Presenta:

"Hay un problema: la sociedad desconfía del ciego"

Mendocino, integrante de la selección argentina de fútbol para ciegos.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

El sol cocina lento la mañana de Godoy Cruz. Federico Accardi abre la puerta de su casa y nos invita a pasar. Mientras nos acomodamos en el living para hacer la entrevista, va a la cocina y vuelve con una gaseosa helada y salvadora. Después, va a su habitación y vuelve con la medalla de plata que ganó en Guadalajara hace unos días.

Con el fotógrafo nos sorprenden dos cosas: que la medalla sea tan –pero tan– pesada y que el entrevistado sea ciego de nacimiento y se maneje como si no lo fuera.

Federico ahora está descansando, después de mucho sacrificio. En los Juegos Parapanamericanos, que se disputaron en Guadalajara del 12 al 20 de noviembre, fue el único mendocino que integró Los Murciélagos. La selección argentina de fútbol para ciegos obtuvo la medalla de plata y sacó pasajes para los Paraolímpicos de Londres 2012.

La actuación de Los Murciélagos es una gran noticia. Tan importante como conocer la historia de Federico, un joven de 22 años que encontró en el deporte la herramienta para vencer sus miedos y superar las limitaciones que le puso la vida.

“La verdad es que ir a los Panamericanos fue como la frutilla del postre para cerrar de la mejor manera el año”, comienza contado con una sonrisa Federico, aunque con el correr de la nota su rostro cambiará para confesar que busca trabajo de manera desesperada y que nota como la sociedad le da la espalda.

Pero ahora hablemos de deporte.

Contame cómo fue el debut.
Fue con Colombia. Estuvo duro. Ellos jugaron mejor. Yo no jugué, pero estaba satisfecho porque habíamos ganado. El técnico me dijo: “Calma, el torneo es largo, en algún momento te va a tocar”.

Después vino Uruguay, ¿no?
Claro. En el segundo partido jugamos contra Uruguay. Ganamos 1 a 0. Ese día tiramos 32 tiros al arco y metimos un solo gol. Entré en el segundo tiempo. Había que meter, chocar, ir para adelante, así que a mi juego me llamaron. Metimos huevo y los tuvimos contra su arco. Ahí ya me tranquilicé, jugué, ganamos, todo bien.


Ya te habías sacado la ansiedad por jugar.
De una, ya estaba. Después, contra El Salvador entré de titular. Les ganamos 12 a 0. Se habían juntado para ir al Panamericano. Muchas diferencias entre un equipo como ellos y nosotros, que entrenamos un montón. Ahí jugué casi todo el partido.

¿Y al otro partido consiguen la clasificación a Londres?
Sí, después vino México. No lo jugué. Lo teníamos ganado pero nos empataron sobre el final. Después jugaba Brasil y Colombia. Dependíamos de que Brasil ganara para clasificar a Londres. Éramos todos hinchas de Brasil en ese partido, ja. Ganó Brasil y entramos. Ese día festejamos.

Festejaron, pero todavía quedaba lo más difícil.
Se venía Brasil. Jugué de titular. Ahí dije: “Esta es mi oportunidad, si no me muestro ahora no me muestro más”. Era el partido, ya estábamos clasificados, había que salir a divertirse. Gracias a Dios me acompaña mi virgen y hago un partido bárbaro. El técnico dijo que fui el mejor jugador del partido. En ese partido se desgarró Silvio Velo. No se sabía si podía jugar al otro día, de nuevo contra Brasil, la final. Dieron la formación a diez minutos del partido y fui de nuevo titular. Jugué todo. Fue muy cerrada, muy difícil la final. Los brasileños tienen a Jefferson y Ricardinho, que no sabés lo que son, tremendos. Nos clavaron en el final del partido.

Imagino que como en cualquier deporte deben ser partidos muy bravos con Brasil.
Son partidos calientes. Metemos, metemos, metemos. Ellos tienen un dominio nato de pelota. Entonces, nosotros tenemos que plantearles los partidos de contragolpe, porque salir a atacar a Brasil es una locura. Tenés que aguantar los primeros minutos y después ellos empiezan a cansarse y a hacer cambios. Ellos son mejores que nosotros, pero lo combatimos con sacrificio y laburo. Y tuvimos nuestras situaciones, pero no pudimos clavarlos.

