Doman destrozó a "Berlín" por su visita al país: "¡Vino a robar!"

El conductor criticó duramente a uno de los protagonistas de "La Casa de Papel" por su raid mediático. En la nota, las imágenes.

Desde hace ya varios días que el actor español Pedro Alonso, famoso por su rol en la exitosa serie La Casa de Papel, se encuentra de visita en Buenos Aires y no para de pasear por todos los canales de televisión. Tal es así que algunos famosos ya comenzaron a criticarlo aduciendo, que el intérprete se aprovecha el gran fanatismo que la tira produjo a nivel local.

Luego de que fuera "atendido" por personajes como el Puma Goity y Dady Brieva, fue Fabián Doman quien desde su programa, se encargó de disparar contra Berlín.

"¿Si venís de España como actor acá a robar una semana qué es?", arrancó diciendo Doman.

"Llamamos a periodistas de España a ver si lo conocen y le contestaban a la producción 'no sabemos quién es'. ¡Es el Ergün Demir de 2018! ¡Vino a robar! No logramos que nos digan 'es buen actor, mal actor, va caminando por la calle y le piden fotos...'", agregó el conductor.

Bendita sea la madresita Argentina. Bendito Buenos Aires. Pd: Llevo aquí una semana. De templo en templo. Teatro Colón. La Bombonera. El monumental. La casa rosada. La boca. Caminito. Teatro porteño. El Metropolitan. El cementerio de la Recoleta. El Magba. El CCK. Los conventillos, cada uno un universo. Que recibieron y dieron cobijo a tantos gallegos como éste que escribe. (...) La magnitud de la ola está siendo inolvidable. La vibración, la cantidad de los estímulos, un géiser. La comunicación en la distancia corta, un hermoso río. Tan grande y apabullante como el de la plata. Y eso es mucho. (...) Mi agradecimiento es profundo. Pero ahora es tiempo de retirarse al bosque, me digo. Al campo. A la montaña. Aquietarse. Pegar el oído a lo invisible. Y presentar mis respetos a los espíritus maestros de esta tierra. Escuchar lo que "ellos" tengan que decirme. Aquellos que estaban ya aquí cuando aún no estábamos. Y que, sin ninguna duda, no dejo de recordármelo a cada paso en estos días, seguirán estando aquí cuando ya no estemos. %uD83D%uDC3F%uD83E%uDD8C%uD83D%uDC10%uD83D%uDC0F%uD83E%uDD8F%uD83E%uDD93%uD83D%uDC06%uD83D%uDC0A%uD83D%uDC2C%uD83E%uDD80%uD83D%uDC2C%uD83E%uDD91%uD83D%uDC1F%uD83E%uDD97%uD83D%uDC1C%uD83E%uDD97%uD83E%uDD85%uD83E%uDD86%uD83E%uDD85%uD83D%uDC24%uD83E%uDD84%uD83E%uDD96%uD83E%uDD90%uD83E%uDD91%uD83D%uDC1F%uD83D%uDC1F%uD83D%uDC33%uD83E%uDD80%uD83E%uDD80%uD83E%uDD90%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD85%uD83E%uDD89%uD83D%uDC26%uD83D%uDC26%uD83D%uDE49%uD83D%uDC0A%uD83D%uDC0A%uD83D%uDC0A%uD83D%uDC06%uD83E%uDD8F%uD83D%uDC08%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83C%uDDE6%uD83C%uDDF7%uD83C%uDDE6%uD83C%uDDF7%uD83C%uDDE6%uD83C%uDDF7%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83D%uDC0E%uD83E%uDD8C%uD83E%uDD8C%uD83E%uDD8C%uD83E%uDD8C%uD83E%uDD8C%uD83E%uDD8C

