La nueva vida de las zanahorias descartadas: un plan piloto argentino

En una planta piloto, las zanahorias desechadas se transforman en productos de alto valor agregado como bioetanol, fibras dietarias y colorantes naturales, utilizados en las industrias alimenticia, farmacéutica y de biocombustibles. Un informe preparado para el BID por Nicolás Cañete.

Nicolás Cañete

Se podría decir que, en el Departamento de Garay, provincia de Santa Fe, Argentina, la economía es verdaderamente naranja. Pero no precisamente por el tamaño de sus industrias culturales y creativas (conocidas como economía naranja), sino porque se trata de uno de los principales centros de producción de zanahoria, que provee todos los años de esta hortaliza a los grandes centros urbanos del país.

Sin embargo, en esta zona costera de Santa Fe cada día se descartan cerca de 100 toneladas de zanahorias, el equivalente a la basura que genera una ciudad de 100.000 habitantes. Debido principalmente a factores climáticos, el descarte de zanahorias que no cumplen con exigencias de mercado en cuanto a forma y tamaño ha aumentado en los últimos años, llegando en algunos hasa el 40% de la cosecha.

Parte de estas zanahorias descartadas se destinan para el consumo de animales y otra parte se pudre, causando malos olores, proliferación de roedores y degradación del suelo. Además del daño ambiental, el impacto económico es altísimo tanto para productores como para empresas empaquetadoras y distribuidoras, que no pueden permitirse tamaña pérdida de ingresos por la producción tirada.

Qué pasa con las zanahorias en la Argentina.

Este es un problema de alcance nacional e internacional. En el mundo se pierden y desperdician cada año 1300 millones de toneladas de alimentos. En América Latina se trata de 127 millones de toneladas, lo que representa el 34% de todo lo producido para consumo humano o 223 kilos por persona por año. Por su parte, en la Argentina, según datos de la Secretaría de Agroindustria, cada año se desechan 16 millones de toneladas de alimentos, de las cuales 14,5 millones corresponden a pérdidas (etapas de producción, almacenamiento, transporte y procesamiento) y 1,5 millones a desperdicio (comercialización y consumo). La cadena de alimentos con mayores pérdidas es la de las hortalizas (42,1%).

El camino de la innovación: zanahorias desechadas se transforman en productos

Los productores de Garay no se quedaron de brazos cruzados ante la situación que les afectaba y salieron a buscar soluciones. En 2013, la empresa Val Mar (empaquetadora) y la Asociación para el Desarrollo del Departamento Garay se contactaron con un grupo de investigadores del CONICET en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), quienes vieron viable transformar los desechos de la hortaliza en bioetanol y carotenos, dos subproductos de alto valor agregado en la industria. En 2014, estas instituciones conformaron un consorcio público-privado para seguir adelante con el proyecto de valorización de los desechos agroindustriales.

Primero, los científicos avanzaron con la instalación de un laboratorio de investigación y desarrollo para caracterizar las variedades de zanahorias útiles como materia prima y refinar los procesos de obtención bioetanol y carotenos. Después se inició el registro de una patente para estos procesos y se realizaron estudios de mercado. Luego se solicitaron subsidios de apoyo a la innovación tecnológica para la construcción de una planta procesadora para extraer los subproductos mencionados.

El proyecto logró obtener en sus diferentes etapas aportes del sector privado, fondos de la provincia de Santa Fe, así como un subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, a través de sus fondos tecnológicos sectoriales (Fonarsec) que cuentan con financiamiento del BID. Este último aporte sirvió para construir la planta piloto en la cual se validaron los resultados obtenidos en la fase de desarrollo.

La planta piloto, única en Sudamérica, fue inaugurada en setiembre de 2018. Actualmente, procesa dos toneladas de zanahoria por día. En un futuro proyecta convertirse en una planta industrial con capacidad de procesamiento de 100 toneladas diarias, prácticamente toda la producción de la zona costera santafesina.

Los tres subproductos principales que se obtienen hoy son bioetanol, fibras dietarias y carotenos. El bioetanol se utiliza en la industria farmacéutica, perfumería, bebidas, así como en la fabricación de biocombustibles. Los carotenos y las fibras dietarias en la industria alimenticia como colorantes naturales y como suplementos nutricionales; ambos son productos que actualmente el país importa en su totalidad. Ya se están comercializando varios de estos subproductos y otros están en proceso de refinamiento o habilitación.

El proceso de las zanahorias.

Impacto del proyecto

Además de resolver un problema creciente a nivel nacional, se está generando una industria en un lugar que no la tiene, sumando nuevos empleos y proyectando excelentes perspectivas de negocio. De acuerdo a datos del CONICET Santa Fe, los costos de producción son de US$ 1000 por héctarea, obteniendo en promedio 100 toneladas de zanahoria. Se estima que procesando 100 toneladas de descarte de zanahoria pueden obtenerse 5000 litros de bioetanol (5.000 US$), 2 kilos de caroteno (2.000 US$) y 3.000 kilos de fibra dietaria (45.000 US$). De esta manera, se recuperan ampliamente los costos de producción.

Estamos ante una sociedad muy fructífera entre academia, empresa y asociación productiva. La universidad puso la ciencia, la asociación aportó recursos humanos y la estrategia comercial, y la firma contribuyó con espacio físico para la planta, materia prima y servicios de funcionamiento. Sumado a ello el aporte clave del Estado a través de los subsidios científicos y tecnológicos otorgados por instituciones como el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

El caso de las zanahorias en Santa Fe permite ilustrar cómo con ciencia e innovación tecnológica se logra evitar el desperdicio de alimentos y generar un valor agregado a esta cadena productiva. Así, este proyecto representa un ejemplo concreto de la importancia de las inversiones públicas realizadas por las agencias de fomento a la innovación y el emprendimiento en la región.

* Nicolás Cañete. Desde julio de 2014 es consultor en la División de Competitividad e Innovación del BID, donde edita el Blog "Puntos sobre la i" e impulsa iniciativas de comunicación en la temática de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento. En el BID también trabaja en el diseño y gestión de proyectos de innovación social del Innovation Lab (I-Lab), una plataforma en donde los problemas son convertidos en soluciones de impacto a través de concursos, hackatones y otras metodologías de innovación abierta. Previamente trabajó para la Universidad Católica de Asunción y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) de Paraguay en áreas de prensa, divulgación y gestión de proyectos. Graduado por la Universidad Católica de Asunción, Nicolás cuenta con una maestría en comunicación de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos).

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