G. Conte

El día que mandaron a Bergoglio a "la B" de los Papas

El factor político existe y es igual de cruel en el Vaticano que en cualquier otro lugar del mundo en donde el poder esté en juego.

 Mucho se critica desde sectores fieles al catolicismo a la prensa que solo ve el factor político al Vaticano, o bien al que analiza su influencia en ese aspecto. La verdad es que resulta un tema multifacético, que ofrece una amplia gama de posibilidades de tratamiento informativo. Los acólitos menos abiertos a que otros analicen "su" centro de fe prefieren seguir creyendo -como sucedía antes de la Revolución Francesa- que su líder global dialoga con un Dios etéreo, todopoderoso y eterno. Recibe sus instrucciones y las ejecuta; y punto.

Sin embargo, corría agosto de 2014 y hacía un año que Jorge Bergoglio se había convertido en el Papa número 266, y había acogido el nombre de Francisco, a secas, sin número, ya que más temprano que tarde se estableció que no sería "Francisco I", tal como se lo informó de entrada, siguiendo con la tradición enumeradora.

Francisco conte

Bergoglio y el autor de esta nota, en el Aula Paulo VI. 

Se acercaba la fecha de la primera audiencia pública en la Plaza de San Pedro, el momento en que el pontífice hace su aparición en público semanal -además del "Angelus" dominical- y bendice desde un vehículo -el "papamóvil"- a los que van a verlo, estableciendo una relación simbiótica con las masas que es uno de los basamentos que sostienen en pie a la Iglesia, casi dos mil años después del primer Papa.

Como periodista, me tocó ser testigo de las discusiones más intestinas en torno a como debía ejecutarse minuciosamente la convocatoria a la plaza, como si se tratara, realmente, de un líder político. En los pasillos del palacio pontificio pudo escucharse el tironeo de quienes todavía no lograban "hacer pie" en la nueva gestión vaticana y los que ya venían desde aun antes de Benedicto XVI, muchos de ellos funcionarios nombrados por Juan Pablo II.

Construccion vaticano

Vaticano: un poder en constante construcción.

Bergoglio todavía decía que su papado duraría "no más de tres años" y eso alentaba a sus adversarios internos a que posiblemente pronto pasaría su paso cargado de simbolismos de humildad y simpleza para volver a los fastos que Francisco estaba castigando. Pero también su temporalidad manifiesta -lejos de la larga vida supuestamente sostenida por un Dios- también habilitaba las zancadillas.

Así, se escuchó el reclamo desde el tercer piso de Palacio, por teléfono a la Secretaría de Estado: "¡Explíqueme por qué no funcionan las pantallas, y que sea de inmediato!". Los led de la Plaza de San Pedro y, a decir verdad, los equipos reproductores de sonido, no estaban en funcionamiento para la primera audiencia papal tras las vacaciones. "Quieren demostrar que el padre Jorge no convoca a nadie a la plaza", dijo una voz cercana al porteño más cercano a Dios.

- ¿Quiénes?

- Y... eso estamos tratando de averiguar. Hay un cura en la Secretaría de Estado que quiere hacer arrodillar al padre Jorge ante Cristina... y puede ser él. Pero también están los otros, los que venían de antes que quieren que se note la diferencia.

- ¿Tanto así?

- Sí. Es una lucha diaria. ¿Por qué te creés que Bergoglio se fue a vivir fuera de todo esto?

...

El diálogo se coronó con la fila de unos 3 mil argentinos en la Puerta Santa Ana, en el costado derecho de la basílica, que, vestidos de gauchos, con mates en mano o camisetas de la Selección -así de poco ocurrentes y originales- esperaban que les abrieran paso para la audiencia.

Finalmente, ni las pantallas ni los parlantes en la Plaza de San Pedro funcionaron. Allí, unas 20 mil personas pudieron haberlo vitorearlo. Eso sí le interesaba sobremanera al nuevo staff del Vaticano. Pero todos fueron conducidos hacia el Aula Paulo VI, un luminoso espacio que está mitad en terreno italiano y mitad en zona vaticana (también llamado Sala Nervi, en honor a Pier Luigi Nervi, el ingeniero italiano que la diseño para ser inaugurada en 1971). Allí entran 6.300 almas con sus cuerpos. En la primera fila, 67 personas elegidas por diversas razones (importancia, enfermedad, amistad, conveniencia) serían saludados especialmente por el pontífice.

Pero más allá de las lágrimas de emoción y los vitoreos, de la solemnidad del "catecismo" previo al discurso, rezado en varios idiomas, la verdad es que habían ganado los "adversarios", la forma papal de llamar a sus verdaderos enemigos internos, alguno de los cuales serían sindicados -en función de su propio accionar político- como "amigos".

Habían mandado al Papa argentino a la B de las convocatorias populares, la sala alternativa. Lo dejaron sin plaza, algo así como un Perón o un Mussolini sin balcón.

Pero la batalla por el poder político -más allá de lo que sus acólitos quieran creer y más acá de que importe o no a quienes solo ven en él a un líder espiritual- recién comenzaba.

Recorrida fotográfica por el centro del poder real del Vaticano:

Guardia papal

La Guardia al ingreso del edificio con el despacho pontificio.

Plaza inhabilitada

San Pedro lista para la audiencia papal, pero que no pudo ser usada. Vista desde el Palacio Pontificio.

 

Plaza palacio vaticano
Palacio pontificio

El centro burocrático vaticano en el Palacio Pontificio.

Ascensor papal

El ascensor papal.

Sala de espera

La Sala de Espera papal, pintada por los grandes genios del Renacimiento.

Espera vaticano

 

Espera vaticano
Pasillos vaticanos

Pasillos del Palacio, con vista a San Pedro.

Antesala papal

Oficinas de la Secretaría de Estado del Vaticano.

Oficina papal

Esto ve el Papa desde su oficina.

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Opiniones (2)
16 de agosto de 2018 | 17:01
3
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16 de agosto de 2018 | 17:01
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  1. Creer que el papa es solo un lider espiritual es una ingenuidad. La iglesia ha sido siempre politica para adentro y para afuera y este papa lo es al extremo, evidenciando sus preferencias
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  2. Sr. Conte, creo que usted tiene razón en cuanto a la dimensión política de la Iglesia que acompaña a su dimensión religiosa. Y tiene razón también acerca de los tironeos políticos que se dan den los ámbitos vaticanos. Hago simplemente un par de observaciones. La idea de un Papa superpoderoso y permanentemente inspirado, casi con línea directa con la Trinidad, es una concepción bastante reciente. Comienza a surgir luego del Concilio de Trento (siglo XVI) y se solidifica en torno a 1870 con la declaración dogma de la infalibilidad pontificia. No me parece, como usted afirma, que la Revolución Francesa haya tenido algo que ver. Más bien fue al contrario, los católicos franceses se abrazaron a la figura del pontífice luego de la Revolución, y no antes. Consecuentemente, las grandes reuniones de fieles en Roma para ver y vitorear al Papa son muy recientes. Antes de Juan Pablo II no eran habituales, y a principios del siglo XX los papas salían diariamente a dar un paseo por Roma, caminando, como la cosa más normal, y no se veían rodeados de fieles tratando de tocarlos. No quiero decir que el factor político no haya existido siempre en la Iglesia. La cuestión es que, en las últimas décadas y sobre todo con Francisco, a pasado a ser decisivo.
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