Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Si los inmigrantes ya son culpables de muchos males, luego se vendrá el odio hacia los robots. En Mendoza seguro nos opondremos y los sindicatos cortarán las calles para no perder lo que ganan con su flojera y el status quo.
Avatar del

Edu Gajardo

1/4
Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Ya odiamos a los inmigrantes, luego odiaremos a los robots

Dos cosas me sorprendieron mucho durante el último viaje que hice a Chile. Cuestiones que con los años se notan, a pesar de haber nacido al otro lado de la cordillera. La primera es la cantidad de inmigrantes (y el racismo que se genera) y la segunda es la rápida implementación de elementos tecnológicos en la vida cotidiana y que están significando cambios en algunos sectores laborales.

En ese contexto, me di cuenta que hay quienes odian a los inmigrantes y otros que odian a los robots, porque consideran que les quitaron sus trabajos o que perjudican el mercado laboral porque trabajan por menos y "no lo dejan en el país".

Si vas al vecino país en la mayoría de los comercios y restaurantes encontrarás por lo menos una persona extranjera, principalmente colombianos, venezolanos y haitianos. Es que durante 2017 en Chile se entregaron más de 260 mil visas de las cuales más de 70 mil corresponden a ciudadanos venezolanos. La mayoría, según datos oficiales, el 24% se desempeña en comercios, un 14% como trabajadoras domésticas, un 11% en manufactura y un 7% en servicios alimenticios y de alojamiento.

Ese impacto se siente y hay muchos chilenos que se quejan y creen -como acá- que vienen a quitar puestos de trabajo o usar sus servicios de salud o sus universidades, cuando las mismas cifras oficiales muestran que no es así, sino que aportan al desarrollo de las naciones.

El problema es el mismo que tenemos en Argentina y en Mendoza, donde algunos de nuestros líderes políticos pretenden poner a los extranjeros como una justificación para sus propias falencias como encargados de dirigir al Estado. Es que los mismos que usan ese argumento, no supieron generar las condiciones porque hay una serie de trabajos no calificados que son necesarios y que sólo los inmigrantes están dispuestos a realizar. Además, están los que llegan a aportar en trabajos profesionales o calificados.

Cualquier similitud con el proyecto de Petri u otro, es sólo coincidencia, o no tanto, porque al fin todos somos seres humanos y tenemos los mismos defectos.

Se vienen los robots

Además de la situación de los inmigrantes me llamó la atención la automatización de una serie de procesos de la vida cotidiana, pero el que más me hizo reflexionar fue el del Metro de Santiago (el subte) y su línea 6.

Se trata de la última línea que se puso en operaciones y en la cual los que mandan son los robots y las computadoras. No hay boleterías, no hay choferes en los trenes, sólo gente que va y viene. Para circular se utiliza la tarjeta "Bip" (similar a la SUBE) y en las estaciones hay cajeros automáticos para cargarla y cuando entras al andén y el tren llega, hace todo el procedimiento de manera automática, porque no tienen chofer como el del resto de las líneas.

En ese momento recordé las entrevistas y conferencias ha publicado en las que Gustavo Béliz, director del Intal BID, Instituto para la Integración de América Latina del Banco Interamericano de Desarrollo, hace hincapié en el trabajo en la era de los robots. Es que ahora, además de culpar a los inmigrantes, podemos culpar también a lo robots que comienzan a ocupar puestos que antes eran utilizados por humanos.

Si esto, por ejemplo, se intentara implementar en el subte de Buenos Aires, seguro al menor anuncio habría paros y piquetes resistiendo la medida. Es que es más fácil quedarse en la comodidad que ofrece la ineficiencia. Hay sindicalistas que son expertos, oponiéndose al control, al mejor desempeño y a la búsqueda de un mejor servicio a favor de la población, pero que a la hora de preparar a los trabajadores o buscar capacitación para ir de la mano con las nuevas tecnologías, se niegan rotundamente.

Un ejemplo claro de eso es que en Mendoza -y en la Argentina en general- hay resistencia a servicios como Uber, pero a cambio no se mejora en nada un servicio de taxis deficiente y vetusto, con vehículos en ruinas y sistemas de cobro que se quedaron en el tiempo.

¿Entonces, los culpables son los robots y los inmigrantes, o nosotros y nuestras autoridades que no vamos de la mano de la tecnología? 

Entonces, sigamos mirándonos el ombligo, creamos que en el status quo vamos a seguir bien o que los nacionalismos baratos servirán toda la vida y servirán para convencer a una población cada día más informada.

Igual, para consuelo de todos, especialmente de los políticos, siempre hay alguien a quién culpar, porque si no son los inmigrantes, pueden ser los robots, o lo que venga.