R. Valle

"Cristina era mi libretista más que mi inspiradora"

En "¡Gracias, Cristina!", donde recopila sus imperdibles columnas de La Nación, Carlos M. Reymundo Roberts pinta la realidad política con ecos de su admirado Tato Bores. En la #Entrevista Wok reconoce cómo "disfrutó" con los K y se pone serio para alertar por el recrudecimiento de una violencia propia de otros tiempos.

Ante todo, Carlos M. Reymundo Roberts es periodista. De raza. Y así se encarga de resaltarlo Alfredo Leuco en el prólogo de ¡Gracias, Cristina! (Mauricio Macri) para que no queden dudas de que si bien el humor es una herramienta eficaz para leer la realidad política, lo básico es el ojo periodístico y su lógica desconfianza hacia el poder.

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En su flamante libro, una de las plumas más reconocidas -y disruptivas- de La Nación recopila las columnas que publicó en los tres últimos años. Con su particular estilo, donde conviven humor, ironía y mordacidad, Roberts interpreta la alocada partitura nacional analizando impiadosamente el Cristinismo de ayer & hoy, los dislates de la corrupción política, el desembarco de Macri y hasta le pasa el peine a Trump desde este lado del mundo.

En la #Entrevista Wok, "el gran cronista del delirio argentino" -como lo define Jorge Fernández Díaz- revela cómo encontró en el humor político el lenguaje ideal para traducir a una Argentina que parece guionada (no por nada su espacio se titula De no creer), le reconoce a Cristina y a los suyos ser musas insuperables para sus columnas y, a la hora de hablar del presente del país, deja la ironía de lado para alertar acerca de la violencia que explotó en torno del Congreso como un recurso político que ya creíamos superado en la Argentina.

-En el prólogo, Leuco advierte algo fundamental: que aunque te valés del humor podés hacer una lectura de la realidad política del país porque sos periodista. ¿Qué encontraste en el humor para explotar esa mirada periodística?
-En realidad, apareció. No es que lo busqué. Yo soy periodista y el insumo principal de mi trabajo y de mis columnas es la información. Siempre me baso en ella y es sobre lo que giran las columnas. La ironía es un elemento constitutivo desde las primeras columnas que hice. En el camino fue apareciendo el humor, que es algo muy presente en mi vida social, por ejemplo. Pero no lo era en mi trabajo periodístico. De pronto, en este tipo de columnas, donde uso mucho la ironía, empezó a colarse el humor sin que casi me diera cuenta. En algún momento detecté que el humor era un muy buen gancho para la columna, que era muy aceptado y me pedían más. A veces, incluso, me decían "no, esta te quedó un poco seriota". Entonces ahí me di cuenta de que el humor se había tornado en algo constitutivo de la columna y estaba bueno que siguiera presente. 

"Diría que hoy mis columnas son un mix de información, ironía, humor, interpretación y opinión. Un cóctel que tiene un poquito de todos esos elementos. Pero la columna vertebral es la información, no el humor".

-¿Sentís que con el humor podés ir mucho más allá de lo que puede o  intenta un columnista "serio"?
-Efectivamente. Esa es otra clave de la columna, porque me siento muy cómodo dentro de este formato; sobre todo para decir cosas que en el periodismo convencional no podés decir. Un ejemplo, hace unos años escribí una columna sobre Hugo Moyano. Había mucha información sobre sus empresas, pero cuando empecé a buscar en internet prácticamente no había nada publicado acerca de su imperio empresario. Para publicar en formato convencional y decir que son empresas de él, tenés que demostrarlo, tener fuentes, chequear todo. Todo el mundo sabe que Moyano es un empresario importantísimo. Al periodismo tradicional decirlo le cuesta mucho, en cambio en este formato, donde también uso mucho la ficción, puedo decir que es un gran sindicalista porque conoce los dos lados del negocio. En esa columna puse todas las empresas que se le atribuían a Moyano y así los márgenes se ampliaron.  

"Muchos que desde un principio han destacado estas columnas de los sábados señalan que una columna de esta naturaleza permite decir muchas cosas que en las convencionales no se ven".

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-En ese sentido, ¿reconocés influencia de otros referentes del humor político? ¿O lo tuyo fue una construcción personal?
-No me inspiré en nadie específicamente. Insisto con que la columna se fue construyendo de a poquito. Al principio, eran columnas que apelaban a la ironía y el humor se iba colando de a poco. Al poco tiempo que las publicaba, un amigo me dijo "vos sos el Tato Bores de estos tiempos" y yo le dije que estaba totalmente loco. Pero después en los comentarios en internet eso empezó a aparecer cada vez más seguido, comparando mi estilo con el de Tato. A mí me parecía una locura y, por supuesto, estoy a años de distancia de un genio como Bores. 

