¿Y si las medidas de fuerza las tomamos los consumidores?

Ni empleados ni empresarios piensan en soluciones cuando hay un conflicto salarial. La atención al público, la principal afectada. Si hablar de "rehenes" ofende, ¿cuál es el plan B de los demagogos?
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Rubén Valle

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¿Y si las medidas de fuerza las tomamos los consumidores?

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¿Y si las medidas de fuerza las tomamos los consumidores?

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¿Y si las medidas de fuerza las tomamos los consumidores?

Cuestionamos, y con razón, que los bancarios hagan medidas de fuerza tomando como rehenes a los usuarios. Y la reacción de algunos, cuando leen o escuchan esta apreciación, es que uno es un reaccionario que no respeta a los trabajadores y su constitucional derecho a reclamar. Descartando, ex profeso, el derecho de quien necesita hacer un trámite en el banco y se encuentra con las puertas cerradas con el argumento de las asambleas.

Quien ejerce esa defensa de la medida de fuerza desde el lugar cómodo y cómplice de lo teórico (seguramente no tuvo que ir ese día al banco o está fuera del sistema) también plantea algo que debemos reconocer los periodistas cuando enfocamos solo un bando del conflicto: ¿qué hacen las empresas del sector para evitarnos tal chubasco?

Empresarios del rubro, con suculentas ganancias anuales, no sólo no garantizan la atención del público, a pesar de que es a ellos a los que corresponden aplicar un plan B si sus empleados realizan acciones que entorpecen o afectan el natural servicio, sino que tampoco se sienten en la obligación de darnos explicaciones.

Que no sea de su agrado el porcentaje que se reclama en paritarias no los exime de cumplir con clientes y usuarios. Probemos nosotros no "cumplirles" un día. Ellos sí pueden aplicar los intereses que gusten determinar y aumentar los porcentajes que les cuadre en los servicios que, bien o mal, nos proveen.

Resignados, ya sabemos que la atención al público que se resintió lunes, martes y miércoles tendrá como bonus track los feriados de Jueves y Viernes Santo y del lunes 2 de abril. Y el impacto no termina aquí: la semana próxima seguramente se concretará el prometido paro general.

Para no focalizar la crítica sólo en los bancarios, digamos que este modus operandi es moneda corriente para cualquier tipo de reclamo. Lamentablemente, cual déjà vu, habrá que aclarar que no se pone en duda la validez de lo que se negocia sino la metodología. "Joder al otro en beneficio mío" sería una síntesis bastante ajustada (aunque moleste al reclamante y sus defensores ad hoc) de lo que percibe -y sufre- la mayoría.

Empresarios y líderes sindicales se deben una profunda discusión que exceda la pelea salarial para redefinir quién es el que le sustenta el negocio a ambos. Cuando les quede claro que sin nosotros -clientes, usuarios, consumidores- se les cae el boliche, ahí los terceros en discordia seremos debidamente considerados.

Aclaración al pie: reducir ésta o cualquier opinión a la siempre redituable grieta no contribuirá a debatir el problema de fondo: por qué somos cómo somos y estamos cómo estamos. Debatir al desnudo, sin la camiseta, tiene sus riesgos pero también habilita la expectativa de que alguna vez empecemos a nivelar hacia arriba.