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"Hay que respetar lo que hizo"

El periodista uruguayo habla de su libro "Néstor, el presidente militante"

A un año de la muerte de Néstor Kirchner, el clima electoral de los últimos meses se vio enriquecido con la aparición de varios libros que, a favor o en contra de las políticas del matrimonio presidencial, hacían su aporte, cada uno a su manera, a las discusiones y al debate en general en torno a la imagen de K y Cristina.

El de más reciente aparición es Néstor, el presidente militante (Aguilar), de Gabriel Pandolfo, una biografía que repasa varios aspectos de la vida del ex presidente, de sus fortalezas y de los elementos que hicieron de él la figura que hoy es.

A propósito del lanzamiento de Néstor, el presidente militante, dialogamos con Pandolfo para adentrarnos en su trabajo. En un tiempo en que los fanatismos ciegan (tanto de un lado como del otro de las contiendas políticas y económicas), escucharlo referirse a Kirchner es una bocanada de aire fresco. “Lo fundamental es respetar lo que hizo sin fanatismos y, al mismo tiempo, no perder de vista los errores, que hay cosas perfectibles, mejorables, y que podo forma parte del juego democrático  y de la formación de ciudadanía, de masa crítica como para anteponer otras ideas y mejorarlas, y es mi deseo que la Argentina tenga una oposición seria que pueda mejorar”, dice Pandolfo, quien, sin dudas, admira a Kirchner, pero permite el disenso.

- En el libro analizás la psicología de Kirchner y sus motivaciones para llevar adelante los cambios, ¿a partir de qué elementos lo hacés?

- Bueno, a partir de un rastreo de su vida, desde su más tierna infancia, en Río Gallegos, hasta que llegó a la Casa Rosada. Él tuvo que superar muchas dificultades personales, desde su aspecto, su desvío en el ojo, su problema de dicción, por los que le hacían bromas, pero él nunca se amilanó, siempre salió adelante, él quería ser alguien y estaba muy seguro de sí mismo y de su fortaleza. Cuando era joven, él quería ser maestro, era su vocación por aquel tiempo, pero no se le permitió por el problema de dicción, porque pronunciaba la ese, la zeta, la equis de la misma manera, todas sonaban como una especie de jota. Eso fue cuando él estaba en cuarto año. Entonces se decepcionó mucho, se deprimió bastante, y después se fue a La Plata, donde empieza a estudiar Derecho, y ahí descubre un poco la política, y es como que se enamora de ella como herramienta de transformación, en los setenta, con la ebullición del momento, y desde entonces siempre tuvo en la cabeza primero ser gobernador y después ser presidente. Tan es así, que él decía “en veinte años voy a ser presidente”, y lo hizo.

- De alguna manera, ponés su fortaleza en toda una vida interna que tuvo cuando fue niño.

- Exactamente. También pensá que en Río Gallegos, con el frío, es una vida bastante difícil, con mucha oscuridad, con mucho encierro. Pero fue un hombre de una voluntad y una disciplina impresionantes, y llegó a la presidencia en un momento absolutamente crítico, de la misma manera en que llegó cuando fue gobernador, en los 90, cuando Santa Cruz estaba devastada y él la puso de pie. Es decir: el mismo objetivo y una fortaleza muy importante, y él tenía claro que los cambios tenían que ver con un permanente trabajo. Esa es una de las cosas que más se extrañan de él, esa motivación y esa garra de no dejar un segundo las cosas solas. Él estaba muy motivado por el cambio, y eso no solamente merece respeto, sino también una especie de recompensa espiritual, por decirlo de alguna manera.

- En el libro hablás también de su relación con los poderes. En El Flaco, Feinmann sostiene que Kirchner introdujo un cambio en la tradicional política argentina, en cómo se manejaban los poderes políticos en la argentina. ¿Coincidís con esto?

