidad, respeto, democracia… No quiero decir que mi generación era mejor o peor que ninguna. Defendíamos otras cosas… una Argentina diferente. Lo que veo ahora es una estrategia oficial, un relato oficial, una perseverancia oficial para ingresar a las capas juveniles, y del otro lado, cero. Y este es un problema del que me hago cargo. Soy presidente de un partido político. Estuve ocupado en que mi partido recuperase peso, volumen, territorio… no nos encargamos de atraer a los jóvenes como sí hizo el gobierno. Me preocupa, no me quedo tranquilo ni siquiera con mi respuesta. Trato de modificar esta realidad y dar debate con los chicos. En las internas de la UCR hubo mucha participación de gente joven. Queremos que eso se transforme en una militancia comprometida. Pero insisto que de ninguna manera la militancia de ahora tiene que ver con aquella mística de los ochenta y pico.

-¿No cree que el gobierno ganó largamente la pelea del “relato”, incluso mellando la credibilidad de los medios más grandes?

-El gobierno comenzó a construir su relato en 2003 y lo profundizó en el tiempo. Pero no voy a conceder que ese relato terminó victorioso. En 2009, hace dos años, ese relato, ese gobierno, y esos candidatos fueron rechazados en todo el país por casi el 70 % de la población. Faltan meses para las elecciones. Vamos a ver cómo se comporta el electorado. Hoy la presidenta está tratando de arañar el 40 % de intención de voto. Quiere decir que un 60 % de la gente no está dispuesta a comerse el relato del gobierno. El problema es que en la oposición no hay un discurso, un candidato capaz de congregar la dispersión y de eso hay que hacerse cargo. Pero no por las falencias y las vacancias de la oposición, hay que dar por bien sentado que estamos ante un gobierno excepcional. En todo caso hablemos de la mediocridad de la Argentina que no ha logrado tener una síntesis superadora.

-Buen relato… ¿buen gobierno?

-Todo esto no implica que el gobierno sea bueno. Estamos perdiendo inversiones, hay inflación, fuga de divisas de unos 1.500 millones de dólares por mes, pérdida de competitividad…Desde el 2006, cuando echaron a Lavagna, el modelo económico se ha ido descomponiendo. El gobierno supo disimularlo apelando a cajas, entre ellas la de la  inflación. Si hoy pagás diez pesos más el 21 % de IVA por un artículo, y el mes que viene cuesta quince pesos más el 21 % de esos $ 15… es un chorro de dinero muy importante sustentado en el consumo. ¿Cómo el gobierno va a hablar mal de la inflación, si es su principal recurso? Claro, pero no hablemos de cómo les afecta la inflación a los pobres. Eso es gorilismo. El gobierno está encorsetado. No sabe cómo salir de la inflación, de los subsidios de transporte y de tarifas…

-¿Subsidiar no es una decisión política? Tienen dinero de sobra para ello… e ingresos asegurados…

-¡No los tienen! ¡Están echando mano de las cajas, a stocks de plata como la de la Anses y en algún momento lo vamos a tener que afrontar! ¡A la Anses la llenan de papeles y le sacan el dinero! Le voy a contar algo de contabilidad creativa. Ahora han inventado que el Banco Central tiene utilidades. Hacen jugar la diferencia de cotización de los activos que tienen como ganancias, aunque físicamente tienen todos los meses las mismas cosas. Usan esa diferencia para emitir pesos y transferirle las utilidades al gobierno nacional, generando inflación. En algún momento, eso se acaba. Los empresarios no aguantan más, ya no son competitivos. Hay que escuchar a González Fraga aunque a algunos no les guste. Habla de salir gradualmente y corregir el rumbo…

-Finalmente… ¿Qué chances tienen de ganarle al kirchnerismo?

-Hoy, el factor decisivo será el voto del 14 de agosto. Si la UCR emerge de allí como una alternativa, y luego el voto útil nos hace llegar a una segunda vuelta, tendremos posibilidades.

-Es un escenario un poco insólito… ¿no? Deberían hacer una coalición “a la Argentina” y a las apuradas.

-Siempre dije que la Argentina necesita imperiosamente una segunda vuelta. Tuvimos la oportunidad en 2003 y no la hubo porque se bajó Menem. La necesitamos, para que el que gane tenga más del 50 % de los votos, lo que significa un respaldo popular importante, y para que a su vez pueda construir una coalición transparente, con programa y acuerdos de gobernabilidad. Hoy, en términos reales, estamos segundos, pero si vamos a la segunda vuelta tendremos la posibilidad de pelar el “machete” de políticas públicas que hemos acordado el año pasado con numerosas fuerzas. La segunda vuelta, los acuerdos, los programas, permiten resolver cualquier incertidumbre sobre el futuro. Aun si en la segunda vuelta ganase Cristina con más del 50 %, eso sería un respaldo enorme para el gobierno y permitiría además saber dónde está parado cada uno.

