F. Pérez Osán

Las aventuras de un psicópata adolescente

The end of the f***ing world es una serie novedosa que puede llegar a cambiar la forma en la que miramos Netflix.

 El concepto de mirar series "en maratón" -sentarse frente al televisor y devorar temporadas enteras en pocas horas o días- es relativamente nuevo, pero ya está influenciando la manera en la que los canales presentan sus producciones.

Uno de los primeros cambios que se notó fue la duración de las temporadas, que de 24 capítulos pasó, en la gran mayoría de las series, a ser de 10 o, como máximo, 12. Ahora, The end of the f***ing world (El fin del p**to mundo, literalmente) la nueva serie británica que distribuye el gigante del streaming, es una muestra de lo que se viene.

Con una historia trepidante y capítulos de menos de 20 minutos, esta producción británica está diseñada para ser consumida en pocos días. De hecho, con una duración total de ocho capítulos y poco menos de 3 horas, es fácil mirar toda la primera temporada de una sentada. Netflix venía experimentando con series cada vez más cortas a lo largo de los últimos años -American Vandal, uno de sus productos más interesantes, no es mucho más larga-, y ahora profundiza la tendencia con duraciones más cercanas a las series web que a las sitcom tradicionales.

The end of the f***ing world tiene también otras características que la vuelven adictiva. Primero, es fácil sentirse fascinado por sus personajes principales: dos adolescentes con bastantes problemas que escapan de una ciudad en donde nunca pasa nada con destino incierto. Alyssa (Jessica Barden) y James (Alex Lawther) forman una extraña pareja que se deja llevar por las circunstancias sin oponer mucha resistencia. Además existe otro pequeño detalles: James está seguro de ser un psicópata, y su intención al escapar con Alyssa es asesinarla.

End  of the world

La serie es una comedia negra, un género difícil de manejar que ofrece muchas oportunidades de caer en el mal gusto o la violencia gratuita. Nada de eso pasa en esta serie. Basada en una novela gráfica homónima de Charles S. Forsman, The end of the f***ing world consigue mezclar humor con grandes dosis de oscuridad. A lo largo de los capítulos -y a pesar de que la acción sucede en un par de días- los personajes consiguen cultivar una relación cada vez más profunda y, a pesar de las circunstancias, entrañable.

Mezcla de road movie y manifiesto nihilista, el tono general de The end of the f***ing world es más alegre de lo que podría esperar. Parte de la culpa de esto la tiene el estilo en el que está filmada, que remite directamente al cine independiente naif o a las películas de Wes Anderson. De hecho, el creador de la serie, Jonathan Entwistle, reconoció su admiración por el director de Life Aquatic y The Royal Tenembaums, pero indicó que para esta producción buscó un tono más similar a la adaptación para televisión de Fargo.

La narración en primera persona de ambos personajes también ayuda a ver detrás de sus máscaras y muestra que, a pesar de las apariencias, la mayoría del tiempo son sólo adolescentes asustados.

Fresca y novedosa, The end of the f***ing world ya se perfila como uno de los estrenos más resonantes del año.

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26 de mayo de 2018 | 01:36
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