Prepararnos, el ábrete sésamo para los trabajos que se vienen

Hablar de futuro es hablar de mañana mismo. Si no hay una política educativa que acompañe ese proceso y una sociedad que esté en sintonía, el mundo laboral en la Argentina será cada vez más expulsivo.
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Rubén Valle

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Prepararnos, el ábrete sésamo para los trabajos que se vienen

Cuesta proyectarnos a un futuro, cercano pero futuro al fin, donde otros serán los trabajos y, por ende, las reglas del juego laborales, cuando en el presente, ahora mismo, desocupación, desempleo, pobreza y deserción escolar son palabras que definen un cuadro de situación por demás complejo.

Fue el presidente Macri quien lo trajo a colación en su discurso de apertura de la Asamblea Legislativa. "Tenemos que organizarnos para el trabajo del siglo XXI. El mundo está cambiando rápido. Cada día se crean empleos nuevos y otros desaparecen. Es un desafío que enfrentan todos los países del mundo, no sólo la Argentina. Podemos intentar resistirnos o podemos asumir el momento que nos toca vivir", describió el mandatario. Pero también reconoció que en la Argentina 1 de cada 3 trabajadores está en la informalidad, por lo que adelantó que presentará un proyecto de Ley de inclusión laboral para que miles de trabajadores informales se registren sin perder la antigüedad y los beneficios que les corresponden por sus años de trabajo.

Palabras e iniciativas que preanuncian una inminente reforma laboral. Anunciado como la madre de las batallas, ese debate que se propone sincerar las reglas del juego será más ríspido todavía que el del aborto.

Para la organización independiente The World Economic Forum, las tres habilidades esenciales que se requerirán para encontrar trabajo en el 2020 serán la capacidad para resolver problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad. Esto implica, necesariamente, que el sistema educativo contemple ya mismo hacia dónde va el mundo para dotar a los estudiantes de las herramientas básicas para poder desarrollarse en un contexto laboral muy distinto para el que fueron preparados sus padres.

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A contrapelo del rumbo del mundo, acá nomás, digamos Mendoza o cualquier provincia argentina, el presente está demasiado cargado de urgencias como garantizar la educación básica, contar con presupuesto suficiente para la educación y pagar salarios justos a los docentes. 

Como la teoría choca una vez más con la práctica y ninguna de esas variables se cumplen como indicaría el sentido común y la mentada meritocracia, más difícil aún se hace traer el futuro al debate de qué tipo de educación necesitamos para ese mercado laboral que está ahí a la vuelta de la esquina.

Con paros, con deserciones reales y simbólicas, con políticas erráticas y basadas más en los números que en el desarrollo educativo, el presente se consume peligrosamente. Con él se pierde tiempo, dinero y posibilidades.

Hoy, la Cuarta Revolución Industrial viene a decirnos que la relación entre la tecnología y el progreso social no es imposible ni contradictoria. El robot no necesariamente habrá de llevarse puesto al humano que lo creó. 

En su artículo Las nuevas tecnologías deben crear empleos, no destruirlos, Keith Block plantea que "los líderes empresariales tienen la responsabilidad de garantizar que todos los empleos y oportunidades creados por estas tecnologías, ahora y en el futuro, sean accesibles para todos. En primer lugar, esto requiere proporcionar un mayor acceso a la educación y la capacitación necesaria para los trabajos del futuro".

El presidente de Salesforce (una empresa estadounidense de software) tiene claro el escenario: "Para avanzar como sociedades justas e iguales, necesitamos algo más que avances en tecnología: necesitamos entender y prepararnos para las posibles consecuencias de la innovación, tanto positivas como negativas".

He ahí la palabra clave: prepararnos. Un ábrete sésamo como imprescindible contraseña para que nadie se quede afuera. Como alertó en su momento Mahatma Gandhi, "el futuro depende de qué hagamos hoy".