Dalmiro Garay: las presiones sobre la Corte, los sueldos y las reformas que vienen
Dalmiro Garay fue reelecto como presidente de la Suprema Corte, con un apoyo mayor al previsto. Qué dice de las presiones de la política, el rol de la Corte y una reforma en el fuero penal.
Dalmiro Garay fue ratificado como presidente de la Suprema Corte de Mendoza y aunque represente una continuidad, hay datos relevantes que surgen de esa elección. Garay fue elegido sin sobresaltos y el apoyo de los ministros Omar Palermo y Julio Gómez dejaron a la postulación de Mario Adro más cerca de una “aventura” que de una estrategia. Claro, Palermo y Gómez secundan al presidente en la cúpula de la Corte.
Garay llegó al Tribunal tras haber sido ministro de Gobierno de Alfredo Cornejo y ese vínculo político genera una marca difícil de borrar. En la entrevista realizada en MDZ Radio, lo subestima y asegura que las decisiones de todos los ministros responden a su parecer jurídico. No niega, claro, el rol político de la Corte. Como juez fue el primero en pagar ganancias y el propio Garay suele decir entre sus íntimos que no llegó a ese Tribunal “para jubilarse”, sugiriendo que no apelará a la perpetuidad que el cargo conlleva.
Hacia adelante, Garay asegura que profundizarán las reformas (muchas impulsadas por el Ejecutivo) y pone como prioridad la necesidad de que haya una instancia de apelación, un doble conforme en materia penal que aliviane la carga sobre la Corte.
-¿Qué ocurrió para que haya consenso para la elección aún con diferencias internas?
-Hay muchos mitos sobre esto de cómo se componen las mayorías en la Corte. De hecho, la elección anterior mía fue unánime. Lo que lo que primó fue una visión del Poder Judicial que tenemos la mayoría de los ministros de la Corte y que nos permitió lograr el consenso necesario para, en la primera ronda, elegir las autoridades completas. Y eso no implica que la semana que viene los siete estemos reunidos viendo cómo seguimos para adelante con el Poder Judicial. Yo desde que soy presidente de la Corte asumo ese rol con mucha seriedad en términos institucionales. Yo no hablo mucho porque me parece que un presidente de Corte tiene que garantizar cierto paraguas.
-¿Influye la pertenencia a un sector u otro?
-A ver, la verdad que por ahí a mí sí me molesta estos planteos de si estás más cerca o de donde venís te condiciona, porque nosotros somos jueces y como pocos funcionarios de los sistemas institucionales firmamos lo que decimos. Yo lo he planteado siempre. Busquen una sentencia en donde yo, como ministro de Corte, haya dicho algo que no dije toda mi vida. Esta es una persona como todos nosotros, que tiene influencias, que tiene una familia que la familia habla, que tiene un grupo de amigos. Lo nuestro, más allá de la de la vida común, es sentarnos y fundar lo que hacemos y lo que decimos.
-Pero la pertenencia o la cercanía a una forma de pensar es parte de las decisiones
-En ese contexto podemos tener diferencias. Si ustedes me preguntan vos sos, en términos de visión jurídica, pro Estado y quizás sí, pero porque yo me he formado ahí. Yo vengo de esa formación, pero no tiene nada que ver con lo con lo político partidario. Política hacemos casi todos. A la política no hay tenerle miedo en sentido, en el sentido amplio. La política es hacer que las cosas cambien, que las cosas sucedan y en eso nosotros sí hacemos política como jueces de Corte. Entonces, si uno empieza a ver eso, lo que va a encontrarse son ministros o jueces, en general, que tienen una visión particular del derecho.
-¿Son diferencias partidarias?
-Esos detalles están lejos de ser partidarios. Son cuestiones más vinculadas a las visiones que uno tenga de, digamos, en términos de formación política de la realidad. Yo puedo tener una opinión sobre la prisión perpetua, puedo tener una opinión sobre la interpretación que se hace el estatuto del empleado público, puedo tener una opinión sobre el sistema de seguro y por lo tanto eso va a incidir en cómo yo resuelva una situación de garantía, una empresa eh en un daño perjuicio. Son cuestiones que uno las lleva a la práctica y que son moldes que cada uno tiene y está bien. Pero hay un proceso de formación, de sentencia, un cuerpo colegiado como el nuestro, desde el Pleno hasta cuando trabajamos en sala, nosotros discutimos las sentencias.