¿Cuánto les duró la bronca?
Hasta el día de hoy que nos seguimos mensajeando con los chicos y estamos muy tristes. Te juro: es preferible que te claven cuatro y no perder así, por un gol, sobre el final. Faltaba un minuto, no tenés tiempo de reaccionar.

¿Qué sentiste cuando te dieron la medalla de plata?
No tenía alegría, esa es la verdad. Ahora sí, más en frío, digo “qué lindo lo que se consiguió”. Gracias a Dios pude jugar una final, fui de menor a mayor, qué bueno dejar al técnico contento. Ahora pienso eso. Pero en ese momento no me importaba nada. Quería que me tragara la tierra. Ponían el himno de Brasil y no quería saber nada. Ahora digo que está buenísimo haber jugado algo que mucha gente quisiera jugar. Gracias a Dios me tocó a mí.

¿Qué balance hicieron de los Panamericanos?
El equipo venía de salir séptimo en el Mundial del año pasado en Inglaterra. Un fracaso rotundo, así que teníamos que entrar ahora a Londres. Un equipo renovado. Jugamos casi todos pibes nuevos. Cuatro históricos fueron nomás: Darío Lencina, Silvio Velo, Gustavo Maidana e Iván Figueroa.  No importaba tanto la medalla dorada. Lo que había que conseguir era clasificar a Londres. Por un lado, porque sino nos quedamos sin laburo un año. Muchos estamos viviendo de esto. Además, por el prestigio del equipo. El balance es muy bueno, porque hubo un recambio y fue positivo. El técnico está muy contento, porque se logró un equipo y se cumplieron las consignas que nos habíamos propuesto.

¿Y en lo personal?
Estoy chocho. La verdad es que ir a los Panamericanos era como la frutilla del postre para cerrar de la mejor manera el año. Estoy contento porque he podido jugar. No empecé jugando en Guadalajara pero terminé de titular los dos partidos ante Brasil. Arranqué bien el año. Me puse bien físicamente. Sabía que algún torneo iba a jugar con los Murciélagos. Estaba seguro que en algún momento iba a poder demostrar lo que vengo entrenando. Sabía también que me tenía que armar de paciencia. Esa ansiedad recién ahora la estoy aprendiendo a manejar.

¿Cómo viviste estar en un Juego Panamericano?
Es muy distinto a un torneo Ibsa. Fue como la antesala a Londres. En Ibsa vamos a un hotel y el centro de atención somos nosotros. En México compartimos mucho con otros chicos de otros deportes. A nivel deportivo, jugamos contra el mejor que es Brasil. Pero claro que Londres va a estar mucho más competitivo, porque va a estar China, que es una potencia; va a estar España, el mismo Brasil.


Estuviste cerca de jugar los Juegos Olímpicos de Beijing en el 2008, pero no se te dio. ¿Esta clasificación tiene un gusto a revancha?
Sí, obviamente que sí. No me lo quiero perder ni en pedo. Voy a entrenar y voy a hacer todo lo posible para ir. La voy a pelear hasta el último momento, hasta que no escuche la palabra del técnico que diga lo contrario.

Detrás de esta medalla, imagino que debe haber mucha gente que te ha dado una mano.
Este año he tenido un grupo de profes que han entrenado a full conmigo. Agradezco a Rubén Escudero y Romero Fiorentini. También agradezco al Bocha Flores, porque me ha prestado el gimnasio para que pueda prepararme. La municipalidad de Godoy Cruz también me ha dado una mano y me prestó el Cerede. El club Biritos y el club YPF también se han portado muy bien.


"No quiero que me regalen becas"

Federico empezó a enamorarse del fútbol a los ocho años, cuando acompañaba a su abuelo a los partidos con los amigos. Luego, a los 14 se sumó a Bella Vista, el único equipo de fútbol para ciegos que existe en Mendoza. A los 15 lo convocaron a la selección argentina sub 21. Hoy, con 22 años, ya es un experimentado.

