R. Valle

"En Olivos el poder político está más cómodo: hay menos ojos y oídos indiscretos"

En la #Entrevista Wok, Soledad Vallejos cuenta cómo la curiosidad personal la llevó a cubrir las lagunas que poblaban la historia de la residencia presidencial y sus ocasionales inquilinos. Un relato al que no le faltan datos, anécdotas, pactos y hasta un loro peronista.

Para Soledad Vallejos hay vida más allá de Google. Lo que no encuentra lo busca por sí misma y el resultado de su obsesiva pesquisa puede ser ni más ni menos que un libro con su firma. En Olivos: Historia secreta de la quinta presidencial, la periodista, docente e investigadora se hace cargo de las cuantiosas lagunas vinculadas a la famosa residencia, contando un periplo que va desde la donación en los años 20 de la chacra de 32 hectáreas -legada por el último de los Olaguer Feliú- hasta la actualidad con los Macri como inquilinos provisorios. 

Un intenso recorrido que incluye tigres, loros y llamas, combos de fútbol, asado & rosca, presidentes civiles y militares, la intimidad de habitantes ocasionales y visitantes glamorosos (y no tanto), los usos y costumbres de ayer y hoy, y los consabidos claroscuros del poder. 

Aunque parezca lo contrario, Olivos fue y es un territorio donde, como confirma  Vallejos en esta #Entrevista Wok, "se tramitan más cuestiones políticas de las que creemos y de una manera muy velada". 

En plena faena en la redacción de Página/12, poniéndole el pecho al fogoso enero en Buenos Aires, Soledad hace un alto para abrirnos la puerta de un Olivos que la mayoría de los argentinos todavía desconocemos.   

-Decís que te metiste en el tema porque no encontrabas material, ningún libro acerca de Olivos. Y lo hiciste vos. Ahora ya sos una referencia obligada para quien investigue el tema...
-La verdad es que no era tanto para saldar ninguna deuda o escribirlo para alguien más; yo quería saber más del tema. Hacer un libro no es algo que se haga rápido, al menos como yo lo hago. Tenés que dedicarle mucho tiempo y yo puedo hacerlo si estoy muy enganchada con el tema, al nivel obsesión. Se me dio que quería saber sobre Olivos y me puse a buscar. Era muy loco, no había nada. Lo que traté en el libro fue contar la biografía de un lugar a través de sus distintos espacios, de sus transformaciones y sus protagonistas. No me interesaba la intimidad ajena sino el espacio y lo que eso habla de nuestra sociedad y nuestra política. 

"Olivos es un lugar donde se ve claramente esa sucesión de gobiernos democráticos y militares. Y cómo el espacio se va cerrando al público en función del auge de la violencia política armada".

Olivos

-Te costó la reconstrucción, considerando que arrancaste cuando terminaba la gestión de Cristina y arrancaba la de Macri?
-Me costó más que nada entrar en la Quinta. La reconstrucción, buscar datos era como un rompecabezas. A medida que avanzaba, me di cuenta medio escandalizada que el Estado tiene muy poca memoria sobre sus acciones, sus espacios y sus intervenciones. Muchas cosas no quedan documentadas. Sólo en la época de Justo hubo una documentación muy fuerte, que tiene que ver cómo concebía el Estado la década infame. Después, en la Libertadora, hay muy poco y en el primer peronismo hay algo. 

"Hay muchísimas lagunas y sin embargo la Quinta es un lugar central. Olivos es una de las imágenes más fuertes del poder político y de su relación con la sociedad civil".

Libro

-¿Por qué recién en el '55 un presidente decide vivir allí? Creo que fue Aramburu, ¿no?  
-Sí, fue Aramburu y tiene que ver con la idea de revancha. Antes había dos situaciones. Al principio de la década del '20 y del '30, en que la quinta ya había sido recibida como donación para residencia presidencial, sólo se la utilizaba para residencia de verano. Es que los caminos entre la ciudad de Buenos Aires y Olivos eran muy complicados. Era difícil llegar. En algún momento la idea fue que el Presidente no podía vivir fuera de la Ciudad, cuando se llamaba municipio de la Capital Federal. El asunto se zanjó resolviendo que la quinta era potestad del municipio capitalino. En el primer y segundo peronismo, Perón y Evita vivieron en el palacio de Álzaga Unzué, donde hoy funciona la Biblioteca Nacional. El único presidente que vivió ahí fue Perón. Cuando llega Aramburu, con esa idea tan fuerte de desperonizar y de que no se permitía ni decir el nombre, no quería vivir en el mismo lugar en que había vivido Perón. Entonces de entrada se instala en Olivos y la quinta se convierte en la residencia de facto.

