Pronóstico de pirotecnia verbal para las mesas de fin de año

Las posiciones profeministas y antifeministas abrieron otra grieta en el país de las grietas. Como siempre, sobran manuales, argumentos y especulaciones para cada bando. Lo que no tiene retorno, guste o disguste a los combatientes de una u otra posición, es que lo que era un secreto a voces hoy es un grito de auxilio. Para algunos extemporáneo y exagerado, para otros tan vital como sanador. 

Rubén Valle

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Si este país se cotizara en grietas, ya estaríamos al día con el FMI, deudores varios y buitres ad hoc. No conformes con los Macri vs. Cristina, Boca vs. River, pañuelos verdes vs. celestes, feligreses vs. apóstatas, bilardistas vs. menottistas, ahora se sumó a la mesa familiar y a la del café el match de profeministas vs. antifeministas. Un peligroso big bang que en Navidad y Año Nuevo amenaza con superar a la piroctenia más sonora y peligrosa. 

Es que por estas horas en un mismo espacio convergen formaciones, culturas, mitos, prejuicios y mala información que determinan que frente al mismo tema se tengan visiones muy distintas e incluso extremas. Inevitablemente surge el “en mi época” que da por sentado que aquello era lo correcto y el “ahora” lo incorrecto. Algo así como lo fueron el tango y el rock en el tête à tête de padres e hijos.

Tan grande es esa brecha que resulta imposible zanjar la discusión en una charla de un par de horas. No obstante, los cambios en el mundo hoy por hoy son demasiados vertiginosos, no dan tiempo al procesamiento lento, a la cavilación interior. O nos adaptamos, lo cual supone una aceptación casi compulsiva, o quedamos en una incómoda posición de observadores pasivos, temerosos de opinar y ser la voz disonante. 

Lo que dice el radar

Las encuestas pueden ayudar a darle una proporcionalidad a estas distintas miradas sobre los temas más que sensibles en la Argentina, como el feminismo, el aborto, la Educación Sexual Integral o la violencia de género. El sondeo nacional realizado por Gustavo Córdoba & Asociados ratifica en cifras algunas de esas pulseadas conceptuales que tanto agitan la discusión más que el debate.

Sin embargo, esta encuesta fue realizada en noviembre, antes de que la denuncia de la actriz Thelma Fardin contra el actor y cantante Juan Darthés marcara una bisagra en la lucha del colectivo de mujeres. Repertirla dispararía sin duda varios de los  índices relevados.

Entre el 7,2% que percibe al feminismo como “una revancha de mujeres contra los hombres” y un 6,6% que lo considera como “amenaza a los valores tradiciones de la sociedad”, suman un 13,8% que está lejos de verlo como una cuestión de “igualdad de derechos entre el hombre y la mujer”, como sí lo evalúa el 53,6%, o como “una lucha contra la violencia de género”, según el 21,7% de los encuestados.

Casi 8 de cada 10 ve con buenos ojos que el 50% de los cargos políticos sean ocupados por hombres y el otro 50% por mujeres. El resto, y con distintos matices, plantea  que deberían llegar a estos puestos de decisión por méritos propios y no por un cupo determinado de antemano.

¿ESI o no?

Respecto de la meneada Educación Sexual Integral, la cual está avalada desde 2006 por una ley nacional, la misma es aceptada por los sondeados como “muy importante” (47,8%) e “importante” (34,4%), mientras que la minoría se divide entre “poco importante” (8,6%) y “nada importante” (6,7%).

Y aquí llegamos al punto álgido: ¿De quién debería ser principalmente la función de darles educación sexual a chicos y adolescentes? Se impone la opción “ambos por igual” con 43,6%, es decir “padres o familias” (35%) junto a “escuela o colegio” (16,8%). 

Los números refuerzan la idea de muchos de que no es el ámbito académico el ideal para esta necesaria formación. Así también lo patentizan las marchas de rechazo a lo que un sector muy amplio rotula de “ideología de género” asociada a la ESI en las aulas. 

Consultados respecto de cuál debería ser el principal objetivo de la Educación Sexual Integral, los porcentajes más altos y más bajos revelan que la preocupación de los padres no es la de sus hijos o al menos lo que indican los datos de la realidad. Mientras un 30% piensa que la ESI debe servir para prevenir las enfermedades de transmisión sexual, apenas el 8,9% considera que lo prioritario es reducir la violencia de género entre los adolescentes. 

La cantidad de agresiones, rechazos y chistes/memes que surgieron desde la denuncia contra Darthés, no hacen más que visibilizar una realidad incómoda para muchos y de la que todos debemos hacernos cargo en lo que nos corresponda. Pero con responsabilidad, porque precisamente donde pierden fuerza estas denuncias es cuando los hechos quedan detrás del escrache, lo mediático como golpe de efecto o las calificaciones que quienes no son los verdaderos protagonistas de un abuso. 

Abrir la caja de Pandora ha producido un enorme impacto, donde más allá de casos aislados que salpicaron injustamente a inocentes, saca a la luz a muchísimos impunes. Pasado este primer impacto, lo que ahora es excepcional terminará siendo la norma y ya no será noticia. O lo será donde realmente debe serlo, en la Justicia. 

Que un camarista (Gustavo Estrella) haya sido juzgado por violencia de género contra su expareja, transformándose en el primer funcionario del Poder Judicial en Mendoza en ser acusado y condenado por ese delito es otro hito. El magistrado fue destituido por fallo inánime por el jury de enjuiciamiento. El mismo que demoró, dio mil vueltas y un amplio margen a Estrella, definió en un solo día lo que dilató durante años  (la primera denuncia es de mayo de 2014).

Como en toda grieta, habrá manuales, argumentos y especulaciones para cada bando. Lo que no tiene retorno, guste o disguste a los combatientes de una u otra posición, es que lo que era un secreto a voces hoy es un grito de auxilio. Para algunos extemporáneo y exagerado, para otros tan vital como sanador.

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