Con ustedes, el buen envejecer

¿Cuáles son las señales de que nuestro cerebro envejece? ¿Qué podemos hacer frente a ello? Entrá, te contamos

cecilia ortiz

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“Mamá, eso ya me lo dijiste, estás vieja!”, “Debo estar envejeciendo, no soporto esa música “chingui chingui” tan alto!”, “Dale! Vamos a la fiesta! No seas viejo!”, “Mirá cómo maneja ese! Seguro que es un viejo!”

Pareciera que viejo es una cualidad indeseable que asociamos a problemas cognitivos, dificultad para adaptarse, torpeza, lentitud, falta de entendimiento, una palabra peyorativa que connota pasividad, dependencia. Y, paradójicamente, hacia allá vamos, día tras día. Porque desde el momento en que nacemos, ya estamos envejeciendo.

Envejecer es un proceso de degeneración molecular, es decir un desarrollo subclínico. Nuestro organismo viene formateado para ello, nacemos con fecha de vencimiento. Nos guste o no, nos rebelemos o no, nos engañemos o no.

Y así como este devenir se nos hace patente cuando notamos la primera arruga, cuando nos arrancamos la primera cana. Nuestro cerebro también envejece. Y existen diferentes teorías para explicarlo.

La más integradora y abarcativa de todas considera que los radicales libres serían los culpables del envejecimiento. Los radicales libres son subproductos de la actividad celular: la respiración genera radicales libres, la actividad inmunológica también, es decir, son moléculas que nuestro propio organismo genera en su actividad diaria, y tienen una función fisiológica, pero, además, tóxica para las células. Esta toxicidad estaría dada por un aumento en su cantidad y / o una dificultad en los mecanismos celulares de defensa antioxidante.

Como no vivimos aislados del entorno, estamos expuestos a elementos que generan radicales libres, como la polución ambiental, el tabaco, la radiación, los pesticidas y elementos químicos, los alimentos procesados, el estrés y las emociones negativas. No se asombre, así es, ¡nuestras emociones y el estrés coadyuvan al proceso de envejecer!.

Así, a medida que transitamos nuestros años, se generaría un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la posibilidad de nuestro sistema de defenderse de ello. Punto de inicio para el daño, mutación y muerte celular.

¿Cómo envejece nuestro cerebro? Las neuronas sufren un proceso degenerativo irreversible que es el culpable de alteraciones en nuestros órganos de los sentidos (problemas de audición, de la vista), inestabilidad de la marcha, rigidez en nuestras articulaciones y dificultades cognitivas.

Así, un día notamos que nos cuesta más focalizar nuestra atención. Nos volvemos fácilmente distractibles, nuestros pensamientos saltan traviesos de un tema a otro.

Nos cuesta recordar información reciente, entonces empezamos a perder anteojos, llaves, dinero. A veces porque no recordamos dónde los dejamos, otras, porque los escondemos y luego no recordamos dónde. ¡Qué sensación de angustia genera esta situación!

Y a nuestra mente vuelven aquellas reminiscencias de épocas pasadas. Los capítulos de nuestra vida que ya leímos, regresan, para ser releídos con añoranza, con ese gustito a yemas batidas con oporto que hacían las abuelas y ese olor a eucaliptus con vapor para abrir los bronquios.

Pareciera que, con el paso de los años, la luz que ilumina los días presentes empieza a desplazarse y apunta con mayor intensidad a lo que quedó atrás.

Así como las articulaciones se ponen más duras, nuestra cabeza se pone menos flexible, y nos cuesta adaptarnos a situaciones nuevas, sobre todo cuando ocurren tan rápido, como en este siglo.

Empieza a costar responder rápidamente a las demandas del medio. El cerebro se pone más lento para reaccionar. Los adultos mayores manejan otros tiempos, la inmediatez ya no es para ellos. Y esta cuasi filosofía de vida tiene un sustrato neuronal.

Estos son los tres ejes que nos enrostran irrespetuosamente que el tiempo va pasando: atención, memoria a corto plazo y velocidad de reacción.

Dos posibles reacciones son posibles: uno podría anclarse en la queja y llorar eternamente lo que se perdió, acentuando y remarcando la fatalidad de envejecer.

O, uno podría pensar que se pierden cosas, es cierto, pero se ganan otras. Y, entonces, se resignifica la pérdida, lo que posibilita crecer.

Hay cuatro pilares para mantenerse activo mentalmente y campear el deterioro propio de la edad: una buena alimentación (se sugiere que la dieta mediterránea es adecuada), actividad física (30 minutos por día es suficiente, si es al aire libre, tanto mejor), vida social y estimulación cognitiva (o gimnasia cerebral).

Aunque suene medio a gurú, una mirada y actitud positiva ante los hechos de la vida, aportan su granito de arena.

Existe un buen envejecer, que descansa sobre el paradigma de aceptar los cambios y de proponerle al paso del tiempo un quiero retruco, desde las posibilidades, desde la acción.

Yo pienso en Juan Carlos, el cordobés de 70 y pico que corrió 100 km conmigo, en mi abuela Gelu que fue al casino cada miércoles hasta la semana antes de morir, a sus 94 años, en Mick Jagger y Charlie Watts, que siguen dando recitales, en Adriana, de 87, que practica yoga de una manera increíble y en tantos otros. Sus cuerpos acusan el paso de los años, su cerebro, también, pero su actitud hace la diferencia.

Estoy convencida de que se puede ser viejo con la frente alta, se puede ser viejo mirando de frente a las pérdidas y hacerles una mueca, se puede ser viejo, ¿y qué?

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296 / licceciortizm@gmail.com 

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