Peron y Evita HD 11
Videla parati

-¿Qué uso le dieron los gobiernos militares a Olivos? Videla, por ejemplo, vivió allí.
-Sí, Videla vivió ahí, pero no de entrada. Porque en 1976, apenas concretado el golpe, en la quinta aún estaban los cuerpos de Perón y Evita en una cripta especialmente construida para ellos por el padre del actual ministro Hernán Lombardi, quien había sido convocado por López Rega para esa tarea. Perón muere cuando estaban haciendo la cripta y eso obliga a cambiar los planes. Por entonces, podía ir cualquiera, tramitando un permiso para entrar, y rendirle homenaje a él y a Eva. Con el golpe del '76, la mujer de Videla dejó en claro que ni loca se mudaba ahí mientras estuvieran los cuerpos de Perón y Evita. En un procedimiento secreto y misterioso, los retiraron y entonces los Videla pudieron mudarse allí. 

-¿Cómo fue la respuesta de los empleados que sirvieron de fuente para el libro? ¿Son tan celosos y reservados como los de Casa Rosada?
-Depende de lo que estés buscando. A mí me interesaba más el lugar que las personas que pasaron por ahí. Las personas me hablan del lugar, no de su vida puntualmente. Hablé con gente que sigue trabajando ahí, con otros que se jubilaron, con gente que fue trasladada. No fue fácil de entrada porque más que un lugar de oficinas, como es la Casa Rosada, Olivos es el lugar donde viven y donde se tramitan algunas cosas de la gestión política, más de las que creemos, de una manera muy velada. 

"En Casa Rosada no es tan complicado entrar, de hecho tenés acreditados. Podés ver todos los movimientos. Un acreditado lo detecta enseguida. En Olivos no entra cualquiera, no existe la figura del acreditado. No podés entrar si no te está esperando alguien adentro".

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-¿Por qué nunca estuvo activa una sala de prensa con acreditados en Olivos?
-La sala de prensa existe, pero usa según las presidencias. Existió en la época de Illia, un tiempito en la de Frondizi, y en los '90 a instancias de Roberto Di Sandro, el histórico acreditado de Casa Rosada, y de otros colegas, Menem la reconstruye de cero, hace algo muy moderno y se puede usar. Pero depende mucho de cada gobierno, no hay una práctica habitual e institucional. Si vos usás esa sala de prensa, que tiene dos puertas, una da a la calle y la otra da a la Quinta en sí; es decir que estás en la sala, pero no estás viendo qué pasa en la Quinta.

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-Es cierto entonces que Menem fue el que le dio a Olivos un mejor tratamiento y una mayor visibilidad política...
-Hay mucha leyenda acerca de sus intervenciones. Como era muy excéntrico, respecto de otros presidentes, eso habilita a cualquier conjetura, sin embargo lo que hizo Menem fue ponerla en valor más allá de algunos detalles. Durante el alfonsinismo, porque las urgencias políticas eran otras, no se cuidó especialmente la Quinta. No había presupuesto ni quién se ocupara de eso, no se hacían obras, no se la mantenía demasiado. Menem lo revierte: cuida los parques, la casa, reconstruye muchas cosas. Se habla de las canchas de tenis, pero fue Onganía quien las mandó a construir. La pileta es de los años '30, el helipuerto ya existía pero hace otro en un lugar más seguro, canchas de fútbol también había.

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-¿Cómo es hoy el vínculo de Macri y Juliana con Olivos?
-Una de las veces que fui estaban en la casa de huespedes y en otra ocasión  se estaban mudando al chalet. Ellos son una familia joven con una nena chiquita, con lo que sí o sí van a resguardar la privacidad. Y una de sus primeras decisiones tuvo que ver con eso. Así como se decía que ni Néstor ni Cristina hablaban con los empleados de la quinta, los Macri lo que hicieron fue sacar la cocina de la casa para tener privacidad. En el chalet principal había una cocina que fue móvil: cuando estuvo Menem la sacó de ahí, no por antipatía u otros reparos, sino porque los cocineros estaban todo el día con la radio y el sonido invadía todo. Él pasaba mucho tiempo en la cocina, le gustaba hablar con los empleados. Recordemos que él se separa a los pocos meses de asumir, con la cual es la vida de un hombre soltero la que trascurre en Olivos durante el menemismo. 

