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"La ruptura cultural se ha acentuado"

Autora del libro "Direcciones del vanguardismo hispanoamericano".

La reedición de Direcciones del vanguardismo hispanoamericano (Ediunc), de Gloria Videla de Rivero, es una de las grandes novedades editoriales del año, debido a que se trata ya de un clásico del análisis de las vanguardias poéticas de la década de 1920.

Hoy a las 20.30 en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MMAMM, plaza Independencia), Mariana Genoud acompañará a Gloria Videla de Rivero en la presentación de este trabajo de obligada lectura para quienes se interesan por la poesía, debido a que en él la autora profundiza en la producción de una década rica en vanguardias que marcarían la senda de todo el siglo XX.

A propósito de esta reedición de Direcciones del vanguardismo hispanoamericano, MDZ+Cultura dialogó con su autora sobre algunas de las corrientes que nacieron en la década del 20 y su influencia. 

 
- ¿Qué elementos de aquella modernidad que representan estos movimientos heredó la poesía en la posmodernidad?
- Creo que todos los elementos que se muestran como puntos de ruptura, como la decapitación de las mayúsculas que instauraron los vanguardistas, por poner un ejemplo hasta infantil, eso de que todo lo que se escribía con letras altas igualarlo, lo que de simbólico tiene, que se ha ido acentuando con el tiempo. Digamos que la cultura se ha ido haciendo cada vez más antisolemne, cada vez más, en alguna medida, hasta frívola. La ruptura de todo lo que fueran deberes, convenciones, se ha acentuado enormemente.
 
- Incluso, en muchos casos se han dejado de lado los signos de puntuación.
- Exacto, la pérdida de reglas gramaticales. Incluso, hay en algunos casos un empobrecimiento del lenguaje, no totalmente, pero sí en mucha medida. Quiero decir que mucho de lo que rompieron las vanguardias, mucho de lo canónico que rompieron las vanguardias, se ha acentuado, y también sería motivo para pensarlo con más calma, pero todo eso se ha acentuado en la posmodernidad.

- Coincido en eso de la pérdida de muchos de estos cánones, pero en varios casos me parece que son parte integral del mensaje del autor, porque la intención no es sólo de una ruptura lingüística.
- Por supuesto, se trata de una ruptura cultural, y eso es lo más notable. La ruptura cultural de la vanguardia se ha acentuado enormemente en la posmodernidad.

- ¿Una posmodernidad que es, de alguna manera, heredera de la ruptura que planteó el surrealismo hasta llegar, por ejemplo, a la poesía concreta?
- Claro, de esa ruptura de la lógica para dejar aflorar el subconsciente. Bueno, el surrealismo, que apenas se insinúa en esta época que yo estudio, en algunos autores, como Pablo Neruda o Aldo Pellegrini, va a teñir gran parte del siglo XX. Ahora creo que ya se está superando el surrealismo, pero gran parte de la poesía del siglo XX ha tenido el predominio de lo alógico, de una aparente incoherencia, pero que estaba dada por la coherencia más íntima del subconsciente.

- Y si bien el surrealismo es posterior, en la década que usted estudia ya están Tristán Tzara y el dadaísmo.
- Que serían los iniciadores del surrealismo.

- Quedó picando la afirmación de la pérdida del surrealismo a fines del siglo XX y comienzos del XXI.
- Me parece que es así, que se deja de lado el surrealismo. Yo no he seguido en profundidad la pista, pero a los autores contemporáneos que leo, los posteriores al año 2000, no les veo ese empeño en el aflorar del subconsciente, los veo más intimistas, más simples.

- ¿Más realistas?
- Más realistas, tal cual. Esa es mi impresión, pero examinando ya no críticamente, sino como lectora. Para el caso de Mendoza, María Angélica Puoget expresó que la poesía era muy surrealista, pero si yo ahora leo a Juan López, por ejemplo, tiene muy poco de surrealista, puede tener algún momento, pero es mucho más realista.

- A propósito de corrientes desdibujadas, por no decir perdidas del todo, también está el caso del futurismo, que se dejó de lado mucho antes.
- Es que uno de los temas predilectos del futurismo era la modernidad técnica, la aparición de las máquinas, de los aviones, y eso lo querían convertir en materia poética, y creo que ya estamos tan saturado de lo técnico, de lo maquinístico, que ya no nos parece materia poética, porque está muy incorporado. Yo creo que esa es una de las razones por las que esto se ha ido perdiendo. Ahora tenemos niños casi de pecho que están manejando tecnología, y ya no es nada sorprendente. Pero para los futuristas era algo bastante sorprendente. Aparte de que eran cosas más externas, en cambio, estos movimientos que yo estudio son más íntimos, pertenecen más a la comunidad humana.

- ¿Y no influyó también el grado de belicosidad que proponía ideológicamente el futurismo?
- Seguro que sí, porque ellos ponían a la guerra como una forma de higiene social… Bueno, tampoco es que estemos tan pacíficos en la actualidad… (risas).










Alejandro Frias