¿Qué le hace una mascota a tu cerebro?

Compañeros fieles, testigos de emociones, las mascotas acompañan al hombre desde hace siglos. Además, le hacen bien a nuestro cerebro.
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Cecilia Ortiz

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¿Qué le hace una mascota a tu cerebro?

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¿Qué le hace una mascota a tu cerebro?

¿Qué le hace una mascota a tu cerebro?

"Nadie aprecia tanto lo especial que es tu conversación como lo hace tu perro", Christopher Morley.

Las anécdotas sobre animales son abundantes y variadas. Y es que, sencillamente, nos acompañan desde hace miles de años.

Un estudio realizado por la Universidad de Cornell explica que hace 15.000 años los lobos fueron domesticados por el hombre. Se constituyeron así no sólo en los antepasados de nuestros perros, sino también, sentaron precedente para uno de los vínculos más fuertes que reconoce la Naturaleza, el de un hombre con su mascota.

Si fue el lobo el que se acercó al hombre o viceversa, no se sabe. Sí es cierto que en la época en que nuestros antepasados eran cazadores, dejaban los restos de comida a estos animalitos, que, a cambio, empezaron a merodear los campamentos alejando a otros depredadores.

Así, hombre y lobo (hoy perro), comenzaron a andar juntos, a cuidarse y hacerse compañía. Nunca más se separaron.

Pero, ¿qué hace que esta relación sea tan cercana? Para dilucidar esta pregunta, científicos japoneses de la Universidad de Azabu de Sagamihara realizaron un estudio. Encerraron en una habitación a 30 personas con sus perros. Previamente, realizaron dosajes de hormonas a los humanos.

Luego de 30 minutos de encierro, en el que se permitió que los sujetos jugaran, acariciaran y hablaran con sus mascotas, se volvió a realizar la medición hormonal. Se descubrió que la oxitocina había aumentado notablemente.

La oxitocina es conocida como la hormona del amor, porque genera sentimientos positivos de amor y cariño, es decir, provoca el vincularse a otros. Esto aumenta el nivel de endorfinas, produciendo placer y bienestar. Y nuestro cerebro es buscador de placer, por lo tanto se "hace adicto" a aquellas experiencias que se lo brinden.

La fundación Affinity (organización dedicada a promover el respeto por los animales) junto a la Universidad Autónoma de Barcelona han desarrollado un estudio que arroja como resultado que el 63% de las personas que tiene un animal en su casa le confiesa cosas que no le diría a nadie. Así, se entiende que se establece un vínculo de empatía y respeto, una conexión especial y profunda que excede la mera responsabilidad de cuidados. Los científicos creen que esto se debe a que los animales no juzgan, no retan ni recriminan, solo "escuchan" y dan muestras de afecto.

Para los adultos mayores, el tener una mascota implica estimulación cognitiva, en primer lugar porque tienen un por qué levantarse cada mañana (lo cual los hace sentirse útiles), además, deben recordar darles de comer, encargarse de los cuidados y sacarlos a pasear, entonces se mantienen alertas y activos. De hecho, en Barcelona, existe un centro gerontológico (AMMA Horta) que ha incorporado perros para rehabilitar a los adultos y han descubierto que son una herramienta eficaz para la estimulación cognitiva de pacientes con Enfermedad de Alzheimer.

En Estados Unidos existe un programa en el que se usan perros para ayudar a los veteranos de guerra con estrés postraumático. En Inglaterra ayudan a pacientes depresivos a curarse asignándoles el cuidado de una mascota.

De hecho, en nuestra provincia se trabaja con equinoterapia en el abordaje de niños autistas o con retraso mental, con resultados más que interesantes.

Además de ser beneficiosos para nuestras emociones, nuestro cerebro y nuestras habilidades sociales, promueven nuestra salud física. El médico Steven Feldman sostiene que acariciar a una mascota ayuda a disminuir el estrés, la tensión arterial y la frecuencia cardíaca.

Grandes, chicos, con pelos, con plumas, con escamas, paulatinamente se han ido ganando nuestros corazones, porque, no puede negarse, la mirada de un bicho dice más que mil palabras y ahora sabemos que, además, nos sana el alma.

Lic. Cecilia C. Ortiz/Mat.: 1296. [email protected]