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Pedí ir a Argentina. Varias veces en el tiempo. Soñé con bailar tango. Ni se me pasaba por la cabeza hacerlo con una reina de este baile. Caminando hacia el escenario de su mano tras acercarse a mi mesa al final del espectáculo, le digo en porteño. Mora. Estás segura de lo que estás hasiendo?! No tengo ni idea! El tango puede sufrir si bailo contigo esta noche un daño irreparable! Me mira. Así felina como mira ella. Tremenda. Sonríe y dice. Tú, seguime. Dejate llevar. Y eso hice. E intentar no pisarla. (...) Recuerdo mis clases de esgrima en la escuela de arte dramático de Madrid. Mi profesor, Campomanes, al "tirar" contigo a golpe de florete, al pelear, te hacía creer que sabías hacerlo. Pero en realidad no eras tú. Era él. Que con su sensibilidad, su arte y su dominio, te llevaba. Con Mora, lo mismo. Y además el arrabal. Y el tiempo. Y el corazón. Y la belleza. (...) Además luego, como han ido haciendo conmigo en Buenos Aires algunos seres extraordinarios, me llevó una mañana a ver otros sitios. En el afán de ir mostrándome otras caras de esta tierra inabarcable. Inagotable. Llena de contrastes. Con Mora he conocido la Boca. Su estadio. Su puente. Los conventillos. Para respirar donde lo hicieron los míos en otro tiempo, al llegar a esta tierra de promisión en busca de una nueva vida. Y entonces es otro el sentir de baile. Imagino lo que fue. El vértigo, el desarraigo, la ilusión, la mezcla, el crisol de culturas, la pobreza, el sueño, el sabor a sal, a jungla, a carbón. A lágrimas. A sexo. A piel. A fuego. En esta latitud donde entonces como ahora, la tierra tiembla. #chanteclertango #metropolitansura Pd: Gracias Mora. Y a toda la compañía. Qué extraordinarios bailarines. Músicos. Cantante. Prometo tomar clases la próxima vez. @moragodoytango Y luego bailar hasta que rompa el día alguna noche, en plena calle. #díadeladanza

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Querría escribir ahora una gran declaración. En esta hora en la que dejo Buenos Aires. Pero miren mi cara. Es la cara de un pescado con el cerebro frito. La media neurona que me queda, la guardo para tratar de llegar a salvo hasta mi próximo destino. Allí tendré tiempo de reposar todo esto que ha pasado en la Argentina. (...) La valija está lista. Bien. Salgo a la terraza del hotel de Boca y respiro por unos momentos. Aunque solo sea un último minuto más, el sabor de la inaudita Buenos Aires. Lo de los últimos ocho días, esta explosión desde el post en el que dije Argentina, VOY, da para un capítulo de Black Mirror. Sí. Ciencia ficción. Es lo que ha sido. La historia de un hombre pez sumergido en las indescriptibles y arrolladoras aguas del ser argentino. Tengo tanto que decir. Tanto que procesar. Propio y ajeno. Ha sido tan espléndida la descarga. Tan arrebatada, surrealista, delirante, avasalladora, exuberante, divertida, perturbadora, hermosa, peligrosa, amorosa, salvaje, tan potente, tan diversa, tan bestia, tan loca. Tan amplia. Tan bipolar. Tan ardiente. Que mejor será reposar primero. Y antes de tomar mi vuelo, decir GRACIAS. Este país es un tesoro. Y si tuviese que pedir aún una última cosa, aún después de todo lo que he recibido, diría. Tomen la grieta y hagan lo que los orientales cuanto se les rompen los jarrones. Calienten un poco de oro hasta licuarlo, y llenen con él la herida. Para que no se olvide. Nunca. Pero al hacerlo, deje ya de ser retrato del dolor. Y pase a formar parte del trabajo conjunto. Y la belleza. Pd: Gracias a @hotelbocadesign por vuestra hospitalidad. Y a @sebassaban y a su equipo, por el cuidado. %uD83C%uDDE6%uD83C%uDDF7%u2764%uFE0F%uD83D%uDC0E

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