-He visto a la oposición con enormes dudas, con complejos, en el tratamiento del Caso Schoklender-Madres… ¿A qué se debe?

-Hay prejuicios. Parece que ponerse duro con el Caso Schoklender es ser un cuestionador de los Derechos Humanos, o un vilipendiador de algo sagrado como los pañuelos de las Madres. Eso es una pavada. Acá ha habido un ejemplo claro y concreto de cómo se usaron los recursos públicos: mucha plata, mucha discrecionalidad, y sin control. El caso tiene la misma matriz de corrupción que otros actos del gobierno.

-¿Cómo cree que se debe contrarrestar en Mendoza el efecto "arrastre" de Cristina?

-Provincializando la campaña. El peronismo va a tratar de nacionalizar, diciéndoles a los mendocinos que votar a Cristina es lo mejor que le puede pasar a la provincia. Nosotros vamos a decir que votar al gobierno de Jaque, a dos ministros de Jaque, es lo peor que nos puede pasar, porque en estos cuatro años nos ha ido muy mal en la relación con el gobierno nacional. Pero fíjese lo que le ha pasado al peronismo de Mendoza: la decisión sobre sus listas ha demostrado la concentración total del poder que hace la Presidenta. Concentra la plata, las decisiones y la birome política. Esto no pasó ni siquiera con Perón, ni con Kirchner. Esto es cristinismo puro y el PJ mendocino ha decidido que tenemos que subordinarnos a eso. El cierre de listas de diputados nacionales del PJ demostró que Cristina Fernández de Kirchner desprecia a Mendoza. El radicalismo va a demostrar que no es necesario ser obsecuente y vergonzante en la relación con el gobierno nacional. Conozco a Cristina profundamente y aprendí después de mucho discutir que la única manera de que el kirchnerismo respete a alguien, es que se pare y los enfrente. No respetan al que se agacha. Mendoza ha sido siempre autónoma, rebelde, independiente del poder central. Pero este peronismo pusilánime ha entregado la dignidad de la provincia…

-Bueno… en su cierre de listas hubo sorpresas también. Habrá en Mendoza dos nóminas de Alfonsín presidente, con distintos diputados nacionales, no hubo unidad…

-Si esa lista es para movilizar y motivar a más radicales en Mendoza el 14 de agosto, sirve. Pero si fue para defender exclusivamente a Alfonsín, no era necesaria.

-¿Hizo bien Alfredo Cornejo en bajarse de la candidatura?

-Yo aposté muy fuerte a la candidatura de Cornejo. Cuando advertí que él tenía otra mirada sobre el problema de las candidaturas y decidió que en pos de la unidad, “pase” Roberto Iglesias, lo acepté. Sí les pedí a ambos que respeten los liderazgos territoriales. Cornejo no quería que una interna contra Iglesias perjudicase las posibilidades reales de recuperar el gobierno de Mendoza para el radicalismo. Roberto se ganó su candidatura también en base a perseverancia, y eso hay que reconocérselo.

-Esto no será una pregunta, sino una consigna. Le doy un nombre para que usted haga una reflexión. Julio César Cleto Cobos.

-Durante los últimos tiempos comenzó una distorsión en la que los partidos políticos, las organizaciones y las ideas fueron reemplazados por personas. Quizá Cobos haya sido la máxima expresión de ello. Tuvo un enorme poder cuando el voto de la resolución 125 y su No Positivo, y después ese poder se fue diluyendo. ¿La culpa es de Cobos? No. Él sigue siendo el mismo. No pertenecía a una organización política fuerte que pudiese haberlo protegido o sustentado. Hoy lo que le pasa a Cobos es producto de aquella volatilidad. Discutimos hace poco en la UCR -incluso con él- llevarlo en las listas, y respetamos su decisión personal de no ser candidato. Qué será de él en el futuro... no sé... habría que preguntárselo a él.

-Volvamos a octubre… Usted es presidente de la UCR y reasume dentro de poco… ¿Con quién no se aliaría nunca en caso de que Alfonsín llegase a segunda vuelta?

-No tengo ningún prejuicio. Sí propondría un programa, para que lo firmasen todas las fuerzas políticas dispuestas a acompañar un gobierno de coalición. El que venga, firme, y se comprometa… ¡Vamos para adelante!

 

(*) Ricardo Montacuto. Periodista. Ex director de MDZ Online. @montacuto en Twitter. www.facebook.com/ricardo.montacuto