A los 17 años ganó 30 millones de dólares y sigue en la secundaria

Nick D’Aloisio creó una tecnología para resolver sus tareas escolares y logró vender su empresa a Yahoo por 30 millones de dólares con sólo 17 años.
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A los 17 años ganó 30 millones de dólares y sigue en la secundaria

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A los 17 años ganó 30 millones de dólares y sigue en la secundaria

A los 17 años ganó 30 millones de dólares y sigue en la secundaria

Estoy sentado en un restaurante del sur de Londres con un adolescente de 18 años llamado Nick D’Aloisio. Para comer pide algo sencillo y para beber una Diet Coke, aunque tiene ya edad para beber alcohol.

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Me dice que no lee periódicos, ni siquiera en internet. Sólo las noticias que alguien comenta en Twitter; y no porque leer periódicos sea aburrido, sino porque no tiene tiempo para hacerlo. Pero sí lee en profundidad temas que le intrigan o le apasionan, como las novelas de George Orwell o artículos sobre tecnología. El resto sólo lo lee por encima.

Cambio de hábitos

Se dice que la enorme cantidad de información disponible en internet ha cambiado los hábitos de lectura. D’Aloisio ha pensado mucho sobre esto y en los últimos años ha desarrollado software para distinguir lo interesante y no dejarse arrollar por el flujo de información. Leer por encima no es su preferencia, es su trabajo y su negocio.

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El año pasado D’Aloisio fue noticia porque a los 17 años vendió su empresa Summly a Yahoo por 30 millones de dólares.

Con el apoyo de una serie de inversores como el millonario chino Li Ka-shing y el actor británico Stephen Fry diseñó un software que resume un texto largo en unas pocas frases.

La aplicación atrajo un enorme interés y pronto tuvo un millón de usuarios antes de que Yahoo la comprara. D’Aloisio trabaja ahora para Yahoo mejorando Summly y desarrollando nuevas aplicaciones con una tecnología similar.

Vuela al Silicon Valley una semana al mes y este enero presentó junto con la consejera delegada de Yahoo, Marissa Mayer, el lanzamiento de la aplicación Yahoo News Digest, que ofrece resúmenes de las noticias más importantes dos veces al día, en la Feria de Productos Electrónicos de Consumo de Las Vegas. D’Aloisio cree que los resúmenes permiten leer todo lo interesante de un artículo y olvidarse de lo menos importante. Este sentido de "leer todo" se ha perdido en el ciberespacio, porque no hay tiempo para leer todo lo que se publica en Internet.

Además de trabajar, D’Aloisio está estudiando el último año de secundaria en un instituto de Wimbledon. Tiene una dispensa para no asistir siempre a clase, estudia principalmente por la noche y va al instituto de vez en cuando para recibir orientación. Considera que ir a la escuela y seguir con sus estudios es muy útil.

En casa lleva una vida normal. Sigue yendo de vacaciones con su familia y tiene una novia desde antes de su éxito como emprendedor. Reconoce que «mi novia a veces se enfada bastante porque nunca soy capaz de relajarme un día entero y no hacer nada. Siempre tengo cientos de cosas que hacer».

No ha tocado el dinero que recibió por la venta de su empresa y ahorra la mayor parte de su salario en Yahoo. Dice que no gana mucho porque es su primer trabajo, pero que tampoco necesita mucho para sus gastos, "tan solo una cena o un taxi de vez en cuando".

Creo que a la mayoría de nosotros nos costaría tener la disciplina necesaria para desempeñar las labores que se ha fijado D’Aloisio.

Pero él siempre ha sido bueno en fijarse objetivos y cumplirlos. Nació en Australia y se trasladó a Gran Bretaña a los siete años. Sacó muy buenas notas en la escuela y en el instituto, época en la que ya era un programador autodidacta.

Creaba aplicaciones en las vacaciones hasta altas horas de la noche, pero no sólo por la mera satisfacción de crearlas, sino para venderlas. Con su primera aplicación que se vendió en la tienda de Apple ganó 79 libras el primer día. "Me di cuenta de que ese campo tenía futuro y eso me animó a desarrollar más aplicaciones. Cada vez que me ponía con una aplicación nueva me fijaba un objetivo o un reto y la desarrollaba lentamente".

Pasó de programar juegos sencillos a software más complejo, y pronto creó su tecnología de resúmenes que fue el germen de Summly.

Las tareas escolares fueron lo que primero le llevaron a pensar en la necesidad de aplicaciones para resumir textos, porque al buscar información en Google y Bing para los exámenes le costaba mucho distinguir qué enlaces eran relevantes y cuáles no hasta que hacía clic en ellos. "Es un proceso muy ineficiente y de ahí salió la idea de los resúmenes, con los que el usuario sabe mejor si el enlace le interesa o no".

