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Ahí va la bala: armas, drogas y muerte, una experiencia hecha libro

Periodista mexicana de Milenio y Rolling Stone, entre otros. Escritora.
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Todos los días el narcotráfico deja los barrios más populares de México regados de muertos. La situación se ha naturalizado, en cierta forma: los diarios muestran decapitados, trozos de seres humanos y la causa ya se sabe, la continuidad de los casos se descuenta y los mexicanos ya no creen en la seguidilla de anuncios que se hacen desde el Estado.

Hay quienes dicen que esa situación puede calcarse en otros países. Hay quienes lo refutan, señalando que cada lugar encuentra su pecualiaridad a la hora de transformarse en sede de ese comercio oscuro, ilegal y, por lo tanto, mafioso, que es la venta de narcóticos.

Magda Coss es una experimentada periodista mexicana. Estudió sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México y realizó diplomados en políticas sociales, literatura hispanoamericana y comunicación para proyectos en España e Israel. Fue columnista de prestigiosos medios: El Financiero, Milenio, Rolling Stone, CQ y Gestión de Negocios.

Y hoy es noticia doblemente. Primero, porque ha escrito un libro que, de manera sistemática, se enfoca en cuánto tiene que ver la existencia de armas para que la violencia se expanda en su país como lo ha hecho. Y segundo, porque una editorial de importancia lo ha publicado, cosa que no es común por estos tiempos de elogio de lo espectacular.

"Corrupción, armamentismo y cultura de violencia" es el subtítulo de "Tráfico de armas en México", el volumen de Coss que fue editado por Ramdom House Mondadori.

- La presentación editorial de tu libro habla de una constante presencia de las armas en la construcción "de lo mexicano". ¿Es imposible cambiar esa cultura de las armas en un país que pudo ser tal gracias a una revolución armada?

- La cultura de las armas está arraigada en México desde antes de la revolución armada que señalas, y se remonta al surgimiento de este país como nación independiente, ya que las armas de fuego se ligaron en el imaginario colectivo al hecho de ser mexicano y, de alguna manera, al de ser hombre y de ser valiente. Sin embargo, en la época posrevolucionaria esa violencia cotidiana que para los mexicanos era una costumbre, se plasmó en las expresiones culturales de la época y también se volvió más notoria entre la clase cultural y política: grandes personajes dan cuenta del hábito de cargar pistolas y desenfundarlas a la menor provocación, como el cineasta Luis Buñuel, y el poeta Pablo Neruda, quienes posiblemente al ser extranjeros les parecía aún más extraordinaria lo que Buñuel llamaba “las facilidades que en México se dan para morir”. Con el tiempo, además de persistir la visión de las armas de fuego como un signo de poder y de prestigio, se sumaron factores estructurales como la pobreza y las crisis económicas y políticas, que junto a la debilidad de las instituciones encargadas de mantener la seguridad, provocaron que los ciudadanos se sintieran en la inseguridad, muchos creyendo que debían de tomar en sus propias manos la protección de su seguridad y de sus familias. No es imposible cambiar la cultura, sin embargo requiere no sólo de estrategias para frenar el tráfico de armas y la circulación en los mercados negros, sino modificar las condiciones de vida de los mexicanos para que tengan acceso a mejores oportunidades de vida, de trabajo y de desarrollo, renovar la cohesión social, fomentar la equidad y que dejen de ver en las armas de fuego una herramienta para resolver conflictos o cómo el único medio para obtener la posición social, el poder sobre los otros o el reconocimiento que desean.

- ¿Cuánto incide hoy en la vida de tu país la presencia de armas fuera de control?

- Recibir una bala, cuando hay tantas armas disponibles, es sólo cuestión de mala suerte. Es el caso de numerosas victimas de armas de fuego en México, y que en los últimos tiempos es una cifra que asusta. Sin embargo, por un lado están estas victimas que  en el contexto de la violencia del narcotráfico, son las que se ven, y que han vuelto evidente la situación, pero están otras que pasan desapercibidas porque son victimas de la violencia armada que ocurre en conflictos cotidianos como las discusiones familiares, de pareja, las "peleas por faldas", las deudas económicas, la defensa del honor o de ver quien es "más hombre" y estas ultimas parece que han ocurrido desde siempre, por lo menos durante el ultimo siglo.

- ¿Es lo mismo, en tu análisis, un arma registrada y controlada que una que no lo está, que pasa de mano en mano o que peor aun: se adquiere en el mercado negro?

En algún sentido, es lo mismo, porque los limites entre el mercado legal e ilegal, son poco claros. Lo mismo una pistola registrada termina en manos de la delincuencia que una del mercado negro en posesión del ciudadano común, ese que no tiene que ver con ningún ilícito y que posiblemente la adquiera con la intención de proteger su hogar y a su familia. Es este gran trafico de armas del narcotráfico (donde se habla de rifles de asalto, pistolas calibre .50, granadas y lanzagranadas) el que alimenta también a la delincuencia común, la de los asaltos y el narcomenudeo, pero también a ciudadanos honestos que, en la ignorancia y el desapego a la legalidad, recurren a él. Tan solo en la Ciudad de México se calcula que el 65% del mercado negro se utiliza en la comisión de delitos y 35% lo adquieren ciudadanos en forma ilegal para protección personal y de los domicilios.

