Exclusivo: el testimonio del médico que hirieron brutalmente en un robo

Exclusivo: el testimonio del médico que hirieron brutalmente en un robo

Anoche, el doctor Martín Maza y el chofer Jesús Gena iban en una ambulancia por la Ruta 7. A la altura de kilómetro 11, alguien puso escombros en el asfalto. Era una trampa. Y ese fue el principio de una secuencia que refleja hasta dónde llega el egoísmo de algunos en pandemia. Crónica del ataque.

Facundo García

Facundo García

El doctor Martín Maza trabaja en el Servicio de Emergencias Coordinado (SEC). Se trata de la primera línea en la lucha por la Salud pública en Mendoza. "Esas ambulancias son terapias intensivas ambulantes", suelen definir los médicos. Y los equipos del SEC son los que llegan inmediatamente en caso de catástrofes o accidentes. Allí, los pacientes son atendidos sin preguntar por su condición social o sus prepagas; solo por respeto al valor de la vida humana.  

Anoche, Maza y el chofer Jesús Gena tuvieron que trasladar a una mujer embarazada desde el Hospital Perrupato (San Martín) hasta el Lagomaggiore (Ciudad). "Veníamos de Mendoza, ya de vuelta. A eso de las 21.15, la altura de Kilómetro 11 de la Ruta 7, quisimos pasar un camión".

Ahí ocurrió lo inesperado. Al desplazarse hacia el lado izquierdo para efectuar el paso, el móvil 158 del SEC se encontró de frente con una montaña de escombros que alguien había ubicado sobre el carril rápido. El médico y el chofer se sorprendieron al escuchar no solo el golpe del impacto, sino el ruido infernal de las piedras debajo del chasis. 

Sin códigos

Las rocas rompieron el paragolpes del vehículo, rasparon la parte inferior y arrancaron de cuajo el caño de escape. Todavía pensando que se trataba de un accidente, el chofer atinó a frenar y encendió las balizas. La ambulancia era un nido de luces en mitad de la noche.

"Les di todo y me pegaron igual"

Maza y Gena se bajaron para evaluar los daños. "Entonces aparecieron cuatro o cinco tipos con las capuchas de las camperas y los tapabocas puestos. Me pidieron que les diera lo que tenía y, aunque les di todo, me encajaron un culatazo en la cabeza antes de irse", cuenta el doctor.

Maza empezó a perder mucha sangre. Mientras su compañero lo ayudaba -los dos solos en medio de la ruta- pensó en su esfuerzo diario. En todos los pacientes que lleva y trae diariamente. Los graves, los Covid, las embarazadas, los moribundos. 

—Los ladrones sabían perfectamente que era una ambulancia. Estaban todas las luces prendidas, las balizas— se repite el doctor, como si quisiera comprender lo incomprensible.

Al rato sus colegas lo asistieron, le suturaron la herida -tiene varios puntos- y lo llevaron a su casa. "Me acosté como a las 4.30, y no voy a poder trabajar por lo menos durante los próximos 7 o 10 días", calcula.

La herida duele, sí. Antes de despedirse, de todos modos, Maza se sincera. "¿Sabés qué? Lo que más me hiere es que nosotros le estamos poniendo el pecho a esta situación sanitaria. De repente vienen y te hacen esto. El corte en mi cabeza se cura, pero me va a costar más cicatrizar el egoísmo que percibí en esta gente".  

  • Para aportes o comentarios, puede escribir a fgarcia@mdzol.com
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