Cuidado: la ley ya existe, y tu perro también puede estar en falta
Mateo tiene 9 años. Estaba jugando a la pelota en la vereda de su casa, como cualquier chico, cuando un perro grande y musculoso salió corriendo desde una casa sin portón. No ladró. No avisó. En segundos lo tenía encima. Lo derribó, lo mordió salvajemente en la cabeza y en la pierna. Le fracturó el cráneo y le desgarró la pierna, dejándola en jirones.
La familia lo llevó de urgencia al Hospital Pediátrico Humberto Notti, donde quedó internado en terapia intensiva durante varios días. Sobrevivió, pero con secuelas físicas y emocionales que lo van a acompañar toda la vida.
El perro pertenecía a una raza considerada peligrosa. No estaba con bozal. No tenía correa. Y lo más grave: no era la primera vez que escapaba a la calle. “No muerde”, dijeron los dueños después. Pero ya era tarde.
Este caso, como tantos otros, no es una anécdota aislada sino lo frecuente. Es un llamado urgente a discutir convivencia, tenencia responsable y aplicación real de las leyes.
El problema no es el animal. Es la irresponsabilidad
Un animal no tiene la culpa. La responsabilidad es de quien lo deja suelto, no lo pasea con correa, no recoge sus heces o lo deja ladrando sin descanso. Un perro de gran tamaño —aunque sea tranquilo— puede asustar, provocar caídas o incluso generar pánico.
Y si además pertenece a una raza considerada peligrosa, el riesgo no es solo percepción: es real.
En Mendoza existe una ley, pero nadie la cumple
En 2006 se sancionó la Ley Provincial 7633, que establece un régimen legal para la tenencia de animales peligrosos. Define una lista de razas —como pitbull, rottweiler, dogo argentino, bullmastiff, doberman, entre otros— y obliga a los dueños a:
• Registrar al animal en un padrón especial.
• Tener una licencia de tenencia.
• Contratar un seguro de responsabilidad civil.
• Usar correa resistente y bozal al circular por la vía pública.
Todo suena muy bien en el papel. Pero la ley nunca fue reglamentada, por lo que ni los municipios ni los organismos de control pueden aplicarla de manera efectiva. Es decir: existe, pero no se usa.
Esto genera una zona gris peligrosa, donde los vecinos conviven con perros sueltos, sin protección ni canal claro de reclamo.
¿Y si muerde? Ya es tarde
Cuando ocurre un ataque, todo el mundo pregunta: “¿Por qué nadie hizo nada antes?”
La respuesta está ahí: porque no hay controles, no hay sanciones y no hay voluntad política de aplicar lo que ya está votado.
La ley duerme. Pero los problemas caminan sueltos.
¿Qué se puede hacer?
• Reglamentar de forma urgente la Ley 7633.
• Crear registros municipales reales y accesibles.
• Habilitar canales para denunciar situaciones de riesgo.
• Aplicar sanciones concretas por tenencia irresponsable.
• Fomentar campañas de educación sobre convivencia y seguridad animal.
• Diseñar espacios públicos con sectores para animales y sectores libres.
Amar a los animales también es enseñarles límites
Cuidarlos no es lo mismo que soltarlos.
Y decir “no muerde” no alcanza cuando el miedo o el daño ya pasó.
La tenencia responsable no es solo una elección: es una obligación legal y social.
Y si hay una ley que protege, exijamos que se reglamente y se cumpla.