- Sí, porque él recuperó el Estado como un instrumento para mejorar la vida de la gente, no para mejorar los negocios de las corporaciones ni el status quo ni llevar adelante alguna política que estuviera privilegiando a determinado sector. Antes de asumir, ya estaba trabajando 24 horas por día. Era un incansable trabajador, y los cambios que impulsó fueron fundamentales. Integrar a los marginados, a grupos sociales que estaban al costado, y, fundamentalmente, decirle no al FMI. Además, está toda la oposición mediática que tenía, que lo han maltratado mucho.

- Tu libro coincide con la aparición de El mal, de Miguel Bonasso, donde expone la relación de Kirchner con los poderes económicos. ¿Cómo se cruza la información del libro de Bonasso con la que aparece en el tuyo?

- Hay una cosa que me parece fundamental destacar, que es que no hay ningún proceso que no se pueda mejorar si no empieza en algún momento. Néstor lo que hizo fue abrir la puerta para cambios fundamentales en la Argentina, con muchas contradicciones, con errores, con equivocaciones, etcétera. Él dio ese puntapié para abrir la pelea, después ya es tarea de todos. Al libro de Bonasso yo no lo leí, pero sé que va por el lado de la relación con las mineras, especialmente con la Barrick Gold, que de alguna manera también son contradicciones que se le pueden achacar, como su relación con Clarín en los primeros años. Y él abrió muchos frentes que eran como aliados estratégicos en algún momento dentro de determinadas circunstancias, pero cuando se iba de cuadro, ahí empezaba un poco la fricción.

- Como en el caso de Duhalde.

- Exactamente, como en el caso de Duhalde. Que fue a partir de su alianza estratégica con Duhalde, en el 2002, 2003, que se le posibilita llegar a la presidencia. Con respecto a las mineras, yo creo que hay mucho por hacer, hay mucho por discutir, hay mucho por investigar, y creo, así, a grosso modo, que la posición de Bonasso debe ser absolutamente honesta, pero son contradicciones que el mismo gobierno deberá ordenar, y también la ciudadanía desde algún punto tiene que reafirmar qué considera más apropiado. Y te vuelvo a insistir, si no se empieza un proceso, no hay forma de mejorarlo, y yo rescato lo positivo de esto, que es que hay un proceso de creación de ciudadanía. Todos debemos contribuir a eso, y lleva tiempo, pero me parece más destacable, si bien es cierto que está lleno de contradicciones y errores, como decía antes, me parece muy acertado dar esa batalla de reclamar también. Hay cosas que nos gustan, hay cosas que no nos gustan, con las que estamos de acuerdo o no estamos de acuerdo.

- Pero después de casi ocho años, ya hay quienes empiezan a hablar de hegemonía.

- Bueno, gobernar es de alguna manera lograr hegemonía para llevar adelante un proyecto. Y tampoco creo que sea tan férrea, me parece que da posibilidades y condiciones como para compartir ese poder, y eso está dado en la Constitución, a partir del voto, a partir de alguna manifestación, a partir de herramientas que tenemos como ciudadanos. Y esa hegemonía se va dando porque la gente está apoyando al modelo, no por una cuestión de que está forzada o engañada. Lo mismo esta contradicción de la que hablábamos; las mineras están puestas sobre la mesa y llegará el momento en que habrá que discutirlas y acá el tema no es del oficialismo, sino de la oposición, que no ha sabido construirse, y esa es la gran falencia que tiene la Argentina,  falta una oposición  seria, con proyecto, de forma de contradecir y mejorar el proyecto del   gobierno en el sentido de que si no tiene coherencia, puede posibilitar y puede permitir que el gobierno se equivoque.

- Una última pregunta. A partir de tu libro, del de Feinmann y de otros que andan por ahí, ¿Kirchner ya es un mito?

- No, no creo que sea un mito, creo que ese es un juego dialéctico para entretenerse entre la prensa opositora y el oficialismo. Yo creo que Néstor Kirchner es una persona de carne y hueso, llena de defectos y errores, pero con mucha voluntad y muchos aciertos. Nadie puede construir un mito, el mito se construye por sí solo y bajo determinadas condiciones, y hoy estamos lejos de eso.

Alejandro Frias