"A Tato lo veía siempre. Me acuerdo que éramos chicos y en casa no teníamos televisión. Entonces íbamos a unos amigos con toda mi familia a ver su programa. Me parecía un genio total. Probablemente sí me influyó".

-¿Alguna vez tuviste eco de cómo le impactaban -e impactan- tus columnas a la expresidenta Cristina Fernández y a otros personajes del universo K?
-El caso más sonado y conocido fue el de Aníbal Fernández. Yo llevaba años publicando mi columna. En una de ellas, hablaba de las elecciones de Buenos Aires; se venía la segunda vuelta entre Macri y Filmus. Planteaba una reunión ficticia en la Quinta de Olivos para ver qué íbamos a hacer (porque mi personaje era kirchnerista) con el balotaje. Estaban Cristina, Máximo, Filmus, Aníbal y yo. Con el estilo irónico y de humor de todos los sábados. La sorpresa fue que Aníbal Fernández reaccionó ese mismo día. El Jefe de Gabinete salió públicamente a desmentirme; a decir que esa reunión nunca se había realizado y que yo era un farsante, que no podía creer que La Nación inventara una reunión que no había existido. Imaginate que un funcionario de ese rango desmienta una columna de humor. Además, hubo un rebote tremendo en las redes y también se publicó en muchos medios porque el Jefe de Gabinete había tratado de mentiroso a La Nación, un diario de 140 años. 

"Lo de Aníbal Fernández fue un verdadero disparate. Aunque ya llevaba año y medio publicando mi columna, el hecho de que me llamara farsante con nombre y apellido le dio más relieve a mi trabajo".

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-En general, los 12 años del kirchnerismo no fueron nada fáciles para aquellos que no comulgaban con su credo. ¿Cómo lo viviste vos en particular y cómo desarrollás ahora tu trabajo en el contexto del gobierno de Macri?
-De cara a la columna de los sábados, el kirchnerismo para mí fue extraordinariamente beneficioso. En una columna que apela a la ironía, nada mejor que un gobierno kirchnerista. Había un humorista norteamericano que decía que es muy fácil hacer humor político cuando todo el gobierno trabaja para uno. Y a mí me daba la impresión de que todo el gobierno trabajaba para mi columna. He llegado a decir que Cristina no era mi inspiradora sino mi libretista. Para una columna como ésta o la de Alejandro Borensztein en Clarín, esos 12 años de disparate que vivimos nos daban una cantidad impresionante de insumos. Desde ese punto de vista, lo disfruté mucho. 

"Un gobierno convencional y serio como éste te da mucho menos material para una columna como la mía. Pero también pasa que Cristina -y el kirchnerismo en general- que me daban tanto material como gobierno, ahora me lo dan como oposición".

-El humor oficialista o el militante no tiene gracia...
-Totalmente de acuerdo. Este gobierno da mucho menos material que el kirchnerismo para tomarles el pelo. Pienso en Aníbal, Cristina, Boudou, Máximo... eran insumos impresionantes para una columna de esta naturaleza. Es cierto que el humor oficial no existe y prácticamente no hay columna que yo no le tire algún palito al gobierno. Ahora estoy de vacaciones, pero podría hacer referencia al episodio del ministro Jorge Triaca y de su casera. Siempre procuro ocuparme del gobierno, aunque insisto en que me da menos material.

-En el cruce habitual de chicanas que habilita la grieta, para algunos tu libro más que cerrarla, la acentúa. ¿Te preocupa que se vea así o el humor, en realidad, achica esa brecha?
-La grieta está instalada y, en todo caso, mi columna la refleja más que incentivarla. Con la columna yo hago un trabajo periodístico que es reflejar la realidad a través de la ficción, la ironía, el humor. Si la columna me ha dado alguna satisfacción en estos años es que siempre ha sido considerada un instrumento de reflejo de la realidad. Lo mismo me parece que pasa con el tema de la grieta; no creo que la columna contribuya a profundizarla, sí a reflejarla.

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-Que ya sean tres los libros que compilan tus columnas confirma que son textos que se pueden sostener en el tiempo, más allá de ser una mirada coyuntural de la Argentina.
-Efectivamente. Y además he tenido la enorme satisfacción de que los tres libros han funcionado muy bien en ventas. Con este último, ¡Gracias, Cristina!, tenía mucha expectativa de ver cómo funcionaba, porque como cambió el humor de la sociedad al haber cambiado el gobierno tenía cierto temor de cuál sería la respuesta. Desde Sudamericana me dijeron que se está vendiendo muchísimo y teniendo el mismo éxito que tuvieron los dos anteriores.