"Cuando llega Macri, la cocina estaba afuera y lo que hace es volver a ponerla dentro del chalet y pedir que no haya un cocinero exclusivo para ellos. Y lo mandan a la cocina de empleados porque la que usa la cocina del chalet es Juliana Awada. Así tienen más privacidad".

Transición Alfonsín Menem

-Resaltabas que en Olivos no está sólo lo pintoresco sino que también ahí se cocina la alta política. Recuerdo el famoso Pacto de Olivos, la idea del Plan Austral. ¿Qué protagonismo tiene el poder real en ese ámbito?
-El poder político ahí está más cómodo. Hay menos ojos y oídos indiscretos. Esos suelen aparecer más en los finales de los mandatos. Pasó con Menen, con De la Rúa, con Cristina Fernández. Cuando están en auge no suele ocurrir. Los empleados son bastantes celosos de la intimidad ajena. Son empleados públicos que no firman convenios de confidencialidad; depende enteramente de ellos callarse o no y la verdad es que son muy respetuosos. De hecho lo que más me costó en un principio es que entendieran que a mí no me interesaba la intimidad de los presidentes sino la intimidad del lugar, su historia, y que la historia de ellos, los trabajadores del lugar, también era importante. 

"En ese lugar, tanto más privado que la Rosada puede haber reuniones, charlas, un mayor relajo para la gestión política que no se encuentra en otra parte".

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-De hecho, los asados y el "fulbito" en Olivos son antológicos. También ahí la rosca política sigue a full...
-¡Claro! Y en los últimos tiempos eso está generando un problema porque, aun cuando sean muy pocas mujeres en los espacios de decisión, sólo dos mujeres ministras, eso genera un ruido. Si es un código masculino, si solamente la rosca va a estar en el fútbol y el asado, ¿dónde quedan las mujeres ahí?Por lo menos invítenlas; por ahí la ministra Stanley quiere jugar. Ahí hay algo del código político. Olivos es tan una muestra de lo que es la política y la sociedad argentina que hasta eso aparece, la contradicción; decir todo el tiempo vamos hacia la igualdad, queremos que las mujeres tengan protagonismo y en los hechos, hacemos un fulbo con los muchachos y hablamos un poco de la gestión. Los partidos de Menem, el fútbol, el tenis, y el golf, que en realidad le servía para hablar de política y negocios, es una muestra de eso. Y siempre tenía que ganar él, por supuesto.

-Hay situaciones en que ponés dos versiones ante la imposibilidad de confirmarlo, pero no evitás contarlo. Por ejemplo, el famoso loro Coco de De la Rúa.
-Yo creo que el lugar del periodista no es decidir cuál es la verdad. Me peleo mucho con esa versión, que por ahí para algunos colegas es válida, pero para mí no. No soy quién para bajarle línea a alguien. Lo que sé hacer es buscar información, ponerla en contexto, contarla de manera que se entienda y el que juzga es el lector. Para mí siempre es así, en mi trabajo en el diario, en los libros que hago. Por eso dejé un par de casos en este libro con versiones contrapuestas que también hablan de Olivos. Hay leyenda propia. Con el loro Coco (el que supuestamente repetía "¡Viva Perón!"), pasó eso. De los dos lados te juran y perjuran que existió y que no existió. Es un lugar que habilita a estas cosas.

-Hay muchísimas anécdotas en el libro vinculadas a las mascotas que dejaron huella en Olivos y en sus dueños.
-Elegí empezar con los animales porque son los primeros habitantes del lugar. De entrada ese lugar se definió por los animales y no por los humanos. Y la otra porque tenía el temor que si empezaba con la anécdota de un presidente en particular el libro diera la impresión de que hacía foco en tal o cual presidencia. Hay anécdotas muy famosas de personas que entrevistaron a Perón en Puerta de Hierro, donde tenía dos perros. Y él evaluaba a los visitantes según cómo trataban a los perros. Si los trababan bien, ya les merecía más confianza y los recibía con más predisposición. Si los pateaban o no trataban bien, a él tampoco le caía bien el visitante. Cuadra con el personaje.