Pero crear la aplicación para resumir no fue fácil. Tuvo que aprender el procesado del lenguaje natural (cómo dividir palabras en morfemas, las unidades lingüísticas comprensibles más pequeñas) y a escribir algoritmos que los caractericen de forma que tengan significado.

Su voracidad intelectual le ayudó a ello, porque como dice él mismo: "Siempre me ha gustado mucho aprender cosas nuevas". Pero con eso no era suficiente. Los primeros prototipos de Summly, llamados Trimit, no funcionaban bien. Con ellos era imposible resumir artículos en tweets, y cuando se ampliaban los resúmenes, a menudo perdían totalmente el sentido.

D’Aloisio saca su móvil y me enseña una de las primeras versiones de Trimit. Copia un artículo sobre la crisis financiera que tuvo lugar el año pasado en Chipre, en la que muchos bancos acabaron cerrando y los ciudadanos empezaron a hacer largas colas en los cajeros automáticos.

Hay un párrafo que cita las declaraciones que se realizaron desde el ministerio de Defensa en las que se aseguraba que las bases militares británicas ubicadas en la isla no se verían afectadas.

Al final, cuando sale el resumen de la noticia, carece por completo de sentido. El software confunde completamente la información que aparece en el artículo y extrae conclusiones que parecen totalmente descabelladas.

Truco

Le pregunto cómo consiguió que al final las noticias tuvieran sentido en el resumen. «Cuando comencé con esto, todo era de lo más precario», explica. "En líneas generales, el programa intenta evaluar una frase basándose en un número de variantes distintas, como la longitud de la frase, su contenido y el número de nombres reales".

Al final, el algoritmo consigue descifrar la frase gracias al mayor número de coincidencias positivas y saca sus conclusiones sobre palabras muy concretas, como por ejemplo: "Chipre, Ministerio, Defensa. Esas son las tres palabras clave de la frase", explica.

Los fallos técnicos no se consiguieron corregir hasta después del lanzamiento de Trimit en 2011 cuando, a pesar de las limitaciones, la aplicación atrajo el interés de Horizon Ventures, la empresa de inversiones propiedad del magnate chino Li Ka-shing.

Un equipo de Hong Kong se trasladó a Londres para conocer a D’Aloisio y a sus padres ("les tuve que decir que no podría reunirme entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde porque estaba en clase"). Al final del encuentro, la delegación de Hong Kong desembolsó 300.000 dólares, una cantidad que, en palabras de D’Aloisio, es una "decisión filantrópica".

De la noche a la mañana, dejó de ser un estudiante que se dedicaba a programar software desde su habitación para convertirse en un auténtico empresario que contaba con el respaldo de uno de los inversores en tecnológicos más sagaces del planeta.

Mientras comenzamos a degustar nuestros platos, se me ocurre preguntar a D’Aloisio cómo consiguió adaptarse a un cambio tan drástico. El dinero de Horizon le permitió contratar a algunos expertos en programación, como Inderjeet Mani, un experto en inteligencia artificial que ahora es responsable de I+D en Yahoo Labs.

¿No le resultó difícil dar órdenes a nuevos empleados mucho más mayores que él? "Nunca me ha dado por decir frases como ‘haz esto, haz aquello’, explica. ‘No tuve la osadía de actuar de esa forma, porque me habría resultado totalmente precoz’".

En lugar de intentar dominarlo todo, aclara D’Aloisio, se centró en una parte del proyecto: el diseño. "Esa era la parte sobre la que quería tener pleno control: los diseñadores y los programadores con los que trabajaba". En cuanto al resto, D’Aloisio no tardó en darse cuenta de que no necesitaba entender todo sobre la tecnología de sus programas. "Siempre intentaba estar al día de lo que hacía el equipo en la medida de lo posible, pero llegaba un momento en el que no entendía el código, o lo que fuera. Y eso está bien, porque me di cuenta de que no hace falta saberlo absolutamente todo. Basta con saber lo suficiente".

Lejos de dejar de lado su suscripción a The Economist, su lectura le ayudó a extraer excelentes conclusiones. "Ahora siento una gran admiración por genios como Da Vinci y Miguel Ángel. No sólo eran ingenieros. Eran artistas, científicos, matemáticos y filósofos. Ni siquiera eran expertos en su propia materia. Su mérito está en haber sabido dominar todos estos aspectos a la vez".

Fuente: Expansion.com