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Opinión

EEUU: poco que decir

El periodista y politólogo español de "Politikon" y el resultado electoral de EEUU.
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Hay días que es difícil escribir sobre resultados electorales, y hay días en que es fácil. Hoy es el segundo caso: en las mid-terms del 2014, el partido republicano ha sacado un resultado fantástico, y los demócratas han fracasado estrepitosamente. Las encuestas se han equivocado: los conservadores partían como favoritos, pero han acabado ganando de forma abrumadora.

La verdad, hay poco más que decir, pero iremos paso a paso, para cubrir las votaciones más relevantes. Empecemos.

Cámara de representantes:

Como era previsible, los republicanos han mantenido el control de la cámara baja. De forma un tanto imprevista, han ganado además más de una decena de escaños, ampliando aún más su ya de por sí holgada mayoría. El partido demócrata ha perdido su último representante blanco en el sur, los republicanos han conseguido mantener algunos distritos que parecían vulnerables. Mi favorito, de lejos, Michael Grimm, de Staten Island, NY, que a pesar de estar imputado por 20 crímenes federales (¡20!) ha ganado con comodidad su distrito.

Senado:

Los republicanos ganan todos los escaños en disputa, defienden todos los que tenían en riesgo, e incluso consiguen llevarse algunos (Carolina del Norte) que parecían inexpugnables para los demócratas. En dos estados que parecían imposibles el GOP incluso ha rozado la sorpresa, quedándose a décimas de ganar en Virginia y peligrosamente cerca en New Hampshire. Los estados donde los republicanos podrían sentirse amenazados, como Kansas y Iowa, han acabado por ser relativamente fáciles.

La derrota más significativa para los demócratas ha sido, con diferencia, Colorado. Este estado había sido el niño bonito de la nueva mayoría demócrata, con una coalición de jóvenes, latinos y licenciados universitarios dándole la victoria a Obama en las dos últimas elecciones. Mark Udall, el candidato demócrata, apostó por una campaña centrada en un tema básico, aborto y derechos de la mujer, sin hablar de economía, inmigración o nada parecido. Ha acabado perdiendo por seis puntos.

Gobernadores:

Aquí es donde han habido más sorpresas, y donde las derrotas demócratas van a tener un efecto más inmediato en políticas públicas. El único estado relevante perdido por los republicanos es Pennsylvania, donde un energúmeno del tea partyrealmente no tenía opción. Colorado aún está a tiro de los demócratas, pero me extrañaría que ganaran.

¿En el resto? Los republicanos han barrido. Wisconsin y Kansas, los dos estados con gobernadores del tea party apostando por una agenda muy conservadora, han ganado sin problemas. Han mantenido estados grandes como Florida (por los pelos), Michigan y Ohio. Han ganado estados demócratas como Illinois, Maine o Massachusetts (sí, Martha Coakley ha perdido. Otra vez), y están básicamente empatados en Connecticut (cielos). No he mirado los resultados en los legislativos estatales, pero no me extrañaría ver mayorías republicanas crecientes.

Referéndums:

El único rincón para la esperanza de los progresistas en Estados Unidos: en los estados donde se preguntaba a los votantes sobre temas económicos y sociales, la opción de izquierda ha sacado mejores resultados que el partido demócrata. En cuatro estados los votantes han decidido subir el salario mínimo, algunos muy conservadores (Arkansas, South Dakota, Nebraska e Illinois – aún sin resultados en Alaska), varios han legalizado la marihuana de un modo u otro (Oregon, Washington DC), y otros han derrotado restricciones sobre el aborto (Colorado y North Dakota – aunque han perdido en Tenessee). Son resultados curiosos porque los demócratas se han llevado una paliza en todos estos estados (excepto Oregon), pero los temas que sus candidatos llevaban en la agenda han salido adelante. Dice bastante de la campaña que ha hecho el partido.

¿Qué ha pasado?

Es una historia muy sencilla: la combinación entre baja participación, las bases tradicionales demócratas, con pocas excepciones, quedándose en casa (el voto joven se ha abstenido en masa), un presidente impopular y una campaña electoral espantosa por parte de los demócratas. Los dos temas más tratados en los medios durante estas últimas semanas han sido ISIS y el ébola (ahora mismo, por cierto, hay un americano con esa enfermedad en todo el continente). La campaña se ha centrado en temas francamente menores y en una extraña lista de mini-escándalos sin demasiado sentido, sin que la economía nunca estuviera en la agenda.

Los demócratas han renunciado a hablar de igualdad, redistribución o nada que sonara populista, han evitado acercarse al presidente y han perdido igualmente, a pesar que la economía del país va francamente bien comparada con cualquier otro país del mundo. El paro ha bajado, los salarios están subiendo, la gasolina está barata, el déficit ha caído en picado, la inflación está bajo control, el número de americanos sin seguro médico está disminuyendo a marchas forzadas, y nadie ha hablado de ello. Es bastante increíble.

