Calvicie: ¿por qué aún no se ha encontrado una cura?

Calvicie: ¿por qué aún no se ha encontrado una cura?

Actualmente, muchos hombres se realizan costosos procedimientos alternativos como trasplantes capilares, que mueven folículos de un lado de la cabeza a otro. Pero lo cierto es que hasta el momento no existe una cura para la caída del cabello, ni un tratamiento que realmente haga que vuelva a crecer

Cada año, personas alrededor del mundo gastan cerca de US$8.500 millones en tratamientos relacionados con la pérdida del cabello.

Se trata de una cifra extraordinaria, que revela cuán profundamente afecta este problema a las personas y lo desesperadas que están por encontrar una solución.

Pero lo cierto es que hasta el momento no existe una cura para la caída del cabello, ni un tratamiento que realmente haga que vuelva a crecer.

Actualmente, muchos hombres se realizan costosos procedimientos alternativos como trasplantes capilares, que mueven folículos de un lado de la cabeza a otro.

Pero según el periodista científico Stephen Buranyi, la verdadera cura tantas veces prometida se ha convertido en el avance médico más perpetuamente retrasado, ya que siempre está "a la vuelta de la esquina".

Ahora mismo, sin embargo, existen tratamientos que realmente son prometedores, según Buranyi.

Pero antes de entrar en detalle sobre ellos, conviene primero examinar por qué la calvicie es un problema tan complicado de resolver.

Y también entender cómo, hasta ahora, las esperanzas de hallar una solución se han basado más en exageraciones publicitarias que en datos científicos.

La ciencia capilar

El pelo en sí es sencillo: está compuesto básicamente de células muertas rellenas de una proteína. Pero los folículos que crean el cabello son increíblemente complejos.

El pelo en sí tiene una estructura sencilla, pero su proceso de formación es increíblemente complejo.

Técnicamente son un órgano, al igual que tu corazón o tus riñones.

Son estructuras muy especializadas que se forman temprano en tu desarrollo y que no pueden regenerarse.

Para la semana 22 (un poco más de la mitad del período de gestación), un feto ya desarrolló los cinco millones de folículos capilares que tendrá el resto de su vida.

El cabello que producen estos folículos puede cambiar: por ejemplo, durante la pubertad se vuelve más grueso y oscuro. Pero nunca puedes volver a desarrollar nuevos folículos.

En cuanto a los tratamientos, incluso cuando no sabíamos mucho sobre cómo funcionaba el cabello en los años 50, 60 y 70, ya se prometían curas para la calvicie. La mayoría de ellas, totalmente ridículas.

Se ofrecían inyecciones de testosterona y esteroides que se debían frotar sobre el cuero cabelludo. También podías recibir descargas eléctricas o pasar una aspiradora por la zona donde querías que creciera el cabello.

Una compañía farmacéutica japonesa incluso comercializó un CD de música que se suponía que promovía el crecimiento del cabello.

Hubo tantas "curas" fraudulentas que a mediados de la década de 1980, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) directamente prohibió todo medicamento que asegurara tratar la caída del pelo.

Avances

No obstante, a finales de la década de 1980 se descubrieron verdaderos tratamientos. Y esto fue un hallazgo que, como ocurre tantas veces en la ciencia, se dio de pura casualidad.

Resulta que un grupo de médicos que estaban probando la efectividad de un nuevo medicamento para tratar la hipertensión (o presión sanguínea alta) se dieron cuenta de que tenía un efecto secundario de lo más interesante: hacía que el paciente se volviera más peludo.

Luego se descubrió que otro fármaco desarrollado para tratar próstatas agrandadas, la finasterida, podía ralentizar o incluso detener la pérdida de cabello en algunas personas.

Ninguno de estos fármacos podía hacer que volviera a crecer el pelo y no eran efectivas para todos, pero pese a todo en su época fueron "un notición", cuenta Buranyi.

Los medios los llamaron "curas" para la calvicie y muchas personas pensaron que eran un primer paso en el camino a una solución definitiva para sus problemas capilares.

El problema era que estos tratamientos no derivaban de una revelación científica sobre la caída de pelo. Sigue siendo un proceso que aún no entendemos completamente.

E, increíblemente, esos dos medicamentos siguen siendo los únicos que se han descubierto en los últimos 30 años para ayudar con la calvicie.

En camino a una solución

Aunque no hemos hallado nuevas soluciones, desde los años 90 sí ha mejorado mucho nuestro entendimiento sobre cómo funciona el crecimiento del pelo.

Descubrimos que, a diferencia de otros órganos, los folículos pilosos se están remodelando constantemente, cambiando su estructura en función de si están haciendo crecer cabello, deshaciéndose de cabello o descansando.

Para hacer esto usan células madre, las células que pueden convertirse en cualquier tipo de célula del cuerpo.

Los folículos están en constante desarrollo. Y utilizan muchas de las mismas vías y señales que se usan durante el desarrollo humano temprano.

Hay una compañía de biotecnología dirigida por un multimillonario turco-estadounidense que está desarrollando un medicamento ultra secreto que supuestamente funciona sobre una de estas vías.

Actualmente se están realizando los ensayos en humanos y, según la empresa, el fármaco puede hacer que el cabello vuelva a crecer.

También hay varios grupos de investigación japoneses que aseguran que pueden clonar tus folículos pilosos y manipularlos en un laboratorio para que generen pelo. Después los trasplantarían a tu cuero cabelludo.

Todos estos proyectos tienen mucho más sentido, desde el punto de vista científico, que los tratamientos que se han desarrollado hasta ahora. Pero se trata de campos nuevos y muy complejos.

Las células madre hasta ahora han generado mucha más publicidad que resultados concretos. Y sigue habiendo muchas cosas que no sabemos sobre la ciencia detrás de la pérdida de cabello.

Por eso, aunque ahora una cura parece más realista que en cualquier momento del pasado, no debería sorprendernos si, una vez más, las expectativas superan la realidad.

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