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¿Cómo juzgará la historia a Cobos?

Responden Hugo Chumbita y José Ignacio García Hamilton. Y critica una socióloga, Paola Bayle. Cobos, un "cuyano alborotador" como Sarmiento.

“Pido perdón si me equivoco; la historia me juzgará”. Con esas palabras, el vicepresidente Julio César Cleto Cobos cerró la breve y sentida fundamentación de su “voto no positivo” en el Senado de la Nación.

De inmediato, como en un juicio sumarísimo o en un anticipo repentino de la historia, su acción recibió todo tipo de sentencias.

Durante su regreso maratónico a Mendoza por vía terrestre, Cobos fue saludado como un ídolo por cada pueblo que pasó para llegar a su casa en la Sexta Sección de Mendoza. Allí no le resultó fácil liberarse de fervor espontáneo y del otro, el que surge como resultado de la reproducción mediática. Tuvo que refugiarse en otra casa. Pero a diferencia de lo que hacían los políticos en 2001, que se escondían para sortear los “escraches”, a Cobos le tocó hacerlo para evitar los “paparazzi” y admiradores.

Para coronar su prematuro ingreso en los anales de la historia, entre sus nuevos seguidores se creó y distribuyó una estampita con un fotoshop, cuya característica central la componen la más tradicional imagen del Gral. San Martín a la que se le agregó la cara del mendocino.

Desde el oficialismo se lo condenó de inmediato: los calificativos variaron en una corta gama que va desde “traidor” hasta “cagón” y, casi siempre, la valoración estuvo acompañada de un pedido de renuncia a su cargo.

¿Qué dirán los manuales de historia del futuro sobre la frase del mendocino en el Senado? ¿Cuál será el dictamen que le dará el transcurrir de los tiempos al momento político que vive la Argentina?

Para anticiparnos a la historia consultamos a dos referentes en la materia. ¿Es para tanto? ¿Tiene proyección en el tiempo un hecho tan acotado? Hablamos con dos historiadores, Hugo Chumbita (en la foto de la derecha) y José Ignacio García Hamilton.

Pero una socióloga mendocina, Paola Bayle, sale al cruce: “la frase de Cobos no es más que un lugar común”.

El primero es autor, entre otros textos de “El enigma peronista”, “Ultima frontera. Vairoletto: vida y leyenda de un bandolero”, “El secreto de Yapeyú. El origen mestizo de San Martín” e “Hijos del país”.

García Hamilton nació en Tucumán y es un “abogado y periodista devenido en escritor”, según su propia definición. En su obra se destacan: “Por qué crecen los países”, “Don José. La vida de San Martín”, “Cuyano alborotador” y “Simón. Vida de Bolivar”.

La página K de la historia argentina

Los dos historiadores ven al vicepresidente Cobos como un recuadro destacado en la página de los manuales del futuro que recordarán la gestión de los Kirchner.

Ambos, también, reconocen que existen aspectos positivos y negativos de este período, pero presentan matices.

Lo bueno

García Hamilton(foto): El de Néstor Kirchner fue un período de transición con algunos logros. Entre ellos no hay que dejar de mencionar que se logró la restauración de la autoridad presidencial con logros en lo económico, en lo político y lo social.

Chumbita: Los cinco puntos positivos de la gestión de Kirchner, desde mi punto de vista, son: capacidad y rescate de la autonomía política; la política de derechos Humanos y el juicio a los criminales de la dictadura; el intento de recomponer la pérdida o retroceso de las conquistas sociales de los trabajadores; la consolidación de una garantía de mantenimiento de lo esencial del juego democrático y la libertad de expresión; y haberse negado a reprimir con violencia las protestas sociales.

Lo malo

García Hamilton: La falta de comunicación con la prensa, el avance sobre el poder legislativo, la composición de una Corte con una cierta afinidad ideológica.

Chumbita: Señalaría dos facetas: la dosis de sectarismo en el manejo del poder por un grupo muy reducido de gente que ha limitado su capacidad de acción, como se vio sobre todo detrás de la última crisis y que no llegó a hacer efectivas sus promesas de fondo de restablecer el equilibrio social con respecto a la pérdida histórica de los sectores populares en su poder adquisitivo y en su situación social.

El recuadro de Cleto en el manual del futuro

- ¿Cómo recordará la historia el voto de Julio Cobos en el Senado?

Chumbita: Todo depende del momento político en que se juzgue el gesto de Cobos en el Senado. Pero pienso que para poner las cosas en claro, hay que saber si finalmente él decidirá separarse del gobierno para encabezar el espacio político opositor o bien, se recompondrá su rol institucional, en donde creo que él no puede convertirse en un opositor activo.

García Hamilton: Es un hecho inédito, pero desconozco qué trascendencia le va a dar la historia. No se puede saber, va cambiando de acuerdo a las generaciones. A Perón, cuando recién se fue del poder, se lo considero un corrupto, pero luego líder pacifista.

Posiblemente ningún vicepresidente haya tenido popularidad alcanzada con su actitud por Julio Cobos. Lo que hizo, fue un hecho sin precedentes en la vida política argentina. Y creo que, además, con su actitud tomó relevancia el Senado de la Nación.

Otro “cuyano alborotador”

Como lo fue Domingo Faustino Sarmiento, el tucumano García Hamilton cree que Cobos ha logrado alborotar la política argentina. Pero el autor ve también algunas similitudes entre lo que hoy pasa en la Argentina en la relación entre presidente y vice con lo que le ocurrió al sanjuanino.

