El cierre de un destino emblemático para los mendocinos
Todos los domingos el “Tío Rolo” seleccionaba a un turista argentino para que preparara el tradicional asado. La experiencia era clave para que la carne estuviera preparada como en el quincho de casa, pero a muchos kilómetros de distancia. El lugar del evento era la Villa de Tongoy, Cuarta Región de Chile, un lugar que nació de la mano de los argentinos y que por 35 años fue un espacio único y familiar que encontraron muchos mendocinos que disfrutaban sus vacaciones al otro de la cordillera.
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La Villa era acogedora desde el primer momento.
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La Villa era un lugar para reforzar uniones y fomentar cariños más allá de la frontera, amistades que llevan más de 37 años. Un pilar fundamental era la imagen de Rolando, conocido como el “Tío Rolo”, quien era el motivador principal de La Villa, una especie de intendente del pequeño pueblo que entregaba cariño, entretención y el mejor ambiente familiar.
MDZ lo ubicó en Santiago, ya desde 2008 retirado del turismo y trabajando en asesorías para quienes buscan desarrollar un lugar amigable para las familias que buscan unas vacaciones inolvidables. Recibe feliz el llamado desde Mendoza y comienza a recordar los 35 años que compartió con cientos de familias de toda la Región de Cuyo.
¿Cómo nació el concepto de la Villa de Tongoy?
-El sistema fue creado pensando en la familia argentina, que tiene características especiales y como conocíamos el tema, dijimos hagamos una pequeña empresa que mantenga en el tiempo ese estilo de vida. Los argentinos llegaban “achoclonados” (todos juntos), con hijos, con nietos, con las nonas y La Villa estaba pensada para ese estilo de vida y nos fue bien, no nos quejamos.
¿Qué tipo de vacaciones tenían en el lugar?
-Era un turismo familiar, lleno de valores morales y éticos. Nos iba muy bien, tanto que había ocasiones en que teníamos que alquilar dos o tres hoteles más, por la cantidad de gente que quería participar. Del total el 90 por ciento de la gente eran familias argentinas, porque en Chile nunca se entendió mucho lo que nosotros queríamos hacer, pero tanto era el éxito que llegaban cadenas internacionales a copiar nuestro sistema.
¿Cómo era el lugar y el entorno?
-Lo hicimos en Tongoy, con un ambiente tranquilo que se prestaba para el concepto que nosotros queríamos. El hotel nuestro era como un crucero, teníamos de todo adentro y la gente iba a vivir la experiencia. Con el tiempo las cosas cambiaron en Tongoy, como en todo el mundo, pero en el hotel nuestro no podía entrar gente con arito, con piercings o con tatuajes, y había público para esto
Siempre con una propuesta diferente…
-Nosotros teniamos un concepto de vacaciones que no tiene mucho que ver con el concepto relajado de hoy. Nuestras publicidades de viajes de estudio decían “vacaciones, sin sexo, sin drogas y sin alcohol”, eso le da el parámetro de lo que nosotros hacíamos en la Villa.
Dicen que el día en La Villa era inolvidable…
-Adentro era todo familiar, mucha vida sana, deporte, deporte y deporte. Había una discoteque (boliche), espectáculos todas las noches y pasaron artistas que usted ni se imagina. Siempre trabajamos mucho con el recuerdo y cuando presentábamos a los artistas en la noche era una de llanto y de recuerdos. Son lindos recuerdos porque nosotros también lo viviamos, yo estaba alli con mi familia.
¿Qué cosas especiales se hacían en La Villa?
Las actividades empezaban a las 8 de la mañana con un desayuno buffet, allí todo era buffet. Luego se desarrollaban actividades físicas como trotes a la playa, cicletadas, clases de gimnasia, clases de yoga, tanto que nosotros iniciamos el yoga infantil. La gente se va a acordar de todo eso y también de la cancha de tejo, teníamos una cancha de tejo iluminada donde la gente se quedaba toda la noche jugando. Después del almuerzo venía la siesta, más tarde una o dos horitas en la playa y luego la gente se preparaba para la cena y las actividades de la noche. Campeonatos de truco y muchos juegos de mesa, y después el show cada noche. Todo lo que era ruido se acababa a la medianoche y a las doce en punto venían los estrenos de cine.