- ¿Cuánto hay de narcóticos en las armas de México?

- El grueso tráfico de armas y el narcotráfico están estrechamente vinculados. Las autoridades en México no han detectado individuos ni grupos que se dediquen exclusivamente al tráfico de armas y lo hacen en relación con otros ilícitos como generalmente el tráfico de drogas.
Además, son las principales rutas por donde corre la droga las mismas que recorren las armas de fuego, aunque México ha dejado de ser un país sólo de tránsito y parte de la violencia que hoy vive el país, se explica por los enfrentamientos entre grupos criminales por el control de los territorios.

- ¿Te costó acceder a información oficial?

- Más que la dificultad o la falta de acceso a la información oficial, el principal problema es que no hay estadísticas claras, la información disponible generalmente es incompleta, no está sistematizada y no hay cálculos ciertos sobre cuántas armas hay en circulación en México.

- ¿Qué rol creés que tiene el descontrol estadounidense en la presencia de armas irregulares en México?

- Considero que Estados Unidos tiene un papel importante en el comercio internacional legal e ilegal de armas de fuego y además mantiene una actitud irresponsable con respecto a la venta de armas fuera de su país. En general los norteamericanos pueden adquirir armas fácilmente en las más de 60 mil armerías que existen y también en los Gun Shows (las ferias de armas). Sólo hace falta no tener antecedentes penales y ser ciudadano americano. Sin embargo, únicamente en siete estados de la Unión Americana (California, Rhode Island, Connecticut, Oregon, Nueva York, Illinois y Colorado) obligan a los vendedores en los Gun Shows a verificar los antecedentes de los compradores en cualquier transacción. En 33 estados —por ejemplo, Arizona— no restringen de ninguna manera los intercambios entre particulares en los Gun Shows, lo cual atrae a los compradores en situación irregular. También, después de la administración Clinton, cuando se eliminaron las restricciones para comprar armas largas, en México por su parte se incrementó la presencia de rifles de asalto y armas largas. En los últimos años se ha registrado que siete de cada 10 armas aseguradas al narcotráfico son armas largas.
La irresponsabilidad y el desprecio de los Estados Unidos a las vidas de los no norteamericanos y que son víctimas de las armas de fuego que provienen de los EEUU, queda patente, por ejemplo con la información reciente de operativos emprendidos por la ATF, como es el caso de "Rápido y Furioso", en el que la misma oficina de la ATF permitió la venta de cerca de 2 mil armas, a grupos sospechosos de vender armas a los narcotraficantes en México, con la finalidad de rastrear dichas armas hasta los cárteles. No obstante, el operativo se salió de control por lo que muchas de las armas se utilizaron para cometer crímenes en territorio mexicano. La denuncia de esta operación no surgió hasta que con estas mismas armas murió un agente norteamericano.

- Aquí decimos que "hecha una ley, hecha una trampa" con la idea de señalar que las leyes muchas veces no obligan a nadie. ¿Pasa lo mismo en México?

- Creo que esto sucede en todas partes del mundo y en este caso también aplica. La legislación mexicana, en el papel, es una de las más restrictivas con respecto a la posesión de armas de fuego. Sin embargo, además de las dificultades para ponerlo en marcha por la corrupción, la falta de voluntad política y la debilidad de las instituciones que debieran proteger a los ciudadanos, también hay una falta de apego a la legalidad por parte de los mismos mexicanos, que yo considero que tiene que ver con el vínculo que se establece en la cultura de los mexicanos con las armas de fuego, con los estereotipos de "lo mexicano" y lo masculino, así como la normalización de la violencia y de la presencia de pistolas en los hogares de México.
Muchos ciudadanos sin ningún vínculo con la delincuencia recurren al mismo mercado negro para adquirir un arma y muchos más tienen un arma en casa, que heredaron de sus padres o abuelos, y que no la registran a la autoridad por ignorancia o por temor de que se las quiten.

- ¿Ofrecés una salida al problema en tu libro?

- El objetivo del libro es que sea visible que el problema de la proliferación de armas de fuego es consecuencia de múltiples causas y no sólo se le de este enfoque como un tema de seguridad nacional únicamente ligado al narcotráfico y al crimen organizado. La intención es que nos preguntemos ¿por qué nos estamos armando los mexicanos? y las respuestas son muchas: falta de oportunidades de desarrollo, desmoronamiento del tejido social, ausencia de estructuras familiares, percepción de inseguridad y ausencia de modelos de masculinidad más positivos que no involucren violencia. Considero que se están haciendo cosas, pero aún falta hacer muchas más. Y que, si bien los ciudadanos comunes, no podemos sellar las fronteras para detener el paso de las armas, si podemos transformar nuestra visión sobre ellas: conocer los riesgos que implica un arma en los hogares, no tomar la justicia en nuestras propias manos, generar mejores formas de cohesión y de convivencia, pero sobre todo,  dejar de orillar a los jóvenes para que encuentren en las armas de fuego la forma de adquirir identidad, recompensas, prestigio o posiciones sociales por encima de los demás.