Presenta:

"Siempre la vitivinicultura ha dependido del esfuerzo privado"

El presidente del directorio de Bodega Leoncio Arizu analiza los 110 años de la empresa y lo que viene.
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Roberto Arizu remarca con orgullo que es parte de la tercera generación en una bodega que fue fundada en Mendoza en 1901 por su abuelo, Leoncio Arizu, y hoy ya se está abriendo al ingreso de los herederos de la cuarta generación. En este, su 110 aniversario, el Presidente del directorio de la empresa que fundó Leoncio Arizu, un inmigrante español que llegó a la provincia en 1890, que luego siguió su padre, Saturnino, y hoy comandan sus hijos y nietos, analiza la trayectoria de una de las bodegas grandes de Mendoza y el país, una de las más antiguas y de las pocas que sigue en manos argentinas. En diálogo con MDZ, esto contó Roberto Arizu.

- ¿Qué balance hacen de estos 110 años de la bodega?

- En estos 110 años la Argentina pasó por una infinidad de vicisitudes y la bodega acompaño todos estos procesos. A cada generación que estuvo al frente de la bodega le tocó sortear momentos difíciles y tuvo desafíos distintos acordes con la época. La primera generación, que fue la del abuelo fundador, tuvo por delante el desafío de hacer, construir, generar, levantar una bodega, plantar viñedos, hacer negocios. La segunda generación tuvo el desafío de consolidar lo que había hecho el generador. Fue una generación de trabajo. La tercera generación, la mía en particular, tuvo por delante el gran desafío de juntar dos visiones, lo hecho por dos generaciones, y hacer crecer a la empresa, con los nuevos requerimientos, dotarla de tecnología y abrirla a los mercados internacionales. Ahora ya hay parte de la cuarta generación trabajando en la bodega y su desafío va a ser ampliar más las cosas y pensar en qué puede variar la empresa para adaptarse a los cambios que vienen.

- ¿Qué desafío tiene por delante la empresa?

- El gran desafío es el mercado externo, en el que estamos trabajando. El prestigio de la empresa no sólo debe manifestarse en el mercado local, sino que debe crecer en el exterior para que se haga más sólido en el interno. Ya a la vitivinicultura no hay que tomarla como un negocio local sino que debe ser global.

- ¿Por qué cree que son pocas las grandes bodegas 100% de capitales nacionales que quedan?

- Porque creo que las generaciones que sucedieron a los grandes fundadores no se adaptaron a los cambios que vinieron. Siempre hay que invertir. Toda la vida hay que invertir. Lo bueno de las sociedades de familia es que no están obligadas a repartir utilidades. Cuando las familias están consolidadas, pueden destinar mucho más recursos a invertir y crecer.

- Pero a la vez las sociedades de familia, como las llama, tienen el desafío y el problema de pasar de una generación a otra. La gran mayoría de las empresas familiares no sobreviven a la salida de su fundador, ni mucho menos al cambio generacional.

-  Ese es el desafío. Por eso es importante la capacidad de adaptarse a los cambios de las empresas. Hay veces que es necesario abrir más las empresas, permitir la inversión externa, cotizar en bolsa, gerenciar ciertas estructuras o áreas y profesionalizar los mandos medios. En muchos casos, también se da que la familia ya no tiene que estar en la parte ejecutiva sino solo en la directiva.

- ¿Usted comparte el diagnóstico de que la vitivinicultura en Argentina tiende a concentrarse en pocos jugadores como pasa en otros países?

- Hay una tendencia mundial hacia la concentración en grandes jugadores del mercado, pero como no hay un vino igual a otro, siempre va a existir un nicho para gente y empresas que no estén globalizados.

- Pero cada vez es más difícil competir tanto en el mercado interno como en el externo. Inflación, crisis externa, mayor competencia, están afectando el negocio.

- Se ven muchas más chances de crecer en el mercado externo, más que en el interno; porque en el caso nuestro, que apuntamos a un segmento de consumidores relativamente chico, que no supera el 9% o 10% de la población, este nicho en el exterior es mucho mayor porque hay más gente con mayor poder adquisitivo al que llegar. Lo bueno que tiene el vino es que no es un producto masificado, y eso abre opciones para todos.

- ¿Qué opinión le merece el avance institucional que ha logrado la vitivinicultura, con la Coviar, el Plan Estratégico, la integración de productores y más?

- Es una fortaleza y consecuencia de un cambio generacional. Antes cada uno hacía su empresa y la llevaba adelante. Hoy todos estamos compartiendo los mismos problemas y las mismas inquietudes, por lo que una alianza entre quienes pasan por lo mismo es muy buena. Ayuda a la imagen del país, de su industria y a cada una de las empresas del sector.

- ¿Cómo evalúa el rol del Estado? ¿Se sienten apoyados?

- Todo el esfuerzo ha sido privado. El Estado acompaña con declaraciones, como la del Vino bebida nacional, pero el significado es más local que para afuera. Siempre la vitivinicultura ha dependido del esfuerzo privado y va a seguir dependiendo del esfuerzo privado. El Estado lo que debe hacer es fijar políticas globales para que los privados salgan a competir.