Si miramos las encuestas, hay dos temas principales a tener en cuenta. Primero, los votantes están cansados de Washington y un sistema político que parece incapaz de hacer nada de forma coherente. El voto protesta en las mid terms va siempre contra el partido que controla la presidencia, por mucho que su agenda sea más cercana al votante mediano en muchos temas y que el culpable del bloqueo sea a menudo la oposición. Cosas del presidencialismo. Segundo, la recuperación económica ha sido desigual; los salarios no han empezado a subir hasta este año. Aunque la recuperación es sólida a nivel agregado, muchos votantes no han visto demasiada mejoría.

¿Qué sucedera ahora?

La verdad: no gran cosa. El sistema político americano va a volcarse, de aquí al 2016, en las primarias para las presidenciales. El senado está plagado de candidatos potenciales (Paul, Rubio, Cruz…) que van a pasarse los próximos meses de postureo subido, los republicanos evitarán hacer nada demasiado estúpido que pueda perjudicarles, Obama vetará unas cuantas cosas mientras se concentra en política exterior, y el sistema político continuará en animación suspendida como lleva desde el 2010.

En cierto sentido, estas elecciones son parte de un ciclo relativamente habitual en la política americana, ligeramente exacerbado por la polarización creciente de los dos partidos políticos. Estados Unidos siempre oscila entre cortos periodos de actividad legislativa intensa (los dos primeros años de un mandato presidencial, pero no siempre), seguidos de largos años de bloqueo legislativo, debates políticos estúpidos y cabreo generalizado con la inoperancia de Washington. El periodo 2009-2010 fue inusualmente activo gracias a la enorme mayoría demócrata y a la catástrofe de la crisis financiera del 2008, y el retroceso del partido del presidente ha sido mayor al venir de mucho más arriba.

Si miramos los resultados con detalle estoy casi seguro que veremos la repetición entre el 2010 y 2012. A efectos prácticos, Estados Unidos es un país con una ligera mayoría demócrata en elecciones con participación relativamente alta (leáse, las presidenciales) y ligera mayoría republicana en los años con baja participación (midterms). En el 2010 los republicanos sacaron un 52% del voto popular en la cámara de representantes con un 40% de participación; en el 2012 Obama gana con un 51% con un 58% del censo votando (el 2008, un año estelar para los demócratas, Obama gana con un 53%) . Los medios van a sacar grandes conclusiones sobre el espíritu de los tiempos y la magnitud de la victoria de los conservadores, pero en realidad estamos viendo movimientos electorales relativamente pequeños.

Un titular que escucharemos mucho, casi seguro, es que esta es la mayoría republicana más grande desde la Segunda Guerra Mundial. No le hagáis demasiado caso; recordad que hasta los ochenta los demócratas tenían una facción de racistas sureños machacas que votaban como conservadores en el Congreso. El partido republicano ganó esos escaños (con menos racismo, todo sea dicho) según los viejos legisladores de la era Jim Crow se retiraban. El mapa político americano no es mucho más conservador de lo que es habitual, ni siquiera en este punto.

2016:

Creo que podéis imaginar qué veremos. Las presidenciales son de nuevo elecciones con participación relativamente elevada, y los miembros perdidos de la coalición demócrata (mujeres, latinos, negros, milenials) volverán al redil. Si los demócratas presentan un candidato más o menos excitante (o más concretamente, si Hillary Clinton consigue ser ese candidato), ganarán la presidencia, y gracias a un mapa electoral favorable recuperarán el Senado. Los periodistas perderán la cabeza otra vez diciendo que es el inicio de una nueva era, etcétera, pero Estados Unidos básicamente estará repitiendo el ciclo electoral de siempre. La diferencia, en todo caso, será que hasta el 2020 es casi imposible que los demócratas recuperen la cámara baja (gerrymandering, que no puede ser corregido hasta el próximo año de censo), así que veremos aún menos actividad.

En el fondo, Estados Unidos es un poco como Bélgica: es un país que a menudo no tiene gobierno, y que sólo es capaz de formar mayorías legislativas sólidas ante catástrofes o emergencias. Los políticos acostumbran a dar un espectáculo lamentable peleándose por memeces en medio de todo este bloqueo, poniendo a todo el mundo de los nervios, pero el país tiene lo básico resuelto (mercados abiertos, seguridad jurídica, un banco central estupendo, un sistema federal elegante y flexible, una economía enorme) y funciona bien. No es el mejor lugar del mundo si eres pobre, ciertamente, pero funciona bastante mejor que muchas alternativas.

Donde sí seguiremos viendo gobiernos activos, políticos aprobando leyes y demás será en los estados. En el fondo, es como el sistema fue diseñado, hace más de 200 años. No va mal del todo.