Rehabilitación por adicciones: ¿cómo se trabaja en Mendoza?

En la provincia funcionan nueve centros a cargo del Estado y otros tantos conformados por "comunidades terapéuticas" y clínicas privadas, que asisten a miles de mendocinos que sufren dependencias al alcohol y las drogas.
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Nicolás Munilla

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El abuso del consumo de sustancias nocivas como el alcohol y las drogas es una de las problemáticas de salud más preocupantes en Mendoza, por lo que más de 4.000 personas asisten anualmente a los centros asistenciales de adicciones a cargo del Ejecutivo provincial, y otras tantas acuden a alguna de las comunidades terapéuticas independientes que funcionan en la provincia.

A través del Plan Provincial de Adicciones, el Ministerio de Salud y Desarrollo Social atiende a quienes sufren trastornos y abusos por dependencia de sustancias en los nueve Centros Preventivos Asistenciales de Adicciones (CPAA) que funcionan en Ciudad, Godoy Cruz, Las Heras, Luján de Cuyo, San Martín, Tunuyán, General Alvear, Malargüe y San Rafael. Estos centros ofrecen tratamientos ambulatorios prestados por equipos interdisciplinarios y que están basados en el abordaje terapéutico, orientativo y psiquiátrico.

Según los últimos datos disponibles, en el año 2016 asistieron a los CPAA unas 4.386 personas que sufren algún tipo de trastorno y/o abuso de sustancias como alcohol, marihuana y cocaína, y cada paciente recibió en promedio 3,33 prestaciones al mes.

A estos centros se suman las denominadas "comunidades terapéuticas", grupos de índole privada que asisten con diversas metodologías a quienes presentan cuadros de adicción, ya sea bajo un régimen de internación o ambulatorio y que pueden incluir a expertos profesionales. Los más conocidos que funcionan en Mendoza son 'Remar', 'Cable a Tierra' y 'Conexión'. También hay varias organizaciones vinculadas a iglesias cristianas (católicas y evangelistas) y clínicas privadas especializadas en salud mental.

En ese espectro resalta el Espacio de Integración Comunitaria (EIC) que funciona en la localidad de Los Campamentos, de Rivadavia, que depende del municipio local y está gestionada por la comunidad terapéutica oriunda de San Luis 'Levántate y anda' . Es el único centro estatal en la provincia que cuenta con un régimen de internación, y además de los tratamientos médicos con profesionales se realizan diversos talleres artísticos y gastronómicos.

¿Cómo funcionan los CPAA?

En los nueve centros preventivos asistenciales de adicciones se prestan dos tipos de tratamientos ambulatorios: simple, donde el abordaje al paciente es psicoterapéutico con orientación familiar y, en algunos casos, psiquiátrico; mientras que el intensivo implica casos más complejos que requieren mayor cantidad de sesiones semanales y un control diario de medicación. A su vez cada centro cuenta con tratamientos grupales destinados tanto a los pacientes como a sus familias.

Marta Hintuchi, coordinadora del Plan Provincial de Adicciones, explicó a MDZ que los CPAA atienden dos tipos de situaciones referidas a los consumos problemáticos: el abuso de sustancias y el trastorno por dependencia de sustancias; mientras que los otros dos, intoxicación aguda por sustancias y abstinencia por sustancias, son competencia de los hospitales por tratarse de cuadros clínicos y que después puede requerir alguna asistencia para deshabituación del consumo en algún centro médico monovalente (en Mendoza son los hospitales El Sauce y Pereyra).

En orden de importancia, los tipos de sustancias más consumidos por los pacientes que asisten a los centros estatales son alcohol, marihuana y cocaína, con ocasionales cuadros de abuso de benzodiacepinas (medicamentos psicotrópicos y ansiolíticos) no recetadas. Hintuchi añadió que el consumo de drogas "duras", como la heroína, es "prácticamente inexistente" en Mendoza.

Los CPAA poseen equipos interdisciplinarios formados por trabajadores sociales, psiquiatras y psicólogos, y algunos centros cuentan con técnicos en minoridad. Esta variedad, además de brindar tratamientos más completos, permite diagnosticar cuadros más certeros. "Lo que caracteriza el abordaje de los centros de adicciones es la admisión: el paciente es entrevistado, al menos por dos disciplinas, y cada profesional va escuchando la intervención que le compete", aseveró Hintuchi. Luego del ingreso, el paciente puede ser sometido a un tratamiento únicamente individual y psicofarmacológico, o también es incluido en dispositivos grupales donde se trabaja con los demás pacientes (grupos terapéuticos) o la familia.

Respecto al tipo de admisión, la coordinadora del plan indicó que los CPAA "tienen dos puertas de ingreso: una referida a la vía de salud, por donde la persona llega por voluntad propia o convencida por algún familiar pero sin voluntad de tratamiento; y la otra es la vía judicial, cuando una persona que infringió la Ley de Estupefacientes teniendo drogas para consumo personal y presenta un problema de dependencia, es enviada por un juez al centro de adicciones para su tratamiento".

Perfil de los pacientes

Los centros preventivos asistenciales de adicciones en Mendoza están destinados a la población que carece de obra social y no pueda afrontar los gastos de una terapia privada. "Hay una normativa nacional que garantiza que las personas que sufren problemas por consumo de sustancias tienen que ser abordados por la obra social correspondiente", añadió Hintuchi. Esto explicaría en buena parte que en los efectores estatales no hayan pacientes con problemas por consumo de drogas de "diseño" y psicofármacos, dado que son consumidas por personas con mayor poder adquisitivo.

