El educador domiciliario que enseña y contiene a jóvenes con necesidades especiales

El educador domiciliario que enseña y contiene a jóvenes con necesidades especiales

Antón es profesor de Lengua y Comunicación y  dicta clases en el nivel secundario. Junto a su trabajo tradicional en una escuela regular, asiste a alumnos que sufren problemas físicos o psicológicos y no pueden salir de sus hogares.

En el Día del Maestro, que se celebra hoy en homenaje al presidente y educador Domingo Faustino Sarmiento, la figura del docente es revalorizada en su trabajo de ponerse delante de un aula y enseñar a los jóvenes en el marco de su desarrollo integral como personas.

Dentro de la universalidad educativa, existe un grupo de docentes dedicados a la enseñanza bajo la modalidad domiciliaria - hospitalaria, quienes se encargan de otorgar educación a los niños y adolescente que, por distintos motivos, no pueden asistir a un aula. Antón es un profesor de Lengua y Comunicación que dicta clases en el nivel secundario y, junto a su trabajo tradicional en una escuela regular, asiste a alumnos que sufren problemas físicos o psicológicos y no pueden salir de sus hogares.

Comenzó a trabajar como docente domiciliario en 2014 debido a que, como muchos en su misma posición, necesitaba sumar horas cátedra en su incipiente trayectoria educativa. Desde entonces recorrió numerosos hogares y conoció múltiples historias, lo que le permitió formarse no solo como profesional sino además como ser humano. “Los docentes que estamos en domiciliaria nos transformamos en un apoyo primordial para el alumno, lo que requiere mucha habilidad de nuestra parte porque generalmente nos encontramos con situaciones que exceden nuestros conocimiento”, explica a MDZ. Por resguardo de la intimidad de los alumnos del docente, no se publican ni el  apellido, ni imágenes. 

Según Antón, el docente de domiciliaria tiene un perfil particular que se adapta a esa circunstancia: “Es más paciente y comprensivo con los demás, y también sabe amoldarse a muchas situaciones inusuales, enfocando su trabajo hacia la contención. Con los alumnos se comunica en formas diferentes, haciéndoles ver que la educación no es aburrida y que el mundo vale la pena y va más allá de sus problemas”.

La modalidad de educación domiciliaria y hospitalaria, contemplada en la legislación argentina y que en la provincia está a cargo de la Dirección General de Escuelas. El objetivo primordial de este formato es llevar la escuela allí donde el alumno se encuentra, desplegando estrategias para el sostén y acompañamiento de las trayectorias educativas de los estudiantes, atendiendo a circunstancias que obstaculizan o ponen en riesgo su escolaridad. Abarca tanto a jóvenes que tienen problemas físicos, desde fracturas y lesiones hasta enfermedades degenerativas musculares, hasta aquellos que sufren trastornos psicológicos-mentales, como depresión aguda, esquizofrenia y psicosis, entre otros. Incluso pueden solicitar esta modalidad chicos que padecen patologías crónicas, como cáncer.

Actualmente tiene a su cargo cinco alumnos en domicilios y, salvo a uno, les dicta hasta cuatro materias diferentes. En su amplia experiencia, afrontó situaciones complicadas en las que trató de llevar al máximo sus habilidades como docente para cumplir con su tarea. “Un año -ejemplifica-, me tocó asistir a un alumno que tenía psicosis. Con el paso de las clases me dí cuenta que cuando terminaba de explicarle un tema, el chico siempre me preguntaba de qué materia era o cuál era mi nombre, o me mostraba dibujos de autos. Después me enteré que tenía psicosis infantil, es decir que con 16 años tenía la mentalidad de un nene de 7”.

Otro caso particular fue el de una estudiante que padecía esquizofrenia: “Empezaba la clase normalmente hasta que, de repente, se le iba el efecto de la medicación, entonces me miraba y cantaba, dejándome de escuchar. Luego se paraba y bailaba alrededor de la mesa mientras seguía cantando, hasta que subía las escaleras para encerrarse en su habitación. Con eso tenía que dar la clase por terminada”.

También trabajó con chicos que no solo tenían patologías psiquiátricas de base, también con aquellos que fueron víctimas de episodios traumáticos: “Me tocó un alumno que había sufrido una golpiza tremenda en su escuela, lo que le generó un trauma psicológico por el que perdió su forma correcta de hablar. Con mucho esfuerzo y la ayuda de las señas, además de la familia, pudimos seguir adelante con las clases hasta que aprobó el año con muy buenas notas”, recuerda.

Más allá de esos casos particulares, Antón comenta que su mayor satisfacción es que esos jóvenes sientan que son escuchados y contenidos por los docentes domiciliarios: “Que reciban a una persona que los elogie, les hable bien y los motive, para ellos es algo importante. E incluso para nosotros también es una terapia porque llegamos con una sonrisa grande que nos obliga a dejar nuestros problemas afuera de la clase”.

“Nuestro objetivo es reinsertarlos en el mundo escolar para que puedan, en la mayoría de los casos, volver a un aula. También se trata de reinsertarlos a la sociedad, motivándolos y dándoles la fuerza necesaria para que se animen a volver. Ese logro es una satisfacción muy grande”, concluye.

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