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"No mirar para otro lado cuando un chico mata"

Escritor y periodista, autor de “Pendejos”

Reynaldo Sietecase es periodista y escritor. En ambas condiciones es autor de "Pendejos", un volumen que, en diez historias, sintetiza cuán capaces de fabricar asesinos somos los adultos de una sociedad que carga sus peores culpas sobre jóvenes.

Sietecase es autor de libros de poesía, como "Cierta curiosidad por las tetas" y la novela policial "Un crimen argentino", entre otros. Conduce un programa de radio por Del Plata, en Buenos Aires y también incursiona en la televisión, siempre, en programas netamente periodísticos.

El autor pone énfasis en catalogar a su trabajo como de “ficción”, pero se parece demasiado a la realidad. Por eso es que le preguntamos a Reynaldo Sietecase en torno a un tema que todos los días le gana a la ficción.

Esta entrevista empieza con una respuesta:

"La mayoría de mis personajes son víctimas y victimarios a la vez. Para que un chico mate quiere decir que todo falló: la sociedad, la familia, la escuela. Un chico con un arma es la contradicción de la infancia. Y un niño que mata es alguien que deja de ser niño en ese momento", arrancó Sietecase al introducirnos en su último libro.

- ¿Cómo se le ocurrió preparar este libro?

- "Pendejos" nació casi por azar. Sobre el final del 2005 estaba trabajando en una novela y con mucha actividad en el periodismo. Una mañana visitó el programa de radio de Jorge Lanata, donde trabajaba, Laura Musa, una especialista en el tema seguridad. Entre otras cosas contó que en Argentina se había condenado a reclusión perpetua a una decena de menores de 18 años y que esto era una clara violación de la Convención de los Derechos del Niño.

La idea era perturbadora: “Pibes condenados a prisión perpetua”. Me decidí a buscar más información. Pensé que podía hacer una serie de notas contando las historias de estos chicos, pero cuando me acerqué más al tema comprendí que el formato no era la narración periodística sino la ficción. Se me presentaba otra gran oportunidad para contar la violencia desde la literatura. Allí comencé a tramar estos artefactos literarios, que para espanto de mi amigo Martín Caparrós he comenzado a llamar “crónicas de ficción”.

- ¿“Pendejos” es un ensayo sobre la violencia de los jóvenes, es un libro periodístico o compila una serie de relatos de ficción?

-  Para escribirlo no hubo investigación periodística, ni entrevistas a los personajes, ni seguimiento de los expedientes judiciales. No hubo ningún proceso que respondiera a la técnica periodística.

- ¿Qué cosa cree que les faltó o les sobró, en el arranque de sus  vidas, a los jóvenes retratados por usted en "Pendejos", como para que terminaran protagonizando un libro como ese?

- Amor. Parece una obviedad pero el amor y la contención familiar son tan necesarios como el aire para un niño. Todo lo que haga el Estado después no puede compararse al escudo del amor.

- ¿Qué lugar le otorga a la escuela en el campo de la violencia juvenil?

- La escuela debe ser el ámbito de la formación. Lo dijo José Saramago en su última visita a la Argentina: la escuela debe educar pero también instruir. Dar valores y pautas de conducta y convivencia. Debe preparar ciudadanos.

- Hay expertos en el tema que dicen que nos "vamos a las manos" cuando no usamos las palabras...

- Es así. Yo creo que reivindicar la importancia de la palabra para la solución de los conflictos.

- ¿Esa es la tarea que le toca a la escuela?

- También debe educar base al respeto a las normas y a la autoridad. Si cumple con esos objetivos la escuela puede ser una eficaz barrera contra la violencia. Pero para esa función hay que establecer una sociedad  indestructible con la familia y, lamentablemente, hace años que esa sociedad se ha quebrado.

- ¿Allí cree que se aprende la violencia o es el lugar en donde se refleja?

- No creo que la violencia se aprenda en la escuela. Allí hay un reflejo de lo que pasa afuera y, según el colegio, los resultados son diferentes.

- ¿Por qué cree que un chico puede ser capaz de matar a otro?

- Las razones son múltiples y no muy diferentes a las que puede tener un adulto cuando asesina. En el caso de los jóvenes se suman la irresponsabilidad, las drogas.

- ¿Ve a las drogas como un elemento que potencia la violencia?

- Es alta la incidencia del consumo de drogas en los hechos más violentos, pero también la falta de educación y de futuro.

- Después de contar las historias cargadas de violencia que forman parte del libro "Pendejos", ¿qué desafíos cree que debemos asumir como sociedad para cambiar esto?

- Tengo como idea central que el desafío para la sociedad es lograr que un chico no llegue a tomar un arma, porque si lo hace, el partido ya está perdido. En esto, la responsabilidad es de la familia, de la sociedad toda, de la escuela y del Estado es innegable. No podemos mirar para otro lado cuando un chico mata.