Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Este hombre bueno de corazón vive un verdadero calvario, desde el incendio en que perdió a su mujer Ana Vera y a sus hijos Rodrigo y Gabriel. Aún así, la dignidad es su esencia.
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Ulises Naranjo

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Santiago y tres de los niños que le quedan.

Santiago y tres de los niños que le quedan.

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Santiago, el hombre que salvó tres vidas y perdió otras tres

Si bien todas las historias son historias de amor, no todas las historias son historias de película. La de Santiago es una historia de película, es una novela que alguien -con el talento y la dedicación del caso- debiera sentarse a contar.

Santiago conoció a Ana en el secundario: no sólo los unió el amor al arte, sino el compromiso social; Ana, además, era hija de desaparecidos y compartían esa lucha por la justicia y la verdad. 

Así, sin mayor esfuerzo, se amaron profundamente, confiaron, iniciaron el viaje de vivir con el otro y tuvieron cuatro hijos, ya desde muy jóvenes. 

El amor, entonces, se volvió más grande. Y tan grande fue el amor que, siendo una familia humilde, dicidieron que creciera más: adoptaron tres niños de 11, 8 y 5 años; niños de esos que nadie quiere, que nadie adopta y viven en hogares del Estado hasta la mayoría de edad, niños a quienes nadie quiere ‘salvar', esta palabra tan de moda. 

Contra todo, Ana y Santiago los salvaron y formaron una familia de siete hijos, con hogar en la calle Severo del Castillo, de Los Corralitos, Guaymallén.

La tragedia llegó a finales de 2014: mientras dormían, la casa se incendió y murieron Ana y dos de los niños, Rodrigo y Gabriel, de 14 y 11 años. Ana, la luchadora, la incansable laburante social, murió, dijo la policía en aquel momento, intentando rescatar a sus hijos. 

La familia, los sobrevivientes, imaginarán, quedaron destruidos, pero siguieron adelante e incluso Santiago terminó los trámites de adopción. Luego de la tragedia, hubo gran cantidad de donaciones: la mayoría (esto no lo querrá decir Santiago) fueron repartidas a otras familias, "que las necesitaban más".

A partir de entonces, el calvario para la familia fue tomando distintos colores y los problemas, al día de hoy, en que todos están atentos al Mundial de Rusia, continúan. Por eso, hablamos con Santiago, un hombre bueno de corazón, tan bueno que no sabe pedir ayuda. En algún momento, casi al pasar, dirá: "Me embola tener que llegar a estos extremos. Además, que comparado con otros problemas de otra gente, yo me siento medio pelotudo haciendo estas cosas. Pero por otro lado, me siento atado de manos". Vamos, entonces, a los problemas actuales y que nos lo cuente el propio Santiago Bosio.

Calvario actual número 1 

"En el año 2015 intenté iniciar dos trámites. Primero, el de la pensión de ANSES por fallecimiento de trabajador en actividad. Este trámite no pude siquiera iniciarlo porque el acta de defunción de Ana estaba mal confeccionada, ya que no figuraba el número de su DNI. El derrotero para conseguir la modificación del acta que me permitiera iniciar los trámites fue un infierno, a través de una defensora pública se inició el trámite en un juzgado civil de Maipú, pero nunca se completó y perdí dos años esperando. Finalmente tuve que pagarle en forma privada a la abogada que me llevó el trámite de adopción para conseguir que saliera el oficio judicial necesario para modificar el acta. A finales del año pasado salió el oficio y pude solicitar la modificación al Registro Civil, que conseguí a principios de enero, con lo que finalmente pude iniciar el trámite en ANSES, pero ya con un perjuicio económico, porque no reconocen más que un año de retroactivo. Igualmente, desde finales de enero que está el trámite en la misma situación y no he podido averiguar mucho más. La semana pasada me acerqué por la UDAI y después de una hora y media de espera lo único que me dijeron es lo mismo que puedo averiguar por el sitio de Internet, que está en cómputo y liquidación, y me recomendaron que volviera dentro de un mes. No pretendo que salga mañana, sino saber aproximadamente cuánto se va a demorar, me mata la situación de no saber si va a salir el mes que viene o el año que viene".

Calvario actual número 2

"El segundo trámite que sí pude iniciar a mediados de 2015, y que pronto va a cumplir tres años sin estar terminado es otra pensión, esta vez provincial, que es un beneficio otorgado por la Ley 8395 para ex-detenidos por causas políticas, que le correspondía a Ana por haber estado internada en el penal provincial en los años 1975 y 1976 junto con su mamá, María Florencia Santamaría que estuvo detenida por causas políticas hasta el año 1981. Esa pensión de acuerdo con la ley era heredable y podía solicitarla yo, cosa que hice como te digo en el año 2015. He estado haciendo el seguimiento personal de ese trámite para poder acelerarlo, pero si bien supuestamente están faltando unos pocos pasos por lo que me han explicado, ha llegado a un lugar que parece el Triángulo de las Bermudas. El expediente en este momento está en poder de unas ‘delegadas'. Hasta donde pude averiguar serían delegadas que se desempeñarían por parte del Ministerio de Salud y Desarrollo Social en la Contaduría General de la provincia. De ahí el trámite pasaría a redacción de la norma legal, que es un decreto que tiene que firmar el gobernador y a partir de ahí ya empezarían a liquidarla. El problema es que estas ‘delegadas' nadie me dice quiénes son, no se las puede ubicar por teléfono, no se puede ir a la oficina, porque no atienden al público. Según la Dirección de DD.HH. el trámite ya ha sido reclamado, pero no pueden decirme cuánto tiempo más va a demorar. También me tienen con la cantinela de que averigüe dentro de un mes. El expediente lo tienen las delegadas hace ya cuatro meses. Y de mes en mes se van pasando los años". 

"Mi urgencia es que este proyecto de familia numerosa es muy caro, más en la coyuntura económica actual, y hasta el año pasado pude sostenerlo gracias a la ayuda económica que recibí y te comenté al principio. Con esa plata que se juntó en aquel momento pude hacer algunas cosas, como terminar de limpiar el lote, cosa a la que se había comprometido la Municipalidad de Guaymallén y que no cumplió y hacerle el cierre definitivo ya que por ahí se le metieron y casi le vaciaron la casa a mi vecina. Pero realmente para lo que más me sirvió fue para poder sostener económicamente a la familia durante estos más de tres años. El tema es que esos fondos se agotaron a finales del año pasado y al no haber salido estos trámites, mi situación económica se ha vuelto calamitosa. Por suerte uno de mis hermanos me ha estado dando una mano prestándome plata, pero ya estoy podrido y necesito que estos trámites se resuelvan ya, que es lo que hubiera correspondido desde un principio". Como verán, estimados lectores, de este modo pagamos los mendocinos a quienes son capaces de asumir un acto de amor tan grande como el que esta familia asumió. ¿Quiénes, de los responsables del Estado, se pondrán inmediatamente a hacer lo que no vienen haciendo desde hace años? ¿Quiénes a cargo de ellos harán sonar sus teléfonos?

Esta familia atravesada por el dolor ya no tiene dinero no para comer. Ellos, los que nos enseñaron a salvar vidas y los que perdieron vidas, los sobrevivientes de tanta calamidad, no pueden parar la olla de los días. Que alguien, por favor, sienta la vergüenza suficiente como para echar a andar esta carreta sin ruedas.

Todas las historias son historias de amor y algunas están tapizadas por el bochorno y constituidas por la pena. 

Ulises Naranjo.