Familia kirchner

-En Casa Rosada, el mito urbano habla del fantasma de Nicolás Avellaneda. ¿Olivos también tiene el suyo?
-Hay una historia al menos. Pasó en los '90. Menem estaba de viaje, y en la casa no había nadie porque no iba a regresar el presidente. Pero sí había quedado un calderista. En la quinta hay personal que hace guardia como si fueran médicos, encargados de ciertos servicios. El calderista se había tenido que quedar y el lugar del que disponía para quedarse era el subsuelo del chalet principal. Hacía poco que había entrado a ese puesto y estaba solo en la casa y empezó a escuchar ruidos. Volvió a escucharlos, subió y detectó que venían del primer piso, pero no había nadie, él era el único. Fue a la cocina, agarró un cuchillo y salió corriendo. Se fue a dormir a mantenimiento. ¿Quién sería?, no sé sabe. Después conjeturaron que venía del lugar donde murió Perón, en el primer piso. Pero nadie se anima a afirmarlo.

-Para trabajar en un libro que toca la política, el poder en la Argentina, ¿pudiste abstraerte de la acechante grieta?
-Yo no entro en esa. Así como no me gusta bajar línea porque mi laburo es la información, no me pongo en ese lugar. De hecho, cuando empecé a laburar el libro, a mediados de 2015, todavía era el gobierno de Cristina. Yo trabajo hace 20 años en Página/12, hice mis propias gestiones para ingresar en Olivos, expliqué cuál era la idea del libro, que no me interesaba la intimidad de la Presidenta, etcétera, y nunca me dijeron que no, pero tampoco que sí. Así pasaron los meses, hubo cambio el gobierno, volví a intentarlo y la respuesta fue bastante rápida y positiva. Para mí no hay grieta en esto. No es posible pensarlo en esos términos. El periodismo tiene que estar más allá de eso, porque sino siempre estamos hablando de militancia. Y hacer eso con la información -es mi postura- es deshonesto. No me hago cargo del prejuicio ajeno. Es una pena porque así es como se va perdiendo la riqueza de los productos periodísticos.

-Si este libro nació porque no encontrabas información, ¿qué otro faltante detectado recientemente podría disparar tu próximo libro?
-Después de terminar el libro de Olivos, que fue un trabajo intenso de un año y medio (porque hago todo yo, busco la información, voy a hemerotecas, hago todas las entrevistas, desgrabo, soy un poco maniática), me impuse por un tiempo no mirar nada. Me está costando, pero por ahora no tengo ningún proyecto de libro.

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-Sabiendo de antemano que un periodista lo es 24x7, ¿cómo hacés para desactivar el "modo periodista"?
-Es muy difícil, ¿cómo sacás a un periodista de su modo? Trabajo en el diario, doy clases en la Universidad Di Tella y en el TEA, hago unos podcast con una colega (Diccionario de Mujeres Argentinas y S.O.S Matilda). La verdad es que es difícil sacarme del "modo periodista". Pero fuera de eso hago mucho deporte. Boxeo, por ejemplo. Si no es algo fuerte, me aburro.

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Soledad Vallejos Buscar con Google

#Biopic. Soledad Vallejos nació en Buenos Aires en 1974. Es licenciada en Comunicación, productora y directora de radio y televisión. Edita en la sección Sociedad de Página/12, donde se desempeñó como redactora y subeditora del suplemento Las 12. Enseña periodismo en la Universidad Torcuato Di Tella y en TEA Arte. Colaboró en revistas nacionales e internacionales. Fue becada por el Fondo Nacional de las Artes para su investigación La rara. Una biografía de Silvina Ocampo (2009). Es autora de una serie de biografías de escritoras. Ha publicado Amalita. La biografía, en coautoría con Marina Abiuso; Trimarco. La mujer que lucha por todas las mujeres (2013) y Vida de ricos. Costumbres y manías de argentinos con dinero (2014).

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9789877351637

Olivos. Historia secreta de la quinta presidencial

Soledad Vallejos

Aguilar

272 páginas

$329




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Opiniones (1)
17 de agosto de 2018 | 22:57
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17 de agosto de 2018 | 22:57
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  1. Intento siempre comprar este tipo de libros . Muchas veces me los regalan y me encantan . Porque uno aprende cosas interesantes.
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