"Las guerrillas fueron producto de la crisis del peronismo"
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En esta entrevista, Guerrero sintetiza su visión del surgimiento y acción de las guerrillas peronistas como emergentes de un determinado momento histórico, describe el papel que jugó Mario Firmenich en Montoneros y cuál fue la injerencia de Perón sobre éste, y analiza cuáles fueron los efectos que produjo la dictadura en ese grupo.
- ¿Cómo surge la necesidad de escribir El peronismo armado?
- De la necesidad de entender un enorme proceso político -el peronismo y, dentro de él, sus organizaciones armadas- que mantiene plena eficacia en la actualidad. De ahí que, para analizar a las guerrillas peronistas, el libro empiece por analizar al peronismo desde sus orígenes.
- ¿Dónde se situó, desde lo personal, para recuperar la historia reciente en este libro?
- Ante todo, yo soy un militante político y en esa condición escudriño la historia. En quien milita -es decir, en quien opera sobre la realidad con el propósito de transformarla- las incógnitas del presente determinan las preguntas que se le formulan al pasado. Y es imposible actuar sobre la realidad argentina sin una comprensión histórica del movimiento peronista, del nacionalismo más fuerte de la historia latinoamericana.
- ¿Cuál fue su propia participación en el movimiento peronista?
- Yo nunca fui peronista. Después de un paso adolescente y fugaz por la Federación Juvenil Comunista, en 1972, a mis veinte años, me incorporé a Política Obrera, antecesora del Partido Obrero. Sin embargo, de un modo u otro, en la Argentina todos participamos del peronismo. Hemos actuado en alianza con trabajadores peronistas para hacer frente, por ejemplo, a la derecha del peronismo, que, como se vio en su momento, estaba dirigida por el propio Perón. Eso muchas veces implicó para aquellos compañeros una crisis política profunda, y no fuimos neutrales en esa crisis.
- ¿Qué descubrió al remontarse en su investigación a los orígenes del peronismo?
- No hablaría tanto de descubrimientos, entendidos como el hallazgo de datos o hechos que no se conocieran, pero sí de un análisis integrador y hasta cierto punto novedoso de esos datos y esos hechos. Por ejemplo: el peronismo no sólo concede una cantidad histórica de demandas democrático sociales a los trabajadores argentinos; además, esas concesiones le permiten incorporar a la clase obrera a la república parlamentaria. Esto es: los obreros son ciudadanos y en cuanto ciudadanos deciden, siempre y cuando no saquen los pies del plato de la república parlamentaria. Cuando los sacan sobreviene la represión, como en la huelga ferroviaria de 1951. El resultado de esa política es la integración de los sindicatos al Estado, en la cual el papel primordial le correspondió a Eva Perón. Hasta entonces, con dirigentes amarillos o burócratas acomodaticios, los sindicatos habían sido la representación obrera ante el Estado. A partir de 1947/1948, en cambio, serán un organismo de mediación que ante todo expresará la política del Estado hacia el movimiento obrero. Después, ni eso. Después serán simplemente un ente estatal más, una dependencia del gobierno.
- ¿Cuáles fueron las causas históricas de su caída en su lectura del mapa argentino de la época?
- La crisis internacional de 1952, con la caída abrupta de los precios de las exportaciones argentinas, marca un primer punto de inflexión por su consecuencia inmediata: el fuerte deterioro relativo de los salarios y de las condiciones de vida de los trabajadores. Ese hecho no quebranta el respaldo de la clase obrera al gobierno, pero sí erosiona la capacidad del peronismo para cumplir su papel de aparente árbitro entre las clases. La crisis económica y financiera se transforma en crisis política, porque los obreros se movilizan en defensa de sus conquistas. Se movilizan contra las patronales, no contra el gobierno, pero el gobierno, cada vez más, se recuesta en la burguesía, empieza a devolverle poder político. Y el peronismo era lo que era por haberle quitado poder político a la burguesía y volver a quitárselo todos los días, por presentarse ante ella como el representante de los trabajadores. En 1954, el Congreso de la Productividad organizado por la CGT y por la CGE de José Gelbard termina en un fracaso rotundo. Para acceder a las demandas patronales de Gelbard habría que esperar a la Libertadora. Pero Perón, por primera vez, se declara neutral en esa pugna, y cuando sectores importantes de la clase obrera van a la lucha, como los metalúrgicos, la CGT juega un papel abierto de rompehuelgas. Todo eso va esmerilando al gobierno, aunque debe subrayarse que el golpe de 1955 podría haberse reprimido y neutralizado sin grandes dificultades, aun en esa situación. No se hizo así porque Perón tomó la decisión política de no combatir.