¿Qué apoyo económico recibís?
Estoy con lo que me mandan de la Selección, que sale del Enard y de la Secretaría de Deportes de la Nación. En Mendoza, desde la Secretaría tuve una ayuda, fue un cheque de dos mil pesos, pero en realidad, seamos sinceros, esa no es la ayuda que necesita un deportista que está por ir a un Panamericano. Con dos mil pesos me compro tres pares de botines y se acabaron los dos mil pesos. Pago profesores de mi bolsillo. Estoy invirtiendo, pero necesitaría una ayuda más. La guita no la quiero para comer un asado y chupar.

Sí, claro…
Ando buscando laburo desesperadamente en cualquier lado. Me desempeño bien con la computadora, tengo primario y secundario completo. En la Champagnat empecé a estudiar Relaciones Humanas. Y me iba bien, porque rindo y apruebo, pero llega un momento que no puedo cursar o rendir por las concentraciones de la Selección. Y no te bancan en la facultad. A ellos no les importa. Entonces te atrasás y se te va complicando.

Seguro, no debe ser nada sencillo.
Empecé ahora Comunicación Social en la Universidad de Cuyo. Rendí el ingreso y entré. El técnico de la Selección me dijo: “En junio te quiero acá en Buenos Aires”. Le dije que tenía facultad. Me dijo que en agosto yo viajaba a España para jugar un torneo Cinco Naciones. ¿Y vos qué le vas a decir? En setiembre fuimos a Brasil a jugar otro torneo, en octubre estuvimos concentrados quince días. Se hace muy difícil. En la carrera tengo tres materias que son presenciales. Los certificados deportivos los puedo presentar ahora que fui a un Panamericano. Pero las concentraciones no están avaladas, no puedo presentar nada, porque no son torneos.

Es claro que no sólo querés vivir del fútbol.
Es que no soy un jugador del Manchester que firma un contrato de veinte millones de euros por tres años. Vivo el día a día. Todo depende si el técnico me sigue convocando o no a la Selección. Obvio que tengo la mejor predisposición para entrenarme todos los días. Me rompo el alma. Pero no depende de mí. Soy un tipo capaz. No es que yo hice la primaria y me dediqué a jugar al fútbol. En la computadora hago lo que quieran. Esto del fútbol se va a acabar en cualquier momento. No depende de mí. Quiero laburar porque pienso en el futuro.


Bueno, hay que tener paciencia y ya saldrá algún laburo.
¿Sabés qué pasa? Acá nadie te da bola. Hay un problema: la sociedad desconfía del ciego. Creen que no somos capaces de ciertas cosas porque no vemos. Es algo lógico, no soy un necio. Pero quiero tener la oportunidad de un laburo. Lo que sea. No tengo problema en laburar. Lo estoy pidiendo. No quiero que me regalen becas, que me den tres mil pesos por estar en la Selección y representar a Mendoza. Yo cambio todo eso por seis, ocho horas de laburo. Eso es la mejor ayuda que me puede dar la provincia: conseguirme un trabajo. No quiero guita, nada. No quiero ni la pensión de discapacidad, ni ayudas gubernamentales que fomenten la vagancia. Esa política no es mía. Quiero laburar como cualquier tipo. Muchos prefieren recibirla de arriba. Yo, no. Quizás así gane menos, pero no importa. Por eso ando viendo quién me puede dar una mano.

La nota termina. Federico nos acompaña hasta la puerta y nos despedimos. El sol sigue sin dar tregua. Queda dando vuelta en la cabeza una frase. “Acá nadie te da bola”.

Ojalá alguien lea esta nota.

Ojalá alguien le dé bola.

Ojalá, alguien.

Autor: Gonzalo Ruiz.
En Twitter: @gonza_ruiz

Nota: si querés conocer más sobre Federico Accardi mirá este documental realizado por estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo, en el año 2007.