Otro requisito para ingresar a un CPAA es que el paciente debe tener 14 años o más. En los casos que sean menores a esa edad, son derivados a la red de Infantos, que depende también de la Dirección de Salud Mental. "Cuando tenemos niños con problemas de consumo de sustancias, lo más importante es que el tratamiento se pueda abordar a partir del desarrollo del niño, para que los profesionales logren trabajar fuertemente en la detección de las situaciones que impidan un desarrollo saludable, ya sea por adicciones u otro tipo de problemáticas", argumentó la especialista.

La duración de los tratamientos es extremadamente variada y depende de varios factores relacionados con el estado psicológico del paciente y su resiliencia a superar su situación, como también a la capacidad para asimilar el tratamiento y su propia voluntad de permanecer en el plan. " Tenemos pacientes que están hasta ocho años bajo tratamiento y otros que abandonan a los pocos meses, o que salen y al tiempo regresan debido a una recaída", reconoce Hintuchi.

"Otro inconveniente con el que nos encontramos es que, a veces, estamos sosteniendo los tratamientos de los pacientes más de lo que nos correspondería porque no encontramos lugar donde esa persona pueda continuar tratándose cuando ya resolvió su situación del consumo problemático. Por ejemplo, hay sujetos que ya tienen algún diagnóstico psiquiátrico de base antes de consumir, entonces lo recibimos en el centro y tratamos su consumo problemático; cuando supera esa dificultad prevalece su situación psiquiátrica de base que debe ser abordada en otro lugar", expone. Este panorama ocurre porque los profesionales del CPAA no encuentran dónde derivar al paciente, y se ven obligados a continuar tratándolo dado que no le pueden cortar la atención a grave riesgo de que reincida en la adicción. "Los hospitales El Sauce y Pereyra están saturados por la demanda y los centros de salud, lugares más próximos para el paciente, pueden carecer de profesionales idóneos", acotó.

El creciente aumento en el consumo adictivo de sustancias y la falta de lugares de derivación hacen que algunos CPAA terminen colapsando. A esos factores se suma la poca "tamización" de la demanda: "En muchos casos las derivaciones a los centros de adicciones están hechas inadecuadamente, porque nos envían personas que consumen sustancias ocasionalmente o de modo experimental, cuadros que deberían ser tratados en los hospitales. Necesitamos trabajar en eso", resaltó Hintuchi.

¿Por qué los centros no son de internación?

Los nueve CPAA que están a cargo del Plan Provincial de Adicciones ofrecen solamente tratamientos ambulatorios. Hintuchi explicó que ello obedece a que la internación de pacientes con problemas de abuso de sustancias es un abordaje propio de las 'comunidades terapéuticas', dispositivos creados a principios del siglo XX que usan modelos jerárquicos y grupales para apoyarse entre los propios pacientes, y pueden ser con equipos profesionales o no.

De todos modos, el Plan Provincial de Adicciones tiene convenio con las comunidades terapéuticas para utilizar los servicios de internación. "Si el paciente quiere internarse, evaluamos que cumpla con los requisitos exigidos por la comunidad terapéutica elegida y, si es aprobado, el Estado le paga su tratamiento", explicó la coordinadora del área.

¿Puede tratarse la adicción al tabaco?

Fumar cigarillos o cualquier otro formato a base de tabaco fue durante muchos años un hábito social aceptado, y aunque en la última década su consumo está siendo fuertemente cuestionado en la Argentina por causar graves problemas a la salud física, no existen abordajes ni campañas que reflejen el impacto en la salud mental.

"El consumo de tabaco se ha disparado en Mendoza y la Argentina, pero las personas no consultan en los centros de adicción porque el tabaco no está problematizado en términos sociales. Una persona que fuma 15 cigarrillos por día tiene un trastorno por dependencia pero no le significa un problema social, al contrario, se lo soluciona. Es un tipo de dependencia mucho más silenciosa en relación al daño que provoca en la salud", señaló Hintuchi.

Datos sobre consumo problemático

Según un informe elaborado por la Sedronar, el consumo de alcohol en jóvenes argentinos de 12 a 17 años llegó al 60% en 2017, 18 puntos más que en 2010, mientras que en Mendoza alcanzó al 58,9% de esa franja etaria que vive en la provincia. Y en relación con el tabaco, en Mendoza subió a 24,9%, bastante por encima de la media nacional (19%).

Entre la población de 12 a 65 años del país, las sustancias que presentan mayores tasas de consumo de alguna vez en la vida son: alcohol (81,0%) y tabaco (51,3%), ambas de uso legal. Y el consumo reciente de alguna droga ilícita pasó del 3,6% en el año 2010 a 8,3% en 2017. La marihuana se ubica en tercer lugar, con una tasa de consumo de 17,4%. Continúa el consumo de alguna vez en la vida de analgésicos opiáceos sin prescripción médica, que alcanza una tasa de 6.2%, y el de cocaína, 5,3%.

Prevención

Entre las acciones que desarrolla el Ministerio de Salud en la provincia en conjunto con la Dirección General de Escuelas, se destaca la aplicación de la Ley 26586. En 2009, se crea el Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Consumo Indebido de Drogas. Su objetivo es orientar las prácticas educativas para trabajar en la educación y prevención sobre las adicciones y el consumo indebido de drogas, en todas las modalidades y niveles del sistema Educativo Nacional. Y en Cuyo, anexo 1 de la Resolución CFE 256/15, se aprueban los lineamientos curriculares para la prevención de adicciones en la comunidad educativa.

A su vez, otra de las acciones es la intervención en los espacios de diversión nocturna, trabajando de forma coordinada con los empresarios dueños de boliches. "En estos espacios de diversión de los adolescentes se pasan videos preventivos especialmente sobre consumo de alcohol y tabaco, los efectos que producen los excesos en el consumo y las consecuencias de mezclar sustancias", agregó Hintuchi.