Traumatismo de cráneo: ¿qué le pasa a nuestro cerebro?

A todos nos ha pasado alguna vez. Y claro está que nuestro cerebro es un órgano muy sensible, y un golpe puede dejar secuelas importantes.
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Cecilia Ortiz

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Traumatismo de cráneo: ¿qué le pasa a nuestro cerebro?

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Traumatismo de cráneo: ¿qué le pasa a nuestro cerebro?

Traumatismo de cráneo: ¿qué le pasa a nuestro cerebro?

Brian tenía una vida ejemplar. Alumno dedicado, hijo cariñoso, hermano protector. Un accidente de auto cambió su vida. Internación, terapia intensiva, coma, rehabilitación, momentos de consternación para su familia. Dura vuelta a la vida. Dura en todo sentido; porque más allá de los dolores físicos, Brian tuvo que enfrentar las secuelas cognitivas, que lo obligaron a abandonar la facultad y, obviamente, su proyecto de vida. Historias parecidas se repiten en la mayoría de los pacientes que sufren un traumatismo de cráneo.

El traumatismo encéfalo craneano (TEC) ocurre cuando una fuerza externa actúa sobre nuestro cráneo produciendo daño cerebral. Es la principal causa de muerte en adultos jóvenes y la segunda en adultos mayores de 65 años.

Nuestro cerebro no está estático dentro del cráneo, flota en líquido cefalorraquídeo, entonces cuando se produce un golpe (por una caída, un accidente vial, un golpe violento), la masa encefálica se desplaza hacia el lado opuesto, recibiendo un contragolpe, es decir, un golpe contra las paredes del cráneo. Además del daño causado por la contusión, puede haber lesiones secundarias, provocadas por alteraciones en el flujo sanguíneo o por presión dentro del cráneo.

El golpe puede ir acompañado de pérdida de conciencia y/o coma, o sea, la persona pierde la capacidad de responder a estímulos externos. En casos de traumas leves, podemos observar síndromes confusionales, estados en los que el paciente está desorientado y le cuesta prestar atención a estímulos. Si el daño es tal que compromete el tronco encefálico, alterando su comunicación con la corteza cerebral, hablamos de estado vegetativo, que puede extenderse durante meses o años. Hay pacientes que pueden despertar después de años en estado vegetativo. En estos casos, deben recuperar funciones como masticar, hablar, etc.

Los traumas de cráneo pueden ser abiertos (hay fractura de cráneo y puede haber pérdida de masa encefálica) o cerrados (no hay fractura de cráneo).

En los casos de TEC leve, es común que los pacientes presenten amnesia postraumática luego del evento, es decir, se pierde la memoria vinculada al accidente, que puede extenderse a momentos o días previos. En estos casos, puede haber recuperación paulatina, el paciente puede ir, de a poco, teniendo "flashes" de recuerdo. Pero si el TEC es grave, los problemas de memoria pueden no ser reversibles.

Es esperable que después de un TEC, los pacientes comiencen a quejarse de fallas cognitivas, que variarán teniendo en cuenta la localización, el tamaño y la duración del período confusional. Lo que primero suele "hace ruido" es la alteración en la concentración y en la memoria. Las personas encuentran dificultad para almacenar información nueva, con lo cual, les cuesta recordar información reciente.

Puede haber alteración en el lenguaje, a modo de dificultad para articular o generar palabras o para denominar objetos.

Los pacientes pueden ponerse más lentos, estirándose el tiempo de reacción ante un estímulo que requiere respuesta rápida.

Los cambios en la conducta no se hacen esperar. Pueden aparecer irritabilidad, agresividad, ansiedad, falta de iniciativa, dependencia, cambios de personalidad.

Esto último repercute más a nivel vincular. La historia es esta: una vez que pasa el período de urgencia y que la vida vuelve a su ritmo habitual, se descubre que ya no puede ser tan habitual, hay algo que cambió. Y ahí suele empezar el conflicto. Los seres queridos esperan actitudes y conductas por parte del paciente que, lógicamente, ya no estarán. Porque el sujeto ya no es el mismo.

Siempre les digo a mis pacientes con TEC que han nacido dos veces. Una, obviamente, cuando vinieron al mundo. La otra, luego del accidente. Esa otra persona que nació es diferente a la que fue. Porque funciona de otra forma, porque piensa de otra forma, porque tiene otras necesidades, otras angustias, otros miedos. Porque volvió y se siente inseguro de sí y del mundo que lo rodea.

Si a esa persona le exigimos para que dé lo que daba, vamos por mal camino. La palabra fundamental es la ACEPTACIÓN, que implica hacer un duelo por la persona que antes era y por la relación que se tenía con ella.

Existen múltiples dispositivos para abordar estas patologías. La terapia de rehabilitación física es una. La de estimulación cognitiva es otra. Es un proceso lento, pero ayuda a que las neuronas puedan, gracias a la neuroplasticidad, refuncionalizarse y, por consiguiente, hacerle frente a los problemas cognitivos.

El dolor y las pérdidas se superan, si el paciente y su familia tienen la fuerza para enfrentar los cambios. Lo importante es no dejarse estar.

Lic. Cecilia C. Ortiz/Mat: 1296 / [email protected]