Tamara de Lempicka, su reina indiscutida, marca récords

Tamara de Lempicka, su reina indiscutida, marca récords

El Art Déco nace un siglo atrás en Europa como un movimiento tendiente a dejar huellas todavía hoy vigentes y universales en diversas áreas. En la pintura tuvo profunda relevancia e, indudablemente, Tamara de Lempicka fue su exponente icónico.

Carlos María Pinasco

El Art Déco nace un siglo atrás en Europa como un movimiento tendiente a dejar huellas todavía hoy vigentes y universales en la arquitectura, el diseño interior, gráfico e industrial, en la cinematografía y la escultura. También en la pintura tuvo profunda relevancia e, indudablemente, Tamara de Lempicka fue su exponente icónico.

Orígenes del movimiento Art Déco

Estrictamente el art decó no tiene fecha en su partida de nacimiento, aunque indudablemente fue emitida en París. Con el antecedente de la Exposición Universal de principio del siglo, en 1925 se organiza en esa ciudad la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas. Allí se consolidan las características básicas del movimiento pero solo es en 1966 cuando se acuña el término déco como apócope de décoratif.

Fue en aquella exposición que irrumpió nuestra artista, Sus protagonistas de factura limpia, precisa y elegante, transmiten una lasciva sensualidad, instalados en escenarios modernistas. Todo narrado con formas que buscan la geometrización. Las texturas suaves de la piel y los tejidos de la ropa igualmente lisos y luminosos tienen una contundencia escultórica, facetada en planos de colores netos. De alguna manera, las características de las obras de Tamara de Lempicka marcaron las de todo el Art Déco.

Abrevó en la pintura clásica que había conocido en viajes con su abuela a Italia y en el cubismo, con cuyos máximos exponentes intimaba en París. Excesiva, transgresora, bisexual, fiestera impenitente, cazadora de amantes, pero también disciplinada y obsesiva, (según sus biógrafos) fue la diva de los locos años veinte de la post-guerra, que se dio el lujo incluso de
coquetear primero y plantar después al mismísimo Gabriele d’Annunzio.

Tamara de Lempicka, una mujer excepcional

Su verdadero nombre era Tamara Rosalía Gurwik-Górska. Su padre fue un rico judío de origen ruso y su madre una polaca de la alta sociedad. Como el Art Déco, tampoco es clara su fecha de nacimiento y ni siquiera el lugar. Solía decir que fue en Moscú… o Varsovia, en 1898 o 1907… A su única hija solía presentarla como su hermana menor.

Recibió una educación de elite que incluyó un período en un internado en Lausana, y cursos de pintura. En 1910 pintó un retrato de su hermana que siempre recordó como su primer trabajo, y pasó el invierno de 1911 con su abuela en Italia, un viaje que le ayudó a descubrir su pasión por el arte y los pintores del Renacimiento. Tras el divorcio de sus padres y la muerte de su abuela se fue vivir a con su tía Stefa, una mujer también muy rica y bien acomodada en la sociedad rusa. Fue en estos años cuando Tamara empezó a acudir a la Academia de Bellas Artes y a participar activamente en la vida cultural de la ciudad.

Allí conoció a su primer marido, el rico abogado Tadeusz Lempicki, con quien se casó en 1916. A poco nació su única hija, a la que llamaría cariñosamente Kizette. Los años de la primera guerra no perturbaron la vida opulenta de la familia, pero en 1918 la Revolución Rusa cambió todo: Tadeusz fue encarcelado por los bolcheviques. Cuando fue liberado huyeron a París, donde fijaron su residencia, aunque sin los lujos de otrora.

Allí Tamara retomó la pintura ahora con miras a que fuera una ayuda para sobrevivir. Continuó estudiando y empezó a ganar fama entre la alta sociedad parisiense gracias a sus elegantes y sofisticados retratos. Acudió a la Academia Ranson, donde recibió clases de pintura de Maurice Denis y, posteriormente, siguió estudiando con André Lhote, una gran influencia para su obra.

En la década de los años 20 Tamara comenzó a exponer sus obras con gran éxito económico, aunque la crítica en general le es adversa. En la ‘Exposition internationale des arts décoratifs et industriels modernes’ de 1925 (que ya comentamos) Tamara quedó unida al ‘art déco’ como la primera mujer y máxima exponente.

En 1927, su cuadro ‘Kizette en el balcón’ la hace acreedora de su primer premio, un diploma de honor en la Exposición Internacional de Burdeos. Ese mismo año se divorcia y presenta un severo cuadro depresivo, apabullada por los requerimientos de sus compromisos pictóricos, la atención de su hija y la vida licenciosa que nunca abandonó. En 1929 pintó uno de sus trabajos más famosos, ‘Autorretrato en un Bugatti verde’, obra en la que recuerda la trágica muerte de la bailarina estadounidense Isadora Duncan.

Tamara volvió a casarse en 1934 con el barón Raoulf Kuffner. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial con él y su hija se mudan a New York donde al poco tiempo se hace famosa entre la burguesía local. Viajó temporalmente a Chicago para trabajar con Willem de Kooning y Georgia O’Keeffe. En 1938 se mudan a Beverly Hills y más tarde a Nueva York, Houston y Los Ángeles. Fue un gran periodo para la Lempicka, en el que gozó de la admiración y el respeto del mundo del Hollywood. Greta Garbo, Orson Welles y Rita Hayworth, entre otros, eran habituales de sus grandes fiestas.

Su brillo se opacó en la post-guerra. En 1962, muere su esposo, así que decide mudarse a Cuernavaca, México, junto a su hija hasta el final de sus días. El 18 de marzo de 1980, muere. Kizette, complaciendo el sueño de su madre, subió a un helicóptero y arrojó sus cenizas en el cráter del volcán ‘Popocatépetl’.

Récords continuos de la reina del art déco

La cotización de Tamara de Lempicka ha venido en continuo ascenso. Con coleccionistas de la talla de Madonna, Carlos Slim, Bárbara Streisand y Jack Nicholson, entre los más famosos, cada vez que una obra importante aparece en las tarimas de las casas de remate se marca un nuevo récord.

El Retrato de Marjorie Ferry, un óleo de 1932 que el año pasado se vendió en Christie’s en algo más de 21,3 millones de dólares, había sido ya récord en 2009 en 4,3 millones (o sea que quintuplicó en 11 años) y en 1995 se había vendido en poco más de medio millón. La modelo era una estrella de cabaret, la obra fue encargada por un rico empresario que fue su marido y, se dice, que Marjorie y Tamara tuvieron relaciones más que íntimas.

Les jeunes filles
Les jeunes filles, una obra de pequeño formato vendida por 5 millones de dólares.

Antes de la pandemia, (que como ya dijimos en artículos anteriores pegó fuerte en el mercado del arte), “La tunique rose” de 1927 se había vendido en 13,4 millones. “La feme à la colombe” y “les Jeunes filles” lograron, cada uno más de 5 millones de dólares pese a su pequeño formato (35 x 26 cms).

En suma, el reinado de Tamara excede el art déco, para inscribirse como ícono de una época, que admirable o discutible tiene todavía hoy, plena vigencia.

 

Carlos María Pinasco es consultor de arte

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