"Sufrí mucho e hice cumbre; no vuelvo más al Aconcagua"
Rodrigo Sepúlveda, entre otras cosas, es uno de los mejores periodistas de Mendoza. Y lo es porque su trabajo diario en Radio Nihuil es el resultado de una actitud concreta y coherente ante su profesión y ante la vida.
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Los que lo conocemos, sabemos que él es de esos tipos que nunca tuerce su discurso y que no vende su criterio periodístico al mejor postor. Rodrigo es, a todas luces, un ejemplo a seguir para quienes se inician en este oficio y para aquellos que perdieron el rumbo de una profesión en la que abundan los intereses ocultos, los intereses políticos, los intereses económicos y los intereses personales por encima de los afanes de verdad y de servicio social.
Además, Sepúlveda ha comenzado a destacarse como documentalista vinculado a los derechos humanos, tal el caso de “D2”, que se enfoca en el centro clandestino que, durante la dictadura, existió en el edificio de Investigaciones, en pleno centro. Recientemente, obtuvo también un subsidio del INCAA de $126.000 para su proyecto documental “Las imprescindibles”, que cuenta la vida de dos luchadoras incansables de Mendoza: Elba Morales y María Gil de Camín.
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No obstante, en esta ocasión, Rodrigo se destaca por una faceta inexplorada por él: la de andinista, en la que también demuestra ser un hombre valiente.
Así es pues, hace unos días, el domingo, consiguió hacer cumbre en el cerro Aconcagua, luego de duras jornadas de esfuerzo que se vieron coronadas con su cima.
Hablemos con él, entonces, de esta experiencia que aún le tiembla en las piernas, mientras mueve la boca como puede, porque tiene partidos los labios por el viento, las alturas y el silencio.
- ¿Con quién fuiste al cerro?
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- ¿Te entrenaste mucho?
- No como hubiera querido. Hicimos algunas salidas con los científicos al Cordón del Plata. Cuando fui al San Bernardo, no llegué y cuando fui al Plata, nos agarró un temporal.
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- ¿Y cómo lo viviste?
- Como algo tremendo, de enorme esfuerzo y sufrimiento. Y eso que, como el proyecto tuvo presupuesto disponible, se pagaron porteadores de cargas hasta el campamento Cólera, a 6.000 metros de altura, pero igual nos costó muchísimo, porque nosotros no somos deportistas ni perseguimos un fin deportivo. El plan fue subir a Mulas en dos días, adonde yo llegué muy cansado, la cabeza se me partía… Después descansamos varios días para poder aclimatarnos e hicimos un porteo a Nido de Cóndores (5300), que también fue durísimo, y volvimos a descansar durante tres días más. Cuando subimos otra vez a Nido ya estabámos mejor y nos quedamos dos días allí. Finalmente subimos a Cólera y al otro día fuimos a la cumbre. Fueron quince días en total.
- ¿Cómo fue el día de cumbre?
- Nos tocó un día muy lindo, pero muy cansador. Empezar a caminar con 20 grados bajo cero no es fácil, vos lo sabés. Con nosotros, subió dándonos apoyo la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza. Cuando llegamos a Independencia, algunos se quedaron allí y en el Portezuelo del Viento, ya con crampones puestos, nos agarró el viento cruzado y se hizo todo más complicado. Al llegar a la Cueva, empieza la Canaleta y lo más difícil y fuimos pasito tras pasito, muy duro. Al mediodía, el viento se estabilizó y el sol hacía que estuviera lindo el día. Subir La Canaleta fue terrible y me acordaba de tus consejos y de los que me dieron Fernando Pierobón y nuestros colegas Marcelo Torrez y Patricia Calibares. Paso a paso fui subiendo. Yo hice cumbre a las 15.30, medio jugado, pero llegué.
- ¿Y la disfrutaste?
- No mucho. Cuando llegué, me tiré al suelo, buscando aire. Estaba en el suelo tratando de recuperarme y tuve un entredicho con la Patrulla de Rescate, porque me vieron mal y me querían bajar. Yo no estaba mal, pero me sentía muy cansado y quería recuperarme para filmar el trabajo de los científicos. Al final, terminó filmando un policía, pero me puede quedar cuarenta minutos en la cumbre antes de empezar a bajar.
- ¿Y la bajada?
- Dura también, me caí varias veces. Al otro día llegué a Mulas y me temblaban las piernas. Por suerte, el helicóptero nos bajó hasta Horcones y nos ahorramos esos kilómetros, porque estábamos muy cansados.
- ¿Qué imágenes te vienen ahora, después de ese duro día?
- Me acuerdo de estar recostado contra el cerro, en posición fetal, como un bebito, tratando de recuperar el aire y acordándome de todo lo que charlé con ustedes. Cuando salimos de Cólera, con nosotros subió también una expedición de la Compañía de Cazadores de Montaña y rezaron un Ave María antes de empezar a caminar. Fue impresionante ver tantas lucecitas de linterna frontales, como cuarenta, a 6000 metros de altura. Nos hizo sentir menos solos y más a mí que se me rompió la linternita, viendo las botas de los que iban adelante. También recuerdo cómo extrañé a mi familia, a todos mis amigos. Son momentos muy intensos y el esfuerzo fue extraordinario. Siempre iba mirando a los que iban adelante, sobre todo a dos de los guías, Barón y Gabriel Cabrera, haciendo el esfuerzo y pensaba que si ellos podían, yo también iba a poder.
- Y pasito a pasito, la pusiste…
- Estaba en la cumbre y pensaba en que no había nada más alto que eso en el continente. Miraba para abajo y veía las nubes. Igualmente, es tanto el cansancio y la falta de oxígeno que no te das mucho cuenta de lo que estás haciendo y lo que estás viviendo. El corazón me latía a 30.000 por hora, miraba el lugar donde debía estar la cruz, que parece que se han robado y trataba de no olvidarme de nada. Los científicos estaban trabajando a veinte metros mío y no pude ir hasta allí, porque no quería sacarme los crampones de las botas y tenía los dedos congelados… Me quedé en el suelo y un policía filmó por mí ese trabajo.
- ¿A quiénes querés agradecer?
- A mi familia y a mis amigos. Y a los que nos ayudaron para llevar adelante el proyecto: Fernando y Miriam Pierobón con el equipamiento y consejos basados en sus experiencias; al Canal Encuentro y la UNCuyo, que pusieron plata para el desarrollo y también a los científicos del proyecto Sigma. Además, nos apoyó la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza y la dirección de Recursos Naturales Renovables.
- Bueno, espero que ahora, después de tu proeza, salgamos juntos a subir cerros por ahí…
- No, muchas gracias, paso. Esto no es para mí. Sufrí mucho para hacer cumbre, ahora no vuelvo nunca más al Aconcagua. Yo respeto mucho lo que hacen ustedes, pero la verdad es que la he pasado muy mal y tuve suficiente. Igualmente, esta felicidad no me la saca nadie.