-Se debaten los temas…
-Ahí necesitamos seguridad jurídica, necesitamos que si yo voy a la Corte, saber que la Corte tiene una línea determinada y que la va a seguir. Y cuando la tenga que cambiar, como ha pasado con la Corte Federal, con nosotros, tenemos que escribir mucho para cambiar. Si no estamos en prevaricato porque parte del concepto es que nosotros no podemos votar según la cara al cliente. Nosotros cada vez que emitimos un voto, el precedente nos ata. Y si quiero cambiar mi presente como juez de corte, tengo que fundar porque lo cambio y está bien. La Corte lo ha hecho muchas veces. Si uno mira, no tenemos tantas disidencias en los votos jurisdiccionales como parecería.
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-Pero hay presiones. Es lo que hizo el Gobernador, por ejemplo, al señalar directamente a Adaro y otras posiciones que son presiones desde la política.
-Nosotros somos jueces de Corte, cobramos bien, tenemos que bancarnos la presión del Gobernador, la presión de ustedes como medios, la presión de los factores que diríamos materiales de poder, como son los medios económicos. Para eso estamos. O sea, si usted me pregunta, comparte la manera… y algunas veces no. Ahora…¿que opinen de nuestras sentencia? Yo no tengo problema, por eso lo afirmo y para eso me pagan lo que me pagan, para yo tener que soportar eso. Nosotros tenemos que, muchas veces, proteger a las minorías, entonces no, otras sentencias van por ese lado. Es el rol que nos toca, porque si no, nadie tendría un resguardo en el en el sistema judicial y eso es lo que nos toca a nosotros. Entonces, la verdad que no lo veo mal.
-¿Qué balance han hecho del periodo? ¿Ya que han recurrido con la eliminación de las salas con el nuevo formato Corte sorteo de las causas?
-En cuanto a la velocidad, la forma de resolución, se han logrado mejorar el sistema. Para nosotros mucho más trabajo. Yo no dictaba sentencia siendo presidente, ahora tengo que dictar sentencia. Tenés que estudiar las causas mucho más, más las penales que a mí, la verdad, le soy sincero, yo no he hecho penal, ni siquiera cuando ejercía la profesión. Entonces ahora, cuando tengo que sentarme y confirmar o no una condena, no puedo no mirar los videos de las de la audiencia. Entonces en las tardes tengo que venir a ver los videos de las audiencias. Pero está bien, es lo que el legislador y nosotros también acordamos en su momento.
-¿Son muchas las causas que llegan a la Corte?
-Si son muchas. Eso, eso lo estamos viendo y nos parece también importante. En el caso de penal, por ejemplo, ver cómo se instrumenta el doble conforme antes que llegue a la Corte. Como nosotros no tenemos doble instancia, entonces habría que ver cómo avanzamos en un sistema que nos permita una revisión previa y que la Corte tenga una causa en donde la condena penal llegue en casación lisa y llana. Eso agilizaría más el servicio de justicia. Si vemos cuáles son las causas que normalmente llegan a la Corte, que serían las que estamos hablando, son en un 70% delitos contra la integridad sexual.
-¿Hay resultados con los cambios en los procedimientos?
-El fuero laboral ha mejorado muchísimo, tiene una muy buena cantidad de sentencias. De hecho estuve viendo los números de este año. Bajó la litigiosidad laboral un 12%, lo cual para nosotros es bueno. El foro Civil de ha bajado la litigiosidad porque empezó la conciliación civil obligatoria. Entonces estamos viendo, están sacando el 140% de de sentencias.
-El fuero de familia es el más complicado.
-Bueno, le estamos metiendo mucha fuerza para hacer que el fuero de Familia tiene. Yo calculo que hay la mayor litigiosidad de todos los fueros, porque bueno, en general refleja la conflictividad social. Entonces hay que terminar de abordar eso. Por ejemplo, en el presupuesto este año pusimos dos cargos de jueces que para poder reforzar el Juzgado de Familia de Guaymallén y el de Las Heras, que tiene mucha cantidad de procesos.
-¿Te preocupa la relación con el gremio de los empleados judiciales?
- Siempre. En la buena relación que tengamos con nuestros empleados está la mejora del sistema. Yo creo que ahí tenemos que buscar una propuesta superadora. Si nosotros seguimos planteando “te hago paro y cuánto me aumenta”. El tema del convenio colectivo no es menor. Lamentablemente tenemos dos sindicatos. Hay un sindicato que no lo quiere, otro que lo quiere. No podemos tener un convenio colectivo para empleados y otro para funcionarios. Bueno, esos son los temas que tenemos que resolver, pero yo creo que siendo un poco ingeniosos me parece que hay que empezar a romper ciertos moldes. El molde común del empleado público hay que empezar a romperlo. De hecho, hoy los empleados del Poder Judicial no cumplen el mismo rol que hace cinco años o cuatro años.