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El cine siempre tenía los mejores estrenos.
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El valor de la familia argentina
¿Qué le pareció la llegada de tantos cuyanos y argentinos a La Villa?
-En el contexto latinoamericano quienes estaban en esa sintonía, en ese tipo de vacaciones, eran los argentinos, la familia argentina. Los argentinos no saben el tesoro que tienen en su forma de vivir, con todas las críticas que se le puedan hacer a la Argentina, el gran tesoro es la familia.
¿Qué le debe La Villa a las familias argentinas?
-Mucho, el concepto se fue haciendo con las familias argentinas y por muchos años. Los Angulo, por ejemplo, llegaron en los inicios, cuando teníamos cinco cabañas. Después de unos años llegamos a tener 68 cabañas, hasta que dejamos La Villa en 2008. Llegaban las familias año tras año y de hecho el ex gobernador don Santiago Felipe Llaver fue hasta que murió. Y así tanta gente, centenares de familias.
¿Cómo fue la recepción de su propuesta familiar?
-La acogida fue espectacular, especialmente de todo lo que es la zona de Cuyo y Córdoba, hasta ahora tengo grandes amigos que me saludan por Facebook y que por años fueron parte de La Villa, fueron “villanos”, pero en el buen concepto de la palabra, porque hasta hoy quienes fuimos parte de esas vacaciones nos sentimos “villanos”. Para que le cuento la cantidad de bautizos, matrimonios y hasta entierros a los que fui por las amistades que me dejó La Villa.
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Los jóvenes de todas las generaciones tenían su espacio.
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¿Cuándo nació el nombre de “tío Rolo”?
-Eso se dio cuando los que en 1975 fueron como niños, crecieron y ya están todos casados. Luego comenzaron a ir con sus hijos, pero justo determinamos cerrar porque las condiciones ya no estaban dadas para sustentar este tipo de turismo familiar en el balneario.
¿Por qué no siguió adelante con el concepto de La Villa?
-No es fácil criar un hijo o mantener un matrimonio con la información exterior que llega a la familia. Lo mismo pasaba con La Villa, el entorno cambió y muchas cosas que antes no existían llegaron a Tongoy, por lo que optamos por retirarnos. Las condiciones ambientales del balneario ya no permitían el desarrollo de nuestro espacio y no se podía mantener a la gente encerrada siempre en el recinto.
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La cancha de tejo era todo un clásico en La Villa.
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Y por como lo cuenta, la gente lo seguía en todas las actividades…
-Había actividades para todas las edades, para los grandes, los jóvenes y los niños. El nivel de participación nuestro era espectacular.
Se siente el cariño por los argentinos en sus palabras…
-La familia argentina tiene eso de valorar mucho al clan, las buenas costumbres, el vivir con alegría y un respeto único con la gente mayor. Un concepto de familia que no pude ver en ninguna otra parte del mundo. Vivian alegremente el día, sin individualismos.
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Los shows diarios en la Villa eran protagonizados por las familias.
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Son lindos recuerdos…
-Si, como las noches de año nuevo con los salones repletos, donde estábamos más de una hora dando abrazos. Muchas familias que hacían de esos momentos algo impagable.
¿Cuál es el mensaje para la gente que lo recuerda en la Argentina?
A las familias argentinas sólo me queda agradecerles por tantos años de lindos momentos. Recuerdo cuando esperábamos la llegada de las familias con mi esposa en la puerta de La Villa. Hermosos recuerdos que nos dejaron años de relación que hasta hoy se mantienen con familias de Tunuyán, San Rafael, San Juan, Mendoza y de muchas partes.
Por ahora no el “Tío Rolo” no piensa en volver a hacerse cargo de un negocio turístico, pero realiza asesorías para quienes buscan un concepto diferentes de vacaciones. Para ubicarlo está su correo en el sitio de la villa y también su perfil en Facebook, abierto a todos los amigos que quieran recordar y revivir sus mejores vacaciones en La Villa.