-Las redes sociales hoy son un campo muy fructífero para desplegar cierto humor instantáneo. ¿Las sentís como un competidor al que hay que temerle? ¿Qué les reconocés y qué les criticás?
-Es cierto que hay un efecto instantáneo, pero también allí todo desaparece instantáneamente. No soy un gran consumidor de redes sociales, de hecho a Facebook entro muy poco, a Twitter lo mismo. En general, escaneo un poco de todo, pero sí es cierto que es una competencia. De todos modos, más que competencia las veo como un gran colaborador; me han ayudado mucho a difundir mi trabajo. La columna y Twitter nacieron más o menos al mismo tiempo y fue impresionante como junto a Facebook contribuyeron a difundir la columna. A través de las redes te consume muchísima gente que no hubiera llegado por las vías tradicionales. Más que competencia, entonces, las siento como grandes colaboradoras.

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-Dejando el filtro del humor de lado, ¿cómo ves hoy a Cristina y a Macri?
-Empecemos por Cristina. Ella sigue teniendo un peso muy importante en la política argentina. Con un dato significativo: tiene un piso muy alto, unos 3,5 millones de votos, pero también un techo muy bajo. Como se vio en la provincia de Buenos Aires, donde perdió las elecciones frente al gobierno, aunque fue elegida senadora. Es decir tiene peso, pero está en un plano declinante. En cuanto al Presidente, me parece que ganó un desafío significativo de su mandato, que fueron las elecciones de medio término, y con mucha contundencia. Eso le asegura, por un lado la gobernabilidad de los dos últimos años y por otro lo deja virtualmente muy bien parado de cara a la reelección. 

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-¿Te los imaginás pulseando de nuevo en el 2019?
-Es probable si el peronismo no encuentra otro candidato. Lo que me parece interesante en la política argentina fueron las dos protestas de diciembre en contra de la reforma previsional. Ahí el elemento nuevo -y muy inquietante, por cierto- fue la aparición de la violencia. Una violencia empujada desde el propio Congreso y desde el kirchnerismo, el socialismo, el trotskismo, algunos grupos sociales y también el massismo como auspiciante. Este elemento nuevo es inquietante porque para la oposición lo que quedó corporizado con el resultado electoral es que estamos frente a un Presidente que encara con muy buenas posibilidades una reelección. Eso te da una perspectiva de 8 años y detrás de Macri, la aparición del principal personaje político de la Argentina, María Eugenia Vidal, habilita un pronóstico bastante probable de tener al menos 12, quizás 16 años más, de gobiernos de Cambiemos. Ante esa perspectiva, el peronismo reaccionó como suele reaccionar: fuera de los márgenes del sistema. Ahí se unió prácticamente todo el peronismo, convalidando el uso de la violencia para frenar una ley. La ley, en realidad, no les importaba nada, lo que buscaban era frenar el proyecto de Cambiemos. 

"La irrupción de la violencia, que ya pensábamos descartada en la Argentina, es un elemento desafiante e inquietante que tenemos que tener en cuenta ya que probablemente este año va a ser protagonista".

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#Biopic. Carlos M. Reymundo Roberts nació en Buenos Aires en 1956. Es egresado de la Escuela de Periodismo del Círculo de la Prensa, cursó estudios de posgrado en la Universidad de Navarra (Pamplona, España) y trabaja en el diario La Nación desde hace más de treinta años, donde se desempeña actualmente como prosecretario general de Redacción. Fue corresponsal en América Latina y cubrió las guerras del Golfo Pérsico (1991) y de Ecuador y Perú (1995). Creó y dirigió el suplemento dominical Enfoques. Es director del Máster en Periodismo de La Nación y la Universidad Di Tella. Está casado y tiene cinco hijos y dos nietos. Publicó tres libros: Aguanten los K: Una mirada mordaz sobre la increíble Argentina de estos tiempos (2011), Del vamos por todo al vámonos todos tribulaciones, lamentos y ocaso de un kirchnerista (imaginario o no) (2013) y ¡Gracias, Cristina (Mauricio Macri) (2017).

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#¡Gracias, Cristina! (Mauricio Macri)"

Carlos M. Reymundo Roberts
Sudamericana
336 páginas
$349

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* Si querés leer un fragmento del #libro, hacé clic aquí

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21 de agosto de 2018 | 15:10
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