Multimillonario asesino: "¿Qué hice? Pues matarlos a todos, por supuesto"

Aquí, la historia del multimillonario acusado de tres asesinatos. Robert Durst, presuntamente implicado en el asesinato de tres personas, se hizo famoso gracias al interés mediático, pero cuatro años después de su confesión aún no ha sido condenado. 

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Robert Durst escucha los cargos en asesinato de Susan Berman, Los Ángeles, EE.UU. 6 de enero de 2017.

En septiembre de 2001, un muchacho que estaba pescando en Galvenston, Texas (EE.UU.), notó en el agua lo que luego resultaría ser el cuerpo desmembrado de Morris Black, habitante de la ciudad. Así empezaron las dificultades para Robert Durst, a cuya mejor amiga se le había hallado con un balazo en la cabeza menos de un año antes y cuya esposa desapareció en 1982. A pesar de haber confesado hace cuatro años que mató a todas esas personas, Durst no ha sido hasta ahora condenado.

Primeros años 

Hijo y heredero de Seymour Durst, inversionista próspero, y de su esposa, la 'socialité' Bernice Herstein, nació en 1943 en Nueva York. Perdió a su madre cuando tenía siete años: se cayó de un techo alto en circunstancias poco claras. Aunque según la versión oficial perdió la orientación por el uso de medicamentos, se discutió también la posibilidad de un suicidio.

Tras el incidente y mientras permanecía aún con vida, Seymour llamó a Robert para que saludara a su madre y la calmara. El pobre muchacho vio los últimos momentos de Bernice, lo que le generó un trauma que lo acompaña hasta ahora. Así lo relató a Andrew Jarecki, director de la serie 'La maldición: Vida y muertes de Robert Durst'.

"Fue una larga, larga caída… Nunca lo he olvidado. Yo estaba allí. Sucedió. Yo lo vi. Nunca me ha dejado", contó Durst.

Y sin embargo, es una mentira, según lo escribió su hermano Douglas en una carta a Jarecki en 2015: un ejemplo de cómo el presunto asesino puede convertir incluso a un cineasta, que sospechaba que en efecto había perpetuado una serie de crímenes, en un "facilitador".

Robert Durst llega a la lectura de cargos por el asesinato de Susan Berman, Los Ángeles, EE.UU, 7 de noviembre de 2016.

Así conoció a sus futuras víctimas 

Robert Durst llega a la lectura de cargos por el asesinato de Susan Berman, Los Ángeles, EE.UU, 7 de noviembre de 2016 / Kevork Djansezian / Reuters

Después de obtener el título de bachiller en la Universidad de Lehigh en 1965, Durst ingresa en la Universidad de California en Los Ángeles, donde recibe una maestría en 1970. Allí conoce a Susan Berman, que pronto se hace su amiga cercana. Tenían mucho en común, ya que ambos procedían de familias ricas y perdieron a sus progenitores: el padre de Susan murió cuando ella tenía 12, seguido un año después por su esposa.

Al regresar a Nueva York, Durst se enamora de Kathleen McCormack, empleada de la empresa de su padre. Los amores conducen a la boda en 1973. No obstante, el matrimonio deviene infeliz y se oscurece por la violencia doméstica por parte del hombre. Una compañera de clase de Kathleen, que estudiaba en una escuela médica, recuerda que en 1981 esta le dijo que no se sentía segura en presencia de su marido y lo tildó de "capaz de violencia".

La desaparición de Kathleen Durst 

Hacia el inicio de 1982, la pareja estaba en camino al divorcio. Los amigos de Kathleen relatan que ella amenazaba con revelar algunos secretos de la corporación de la familia Durst, que aparentemente podían tener consecuencias legales para la empresa, con el fin de obtener una suma de dinero después de divorciarse.

La última vez que la vieron viva fue el 31 de enero de 1982, en una velada en Newtown. De allí salió para ir a la casa de Durst en South Salem, suburbio de Nueva York. Cinco días después, él denunció la desaparición de su esposa.

Según la versión que Robert dio entonces, él la metió en un tren hasta la metrópolis, luego tomó un trago con un vecino y más tarde tuvo una conversación telefónica con ella.

El testimonio tenía muchas incongruencias, y Robert lo cambió tres veces. Sin embargo, el portero del edificio neoyorkino donde vivían ambos confirmó haber visto a Kathleen aquel día (17 años después declararía que no estaba seguro). El deán de la escuela médica donde estudiaba la desaparecida informó que había hablado con ella por teléfono el 1 de febrero: la joven había avisado que se sentía mal y no asistiría a clases. Además, el registro oficial de la vivienda no aportó resultados, aunque algunos días antes un detective, que pudo penetrar en la casa de Robert ilegalmente, encontró un abrigo que por alguna razón fue lavado en lavadora.