-¿Qué cambios visualiza?
-Yo creo que el ciudadano mendocino también lo necesita. Medir lo que hacemos y en base a la medición tener la posibilidad de generar incentivos salariales.
-Pero el gremio está en contra del tiempo de productividad. Ya lo ha dicho.
-Sé que están en contra, pero tenemos que hablarlo. O sea, por qué no hablar de estos temas. Nosotros ahora abonando a este tema de la transparencia que se ha hablado. A diferencia de muchos otros, el Poder Judicial de Mendoza tiene un nivel de conocimiento de sus decisiones muy superior, digamos. Ustedes hoy pueden entrar a ver un expediente que no está privado y ver todo lo que han hecho y lo que no, solamente lo que lo que escribió el juez.
-¿Hay mucha diferencia salarial?
-Creo que hoy ha cambiado ese esquema. No voy a negar que los sueldo de los jueces son buenos. Pero no es lo que era antes. Un juez civil de primera instancia sin antigüedad, empieza en $2.000.400, pero no es lo que los imaginamos. No hay sueldos de 20 millones en el Poder Judicial. Yo como ministro de Corte creo que estoy cobrando $7.000.800. Es mi último bono, porque pago ganancias y tengo 30 años de antigüedad. ¿Qué quiero decir con esto? Que el concepto ha cambiado, porque nosotros hemos modificado la forma de dictar, de llevar los procesos y ahora hay oralidad plena, lo que hace que el juez tenga que si o si estar en dos audiencias y después dictar sentencia.
-¿La oralidad ha cambiado el sistema?
-Para mí es un “win win”, porque es positivo siempre que el juez en la audiencia inicial en donde están las partes, es decir, el actor, el demandado con sus abogados y el juez escucha. Yo me acuerdo, yo cuando litigado no había oralidad. Hacía un escrito y mi cliente venía a ratificar. Me parece que eso ha generado también un cambio en la lógica.
-La Corte ha sido “tiempista” con algunas causas.
-La Corte avanza porque tiene que cumplir los plazos, cuando depende de la instancia de las partes y muchas veces en la propia parte que no impulsan la causa. Y algunas veces la impulsamos de oficio. Muchas veces no encontramos los consensos internos para poder hacer ese impulso de oficio y poder resolver. Esperamos que sea la parte la que lo haga. De todos modos, yo creo que salvo casos muy particulares, no hay demoras importantes en los trámites procesales.
-¿Cuál es tu objetivo desde lo administrativo, como gobierno de tribunales y cuál desde el punto de vista jurisdiccional?
-Queremos terminar la reforma que hemos empezado ya tenemos el polo de Tunuyán a un 45%. Creo que el año que viene a mitad de año lo inauguramos. Vamos a hacer lo mismo con la con familia en Maipú, que es una causa bastante mala y que no, no le da un buen servicio a la gente. Y en Lavalle también lo vamos a hacer. En Las Heras estamos hablando para mejorar. Los procesos dentro de la Corte están más vinculados a lo contencioso y ver cómo avanzamos en el doble conforme en lo penal. Nosotros hemos avanzado en muchas reformas que están vinculadas a lograr calidad y celeridad en los procesos. La verdad que seguir avanzando más sobre oralidad, más sobre tecnología. Ahora lo que estamos haciendo es como hicimos con el beneficio de litigar sin gastos. Queremos estandarizar los procesos, es decir sacar ese viejo concepto de que cada juez trabajaba con su librito.
-¿Cómo se revierte la mala imagen que tiene el Poder Judicial?
-En el Poder Judicial tener una imagen positiva superior al 50% ya es complejo, porque hay un 50% que va al Poder Judicial que pierde. Lo bueno sería con lenguaje claro explicarle al 50% que pierde por qué pierde y que la autoridad la sentencia que tiene la autoridad jurídica. También tengo autoridad moral para decir la verdad, que tiene razón. Pero hago una aclaración: una cosa es la percepción del Poder Judicial en general, y otra cosa es la imagen que tenga el usuario del sistema. Nosotros tenemos muchas encuestas de satisfacción de los que van a las audiencias y ahora que el 90% está satisfecho con lo que pasa en la audiencia, con lo que pasa en la resolución de la causa. Yo comparto la idea que hay una muy mala percepción del Poder Judicial, pero cuando vamos al usuario, no tiene esa percepción. Pero bueno, me quedo con la idea de que hay una percepción negativa muy importante.