“Sarmiento –contó García Hamilton- integró una fórmula presidencial proviniendo él del Partido Unión Nacional junto con Adolfo Alsina, referente de otra fuerza, el Partido Autonomista Nacional”.

“Pero en ese tiempo –continuó el relato- había colegio electoral y se hacían alianzas electorales para alcanzar los cargos de mayor importancia. La cuestión es que Sarmiento y Alsina se llevaron más o menos”.

El autor de “Cuyano alborotador”, una biografía del sanjuanino, recordó que en cierta ocasión, Sarmiento dejó acuñada su opinión sobre el rol que cumplen los vicepresidentes con una sola frase, marcada por la acidez que lo caracterizaba: “Lo voy a invitar (al vicepresidente Alsina) una vez por mes a cenar para que vea qué salud tengo, y se va a dar cuenta de que es muy buena. Esto, para que se conforme con hacer sonar la campanilla en el Senado”.

Sin embargo, a diferencia del triste rol que le asignó Sarmiento a su vicepresidente, “a Cobos le tocó desempatar, cosa que nunca ocurrió con Alsina, sino la historia probablemente hubiera sido otra”, analizó García Hamilton.

Ver la película hasta el final

Para el historiador Hugo Chumbita lo que la historia recordará es toda una etapa de la historia de la que Cobos es parte y no exclusivamente la actitud del vicepresidente.

“No conozco suficientemente sus antecedentes políticos. Pero por su actitud en el Senado, que no parece tan grave, tampoco me parece que sea una discusión definitiva. Lo que hay que ver es cómo sigue esta película”, dijo a MDZ.

Con las expectativas centradas en qué hará Cobos después de su voto “no positivo” para abrirse camino en la historia, el autor aclaró que le pareció “legítimo que el vicepresidente de la Nación tenga opinión propia. Eso, no me parece censurable. Pero resultaría muy lamentable que él cambiara de bando en un momento como este. Eso, creo, sería riesgoso para la estabilidad del gobierno y del sistema político”.

Finalmente, Chumbita dejó su opinión sobre Cobos y su futuro: “no me parece que sea ético que él abandone el barco de un día para otro a raíz del conflicto”.

El “maridato”

Ninguno de los historiadores se animó a analizar el tramo de Cristina Fernández de Kirchner en el gobierno. Sobre lo anterior, Chumbita reconoció que Néstor “cumplió un papel muy importante porque recuperó la credibilidad de una clase política totalmente devaluada y además, demostró que el poder ejecutivo puede manejarse con autonomía con respecto a los factores de poder económico”. Agregó luego que “esa es una cosa que parecía inviable y había cierta resignación desde la política frente a las presiones de los mercados y los grandes factores económicos”.

Crítico y ácido, García Hamilton no dudó en calificar a la alternancia entre Néstor y Cristina como “el maridato”.

“Al gobierno de Roca se le llamó el unicato, porque controlaba el partido y la liga de los gobernadores, además del ejecutivo. Controlaba las tres esferas del poder”, introdujo el autor. Seguidamente, explicó su valoración de la gestión K: “en este sistema de maridato: la presidenta habla pero el que maneja el gobierno y el partido es el marido. Hay como un presidente de facto y una presidenta nominal”.

El autor tucumano analizó que “lo del campo se ha potenciado con este doble comando. Hay un continuismo. A Cristina le gusta repetir la frase de que a ella todo le cuesta más porque es mujer. Pero no es así. ¡Si está allí porque la designó su marido! Es todo lo contrario”.

¿Quién juzga cuando decimos “La historia me juzgará”?

La socióloga e investigadora Paola Bayle fue más allá. Criticó la actitud del vicepresidente Julio Cobos de invocar a la historia para que lo juzgue y analizó el contenido de su afirmación.

- ¿Qué significa poner en la historia la responsabilidad de juzgar una decisión política, cualquiera que sea?

Bayle: Esta frase no es, como todos imaginarán, de autoría de Cobos; más bien pertenece a ese arsenal de frases construidas para legitimar en el presente una decisión, suponiendo que una historia abstracta dictaminará, a favor o en contra de ésta decisión, en un futuro. He aquí el problema: no existe “la historia”,  osea no existe en tanto sujeto racional capaz de juzgar algo.

La investigadora social, explicó a MDZ que “lo que sí existen son historiadores, que tampoco son abstractos y atemporales. Existen historiadores insertos en un campo académico e intelectual geopolíticamente determinado, con reglas propias, no establecidas en forma perpetua y cuya práctica historiográfica no es un todo homogéneo y coherente. Existen posturas, posiciones, preferencias”.

Agregó luego que “también existe la construcción de relatos históricos por parte de agentes no necesariamente insertos en la academia, que realizan prácticas historiográficas desde movimientos sociales, de Derechos Humanos, partidos políticos, etc.”

Bayle señaló que “existen y coexisten, aunque esto suene postmoderno, historias (entendido esto como relatos construidos y reconstruidos permanentemente).

Por eso, la especialista dudó que “sea la historia quien juzgue un acto político”. Arremetió contra Cobos y su frase: “serán, en todo caso, los sujetos sociales, históricamente determinados quienes dictaminen, y no lo harán (o no lo hacen) libres de intereses, sino más bien en función de intereses de grupos y en contraposición de otros intereses de otros grupos”.

Anticipándose al futuro, Bayle, finalmente dice, que solo entonces “tendremos, más allá de ciertos consensos, varios dictámenes en torno a lo juzgado. Y aquí ya entramos en otro problema: tampoco existe una sólo forma de entender la justicia. Aunque eso ya es otra historia...”