En las semanas que siguieron, Berman desempeñó el papel de portavoz de Durst, asediado por los periodistas. Algunos suponían que estaba involucrado en la desaparición o asesinato de Kathleen y que fue él quien telefoneó a la escuela el 1 de febrero.

No obstante, las búsquedas del cuerpo o de alguna evidencia clara con respecto a un crimen no tuvieron éxito, y la investigación fue cerrada.

Robert Durst en un vehículo policial, Nueva Orleans, EE.UU. 17 de marzo de 2015.

El asesinato de Susan Berman 

Fue reabierta a fines de 1999, con un registro escrupuloso de todo el territorio de la casa suburbana de Durst, algo que no había sido efectuado antes. No hallaron nada. No obstante, al obtener una serie de nuevos testimonios que apuntaban a la posibilidad de un asesinato, los detectives quisieron interrogar a Berman, una persona supuestamente informada de lo que ocurrió la noche del 31 de enero de 1982.

La hallaron muerta en su apartamento en Los Ángeles, el 24 de diciembre de 2000. Tenía un balazo en la nuca, de lo que se podía concluir que conocía al asesino y por eso este decidió dispararle por la espalda. Todo dentro de la casa estaba intacto, lo que decía que no se trataba de un robo. Un detalle más fue la carta recibida por los policías después de algunos días. En el sobre estaba escrito "Beverley (la ortografía correcta es Beverly) Hills Police" y el mensaje consistía en la dirección del apartamento de la víctima y una palabra: "cadáver".

Al momento, los investigadores supusieron que Durst podía estar involucrado en el caso, pero no era el principal sospechoso. Sin embargo, para liberarse del posible acoso de la prensa se trasladó a Galveston, donde se instaló en una pensión bajo la apariencia de una muda y con el nombre de Dorothy Ciner. Allí conoce a su nuevo vecino, Morris Black.

El caso de Morris Black 

Al descubrir en las aguas el cuerpo de un hombre, la policía de Galveston empezó una busca en toda la bahía. Inesperadamente, encontraron cinco bolsas de basura que contenían los miembros de la víctima y, aún más importante, un periódico con una inscripción caligrafiada: la dirección de Morris Black.

En el apartamento de Black, los detectives hallaron una evidencia inequívoca que apuntaba a la implicación de Durst en el asesinato: una receta que contenía su nombre. Al mismo tiempo, el registro reveló en el suelo de la casa de 'Dorothy Ciner' rastros de sangre y cortes, huellas muy probables del desmembramiento del cuerpo.

El multimillonario disfrazado fue arrestado algunos días después, el 9 de octubre. Desapareció en cuanto lo liberaron después de pagar la fianza, pero fue arrestado por segunda vez el 30 de noviembre, al tratar de robar un sándwich en un supermercado: una acción poco razonable para un hombre que tenía 37.000 dólares en su coche.

La defensa logró rechazar las acusaciones de asesinato, hasta convencer al jurado de que Black amenazaba a Durst con una pistola y este respondió en legítima defensa. Por desaparecer después de salir bajo fianza y por falsear las pruebas al desmembrar y ocultar el cuerpo, recibió una condena de cinco años en prisión y fue puesto en libertad en 2006.

La película que le hace hablar 

La misteriosa desaparición de Kathleen Durst y la muerte de Susan Berman suscitaron interés mediático sobre la persona de Robert Durst durante mucho tiempo. Basta recordar que en 2002 y 2003 se habían escrito dos exitosos libros sobre el asunto.

Sin embargo, fue en 2010 que se hizo verdaderamente famoso, cuando Andrew Jarecki, director de cine estadounidense, estrenó la película 'All good things' (conocida como 'Todas las cosas buenas' o 'Crimen en familia' en los países hispanohablantes), cuyo guión se basaba libremente en lo que se sabía, o más bien, se suponía de sus crímenes.

Le gustó a Durst. Y entonces contactó a Jarecki, lo que resultó en la grabación de dos largas entrevistas que dieron pie a seis episodios de la serie documental 'La maldición'.

A pesar de que Robert evitaba confirmar explícitamente su implicación en los dos casos, el cineasta afirma que en el curso del diálogo llegó a estar seguro de que fue Durst quien mató a Kathleen y Susan.

Pero lo más revelador fue la frase inesperada de Robert cuando salía de la sala, sin recordar el micrófono que seguía grabando. "¿Qué hice? Pues matarlos a todos, por supuesto", murmuró.

Fue arrestado de nuevo el 14 de marzo de 2015, un día antes de la trasmisión del último episodio de la serie, donde se presentan sus palabras. La fiscalía considera la frase una confesión de asesinato. La audiencia preliminar sobre el caso de Berman terminó en octubre de 2018, y el juicio empezará el 3 de septiembre del año en curso. 

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