- ¿Cuáles fueron las claves de la Resistencia?
- Que un movimiento de masas de semejante magnitud caiga sin combate es, en sí y por sí, una crisis política histórica. Antes que un producto de las grandes luchas de la época, la Resistencia, tal como ella se organizó, fue un resultado de esa crisis y, al mismo tiempo, la historia de la Resistencia es la historia de sus crisis internas. Perón, en principio, la colocó bajo la conducción de Miguel Ángel Iñíguez, un militar oscuro, nacionalista de derecha. La lucha obrera no podía encontrar su representación en Iñíguez. Por eso, la Resistencia se rompe una y otra vez. John William Cooke y Aparicio Méndez, entre otros, la organizaron por su cuenta y en contra de la conducción oficial, hasta que ya no se puede hablar de la Resistencia sino de un mosaico desperdigado, sin centralización política ni militar. En medio de esas fracturas, inevitablemente comienza a surgir, a instalarse y a consolidarse una dirección obrera novedosa, no peronista, clasista, de izquierda. Las guerrillas peronistas posteriores, desde Uturuncos a comienzos de los ´60, entre otras cosas cumplirán la función de contener ese proceso, de acotar esa tendencia de franjas obreras importantes a la independencia de clase. Esto es: también las guerrillas peronistas son producto, a su modo, de la crisis del peronismo. En Montoneros, eso se vería hasta extremos de tragedia.
- ¿Cómo se produjo el cambio de signo de Montoneros hacia la izquierda?
- El fenómeno tiene diversas vertientes, pero pueden indicarse básicamente éstas: la enorme convulsión política en la Argentina y en América latina a partir de la Revolución Cubana; el estado de conmoción en la Iglesia católica, que tiene su expresión en el Concilio Vaticano Segundo, convocado en 1959 por Juan XXIII y que es, a su vez, consecuencia de los sacudones políticos a nivel mundial; y, claro está, la crisis peronista. Hasta aquel fuerte integrismo católico que tenía su base en Córdoba se quiebra en aquellas circunstancias. Por todo eso, un grupo de católicos de derecha se vuelca hacia la izquierda peronista, deslizado por el plano inclinado de una situación política, nacional e internacional, muy particular.
- ¿Cómo Montoneros pasó de ser un “grupo heroico” a ser un hato de “imbéciles”?
- Tiempo atrás, Firmenich dijo que en algún momento “Perón cambió de idea”, una manera casi primitiva de explicar un fenómeno demasiado complejo. Se debe partir, entiendo, de una contradicción básica: Montoneros y los agrupamientos que lo antecedieron fueron organizaciones armadas de un partido que nunca se organizó para la insurrección. Esto es, fueron instrumentos de presión que le sirvieron a Perón para renegociar su lugar en el espectro político, e incluso en la interna de su propio partido: por eso avaló las muertes de Augusto Vandor y José Alonso. Cuando ese lugar fue recuperado, el papel de las guerrillas se transformó en su contrario. Por tanto, las guerrillas mismas se transforman en su contrario y de jóvenes maravillosos y heroicos pasan a ser infiltrados y mercenarios al servicio del dinero extranjero, como les dijo Perón el 1º de mayo de 1974.
- ¿Qué cree que le aporta la óptica marxista a la comprensión de Montoneros?
- Simplemente, la posibilidad de entender el fenómeno en su base material, en las leyes históricas que hicieron posible su surgimiento y su papel en la política argentina. Siempre se debe tener en cuenta que el marxismo es un método de análisis, no un formulario de recetas. Es la luz que ilumina la escena, no la escena misma.
- A su juicio ¿por qué se cuestiona a Montoneros sin intentar comprender los conceptos por los cuales actuaron?
- Por el estigma caído sobre el gran derrotado, convertido en demonio entre demonios en una época en que la teoría de los dos demonios había penetrado profundamente en el cuerpo social argentino. Por toda una serie de razones, la violencia montonera no fue revolucionaria y en muchos casos fue su contrario. Sin embargo, en el rechazo a aquellas guerrillas está el rechazo a la comprensión de que una revolución es una catástrofe social, un cataclismo necesariamente violento porque debe saltar barreras de violencia que le son impuestas. El fin no justifica los medios, es el fin el que debe justificarse. Pero el que quiere el fin quiere los medios. Las clases dominantes, obviamente, atacan al medio porque se oponen al fin. Y la ideología de la clase dominante es, por lo general, la ideología dominante en la sociedad. Ese es el esquema que empezó a quebrarse con el levantamiento popular de diciembre de 2001.
Patricia Rodón